«Memoria completa»:
(Re)significaciones de la dictadura en el discurso de Milei y La Libertad
Avanza. del prudente Saber y el máximo posible de
Sabor
N.° 23, enero-junio 2026 | DOI:
10.33255/26184141/2552e0070 e-ISSN:
2618-4141
Para citación: Seco J. B. (2026). «Memoria completa»: (Re)significaciones de la
dictadura en el discurso de Milei y La Libertad Avanza. del prudente Saber y el máximo posible de Sabor, (23).
DOI: 10.33255/26184141/2552e0070
«Memoria completa»:
(Re)significaciones de la dictadura en el discurso de Milei y La Libertad
Avanza
“Complete
memory”: (Re)significations of the dictatorship in Milei’s & La Libertad
Avanza’s discourse
Juan Bautista Seco,
Universidad Nacional de La Plata. Argentina
juanbautista.seco@perio.unlp.edu.ar
DOI: 10.33255/26184141/2552e0070
ORCID: 0000-0001-6694-3050
Resumen
La
llegada al poder de Javier Milei y La Libertad Avanza trajo consigo una
innumerable cantidad de novedades en la arena política de nuestro país. Desde
sus orígenes, el libertarianismo fue bastante crítico de la mayoría de los
consensos sociales que se habían establecido desde el 2003 en adelante.
Incluso, pusieron en mira otros acuerdos planteados desde el retorno de la
democracia, entre ellos, y principalmente, sobre la última dictadura cívico-militar.
Desde
2021 en adelante, Victoria Villarruel y Milei, entre otros, trabajaron esta
demanda social, articulando nuevos sentidos a un discurso que, al menos muchos,
creíamos sedimentado y naturalizado en la sociedad argentina. De esta manera,
Argentina volvía a sumergirse en tiempos oscuros: grupos políticos con
incidencia electoral comenzaban a dar disputas en torno a lo sucedido durante
la última dictadura. A pesar de que las voces negacionistas nunca se fueron
(Seco, 2025), no cabe duda de que el nivel de presencia, la proliferación e
incidencia de esta temática durante este último tiempo no se veían hacía
muchísimo tiempo.
Dar
la batalla por la hegemonía es una tarea clave de cualquier voluntad colectiva
que busca generar naturalidad social, validez universal o normalidad. Luchas
constantes por el poder de nombrar, procesos de desarticulación-rearticulación
que buscan rebatir o reforzar miradas de mundo. La disputa por la cultura es
clave: organiza la sociedad a partir de tejer redes significantes que definen
qué está bien, qué está mal. Allí se construye –o se puede subvertir– el
sentido común. A partir de la Teoría Política del Discurso (Laclau y Mouffe,
1985), utilizando el aparato de lógicas propuesto por Glynos y Howarth (2007),
aportes teóricos de Retamozo (2025) y metodológicos de Nonhoff (2019) y Kim
(2021), se profundizará en esta disputa hegemónica propuesta por el
libertarianismo, enmarcada en la «batalla cultural» que se dicen dando.
Palabras
clave: discurso político, dictadura, hegemonía
Abstract
The rise to
power of Javier Milei and La Libertad Avanza brought with it countless changes
in our country's political arena. Since its beginnings, libertarianism has been
highly critical of most of the social consensus that had been established since
2003 onwards. They even targeted other agreements proposed since the return of
democracy, including, primarily, the view of the last civil-military
dictatorship.
From 2021
onwards, Victoria Villarruel and Milei, among others, worked on this social
demand, articulating new meanings to a discourse that, at least many of us,
believed to be established and naturalised in Argentine society. In this way,
Argentina was once again plunged into dark times: political groups with
electoral influence began to dispute what happened during the last
dictatorship. Although the voices of denial never went away (Seco, 2025), there
is no doubt that the level of presence, proliferation and impact of this issue
in recent times has not been seen for a very long time.
Fighting for hegemony is a key task for any collective
will that seeks to generate social naturalness, universal validity, or
normality. Constant struggles for the power to name, processes of
disarticulation-rearticulation that seek to refute or reinforce worldviews. The
dispute over culture is key: it organises society by weaving meaningful
networks that define what is right and what is wrong. This is where common
sense is constructed—or can be subverted. Based on Political Discourse Theory
(Laclau & Mouffe, 1985), using the logical apparatus proposed by Glynos
& Howarth (2007), theoretical contributions from Retamozo (2025) and
methodological contributions from Nonhoff (2019) and Kim (2021), we will delve
into this hegemonic dispute proposed by libertarianism, framed within the
“cultural battle” that they claim to be waging.
Keywords: political discourse, dictatorship, hegemony
Introducción
Aparición y
huellas
Al surgir, muchos –la mayoría–
creían que era un fenómeno exclusivamente de redes. Con los resultados de las
elecciones legislativas de 2021, fue acusado de «porteño» y de no representar
los intereses del país en su totalidad. Sin embargo, La Libertad Avanza dio el
batacazo en 2023, se hizo con el poder y hoy gobierna Argentina.
Desde sus orígenes, el libertarianismo
–como voluntad colectiva que agrupa y articula distintas demandas y grupos– fue
bastante crítico de la mayoría de los consensos sociales que se habían
establecido en nuestro país desde el 2003 en adelante. Sin embargo, también se
pusieron en mira muchos otros acuerdos planteados desde el retorno de la
democracia, entre ellos y principalmente la mirada sobre la última dictadura
cívico-militar de nuestro país, que se había institucionalizado con las
presidencias de Néstor y Cristina Kirchner.
Comenzadas por la actual vicepresidenta, Victoria
Villarruel, y los movimientos de «víctimas civiles de las guerrillas» que la
rodean hace más de una década, las disputas en torno a la sucedido en la década
de los 70 se volvieron cada vez más recurrentes. La en
ese entonces, diputada junto a otras figuras que se fueron sumando a lo que en
2023 sería La Libertad Avanza comenzaban a tener cada vez más trascendencia
mediática y política. En ese contexto, sus menciones y discusiones en torno a
significantes como los «30000», «Memoria, Verdad y Justicia» o «Nunca Más»
fueron reiteradas. Desde ese entonces, comenzaban a ser (re)significados
contra-hegemónicamente por la alianza libertaria.
