«Memoria completa»: (Re)significaciones de la dictadura en el discurso de Milei y La Libertad Avanza. del prudente Saber y el máximo posible de Sabor N.° 23, enero-junio 2026 | DOI: 10.33255/26184141/2552e0070 e-ISSN: 2618-4141

Para citación: Seco J. B. (2026). «Memoria completa»: (Re)significaciones de la dictadura en el discurso de Milei y La Libertad Avanza. del prudente Saber y el máximo posible de Sabor, (23). DOI: 10.33255/26184141/2552e0070

 

«Memoria completa»: (Re)significaciones de la dictadura en el discurso de Milei y La Libertad Avanza

“Complete memory”: (Re)significations of the dictatorship in Milei’s & La Libertad Avanza’s discourse

Juan Bautista Seco, Universidad Nacional de La Plata. Argentina

juanbautista.seco@perio.unlp.edu.ar

DOI: 10.33255/26184141/2552e0070

ORCID: 0000-0001-6694-3050

Resumen

La llegada al poder de Javier Milei y La Libertad Avanza trajo consigo una innumerable cantidad de novedades en la arena política de nuestro país. Desde sus orígenes, el libertarianismo fue bastante crítico de la mayoría de los consensos sociales que se habían establecido desde el 2003 en adelante. Incluso, pusieron en mira otros acuerdos planteados desde el retorno de la democracia, entre ellos, y principalmente, sobre la última dictadura cívico-militar.

Desde 2021 en adelante, Victoria Villarruel y Milei, entre otros, trabajaron esta demanda social, articulando nuevos sentidos a un discurso que, al menos muchos, creíamos sedimentado y naturalizado en la sociedad argentina. De esta manera, Argentina volvía a sumergirse en tiempos oscuros: grupos políticos con incidencia electoral comenzaban a dar disputas en torno a lo sucedido durante la última dictadura. A pesar de que las voces negacionistas nunca se fueron (Seco, 2025), no cabe duda de que el nivel de presencia, la proliferación e incidencia de esta temática durante este último tiempo no se veían hacía muchísimo tiempo. 

Dar la batalla por la hegemonía es una tarea clave de cualquier voluntad colectiva que busca generar naturalidad social, validez universal o normalidad. Luchas constantes por el poder de nombrar, procesos de desarticulación-rearticulación que buscan rebatir o reforzar miradas de mundo. La disputa por la cultura es clave: organiza la sociedad a partir de tejer redes significantes que definen qué está bien, qué está mal. Allí se construye –o se puede subvertir– el sentido común. A partir de la Teoría Política del Discurso (Laclau y Mouffe, 1985), utilizando el aparato de lógicas propuesto por Glynos y Howarth (2007), aportes teóricos de Retamozo (2025) y metodológicos de Nonhoff (2019) y Kim (2021), se profundizará en esta disputa hegemónica propuesta por el libertarianismo, enmarcada en la «batalla cultural» que se dicen dando.

Palabras clave: discurso político, dictadura, hegemonía

Abstract

The rise to power of Javier Milei and La Libertad Avanza brought with it countless changes in our country's political arena. Since its beginnings, libertarianism has been highly critical of most of the social consensus that had been established since 2003 onwards. They even targeted other agreements proposed since the return of democracy, including, primarily, the view of the last civil-military dictatorship.

From 2021 onwards, Victoria Villarruel and Milei, among others, worked on this social demand, articulating new meanings to a discourse that, at least many of us, believed to be established and naturalised in Argentine society. In this way, Argentina was once again plunged into dark times: political groups with electoral influence began to dispute what happened during the last dictatorship. Although the voices of denial never went away (Seco, 2025), there is no doubt that the level of presence, proliferation and impact of this issue in recent times has not been seen for a very long time. 

Fighting for hegemony is a key task for any collective will that seeks to generate social naturalness, universal validity, or normality. Constant struggles for the power to name, processes of disarticulation-rearticulation that seek to refute or reinforce worldviews. The dispute over culture is key: it organises society by weaving meaningful networks that define what is right and what is wrong. This is where common sense is constructed—or can be subverted. Based on Political Discourse Theory (Laclau & Mouffe, 1985), using the logical apparatus proposed by Glynos & Howarth (2007), theoretical contributions from Retamozo (2025) and methodological contributions from Nonhoff (2019) and Kim (2021), we will delve into this hegemonic dispute proposed by libertarianism, framed within the “cultural battle” that they claim to be waging.

Keywords: political discourse, dictatorship, hegemony

Introducción

Aparición y huellas

Al surgir, muchos –la mayoría– creían que era un fenómeno exclusivamente de redes. Con los resultados de las elecciones legislativas de 2021, fue acusado de «porteño» y de no representar los intereses del país en su totalidad. Sin embargo, La Libertad Avanza dio el batacazo en 2023, se hizo con el poder y hoy gobierna Argentina.

Desde sus orígenes, el libertarianismo –como voluntad colectiva que agrupa y articula distintas demandas y grupos– fue bastante crítico de la mayoría de los consensos sociales que se habían establecido en nuestro país desde el 2003 en adelante. Sin embargo, también se pusieron en mira muchos otros acuerdos planteados desde el retorno de la democracia, entre ellos y principalmente la mirada sobre la última dictadura cívico-militar de nuestro país, que se había institucionalizado con las presidencias de Néstor y Cristina Kirchner.

Comenzadas por la actual vicepresidenta, Victoria Villarruel, y los movimientos de «víctimas civiles de las guerrillas» que la rodean hace más de una década, las disputas en torno a la sucedido en la década de los 70 se volvieron cada vez más recurrentes. La en ese entonces, diputada junto a otras figuras que se fueron sumando a lo que en 2023 sería La Libertad Avanza comenzaban a tener cada vez más trascendencia mediática y política. En ese contexto, sus menciones y discusiones en torno a significantes como los «30000», «Memoria, Verdad y Justicia» o «Nunca Más» fueron reiteradas. Desde ese entonces, comenzaban a ser (re)significados contra-hegemónicamente por la alianza libertaria.

Milei, ya desde el primer debate electoral de las elecciones presidenciales de 2023, dejó en claro que no creía en los 30000 desaparecidos. También revivió la teoría de los «dos demonios», diciendo que lo que había sucedido era una guerra donde los militares cometieron excesos, pero del mismo modo lo habían hecho los «guerrilleros», a los que acusó de cometer delitos de lesa humanidad.

Otro tema recurrente durante la campaña fue el de los «curros de los Derechos Humanos». Significante retomado de la Alianza Cambiemos que acusaba, por un lado, a distintas organizaciones civiles y políticas de hacer plata a costa de esta historia inventada. Pero, por el otro, se pedía que auditen la cifra de desaparecidos ya que, desde su perspectiva, se otorgaban subsidios discrecionalmente1.