Milei, ya desde el primer debate
electoral de las elecciones presidenciales de 2023, dejó en claro que no creía
en los 30000 desaparecidos. También revivió la teoría de los «dos demonios»,
diciendo que lo que había sucedido era una guerra donde los militares
cometieron excesos, pero del mismo modo lo habían hecho los «guerrilleros», a los
que acusó de cometer delitos de lesa humanidad.
Otro tema recurrente durante la campaña fue el de los
«curros de los Derechos Humanos». Significante retomado de la Alianza Cambiemos
que acusaba, por un lado, a distintas organizaciones civiles y políticas de
hacer plata a costa de esta historia inventada. Pero, por el otro, se pedía que
auditen la cifra de desaparecidos ya que, desde su perspectiva, se otorgaban
subsidios discrecionalmente1.
En esta misma línea, y en relación a
las reparaciones, Villarruel sostuvo que se dejaron de lado a las «víctimas del
terrorismo guerrillero». En gran parte de las entrevistas brindadas durante la
campaña –cada vez que se le preguntaba sobre sus posturas negacionistas– se
encargó de remarcar el trato desigual que considera tuvieron las víctimas
civiles de las guerrillas.
De esta manera, Argentina volvía a sumergirse en tiempos
oscuros: grupos políticos con incidencia electoral comenzaban a dar disputas de
sentido en torno a lo sucedido durante la última dictadura. A pesar de que las
voces negacionistas nunca se han ido, desde 1983 en adelante, como trabajé en
otro escrito (Seco, 2025), no cabe duda de que el nivel de presencia, la
proliferación e incidencia de esta temática durante este último tiempo no se
veían hacía muchísimo tiempo. A pesar de que no es el objetivo de este trabajo,
por supuesto que resulta crucial ahondar en estas huellas discursivas, en torno
a grupos y discursos negacionistas, ya que nos permiten entender de mejor
manera cómo fueron configurándose, década tras década.
En este orden de ideas, desde 2021
en adelante, tanto Villarruel como Milei trabajaron esta demanda social,
articulando nuevos sentidos a un discurso que, al menos muchos, creíamos
sedimentado y naturalizado en la sociedad argentina. Pensamos que se había
aprendido de los errores, reparado en ellos y, así, logrado avanzar socialmente
con el lema de «Memoria, Verdad y Justicia por los 30000» como política de
estado y el «Nunca Más» como síntesis.
Sin embargo, como desarrollaré teóricamente, ningún «modo de
ver el mundo» por sedimentado/naturalizado que se crea lo estará
–necesariamente– por siempre. Como sostiene Mouffe (2018) todo discurso, con
los sentidos que se articulan a él y la frontera política que define al otro, «se
construyen mediante la lucha política, y siempre son susceptibles de
rearticulación a través de intervenciones contrahegemónicas» (p. 88).
Desde el comienzo, los candidatos libertarios dejaron en
claro que ellos defendían la verdad y la justicia «completa». Acusaron a todo
el espectro político –construcción afín a su rivalidad con «la casta», desde
sus orígenes (Seco, 2021)– de haber callado y/o dejarse enceguecer por miradas
que dejaban de lado, principalmente, a las víctimas de la guerrilla. Sin
embargo, aunque sin ánimos de adelantarme, estas víctimas fueron el «caballo de
Troya» a partir del cual comenzaron a disputar otra serie de cuestiones con
muchísima más gravedad institucional.
Llegada al
poder
El 19 de noviembre de 2023 la fórmula de «La Libertad
Avanza» Milei-Villarruel triunfaría en el
ballotage frente a
Unión por la Patria. De este modo, las disputas en el campo de lo político
se comenzaron a reproducir desde la política –profundizaré en esto, más
adelante– y la disputa hegemónica se aceleró. Desde ese entonces, el gobierno,
sus intelectuales y muchos medios de comunicación afines se han preocupado y
ocupado de dar la batalla por (re)significar muchos de los consensos que se
habían logrado constituir desde la vuelta a la democracia, principalmente en
torno a tres puntos nodales clave: «Memoria», «Verdad» y «Justicia» (Seco,
2025). El objetivo es claro: disputar la lógica social de los «30000», que se
había sedimentado en la sociedad argentina luego de décadas de lucha.
De este modo, las voces negacionistas volvieron a ser parte
de la agenda política con total normalidad. Estas, a diferencia del macrismo,
donde solo eran subterráneas –funcionarios de tercera línea2, al menos– y «pasivas», fueron explícitas y políticamente
incorrectas. Sin miedo a «romper todo», los libertarios, desde la campaña, pero
más aún llegados al gobierno, propusieron una nueva configuración discursiva
respecto a lo sucedido en la última dictadura: un nuevo «relato». En su primer
aniversario del 24 de marzo, Casa Rosada se ocupó de emitir un mensaje oficial
donde pedía «Memoria Completa», contando su «Verdad» (Seco, 2025). En este
punto, resulta necesario reparar en algunos conceptos y nociones que permitirán
seguir avanzando en el trabajo.
Algunas consideraciones
teórico-metodológicas
A
lo largo de esta breve introducción se fueron mencionando una serie de
conceptos que son fundamentales para comprender el quehacer libertario, no solo
respecto a la dictadura, sino para la lucha contrahegemónica que dieron y sigue
dando. Para ello, la comunicación y el discurso político –como herramienta
performativa– son clave. Los sujetos buscan rebatir o reforzar distintas
visiones de mundo, y se enfrentan en la arena de lo
político a partir de estas armas simbólicas –una mirada
agonista– (Mouffe, 2007) de la política, al menos, como ahondaré luego.
En esta
línea, y como primer punto, Mouffe (2007) piensa a lo
político como la posibilidad siempre presente de
antagonismo, consecuencia de la ausencia de fundamento y la indecidibilidad que
impregna todo orden (p. 24). Lo político es la dimensión de
antagonismo que atraviesa y constituye todo orden social –la
política–, y sedimenta las prácticas de lo social. Es la
afirmación de la negatividad radical que atraviesa a la sociedad. Una
negatividad que nunca podrá ser superada, ya que no solo es inherente, sino
necesaria para distintos procesos.
Se
diferencia de la
política –dimensión óntica– que representa las formas
institucionalizadas del orden mismo. Allí se plasman las reglas y prácticas
sedimentadas, con el objetivo de lograr la coexistencia entre los sujetos que
pujan por el poder, mediando en el conflicto entre ellos. Por lo tanto, se
entiende que siempre estará atravesada por lo
político –dimensión ontológica.
Ahondar
en los procesos de (re)articulación hegemónica implica, primeramente, definir
qué se entiende por discurso. Siguiendo a Laclau y Mouffe, se comprende a todo
objeto como objeto de discurso (1985, p. 146), ya que el último mencionado
«constituye el terreno primario de constitución de la objetividad como tal»
(Laclau, 2005, p. 92). El lenguaje es opaco, una arbitrariedad que
(re)construye realidades a partir de la presencia de significantes, aquellas
cosas que son nominadas, y significados, palabras que nominan.
Esta mirada va de la mano con la
noción de comunicación de la que parte este trabajo. A partir de Uranga (2016),
se la entiende como «un proceso social de producción, intercambio y negociación
de formas simbólicas» (p. 30), siempre atravesado por el poder y la desigualdad
entre actores (p. 29).
Es
por todo esto que el discurso político tiene un rol clave, ya que es
performativo: configura identidades y antagonismos en la disputa hegemónica,
separa la arena discursiva entre un nosotros y un ellos. Cómo se
da esta construcción, cómo se traza la frontera, es algo fundamental a lo que
prestar atención.
Retomando
las teorizaciones de Mouffe, el modo en el que se construye el antagonismo
–necesario– para oponerse al otro y disputar sentidos es un factor fundamental para poder
diferenciar entre una construcción antagónica o agonista. Para poder encauzar
el conflicto lejos del autoritarismo, alejándose de la noción amigo/enemigo de
Carl Schmitt que supone una negación insuperable dialécticamente, que llevaría
a la destrucción de la asociación política, la autora afirma que «una tarea
clave de la política democrática es proporcionar las instituciones que permitan
que los conflictos adopten una forma agonista, donde los oponentes no sean
enemigos, sino adversarios entre los cuales exista un consenso conflictual»
(Mouffe, 2014, p. 16), y aceptando «una serie de reglas de acuerdo a las cuales
se va a regular su conflicto» (p. 137), se reconoce la legitimidad de las
demandas y sus oponentes, «admitiendo que no existe una solución racional a su
conflicto» (Mouffe, 2007, p. 27).
Hegemonía
Habiendo
reparado en estos conceptos iniciales, se puede continuar. Dar la batalla por
la hegemonía es una tarea clave de cualquier voluntad colectiva: para triunfar
es necesario institucionalizar sus visiones, sus relatos, que se naturalicen y
pasen a ser parte del sentido común establecido. Cuando se habla de hegemonía,
implica la capacidad de un sector de construir, en torno a sí, un interés
general: una determinada idea de bien común, que siempre será contingente y
estará dada por una coyuntura determinada, que deja afuera otras opciones.
Se
comprende la hegemonía como «esta operación por la que una particularidad asume
una significación universal inconmensurable consigo misma» (Laclau, 2005, p.
95). Como sostienen Laclau y Mouffe (1985), «los actores sociales ocupan
posiciones diferenciales en el interior de aquellos discursos que constituyen
el tejido social» (p. 13). Estas posiciones diferenciales son particularidades
que, ante «los antagonismos sociales que crean fronteras internas a la
sociedad» (Laclau y Mouffe, 1985, p. 13), pueden establecer distintos tipos de
articulaciones –como relaciones de equivalencia, diferencia, contrariety, entre
otras (Nonhoff, 2006)– con otros particulares.
A
partir de este trazado de fronteras y articulación entre elementos, un
particular toma la tarea de representar la cadena equivalencial, asumiendo
carácter de universal, pero sin dejar de ser, al mismo tiempo, él (Laclau y
Mouffe, 1985, p. 12): el particular divide su cuerpo en dos y representa la
totalidad que le es radicalmente inconmensurable. El concepto lacaniano de point de
capiton o punto nodal es retomado por los autores, tornándose clave
en su desarrollo. La existencia de este es condición inherente del proceso, ya
que algo tiene que representar a la totalidad de particulares articulados. Como
sostienen Panizza y Stavrakakis (2021), todo discurso se constituye con el
objetivo de dominar el campo de la discursividad, detener el flujo de
diferencias –elementos y momentos– y construir un centro (p. 26); si no,
estaríamos frente al discurso de un psicótico (Stavrakakis, 2007).
En este orden de ideas, queda claro
que el proceso de constitución de –y lucha por– la hegemonía es fundamental
–directamente para poder vivir en sociedad–, ya que si no hay un cierre,
precario al menos, el ser humano viviría en un mundo caótico sin reglas ni
fijaciones. Los distintos sujetos políticos buscan generar naturalidad social,
validez universal o normalidad (Nonhoff, 2006). En este sentido, nos
encontramos frente a luchas constantes por el poder nombrar, procesos de
desarticulación-rearticulación que conllevan, evidentemente, enfrentamiento.
Este
proceso contrahegemónico, en donde se (re)articulan particulares de las cadenas
equivalenciales disputadas con el fin de cambiar el sentido común establecido,
tiende a ser minucioso y lento. Cabe destacar que puede no serlo en casos de
importantes crisis en la sociedad: lo que Laclau llamaría «momentos de
dislocación en la estructura», donde todo está más dispuesto al cambio que
nunca debido, principalmente, a fallas de la política o las clases dirigentes
al momento de representar los intereses de su gente.