En esta misma línea, y en relación a las reparaciones, Villarruel sostuvo que se dejaron de lado a las «víctimas del terrorismo guerrillero». En gran parte de las entrevistas brindadas durante la campaña –cada vez que se le preguntaba sobre sus posturas negacionistas– se encargó de remarcar el trato desigual que considera tuvieron las víctimas civiles de las guerrillas.

De esta manera, Argentina volvía a sumergirse en tiempos oscuros: grupos políticos con incidencia electoral comenzaban a dar disputas de sentido en torno a lo sucedido durante la última dictadura. A pesar de que las voces negacionistas nunca se han ido, desde 1983 en adelante, como trabajé en otro escrito (Seco, 2025), no cabe duda de que el nivel de presencia, la proliferación e incidencia de esta temática durante este último tiempo no se veían hacía muchísimo tiempo. A pesar de que no es el objetivo de este trabajo, por supuesto que resulta crucial ahondar en estas huellas discursivas, en torno a grupos y discursos negacionistas, ya que nos permiten entender de mejor manera cómo fueron configurándose, década tras década.

En este orden de ideas, desde 2021 en adelante, tanto Villarruel como Milei trabajaron esta demanda social, articulando nuevos sentidos a un discurso que, al menos muchos, creíamos sedimentado y naturalizado en la sociedad argentina. Pensamos que se había aprendido de los errores, reparado en ellos y, así, logrado avanzar socialmente con el lema de «Memoria, Verdad y Justicia por los 30000» como política de estado y el «Nunca Más» como síntesis.

Sin embargo, como desarrollaré teóricamente, ningún «modo de ver el mundo» por sedimentado/naturalizado que se crea lo estará –necesariamente– por siempre. Como sostiene Mouffe (2018) todo discurso, con los sentidos que se articulan a él y la frontera política que define al otro, «se construyen mediante la lucha política, y siempre son susceptibles de rearticulación a través de intervenciones contrahegemónicas» (p. 88).

Desde el comienzo, los candidatos libertarios dejaron en claro que ellos defendían la verdad y la justicia «completa». Acusaron a todo el espectro político –construcción afín a su rivalidad con «la casta», desde sus orígenes (Seco, 2021)– de haber callado y/o dejarse enceguecer por miradas que dejaban de lado, principalmente, a las víctimas de la guerrilla. Sin embargo, aunque sin ánimos de adelantarme, estas víctimas fueron el «caballo de Troya» a partir del cual comenzaron a disputar otra serie de cuestiones con muchísima más gravedad institucional.

Llegada al poder

El 19 de noviembre de 2023 la fórmula de «La Libertad Avanza» Milei-Villarruel triunfaría en el ballotage frente a Unión por la Patria. De este modo, las disputas en el campo de lo político se comenzaron a reproducir desde la política –profundizaré en esto, más adelante– y la disputa hegemónica se aceleró. Desde ese entonces, el gobierno, sus intelectuales y muchos medios de comunicación afines se han preocupado y ocupado de dar la batalla por (re)significar muchos de los consensos que se habían logrado constituir desde la vuelta a la democracia, principalmente en torno a tres puntos nodales clave: «Memoria», «Verdad» y «Justicia» (Seco, 2025). El objetivo es claro: disputar la lógica social de los «30000», que se había sedimentado en la sociedad argentina luego de décadas de lucha.

De este modo, las voces negacionistas volvieron a ser parte de la agenda política con total normalidad. Estas, a diferencia del macrismo, donde solo eran subterráneas –funcionarios de tercera línea2, al menos– y «pasivas», fueron explícitas y políticamente incorrectas. Sin miedo a «romper todo», los libertarios, desde la campaña, pero más aún llegados al gobierno, propusieron una nueva configuración discursiva respecto a lo sucedido en la última dictadura: un nuevo «relato». En su primer aniversario del 24 de marzo, Casa Rosada se ocupó de emitir un mensaje oficial donde pedía «Memoria Completa», contando su «Verdad» (Seco, 2025). En este punto, resulta necesario reparar en algunos conceptos y nociones que permitirán seguir avanzando en el trabajo.

Algunas consideraciones teórico-metodológicas

A lo largo de esta breve introducción se fueron mencionando una serie de conceptos que son fundamentales para comprender el quehacer libertario, no solo respecto a la dictadura, sino para la lucha contrahegemónica que dieron y sigue dando. Para ello, la comunicación y el discurso político –como herramienta performativa– son clave. Los sujetos buscan rebatir o reforzar distintas visiones de mundo, y se enfrentan en la arena de lo político a partir de estas armas simbólicas –una mirada agonista– (Mouffe, 2007) de la política, al menos, como ahondaré luego.

En esta línea, y como primer punto, Mouffe (2007) piensa a lo político como la posibilidad siempre presente de antagonismo, consecuencia de la ausencia de fundamento y la indecidibilidad que impregna todo orden (p. 24). Lo político es la dimensión de antagonismo que atraviesa y constituye todo orden social la política–, y sedimenta las prácticas de lo social. Es la afirmación de la negatividad radical que atraviesa a la sociedad. Una negatividad que nunca podrá ser superada, ya que no solo es inherente, sino necesaria para distintos procesos.

Se diferencia de la política –dimensión óntica– que representa las formas institucionalizadas del orden mismo. Allí se plasman las reglas y prácticas sedimentadas, con el objetivo de lograr la coexistencia entre los sujetos que pujan por el poder, mediando en el conflicto entre ellos. Por lo tanto, se entiende que siempre estará atravesada por lo político –dimensión ontológica.

Ahondar en los procesos de (re)articulación hegemónica implica, primeramente, definir qué se entiende por discurso. Siguiendo a Laclau y Mouffe, se comprende a todo objeto como objeto de discurso (1985, p. 146), ya que el último mencionado «constituye el terreno primario de constitución de la objetividad como tal» (Laclau, 2005, p. 92). El lenguaje es opaco, una arbitrariedad que (re)construye realidades a partir de la presencia de significantes, aquellas cosas que son nominadas, y significados, palabras que nominan.

Esta mirada va de la mano con la noción de comunicación de la que parte este trabajo. A partir de Uranga (2016), se la entiende como «un proceso social de producción, intercambio y negociación de formas simbólicas» (p. 30), siempre atravesado por el poder y la desigualdad entre actores (p. 29).

Es por todo esto que el discurso político tiene un rol clave, ya que es performativo: configura identidades y antagonismos en la disputa hegemónica, separa la arena discursiva entre un nosotros y un ellos. Cómo se da esta construcción, cómo se traza la frontera, es algo fundamental a lo que prestar atención.