Batalla cultural
En
línea con la disputa hegemónica, es interesante destacar una de las principales
banderas del mileísmo desde su aparición: la batalla cultural. La disputa en el
campo de la cultura es fundamental, ya que reúne un entramado de prácticas que
–dependiendo de quién encarne la hegemonía, quién logre que sus visiones de
mundo particulares se universalicen– hace «racionales unos comportamientos y no
otros, que permite imaginar unos e impensables otros, que educa la vida
cotidiana y la encauza, que distribuye prestigios y desprestigios; en suma, que
produce hábitos, costumbres» (Errejón, 2019, p. 124).
La
batalla cultural que se proponen va de la mano con la replicada por los líderes
de la «internacional de derecha» en cada uno de sus países. Ya sea Trump,
Meloni, Bolsonaro, Abascal u Orban, se replican casi las mismas demandas que se
articulan en sus programas y plataformas conservadoras, que apelan a mantener
los «valores y tradiciones»: contra los feminismos y la comunidad LGBTIQ+,
anti-inmigración y nativistas (De Cleen et al., 2021). Discursos unapologetic (Seco,
2023) que defienden su libertad por sobre otros derechos humanos y valores, y
solo piden una cosa, «prohibido prohibir» (Stefanoni, 2021, pp. 90-95).
Otro
de los aspectos clave en esta batalla que están dando es la (re)significación
del pasado. Milei no es el único que disputa discursos sobre dictaduras
pasadas: Abascal hace lo propio con Franco, y Meloni, con Mussolini. Trump,
incluso, volvió al poder con una clara política de cercenamiento de la historia
afro en Estados Unidos, prohibiendo muestras en museos sobre la esclavitud, por
ejemplo3.
De
este modo, la cultura –y la historia como una de las principales productoras de
la misma– es clave para estas derechas. Agustín Laje, intelectual argentino y
uno de los reproductores locales y regionales más importantes de este
entramado, sostiene que «es sin dudas el campo de los antagonismos políticos
favoritos de las izquierdas hegemónicas» (2022, p. 11). Es por ello que esta
«internacional de derecha» debería estar atenta no solo al campo económico,
sino también a la cultura, en donde se dan otro tipo de discusiones y se pueden
trazar otro tipo de fronteras políticas nosotros/ellos (Laje, 2022, p. 465).
Lógicas
Para
poder comprender este proceso y así analizarlo, en este escrito se lo trabajará
bajo las lógicas de Glynos y Howarth (2007), que nos permiten dar cuenta de la
institución, contestación y sedimentación de las prácticas sociales y regímenes
de prácticas4 (p. 9). El objetivo es explicar la
transformación, estabilización o mantenimiento de estas prácticas o regímenes,
pero no únicamente describiéndolas o caracterizándolas, sino dando cuenta de
las condiciones varias que hacen que esa práctica funcione o se alinee con las
miradas de una determinada sociedad, en un determinado momento histórico.
Las
lógicas son construidas y nombradas por los analistas5 para identificar «las
reglas gramaticales de una práctica objeto de estudio» (Glynos y Howarth, 2007,
p. 136). Existen tres lógicas, las sociales, las políticas y las fantasmáticas:
Podríamos
decir, a grandes rasgos, que ofrecen respuestas a las preguntas «qué», «cómo» y
«por qué». Si las lógicas sociales ayudan a caracterizar las prácticas a lo
largo de un eje sincrónico (el «qué»), las lógicas políticas se centran en los
aspectos diacrónicos de una práctica, explicando así la forma en que han
surgido o son cuestionadas y/o transformadas (el «cómo»). Las lógicas políticas
tienen como objetivo captar esos procesos de movilización colectiva
precipitados por la aparición de lo político, que implican la
construcción, la defensa y la naturalización de nuevas fronteras. Pero también
implican los procesos que tratan de interrumpir o romper el trazado de
fronteras propuesto por el hegemónico. Las lógicas políticas enfatizan así el
proceso dinámico por el cual las fronteras políticas se construyen,
estabilizan, fortalecen o debilitan y desarticulan. (Glynos, 2009, p. 278)
De
este modo, las lógicas sociales apuntan a lo establecido, a lo que parece
normal, las reglas de una sociedad: la hegemonía. La lógica política nos revela
la contingencia de todo orden. Explican el surgimiento y formación histórica de
estas prácticas o regímenes, enfatizando el conflicto y el antagonismo que
rodean la constitución de cualquier lógica social. En toda disputa por la
hegemonía, por la constitución de una lógica social, es necesario diferenciar
entre un nosotros
y un ellos, por lo
que la lógica de la equivalencia y la lógica de la diferencia, claves para el
trazado de frontera y construcción de una cadena equivalencial, son
fundamentales en la lógica política. Además, esta puede mostrar las huellas de
contingencia de cualquier discurso establecido, pero también ocultarlas,
borrando de la memoria viva las luchas que se dieron para hegemonizarse.
Sin
embargo, para comprender realmente el porqué del cambio o la continuidad, la
lógica fantasmática es fundamental, ya que nos permite comprender el «grip» o
«agarre» de las lógicas sociales y la fuerza de las lógicas políticas. Esta
apunta a la importante distinción entre forma/fuerza6 que trabaja
Stavrakakis (2007). Como desarrollan Glynos y Howarth, mientras que las
primeras dos lógicas refieren a disputas de sentidos y operaciones de
significación –la forma–, la
fantasmática apunta a la fuerza que hay detrás de esas operaciones. En este
sentido, pueden servir para reforzar una lógica social o para avanzar con la
destrucción de la misma –como se verá en el caso libertario–.
En
este sentido, la fantasía –el plano ontológico de la lógica fantasmática– es
clave para comprender el trazado de frontera, por un lado, y los procesos de
movilización y adherencia a líderes/partidos, por el otro. Esta tiene dos
dimensiones: una beatífica y una horrorífica. Mientras que la primera implica
el éxito, el horizonte positivo propuesto, la segunda apunta a la
victimización, el peligro y el otro, que son culpables del pasar del nosotros. Estas
las podemos ver reflejadas en las lógicas fantasmáticas que rastreemos en los
discursos propuestos.
En
este orden de ideas, en este trabajo se entenderá, primeramente, que la batalla
cultural –no solo la libertaria, sino la de la derecha internacional en
general– propone una serie de demandas radicales: no solo hegemónicas, porque
no vienen a asentarse sobre lo ya constituido, sino que vienen a romper lo
instituido y construir algo nuevo. Estas demandas, a partir de lógicas políticas,
tienen la intención de modificar lógicas sociales. En consecuencia, algunos
discursos establecidos están siendo desafiados y corren riesgo de ser
suplantados por otros relatos, actualmente. Tanto para su mantenimiento como
para la disputa contrahegemónica, las lógicas fantasmáticas son fundamentales.
Respecto al caso a abordar en este
escrito, se entiende que el libertarismo argentino comenzó a dar la «batalla
cultural» frente a muchos de los discursos que creíamos naturalizados o
comenzando a sedimentarse. Demandas radicales que vinieron a modificar o, al
menos, agrietar estos consensos en torno a distintas temáticas que se habían
discutido durante los últimos años en el país: la lógica de la política
atentando contra lógicas sociales.
La cuarentena, el aborto y los
feminismos (Seco, 2023) fueron de las primeras cuestiones puestas en duda y
atacadas. En ambas, las lógicas fantasmáticas fueron fundamentales: «las
vacunas dan autismo a bebés», «las vacunas tienen chips», «abortan con bebés a
punto de nacer», «se embarazan por no cuidarse y luego abortan», entre tantas
otras frases que retumbaron –y aún lo siguen haciendo– en la sociedad, al
momento de discutirse estas temáticas.
Sin embargo, fueron los sentidos en torno a la última
dictadura y los desaparecidos los más arduamente disputados, máxime siendo que
se encontraba sedimentado luego de décadas de luchas de organizaciones como
Madres y Abuelas de Plaza de Mayo e Hijos, que gracias al apoyo del Estado
argentino, había comenzado a institucionalizar su demanda: la de Memoria,
Verdad y Justicia y Nunca Más.
Entonces, habiendo hecho todo este recorrido teórico, queda
preguntarse: ¿cómo se da este proceso contrahegemónico con respecto a la
dictadura? ¿Qué lógicas contrahegemónicas podemos señalar? ¿Cómo aparecen la
dimensión beatífica y horrorífica en los discursos propuestos?
¿Qué buscamos?
Además del reconocimiento de lógicas, es fundamental dar
cuenta de cómo se configura el discurso, internamente. Es decir, poner el ojo
en la tarea de la lógica política: qué articulaciones se proponen, cómo se
traza la frontera que separa al nosotros del ellos, qué
puntos nodales están en juego, entre otras cuestiones a tener en cuenta.
Como sostiene Nonhoff (2019), el
análisis del discurso político, en el nivel de operacionalización, debe dar
respuesta a dos preguntas: de qué tipo son los elementos que se articulan en el
discurso político, por un lado, y qué buscamos cuando rastreamos
articulaciones, por el otro. Respondiendo a la primera, los elementos
articulados en las cadenas equivalenciales pueden ser llamados demandas, y son
comprendidas como la unidad mínima de análisis.
Respecto
al segundo interrogante, se comprende a la articulación como una práctica
discursiva, mediada por la sobredeterminación, «que establece una relación tal
entre los elementos que la identidad de los mismos es modificada como resultado
de la práctica
articulatoria» (Laclau y Mouffe, 1985, p. 105). Continuando con
Nonhoff, se entenderá que las demandas pueden establecer distintos tipos de
relaciones entre ellas al momento de constituirse las cadenas equivalenciales:
representación; diferencia; equivalencia; contrariedad; y súperdiferencia.
De
este modo, además de las, ya clave, lógicas de la equivalencia y de la
diferencia mencionadas como parte de la lógica política, el autor alemán
destaca otras tres articulaciones posibles. La contrariedad es clave: un
pequeño antagonismo entre demandas. Esta noción resalta la importancia del
tercer elemento en la ecuación de la equivalencia, ya que si dos elementos
comparten contrariedades, más posibilidades habrá de que se equivalgan, y
formen una cadena7.
Además,
esta categoría es fundamental para entender los puntos nodales. Los actores
políticos, en pos de que sus modos de ver el mundo devengan hegemónicos, se
enfocan en la significación de ciertos significantes amos, los puntos nodales:
«nodos repletos de sentido que terminan aglutinando, en gran parte, la
identidad del nosotros
[(positivos)] y del ellos [(negativos)]»
(Seco, 2022, p. 8). A partir de Kim, (2021) se entiende que un punto nodal es
cualquier elemento –demanda– de la cadena equivalencial que articule múltiples
contrariedades en común con los demás elementos en la cadena. Acá cobra
importancia otra de las posibles articulaciones dispuestas por Nonhoff: la de
representación. En resumen, este significante mantiene unida la cadena
equivalencial y carga con la significación que le ha dado el grupo.
La Libertad Avanza y la «memoria»
Habiendo realizado este recorrido teórico, que permitirá comprender
y desentrañar el proceso contrahegemónico iniciado por el libertarianismo,
podemos continuar. Como repuse en la introducción, Milei, Villarruel y compañía
lograron, luego del 2023, reproducir sus miradas de mundo desde las
instituciones. Los aparatos del Estado se convirtieron en una poderosa
herramienta para desgastar los consensos postdictadura logrados por casi la
totalidad del espectro político.
La intención fue clara: cercenar lógicas sociales, en este
caso la que llamaré de los «30000» o del «Nunca Más», con el objetivo de
imponer la suya, la de la «verdad histórica». Este proceso de disputa de
significantes y corrimiento de fronteras –la lógica política– vino de la mano
con, evidentemente, nuevas –y contrahegemónicas– lógicas fantasmáticas, como se
verá a continuación.