Retomando las teorizaciones de Mouffe, el modo en el que se construye el antagonismo –necesario– para oponerse al otro y disputar sentidos es un factor fundamental para poder diferenciar entre una construcción antagónica o agonista. Para poder encauzar el conflicto lejos del autoritarismo, alejándose de la noción amigo/enemigo de Carl Schmitt que supone una negación insuperable dialécticamente, que llevaría a la destrucción de la asociación política, la autora afirma que «una tarea clave de la política democrática es proporcionar las instituciones que permitan que los conflictos adopten una forma agonista, donde los oponentes no sean enemigos, sino adversarios entre los cuales exista un consenso conflictual» (Mouffe, 2014, p. 16), y aceptando «una serie de reglas de acuerdo a las cuales se va a regular su conflicto» (p. 137), se reconoce la legitimidad de las demandas y sus oponentes, «admitiendo que no existe una solución racional a su conflicto» (Mouffe, 2007, p. 27).

Hegemonía

Habiendo reparado en estos conceptos iniciales, se puede continuar. Dar la batalla por la hegemonía es una tarea clave de cualquier voluntad colectiva: para triunfar es necesario institucionalizar sus visiones, sus relatos, que se naturalicen y pasen a ser parte del sentido común establecido. Cuando se habla de hegemonía, implica la capacidad de un sector de construir, en torno a sí, un interés general: una determinada idea de bien común, que siempre será contingente y estará dada por una coyuntura determinada, que deja afuera otras opciones.

Se comprende la hegemonía como «esta operación por la que una particularidad asume una significación universal inconmensurable consigo misma» (Laclau, 2005, p. 95). Como sostienen Laclau y Mouffe (1985), «los actores sociales ocupan posiciones diferenciales en el interior de aquellos discursos que constituyen el tejido social» (p. 13). Estas posiciones diferenciales son particularidades que, ante «los antagonismos sociales que crean fronteras internas a la sociedad» (Laclau y Mouffe, 1985, p. 13), pueden establecer distintos tipos de articulaciones –como relaciones de equivalencia, diferencia, contrariety, entre otras (Nonhoff, 2006)– con otros particulares.

A partir de este trazado de fronteras y articulación entre elementos, un particular toma la tarea de representar la cadena equivalencial, asumiendo carácter de universal, pero sin dejar de ser, al mismo tiempo, él (Laclau y Mouffe, 1985, p. 12): el particular divide su cuerpo en dos y representa la totalidad que le es radicalmente inconmensurable. El concepto lacaniano de point de capiton o punto nodal es retomado por los autores, tornándose clave en su desarrollo. La existencia de este es condición inherente del proceso, ya que algo tiene que representar a la totalidad de particulares articulados. Como sostienen Panizza y Stavrakakis (2021), todo discurso se constituye con el objetivo de dominar el campo de la discursividad, detener el flujo de diferencias –elementos y momentos– y construir un centro (p. 26); si no, estaríamos frente al discurso de un psicótico (Stavrakakis, 2007).

En este orden de ideas, queda claro que el proceso de constitución de –y lucha por– la hegemonía es fundamental –directamente para poder vivir en sociedad–, ya que si no hay un cierre, precario al menos, el ser humano viviría en un mundo caótico sin reglas ni fijaciones. Los distintos sujetos políticos buscan generar naturalidad social, validez universal o normalidad (Nonhoff, 2006). En este sentido, nos encontramos frente a luchas constantes por el poder nombrar, procesos de desarticulación-rearticulación que conllevan, evidentemente, enfrentamiento.

Este proceso contrahegemónico, en donde se (re)articulan particulares de las cadenas equivalenciales disputadas con el fin de cambiar el sentido común establecido, tiende a ser minucioso y lento. Cabe destacar que puede no serlo en casos de importantes crisis en la sociedad: lo que Laclau llamaría «momentos de dislocación en la estructura», donde todo está más dispuesto al cambio que nunca debido, principalmente, a fallas de la política o las clases dirigentes al momento de representar los intereses de su gente.

Batalla cultural

En línea con la disputa hegemónica, es interesante destacar una de las principales banderas del mileísmo desde su aparición: la batalla cultural. La disputa en el campo de la cultura es fundamental, ya que reúne un entramado de prácticas que –dependiendo de quién encarne la hegemonía, quién logre que sus visiones de mundo particulares se universalicen– hace «racionales unos comportamientos y no otros, que permite imaginar unos e impensables otros, que educa la vida cotidiana y la encauza, que distribuye prestigios y desprestigios; en suma, que produce hábitos, costumbres» (Errejón, 2019, p. 124).

La batalla cultural que se proponen va de la mano con la replicada por los líderes de la «internacional de derecha» en cada uno de sus países. Ya sea Trump, Meloni, Bolsonaro, Abascal u Orban, se replican casi las mismas demandas que se articulan en sus programas y plataformas conservadoras, que apelan a mantener los «valores y tradiciones»: contra los feminismos y la comunidad LGBTIQ+, anti-inmigración y nativistas (De Cleen et al., 2021). Discursos unapologetic (Seco, 2023) que defienden su libertad por sobre otros derechos humanos y valores, y solo piden una cosa, «prohibido prohibir» (Stefanoni, 2021, pp. 90-95).

Otro de los aspectos clave en esta batalla que están dando es la (re)significación del pasado. Milei no es el único que disputa discursos sobre dictaduras pasadas: Abascal hace lo propio con Franco, y Meloni, con Mussolini. Trump, incluso, volvió al poder con una clara política de cercenamiento de la historia afro en Estados Unidos, prohibiendo muestras en museos sobre la esclavitud, por ejemplo3.

De este modo, la cultura –y la historia como una de las principales productoras de la misma– es clave para estas derechas. Agustín Laje, intelectual argentino y uno de los reproductores locales y regionales más importantes de este entramado, sostiene que «es sin dudas el campo de los antagonismos políticos favoritos de las izquierdas hegemónicas» (2022, p. 11). Es por ello que esta «internacional de derecha» debería estar atenta no solo al campo económico, sino también a la cultura, en donde se dan otro tipo de discusiones y se pueden trazar otro tipo de fronteras políticas nosotros/ellos (Laje, 2022, p. 465).

Lógicas

Para poder comprender este proceso y así analizarlo, en este escrito se lo trabajará bajo las lógicas de Glynos y Howarth (2007), que nos permiten dar cuenta de la institución, contestación y sedimentación de las prácticas sociales y regímenes de prácticas4 (p. 9). El objetivo es explicar la transformación, estabilización o mantenimiento de estas prácticas o regímenes, pero no únicamente describiéndolas o caracterizándolas, sino dando cuenta de las condiciones varias que hacen que esa práctica funcione o se alinee con las miradas de una determinada sociedad, en un determinado momento histórico.

Las lógicas son construidas y nombradas por los analistas5 para identificar «las reglas gramaticales de una práctica objeto de estudio» (Glynos y Howarth, 2007, p. 136). Existen tres lógicas, las sociales, las políticas y las fantasmáticas:

Podríamos decir, a grandes rasgos, que ofrecen respuestas a las preguntas «qué», «cómo» y «por qué». Si las lógicas sociales ayudan a caracterizar las prácticas a lo largo de un eje sincrónico (el «qué»), las lógicas políticas se centran en los aspectos diacrónicos de una práctica, explicando así la forma en que han surgido o son cuestionadas y/o transformadas (el «cómo»). Las lógicas políticas tienen como objetivo captar esos procesos de movilización colectiva precipitados por la aparición de lo político, que implican la construcción, la defensa y la naturalización de nuevas fronteras. Pero también implican los procesos que tratan de interrumpir o romper el trazado de fronteras propuesto por el hegemónico. Las lógicas políticas enfatizan así el proceso dinámico por el cual las fronteras políticas se construyen, estabilizan, fortalecen o debilitan y desarticulan. (Glynos, 2009, p. 278)

De este modo, las lógicas sociales apuntan a lo establecido, a lo que parece normal, las reglas de una sociedad: la hegemonía. La lógica política nos revela la contingencia de todo orden. Explican el surgimiento y formación histórica de estas prácticas o regímenes, enfatizando el conflicto y el antagonismo que rodean la constitución de cualquier lógica social. En toda disputa por la hegemonía, por la constitución de una lógica social, es necesario diferenciar entre un nosotros y un ellos, por lo que la lógica de la equivalencia y la lógica de la diferencia, claves para el trazado de frontera y construcción de una cadena equivalencial, son fundamentales en la lógica política. Además, esta puede mostrar las huellas de contingencia de cualquier discurso establecido, pero también ocultarlas, borrando de la memoria viva las luchas que se dieron para hegemonizarse.

Sin embargo, para comprender realmente el porqué del cambio o la continuidad, la lógica fantasmática es fundamental, ya que nos permite comprender el «grip» o «agarre» de las lógicas sociales y la fuerza de las lógicas políticas. Esta apunta a la importante distinción entre forma/fuerza6 que trabaja Stavrakakis (2007). Como desarrollan Glynos y Howarth, mientras que las primeras dos lógicas refieren a disputas de sentidos y operaciones de significación –la forma–, la fantasmática apunta a la fuerza que hay detrás de esas operaciones. En este sentido, pueden servir para reforzar una lógica social o para avanzar con la destrucción de la misma –como se verá en el caso libertario–.

En este sentido, la fantasía –el plano ontológico de la lógica fantasmática– es clave para comprender el trazado de frontera, por un lado, y los procesos de movilización y adherencia a líderes/partidos, por el otro. Esta tiene dos dimensiones: una beatífica y una horrorífica. Mientras que la primera implica el éxito, el horizonte positivo propuesto, la segunda apunta a la victimización, el peligro y el otro, que son culpables del pasar del nosotros. Estas las podemos ver reflejadas en las lógicas fantasmáticas que rastreemos en los discursos propuestos. 

En este orden de ideas, en este trabajo se entenderá, primeramente, que la batalla cultural –no solo la libertaria, sino la de la derecha internacional en general– propone una serie de demandas radicales: no solo hegemónicas, porque no vienen a asentarse sobre lo ya constituido, sino que vienen a romper lo instituido y construir algo nuevo. Estas demandas, a partir de lógicas políticas, tienen la intención de modificar lógicas sociales. En consecuencia, algunos discursos establecidos están siendo desafiados y corren riesgo de ser suplantados por otros relatos, actualmente. Tanto para su mantenimiento como para la disputa contrahegemónica, las lógicas fantasmáticas son fundamentales.

Respecto al caso a abordar en este escrito, se entiende que el libertarismo argentino comenzó a dar la «batalla cultural» frente a muchos de los discursos que creíamos naturalizados o comenzando a sedimentarse. Demandas radicales que vinieron a modificar o, al menos, agrietar estos consensos en torno a distintas temáticas que se habían discutido durante los últimos años en el país: la lógica de la política atentando contra lógicas sociales.

La cuarentena, el aborto y los feminismos (Seco, 2023) fueron de las primeras cuestiones puestas en duda y atacadas. En ambas, las lógicas fantasmáticas fueron fundamentales: «las vacunas dan autismo a bebés», «las vacunas tienen chips», «abortan con bebés a punto de nacer», «se embarazan por no cuidarse y luego abortan», entre tantas otras frases que retumbaron –y aún lo siguen haciendo– en la sociedad, al momento de discutirse estas temáticas.

Sin embargo, fueron los sentidos en torno a la última dictadura y los desaparecidos los más arduamente disputados, máxime siendo que se encontraba sedimentado luego de décadas de luchas de organizaciones como Madres y Abuelas de Plaza de Mayo e Hijos, que gracias al apoyo del Estado argentino, había comenzado a institucionalizar su demanda: la de Memoria, Verdad y Justicia y Nunca Más.

Entonces, habiendo hecho todo este recorrido teórico, queda preguntarse: ¿cómo se da este proceso contrahegemónico con respecto a la dictadura? ¿Qué lógicas contrahegemónicas podemos señalar? ¿Cómo aparecen la dimensión beatífica y horrorífica en los discursos propuestos?

¿Qué buscamos?

Además del reconocimiento de lógicas, es fundamental dar cuenta de cómo se configura el discurso, internamente. Es decir, poner el ojo en la tarea de la lógica política: qué articulaciones se proponen, cómo se traza la frontera que separa al nosotros del ellos, qué puntos nodales están en juego, entre otras cuestiones a tener en cuenta.

Como sostiene Nonhoff (2019), el análisis del discurso político, en el nivel de operacionalización, debe dar respuesta a dos preguntas: de qué tipo son los elementos que se articulan en el discurso político, por un lado, y qué buscamos cuando rastreamos articulaciones, por el otro. Respondiendo a la primera, los elementos articulados en las cadenas equivalenciales pueden ser llamados demandas, y son comprendidas como la unidad mínima de análisis.

Respecto al segundo interrogante, se comprende a la articulación como una práctica discursiva, mediada por la sobredeterminación, «que establece una relación tal entre los elementos que la identidad de los mismos es  modificada como  resultado  de  la  práctica  articulatoria»  (Laclau  y Mouffe, 1985, p. 105). Continuando con Nonhoff, se entenderá que las demandas pueden establecer distintos tipos de relaciones entre ellas al momento de constituirse las cadenas equivalenciales: representación; diferencia; equivalencia; contrariedad; y súperdiferencia.

De este modo, además de las, ya clave, lógicas de la equivalencia y de la diferencia mencionadas como parte de la lógica política, el autor alemán destaca otras tres articulaciones posibles. La contrariedad es clave: un pequeño antagonismo entre demandas. Esta noción resalta la importancia del tercer elemento en la ecuación de la equivalencia, ya que si dos elementos comparten contrariedades, más posibilidades habrá de que se equivalgan, y formen una cadena7.