Por todo lo dicho, además de las ya mencionadas lógicas,
resulta fundamental profundizar en las (re)articulaciones propuestas por el
libertarianismo, identificar cómo articulan los significantes clave, así como
las otredades que construyen, enfrentadas al nosotros que configuran en su relato.
La libertad de conocer nuestra historia | Día
de la Memoria. Completa
A
razón de todo lo dicho, no sorprende que el gobierno le haya dedicado un video
de casi 20 minutos al segundo aniversario –desde su llegada al poder– del 24 de
marzo. En esta ocasión, Agustín Laje es el orador y nos cuenta su historia
respecto a la dictadura. Afirma que, como alguien que vivió toda su vida en
democracia, los «violentos años 70» nunca configuraron una experiencia propia
en su memoria8, sino que
fue aprendido por él a partir de un ejercicio de «memoria histórica», que se
había convertido en política estatal cuando él entró a la secundaria. Desde su
punto de vista, este proceso de institucionalización destruyó la «verdad
histórica» con objetivos partidarios, ideológicos y económicos.
Desde
el comienzo, entonces, Laje deja en claro la postura del gobierno respecto a lo
que se había constituido como el «sentido común» en torno a la última
dictadura: la implantada –vía victoria hegemónica– por el
peronismo-kirchnerismo, la mirada de mundo de los «30000», a la que Laje llama
«Teoría del demonio único». En este orden de ideas, y como primer punto, no hay
dudas de la clara intención del libertarianismo de disputar una lógica social
clara: la de «Nunca Más.» ¿Cuál proponen, entonces, Laje y compañía?
Volviendo
a hacer énfasis en cómo los estudiantes del siglo XXI fueron
«adoctrinados en un relato historietístico, maniqueo y reduccionista» (Casa Rosada,
24 de 2025), Laje se distancia, desde el inicio y sorprendentemente, de la
«Teoría de los dos demonios». Considera que es reduccionista, ya que exime de
culpa a la casta política, a la que acusa de impulsar el terrorismo y luego
promover la represión ilegal contra los mismos. Acá podemos observar la
presencia de uno de los puntos nodales –negativos (Seco, 2021)– clave del
libertarianismo argentino: la casta, a la que han sabido cargar de distintos
significados a lo largo del tiempo. Además, en línea con las lógicas de Glynos
y Howarth, podemos hablar de la lógica fantasmática de «la casta» como una
fundamental para cementar o reforzar muchos de los puntos de vista libertarios,
trazar fronteras y articular demandas.
En
otro orden de ideas, el hecho de que se distancie de la «Teoría de los dos
demonios» no es un detalle menor, ya que, desde la vuelta de la democracia en
adelante, esta fue la teoría más enarbolada por los grupos negacionistas de la
dictadura. Continuando, Laje también se distancia de lo que llama «Teoría del demonio
único», modo en el que nombra a la mirada oficial del siglo XXI. Relata
cómo sus docentes se la contaban en la secundaria, y que para él, ya desde ese
entonces, algo no cerraba, que faltaban partes en el relato, que la historia
que le contaban estaba sesgada e incompleta (Casa Rosada, 24 de 2025).
La libertad de conocer la historia
El video, en este punto, corta sus
imágenes y propone lo expuesto en el subtítulo. Clave, nuevamente, la presencia
de uno de los significantes –en este caso positivo– fundamentales en la
significación de Milei y compañía: Libertad. Laje, en este sentido, cuenta que
comenzó –con 15 años– a investigar por su propia cuenta y discutir con docentes
que se «forzaban en instalar» la mirada del «demonio único» (Casa Rosada, 24 de 2025). Incluso, afirma que
un docente le dijo «que “si no aguantaba el adoctrinamiento, que se vaya a otro
colegio”» (Casa Rosada, 24 de 2025).
Sin embargo, lejos de doblegarlo, afirma que esto aumentó su pasión por la
verdad histórica.
Antes
de continuar, es importante hacer un reparo. En este punto podemos dar cuenta
de otra de las lógicas fantasmáticas clave que se da en este proceso, y que
está completamente presente en las disputas dadas por la derecha mundial con la
batalla cultural: la lógica de la desautorización de la autoridad. En resumidas
cuentas –ya que se le podría dedicar un artículo entero a la temática–, desde
sus orígenes la «internacional de derecha» se constituyó como un frente
«anti-élites» ¿Quiénes son parte de las élites, desde su perspectiva? La
educación, universidades y la ciencia, entre otras, que fueron tomadas por la
izquierda, el comunismo/progresismo y el globalismo, y, desde allí, adoctrinan
a la población este periodo de institucionalización de la «memoria histórica»
como política estatal que menciona al comienzo Laje.
La
lógica fantasmática de la desautorización de la autoridad –de la ciencia, del
Estado y la «palabra autorizada»–, en este sentido, fue y es fundamental. La
desobediencia civil tomó relevancia a medida que proliferaban las teorías
QAnon, un movimiento difundido por la extrema derecha estadounidense,
principalmente en la deep web. Sostienen la existencia de una red internacional
de multimillonarios –como George Soros o Bill Gates –que opera a nivel mundial
y controla los gobiernos de todo el globo. Trajo consigo teorías anticiencia,
nativistas y conspiranoicas –masificadas durante la COVID-19– como
el terraplanismo o los antivacunas, entre otras.
En este orden de ideas, Laje deja en
claro una de las primeras dicotomías marcadas: «adoctrinamiento» vs. «verdad
histórica». En este sentido, comienza a ahondar en su mirada de la dictadura,
es decir, la mirada oficial del gobierno libertario sobre la misma: lo sucedido
–calificado de «horror»– se enmarca en la Guerra Fría. Argentina, como la
mayoría de los países de la región, fue víctima del contexto: simplemente fue
otro territorio en el cual se enfrentaron Estados Unidos con la Unión
Soviética. Bajo este marco es que se constituyeron conflictos armados internos
entre organizaciones terroristas y guerrillas de izquierda socialista contra
las Fuerzas Armadas que protagonizaron golpes de Estado en toda la región.
Estas organizaciones, a las que Laje
no paró de caracterizar como terroristas, estaban «auspiciadas, en su mayoría
de los casos, por la Cuba del tirano Fidel Castro» (Casa Rosada, 24 de 2025), que propiciaba
apoyo logístico, económico y militar. Destaca que fueron creadas varios años
antes de 1976 y comenzaron su enfrentamiento contra gobiernos democráticos, no
con la llegada de la dictadura. Su objetivo, dice Laje, era «perpetuar su
propio golpe de Estado»: la revolución socialista (Casa Rosada, 24 de 2025).
De esto, dice el orador, nunca nos
enteramos debido al adoctrinamiento impuesto por la «Teoría del relato único»:
«nada de esto se nos ha contado a quienes no vivimos los años 70. Fuimos
empujados a ignorar esta parte crucial de nuestra historia, simplemente porque
no convenía a los mercaderes de la memoria a medias» (Casa Rosada, 24 de 2025). En esta línea,
destaca que las propias «guerrillas terroristas» entendían que estaban viviendo
un proceso de «guerra civil» o «guerra histórica» que las llevó a crear
ejércitos revolucionarios y a entender la posibilidad de asesinar al enemigo.
Aquí,
el énfasis de Laje está puesto en la propia perspectiva de los guerrilleros, en
primer lugar, pero, como segundo punto y fundamentalmente, en destacar que las
«organizaciones terroristas», Perón y otros actores, también hablaban de guerra
en ese entonces, aún previo a la llegada de la dictadura. El orador afirma que
«el lenguaje bélico es patente» (Casa Rosada, 24 de 2025) ¿Da cuenta esto de un
estado de guerra?
Resulta llamativa, al menos, la
linealidad de su afirmación. Son muchos los factores que no se tienen en cuenta
al momento de enumerar esta serie de sucesos que, desde la perspectiva del
gobierno, dan cuenta de actores con las mismas responsabilidades y roles en la
sociedad, de una cierta paridad en cuanto a las herramientas y deberes
–institucionales– de «cada bando». Incluso desconocer las dos décadas de
proscripción al mayor partido político del país, sus líderes y militantes que,
desde ese entonces, se manejaron en la clandestinidad impuesta.
En términos agonismo/antagonismo, es
claro que si el propio sistema te pone del lado antagónico, como enemigo, no
hay diálogo posible. Esto, cabe destacar, no es justificación, pero sí es
fundamental destacarlo en miras de un análisis histórico –que Laje pretende y
dice hacer–, porque resulta clave para comprender los actos, dichos y quehaceres
de las organizaciones a las que llama terroristas.
Continuando,
el intelectual de derecha afirma que los promotores de la «Teoría del demonio
único» negaron el estado de guerra y acusaron a quienes lo proponían de
justificar los horrores cometidos por las FF. AA. con el
objetivo de ocultar los crímenes cometidos por los terroristas y borrar de la
memoria colectiva a esas víctimas. Aquí se retoma esta idea de «justicia a
medias» tan recurrente en el discurso libertario previo a las elecciones y en
el primer video aniversario. Según trabajé en otro escrito, el punto nodal
«Justicia» es cargado por el libertarianismo con las demandas de reparaciones
–no solo económicas– a los familias y víctimas de las «guerrillas terroristas
de los 70».
Laje afirma que la «historia debe
contarse completa o se convierte en un instrumento de manipulación política» (Casa Rosada, 24 de 2025). En este sentido,
avanzado el video, aborda otra de las temáticas recurrentes en los discursos
negacionistas: el número 30000. Destaca que «por intereses políticos,
ideológicos y económicos» se decidió «inflar» los números para conseguir
mayores apoyos en Europa.
Sin
embargo, rodeando esta temática y como novedad «libertaria» –aunque tomada del
macrismo–, en este discurso el número de los «30000» –la lógica de los «30000»–
también está asociado a «la casta» y la política tradicional, principalmente en
sintonía con la lógica fantasmática de «la corrupción», que articula y le da
fuerza a casi la totalidad de los discursos del centro hacia la derecha contra
el peronismo. Esto, que ya había sido mencionado por Villarruel en repetidas
ocasiones previamente, Laje lo llama «negocio del setentismo», y apunta a la
corrupción, por un lado, y gasto público, por el otro, que implicó e implica la
dictadura.
El
orador destaca los gastos que trajeron para el Estado argentino las
indemnizaciones, muchas de ellas de «dudosa legitimidad». A esto, dice, se le
suma:
los
negociados de los autodenominados organismos de los derechos humanos con el
Estado, que en realidad funcionaron como estructuras de poder político de los
gobiernos de turno. Desde universidades de mentira, hasta constructoras
fraudulentas de casas que nunca se hicieron. (Casa Rosada, 24 de 2025)
Laje,
en esta línea, continúa reforzando ciertos sentidos clave y característicos en
el discurso libertario: la casta y la corrupción –principalmente asociada al
kirchnerismo–. Respecto a la primera, dice que los organismos «no solo fueron
financiados con recursos financiados por el Estado, sino que también sirvieron
como usinas de adoctrinamiento y trampolines políticos para sus dirigentes» (Casa
Rosada, 24 de 2025). En contraposición a todos estos beneficios, las «víctimas
del terrorismo nunca recibieron reeparaciones ni reconocimiento alguno. El resultado
fue un modelo de impunidad selectiva, en el que algunos cobraban millones, y
los otros ni siquiera tenían derecho a la memoria» (Casa Rosada, 24 de 2025).
Acá
se pueden observar las dimensiones horrorífica y beatífica, explicadas
previamente. En primer lugar, la beatífica es evidente: si la «Justicia» llega
a las víctimas de los guerrilleros, la demanda se satisface. Es el horizonte
positivo de la demanda. Sin embargo, la contracara es la dimensión horrorífica,
el otro
culpable de mis males: para que las víctimas entren en el
concepto de «Justicia» –como punto nodal–, los «terroristas» que se encuentran
en el poder –en relación a ex Montoneros o hijos/familiares de ex-guerrilleros–
deberían pasar del otro lado de la frontera. Entonces, hasta que no sea
superado el obstáculo el objetivo del nosotros no se
cumplirá.