Además, esta categoría es fundamental para entender los puntos nodales. Los actores políticos, en pos de que sus modos de ver el mundo devengan hegemónicos, se enfocan en la significación de ciertos significantes amos, los puntos nodales: «nodos repletos de sentido que terminan aglutinando, en gran parte, la identidad del nosotros [(positivos)] y del ellos [(negativos)]» (Seco, 2022, p. 8). A partir de Kim, (2021) se entiende que un punto nodal es cualquier elemento –demanda– de la cadena equivalencial que articule múltiples contrariedades en común con los demás elementos en la cadena. Acá cobra importancia otra de las posibles articulaciones dispuestas por Nonhoff: la de representación. En resumen, este significante mantiene unida la cadena equivalencial y carga con la significación que le ha dado el grupo.

La Libertad Avanza y la «memoria»

Habiendo realizado este recorrido teórico, que permitirá comprender y desentrañar el proceso contrahegemónico iniciado por el libertarianismo, podemos continuar. Como repuse en la introducción, Milei, Villarruel y compañía lograron, luego del 2023, reproducir sus miradas de mundo desde las instituciones. Los aparatos del Estado se convirtieron en una poderosa herramienta para desgastar los consensos postdictadura logrados por casi la totalidad del espectro político.

La intención fue clara: cercenar lógicas sociales, en este caso la que llamaré de los «30000» o del «Nunca Más», con el objetivo de imponer la suya, la de la «verdad histórica». Este proceso de disputa de significantes y corrimiento de fronteras –la lógica política– vino de la mano con, evidentemente, nuevas –y contrahegemónicas– lógicas fantasmáticas, como se verá a continuación.

Por todo lo dicho, además de las ya mencionadas lógicas, resulta fundamental profundizar en las (re)articulaciones propuestas por el libertarianismo, identificar cómo articulan los significantes clave, así como las otredades que construyen, enfrentadas al nosotros que configuran en su relato.

La libertad de conocer nuestra historia | Día de la Memoria. Completa

A razón de todo lo dicho, no sorprende que el gobierno le haya dedicado un video de casi 20 minutos al segundo aniversario –desde su llegada al poder– del 24 de marzo. En esta ocasión, Agustín Laje es el orador y nos cuenta su historia respecto a la dictadura. Afirma que, como alguien que vivió toda su vida en democracia, los «violentos años 70» nunca configuraron una experiencia propia en su memoria8, sino que fue aprendido por él a partir de un ejercicio de «memoria histórica», que se había convertido en política estatal cuando él entró a la secundaria. Desde su punto de vista, este proceso de institucionalización destruyó la «verdad histórica» con objetivos partidarios, ideológicos y económicos.

Desde el comienzo, entonces, Laje deja en claro la postura del gobierno respecto a lo que se había constituido como el «sentido común» en torno a la última dictadura: la implantada –vía victoria hegemónica– por el peronismo-kirchnerismo, la mirada de mundo de los «30000», a la que Laje llama «Teoría del demonio único». En este orden de ideas, y como primer punto, no hay dudas de la clara intención del libertarianismo de disputar una lógica social clara: la de «Nunca Más.» ¿Cuál proponen, entonces, Laje y compañía?

Volviendo a hacer énfasis en cómo los estudiantes del siglo XXI fueron «adoctrinados en un relato historietístico, maniqueo y reduccionista» (Casa Rosada, 24 de 2025), Laje se distancia, desde el inicio y sorprendentemente, de la «Teoría de los dos demonios». Considera que es reduccionista, ya que exime de culpa a la casta política, a la que acusa de impulsar el terrorismo y luego promover la represión ilegal contra los mismos. Acá podemos observar la presencia de uno de los puntos nodales –negativos (Seco, 2021)– clave del libertarianismo argentino: la casta, a la que han sabido cargar de distintos significados a lo largo del tiempo. Además, en línea con las lógicas de Glynos y Howarth, podemos hablar de la lógica fantasmática de «la casta» como una fundamental para cementar o reforzar muchos de los puntos de vista libertarios, trazar fronteras y articular demandas.

En otro orden de ideas, el hecho de que se distancie de la «Teoría de los dos demonios» no es un detalle menor, ya que, desde la vuelta de la democracia en adelante, esta fue la teoría más enarbolada por los grupos negacionistas de la dictadura. Continuando, Laje también se distancia de lo que llama «Teoría del demonio único», modo en el que nombra a la mirada oficial del siglo XXI. Relata cómo sus docentes se la contaban en la secundaria, y que para él, ya desde ese entonces, algo no cerraba, que faltaban partes en el relato, que la historia que le contaban estaba sesgada e incompleta (Casa Rosada, 24 de 2025).

La libertad de conocer la historia

El video, en este punto, corta sus imágenes y propone lo expuesto en el subtítulo. Clave, nuevamente, la presencia de uno de los significantes –en este caso positivo– fundamentales en la significación de Milei y compañía: Libertad. Laje, en este sentido, cuenta que comenzó –con 15 años– a investigar por su propia cuenta y discutir con docentes que se «forzaban en instalar» la mirada del «demonio único» (Casa Rosada, 24 de 2025). Incluso, afirma que un docente le dijo «que “si no aguantaba el adoctrinamiento, que se vaya a otro colegio”» (Casa Rosada, 24 de 2025). Sin embargo, lejos de doblegarlo, afirma que esto aumentó su pasión por la verdad histórica.

Antes de continuar, es importante hacer un reparo. En este punto podemos dar cuenta de otra de las lógicas fantasmáticas clave que se da en este proceso, y que está completamente presente en las disputas dadas por la derecha mundial con la batalla cultural: la lógica de la desautorización de la autoridad. En resumidas cuentas –ya que se le podría dedicar un artículo entero a la temática–, desde sus orígenes la «internacional de derecha» se constituyó como un frente «anti-élites» ¿Quiénes son parte de las élites, desde su perspectiva? La educación, universidades y la ciencia, entre otras, que fueron tomadas por la izquierda, el comunismo/progresismo y el globalismo, y, desde allí, adoctrinan a la población este periodo de institucionalización de la «memoria histórica» como política estatal que menciona al comienzo Laje.

La lógica fantasmática de la desautorización de la autoridad –de la ciencia, del Estado y la «palabra autorizada»–, en este sentido, fue y es fundamental. La desobediencia civil tomó relevancia a medida que proliferaban las teorías QAnon, un movimiento difundido por la extrema derecha estadounidense, principalmente en la deep web. Sostienen la existencia de una red internacional de multimillonarios –como George Soros o Bill Gates –que opera a nivel mundial y controla los gobiernos de todo el globo. Trajo consigo teorías anticiencia, nativistas y conspiranoicas –masificadas durante la COVID-19– como el terraplanismo o los antivacunas, entre otras.

En este orden de ideas, Laje deja en claro una de las primeras dicotomías marcadas: «adoctrinamiento» vs. «verdad histórica». En este sentido, comienza a ahondar en su mirada de la dictadura, es decir, la mirada oficial del gobierno libertario sobre la misma: lo sucedido –calificado de «horror»– se enmarca en la Guerra Fría. Argentina, como la mayoría de los países de la región, fue víctima del contexto: simplemente fue otro territorio en el cual se enfrentaron Estados Unidos con la Unión Soviética. Bajo este marco es que se constituyeron conflictos armados internos entre organizaciones terroristas y guerrillas de izquierda socialista contra las Fuerzas Armadas que protagonizaron golpes de Estado en toda la región.

Estas organizaciones, a las que Laje no paró de caracterizar como terroristas, estaban «auspiciadas, en su mayoría de los casos, por la Cuba del tirano Fidel Castro» (Casa Rosada, 24 de 2025), que propiciaba apoyo logístico, económico y militar. Destaca que fueron creadas varios años antes de 1976 y comenzaron su enfrentamiento contra gobiernos democráticos, no con la llegada de la dictadura. Su objetivo, dice Laje, era «perpetuar su propio golpe de Estado»: la revolución socialista (Casa Rosada, 24 de 2025).

De esto, dice el orador, nunca nos enteramos debido al adoctrinamiento impuesto por la «Teoría del relato único»: «nada de esto se nos ha contado a quienes no vivimos los años 70. Fuimos empujados a ignorar esta parte crucial de nuestra historia, simplemente porque no convenía a los mercaderes de la memoria a medias» (Casa Rosada, 24 de 2025). En esta línea, destaca que las propias «guerrillas terroristas» entendían que estaban viviendo un proceso de «guerra civil» o «guerra histórica» que las llevó a crear ejércitos revolucionarios y a entender la posibilidad de asesinar al enemigo.

Aquí, el énfasis de Laje está puesto en la propia perspectiva de los guerrilleros, en primer lugar, pero, como segundo punto y fundamentalmente, en destacar que las «organizaciones terroristas», Perón y otros actores, también hablaban de guerra en ese entonces, aún previo a la llegada de la dictadura. El orador afirma que «el lenguaje bélico es patente» (Casa Rosada, 24 de 2025) ¿Da cuenta esto de un estado de guerra?

Resulta llamativa, al menos, la linealidad de su afirmación. Son muchos los factores que no se tienen en cuenta al momento de enumerar esta serie de sucesos que, desde la perspectiva del gobierno, dan cuenta de actores con las mismas responsabilidades y roles en la sociedad, de una cierta paridad en cuanto a las herramientas y deberes –institucionales– de «cada bando». Incluso desconocer las dos décadas de proscripción al mayor partido político del país, sus líderes y militantes que, desde ese entonces, se manejaron en la clandestinidad impuesta.

En términos agonismo/antagonismo, es claro que si el propio sistema te pone del lado antagónico, como enemigo, no hay diálogo posible. Esto, cabe destacar, no es justificación, pero sí es fundamental destacarlo en miras de un análisis histórico –que Laje pretende y dice hacer–, porque resulta clave para comprender los actos, dichos y quehaceres de las organizaciones a las que llama terroristas.

Continuando, el intelectual de derecha afirma que los promotores de la «Teoría del demonio único» negaron el estado de guerra y acusaron a quienes lo proponían de justificar los horrores cometidos por las FF. AA. con el objetivo de ocultar los crímenes cometidos por los terroristas y borrar de la memoria colectiva a esas víctimas. Aquí se retoma esta idea de «justicia a medias» tan recurrente en el discurso libertario previo a las elecciones y en el primer video aniversario. Según trabajé en otro escrito, el punto nodal «Justicia» es cargado por el libertarianismo con las demandas de reparaciones –no solo económicas– a los familias y víctimas de las «guerrillas terroristas de los 70».

Laje afirma que la «historia debe contarse completa o se convierte en un instrumento de manipulación política» (Casa Rosada, 24 de 2025). En este sentido, avanzado el video, aborda otra de las temáticas recurrentes en los discursos negacionistas: el número 30000. Destaca que «por intereses políticos, ideológicos y económicos» se decidió «inflar» los números para conseguir mayores apoyos en Europa.

Sin embargo, rodeando esta temática y como novedad «libertaria» –aunque tomada del macrismo–, en este discurso el número de los «30000» –la lógica de los «30000»– también está asociado a «la casta» y la política tradicional, principalmente en sintonía con la lógica fantasmática de «la corrupción», que articula y le da fuerza a casi la totalidad de los discursos del centro hacia la derecha contra el peronismo. Esto, que ya había sido mencionado por Villarruel en repetidas ocasiones previamente, Laje lo llama «negocio del setentismo», y apunta a la corrupción, por un lado, y gasto público, por el otro, que implicó e implica la dictadura.

El orador destaca los gastos que trajeron para el Estado argentino las indemnizaciones, muchas de ellas de «dudosa legitimidad». A esto, dice, se le suma:

los negociados de los autodenominados organismos de los derechos humanos con el Estado, que en realidad funcionaron como estructuras de poder político de los gobiernos de turno. Desde universidades de mentira, hasta constructoras fraudulentas de casas que nunca se hicieron. (Casa Rosada, 24 de 2025)

Laje, en esta línea, continúa reforzando ciertos sentidos clave y característicos en el discurso libertario: la casta y la corrupción –principalmente asociada al kirchnerismo–. Respecto a la primera, dice que los organismos «no solo fueron financiados con recursos financiados por el Estado, sino que también sirvieron como usinas de adoctrinamiento y trampolines políticos para sus dirigentes» (Casa Rosada, 24 de 2025). En contraposición a todos estos beneficios, las «víctimas del terrorismo nunca recibieron reeparaciones ni reconocimiento alguno. El resultado fue un modelo de impunidad selectiva, en el que algunos cobraban millones, y los otros ni siquiera tenían derecho a la memoria» (Casa Rosada, 24 de 2025).

Acá se pueden observar las dimensiones horrorífica y beatífica, explicadas previamente. En primer lugar, la beatífica es evidente: si la «Justicia» llega a las víctimas de los guerrilleros, la demanda se satisface. Es el horizonte positivo de la demanda. Sin embargo, la contracara es la dimensión horrorífica, el otro culpable de mis males: para que las víctimas entren en el concepto de «Justicia» –como punto nodal–, los «terroristas» que se encuentran en el poder –en relación a ex Montoneros o hijos/familiares de ex-guerrilleros– deberían pasar del otro lado de la frontera. Entonces, hasta que no sea superado el obstáculo el objetivo del nosotros no se cumplirá.

Para el final del video, Laje cierra con un monólogo completamente cargado de sentidos y configuraciones, en donde se ocupa de articular distintos elementos a los puntos nodales claves que va trabajando a lo largo del video, pero principalmente de reforzar el discurso contrahegemónico que se plantea contra la lógica social de los «30000»:

La historia debe ser completa y rigurosa. No está bien borrar de un plumazo a las organizaciones terroristas con el fin de instaurar la teoría del demonio único. No está bien ocultar la situación de guerra revolucionaria que vivía la Argentina de los años 70. No está bien disimular el hecho de que la represión ilegal y la técnica de desaparición de personas empezaron antes del 24 de marzo de 1976. No está bien negar a las víctimas cuando son de un lado, e inflarlas cuando son del otro. No está bien inventar cifras con propósitos efectistas. Las generaciones que no vivimos los años 70 queremos conocer la historia de manera completa, integral, respetuosa. Sin revanchismo, sin anteojeras ideológicas y sin conveniencias políticas y económicas que la ensucien y distorsionen. Además, queremos hacerlo en Libertad. No aceptamos ninguna clase de censura. No le reconocemos validez a ningún dogma escondido tras la tiranía de la corrección política9. Queremos ser libres de conocer nuestra historia. Es la única forma que existe de aprender del pasado y no repetirlo Nunca Más. Una sociedad que se aferra a la mentira no puede construir un futuro en libertad. Este 24 de marzo rompamos con el relato impuesto y reivindiquemos nuestro derecho a conocer la verdad completa. (Casa Rosada, 24 de 2025)

A modo de cierre

La última cita, el último minuto y medio de video en este segundo aniversario en el que el gobierno libertario se hace cargo de hablar, en nombre del Estado, acerca de lo sucedido en la última dictadura en nuestro país, nos deja un resumen de la nueva mirada oficial. En primer lugar, debo volver a recalcar que esta estrategia de (re)significación del pasado inmediato –y no cualquiera, sino uno que causó horrores en la sociedad– se convirtió en algo recurrente de todos los líderes y partidos de esta «internacional de derecha», como ya mencioné, en línea con la relación entre el franquismo y Vox, el mussolinismo y Meloni, Trump sobre la historia afro en Estados Unidos, Bolsonaro y Kast con las dictaduras de los 70 en sus países, entre otros.

En este orden de ideas, la «batalla  cultural»  libertaria  incluye, como uno de tantos significantes, el de «derechos humanos». En relación a la dictadura, la batalla por la  hegemonía de  la  que  hasta  este  entonces  había  sido  claramente ganadora la visión nacional-popular-democrática, hoy puede estar cambiando. Dicho esto, ¿cómo (re)significa el  pasado el gobierno libertario? ¿Qué sentidos buscan (re)configurar? ¿Cómo se da este proceso de (re)articulación de los puntos nodales? ¿Qué nosotros y qué ellos construyen? ¿Qué lógicas prevalecen y refuerzan?

Como ya expresé, el significante «verdad histórica» es fundamental en el discurso de Laje. Esta nueva lógica social propuesta es llamativa y novedosa. A diferencia de las derechas tradicionales, el libertarianismo se aleja de la mirada de los «dos demonios» –también una lógica social contrahegemónica– que se establece como parte del ellos, junto a la del «demonio único». En este sentido, la (re)articulación que realiza el intelectual permite observar el claro trazado de frontera que plantea, que no es muy distinto al propuesto por el libertarianismo a nivel general: el principal otro es la casta política que mintió con el número de desaparecidos con fines políticos, ideológicos y económicos, como sostienen Laje y el mileismo.

Este proceso de adoctrinamiento y destrucción de la memoria histórica hizo, según el gobierno, que solo se exponga a los militares como los culpables y los malos. Sin embargo, los libertarios plantean dentro del ellos, además de las cúpulas militares, a las «guerrillas terroristas» y la casta política –que promovió/financió y luego reprimió a las organizaciones armadas–.

Además, hablando de las organizaciones guerrilleras, Laje y el gobierno mencionan a la Unión Soviética y Cuba como dos claros antagónicos. Esto también resulta interesante, ya que no solo retoma una lógica fantasmática clave de ese entonces, el «fantasma rojo o comunista», sino porque los entramados como el de Milei y los libertarios tienen siempre como antagónico al comunismo. Lo construyen como colonizando el mundo con el progresismo y el wokismo, entre otras cuestiones que dan cuenta de una lógica fantasmática clave de esta «internacional de derecha».

Incluso, en nuestro país es aún más efectiva la ligazón con Rusia, Cuba, Venezuela o Irán. El fantasma del «castrochavismo», el caso Nisman y la Amia, el memorándum con Irán, los médicos cubanos durante la pandemia, entre tantos otros ejemplos, dan cuenta de que esta lógica fantasmática es fundamental en las derechas argentinas y latinoamericanas.

Continuando con la construcción del ellos que proponen, y yendo más para la actualidad, se menciona a los organismos de derechos humanos. Estos son los que traen consigo el significante «negocio del setentismo» asociado a la corrupción. Además, son los que permiten introducir el nosotros, que solo se menciona en este momento: las víctimas del terrorismo guerrillero. Según Laje, por un lado, hay que recordarlas para que sean parte de la «Memoria» colectiva, y, por el otro, si no consiguen sus indemnizaciones, la «Justicia» –otro de los puntos nodales fundamentales en esta ecuación– nunca será total. Todo este proceso de significación está fijado –la fuerza– a partir de las lógicas fantasmáticas que se mencionaron en el desarrollo.

Para ir terminando, retornando a las lógicas, a pesar de que, como se dijo, el nosotros solo se marca una vez, es fácil asumir las ligazones que realizan con la política de la actualidad. Dentro del nosotros están los tantas veces mencionados «argentinos de bien» (Retamozo, 2025): el pueblo que representa Milei.

En este orden de ideas, entiendo que se puede afirmar que a partir de estas (re)significaciones, y en miras de lo sucedido durante estos primeros dos años de gobierno libertario, se está intentando reforzar un relato que podríamos llamar «lógica fantasmática de la violencia de peronista/kirchnerista», que permite afianzar la carga de sentidos en torno a estos «argentinos de bien». ¿A qué me refiero con esto?

Esta lógica, que podríamos considerar hegemónica y constitutiva de la política argentina, máxime luego del trabajo discursivo que realizó la alianza Cambiemos durante su presidencia, es fundamental en la política argentina. Se entiende que el kirchnerismo es golpista, corta calles, no permite a la centro-derecha gobernar –recordemos la mística en torno al macrismo terminando su gobierno10– y es violento en las calles, entre otras cosas. Inicialmente se usó para justificar la violencia policial cuando se reprimían movilizaciones. Luego le articularon la idea de terrorismo, principalmente con los conflictos mapuches en el Sur del país –Santiago Maldonado y Rafael Nahuel–, o violentos/sucios –principalmente por el movimiento feminista–.

En este orden de ideas, entiendo que el gobierno está intentando reforzar esa lógica, incluso sumándole algunos nuevos condimentos: básicamente, (re)articulando nuevas demandas en el discurso y corriendo la frontera. La insistencia en 1- el rol del peronismo durante los 70, y 2- el inicio previo a la dictadura son clave. Si los violentos de los 70 triunfaron y se hicieron con el poder estatal –el libertarianismo entiende que tomaron las instituciones, como la educación–, ¿Siguen allí? ¿Es el peronismo-kirchnerismo la nueva cara?

Si «terroristas guerrilleros» = «montoneros» = «kirchneristas» = «violencia», ¿qué impide considerar a los terceros como enemigos a erradicar? Incluso no es ingenua la insistencia en que la violencia inició previo a la dictadura. El caos social en democracia –que, en la actualidad, sería el que sigue generando en las calles el kirchnerismo– llevó a la violencia, y no al revés. Nuevamente, el paralelismo es peligrosísimo. Esta lógica fantasmática de la violencia kirchnerista es la que permite que un discurso contrahegemónico como el de la «verdad histórica» tenga agarre/grip11: si el peronismo-kirchnerismo es violento en la actualidad, ¿por qué no considerar que lo fue antes? Si no deja gobernar ahora, ¿por qué pensar que sí dejaba gobernar hace 40 años? Si son los que quieren «voltear a todos los gobiernos que no son de su agrado», ¿por qué no pueden haber sido ellos los que generaron el caos social que «obligó» a los militares a intervenir?

Son los «argentinos de bien» vs. los «violentos kirchneristas», la «casta»; construcción que interactúa con las lógicas fantasmáticas que estructuran el goce de una determinada sociedad, en un determinado momento histórico. Además, con este objetivo, el libertarianismo está usando casi las mismas lógicas de despotricamiento de la otredad que la dictadura. El pedido de sangre en las redes sociales, donde su tropilla digital ataca opositores, es constante. Durante las discusiones por el presupuesto universitario incluso llegaron a reivindicar las noche de los bastones largos.

Incluso, esta lógica fantasmática de la «violencia kirchnerista» es la que termina justificando detenciones a opositores12, violencia policial en las movilizaciones13 y aumentos desproporcionados de los presupuestos de los servicios de inteligencia14. Todo esto no sería posible si no estuviésemos viviendo un nuevo periodo de deshumanización del adversario político, rompiendo otro de los consensos que se había constituido postdictadura. El discurso libertario, que continúa el iniciado por Macri y Bullrich en la década pasada, deja casi al límite del antagonismo la política agonista de nuestro país, que tanto años, sangre y vidas costó conseguir.

 

 

Notas

1 En este punto, ambos candidatos, aunque principalmente Villarruel, hacían hincapié en las indemnizaciones otorgadas por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, en sintonía con los 30000 desaparecidos, los juicios de lesa humanidad que continúan o los subsidios a organizaciones –esto apuntaba a Sueños Compartidos–. De este modo, estas temáticas se constituyeron como los primeros puntos abordados por los discursos negacionistas de estas figuras, a partir de los cuales iniciaron un proceso de (re)significación del Nunca Más.

2  Me refiero a Claudio Avruj, ex Secretario de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural de la Nación (2015-2019) y su intento de modificar  las  currículas educativas entendiendo que estaban sobre-politizadas; y a Daría Lopérfido, ex Ministro de Cultura de Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que fue de los primeros en discutir el número de los 30000, en 2016.

3 Ver en https://www.aljazeera.com/news/2025/3/28/trump-orders-removal-of-improper-ideology-from-top-us-museums

4 Como afirman Glynos y Howarth, las prácticas sociales pueden agruparse en sistemas de prácticas que llaman regímenes (2007, p. 10).

5 En este punto es fundamental la retroducción como base a partir del cual pensar las ciencias sociales y la investigación. Aunque no es el objetivo de este trabajo profundizar en ella, sí es necesario destacar que este marco reconoce la contingencia que atraviesa no solo al objeto de estudio, sino al investigador mismo, que invoca lógicas políticas –subjetividades– implícita o explícitamente al momento de definir el objeto, caracterizarlo o analizarlo críticamente (Glynos y Howarth, 2007, p. 30).

6 Stavrakakis apunta al aspecto positivo de lo Real, en términos lacanianos, y destaca el rol del goce (jouissance) en la vida política, «en especial como factor explicativo de la longevidad y omnipresencia de determinadas identificaciones y de la dialéctica del cambio político y social» (2007, p. 37). La clave es tener en cuenta las emociones, los afectos y las pasiones si queremos entender «“lo que se afianza”: tanto lo que nutre los procesos de identificación como lo que crea fijeza discursiva» (Stavrakakis, 2007, p. 189).

7  Por ejemplo, si A es opuesto a Z, B es opuesto a Z, B es opuesto a Y, y C es opuesto a Y, más chances de que se constituya la cadena A = B = C /vs/ Z = Y.

8 Cabe destacar este «guiño» a la juventud, ya que el video parece hablarle, exclusivamente, a aquellos que no vivimos durante la dictadura. Este grupo etario es de los más fieles a Milei y La Libertad Avanza, como han mostrado los distintos resultados de elecciones desde el 2021 en adelante.

9  Esto es clave: la idea del «prohibido prohibir» que mencioné previamente. No aceptan ningún tipo de censura en este «vale todo» que se propone.

10  El gobierno de Macri fue el primer gobierno constitucional no-peronista en finalizar mandato desde 1928.

11  Nos permite ver, como se mencionó antes, las condiciones varias que hacen que esa práctica funcione o se alinee con las miradas de una determinada sociedad en un determinado momento histórico.

12  Me refiero a Daniel Vera, jubilado detenido hace seis meses por twittear en contra de Javier Milei. Ver en https://www.pagina12.com.ar/2026/01/04/seis-meses-detenido-por-un-tuit-contra-milei/

13  La justificación de la represión policial en movilizaciones no es nueva, menos cuando Patricia Bullrich está involucrada. Sin embargo, este año el gobierno buscó justificar el casi asesinato a Pablo Grillo, fotógrafo que estaba cubriendo una de las tantas represiones a jubilados. Ver en https://gruporadialcentro.com.ar/bullrich-sigue-justificando-el-accionar-del-gendarme-guerrero-contra-pablo-grillo-el-gas-fue-tirado-de-manera-correcta/

14  A finales de mayo de 2025 el gobierno había aumentado, desde su llegada al poder, un 254 % el presupuesto de la SIDE (Secretaría de Inteligencia del Estado). Ver en https://www.lanacion.com.ar/politica/la-side-libertaria-en-cinco-meses-los-gastos-reservados-de-inteligencia-aumentaron-un-254-nid27052025/. Los aumentos continuarían a lo largo del año: https://www.tiempoar.com.ar/ta_article/el-gobierno-amplio-por-decreto-el-presupuesto-de-la-side-en-26-mil-millones-de-pesos/

 

Referencias bibliográficas

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