Para
el final del video, Laje cierra con un monólogo completamente cargado de
sentidos y configuraciones, en donde se ocupa de articular distintos elementos
a los puntos nodales claves que va trabajando a lo largo del video, pero
principalmente de reforzar el discurso contrahegemónico que se plantea contra
la lógica social de los «30000»:
La
historia debe ser completa y rigurosa. No está bien borrar de un plumazo a las
organizaciones terroristas con el fin de instaurar la teoría del demonio único.
No está bien ocultar la situación de guerra revolucionaria que vivía la
Argentina de los años 70. No está bien disimular el hecho de que la represión
ilegal y la técnica de desaparición de personas empezaron antes del 24 de marzo
de 1976. No está bien negar a las víctimas cuando son de un lado, e inflarlas
cuando son del otro. No está bien inventar cifras con propósitos efectistas.
Las generaciones que no vivimos los años 70 queremos conocer la historia de
manera completa, integral, respetuosa. Sin revanchismo, sin anteojeras
ideológicas y sin conveniencias políticas y económicas que la ensucien y
distorsionen. Además, queremos hacerlo en Libertad. No aceptamos ninguna clase
de censura. No le reconocemos validez a ningún dogma escondido tras la tiranía
de la corrección política9. Queremos ser libres de conocer
nuestra historia. Es la única forma que existe de aprender del pasado y no
repetirlo Nunca Más. Una sociedad que se aferra a la mentira no puede construir
un futuro en libertad. Este 24 de marzo rompamos con el relato impuesto y
reivindiquemos nuestro derecho a conocer la verdad completa. (Casa Rosada, 24
de 2025)
A modo de cierre
La
última cita, el último minuto y medio de video en este segundo aniversario en
el que el gobierno libertario se hace cargo de hablar, en nombre del Estado,
acerca de lo sucedido en la última dictadura en nuestro país, nos deja un
resumen de la nueva mirada oficial. En primer lugar, debo volver a recalcar que
esta estrategia de (re)significación del pasado inmediato –y no cualquiera,
sino uno que causó horrores en la sociedad– se convirtió en algo recurrente de
todos los líderes y partidos de esta «internacional de derecha», como ya
mencioné, en línea con la relación entre el franquismo y Vox, el mussolinismo y
Meloni, Trump sobre la historia afro en Estados Unidos, Bolsonaro y Kast con
las dictaduras de los 70 en sus países, entre otros.
En
este orden de ideas, la «batalla
cultural» libertaria incluye, como uno de tantos significantes, el
de «derechos humanos». En relación a la dictadura, la batalla por la hegemonía de
la que hasta
este entonces había
sido claramente ganadora la
visión nacional-popular-democrática, hoy puede estar cambiando. Dicho esto,
¿cómo (re)significa el pasado el
gobierno libertario? ¿Qué sentidos buscan (re)configurar? ¿Cómo se da este
proceso de (re)articulación de los puntos nodales? ¿Qué nosotros
y qué ellos
construyen? ¿Qué lógicas prevalecen y refuerzan?
Como
ya expresé, el significante «verdad histórica» es fundamental en el discurso de
Laje. Esta nueva lógica social propuesta es llamativa y novedosa. A diferencia
de las derechas tradicionales, el libertarianismo se aleja de la mirada de los
«dos demonios» –también una lógica social contrahegemónica– que se establece
como parte del ellos, junto a
la del «demonio único». En este sentido, la (re)articulación que realiza
el intelectual permite observar el claro trazado de frontera que plantea, que
no es muy distinto al propuesto por el libertarianismo a nivel general: el
principal otro
es la casta política que mintió con el número de
desaparecidos con fines políticos, ideológicos y económicos, como sostienen
Laje y el mileismo.
Este
proceso de adoctrinamiento y destrucción de la memoria histórica hizo, según el
gobierno, que solo se exponga a los militares como los culpables y los malos.
Sin embargo, los libertarios plantean dentro del ellos, además
de las cúpulas militares, a las «guerrillas terroristas» y la casta política
–que promovió/financió y luego reprimió a las organizaciones armadas–.
Además,
hablando de las organizaciones guerrilleras, Laje y el gobierno mencionan a la
Unión Soviética y Cuba como dos claros antagónicos.
Esto también resulta interesante, ya que no solo retoma una lógica fantasmática
clave de ese entonces, el «fantasma rojo o comunista», sino porque los
entramados como el de Milei y los libertarios tienen siempre como antagónico al
comunismo. Lo construyen como colonizando el mundo con el progresismo y el wokismo, entre
otras cuestiones que dan cuenta de una lógica fantasmática clave de esta
«internacional de derecha».
Incluso, en nuestro país es aún más
efectiva la ligazón con Rusia, Cuba, Venezuela o Irán. El fantasma del
«castrochavismo», el caso Nisman y la Amia, el memorándum con Irán, los médicos
cubanos durante la pandemia, entre tantos otros ejemplos, dan cuenta de que
esta lógica fantasmática es fundamental en las derechas argentinas y
latinoamericanas.
Continuando
con la construcción del ellos
que proponen, y yendo más para la actualidad, se menciona a
los organismos de derechos humanos. Estos son los que traen consigo el
significante «negocio del setentismo» asociado a la corrupción. Además, son los
que permiten introducir el nosotros, que solo
se menciona en este momento: las víctimas del terrorismo guerrillero. Según
Laje, por un lado, hay que recordarlas para que sean parte de la «Memoria»
colectiva, y, por el otro, si no consiguen sus indemnizaciones, la «Justicia»
–otro de los puntos nodales fundamentales en esta ecuación– nunca será total.
Todo este proceso de significación está fijado –la fuerza– a partir de las
lógicas fantasmáticas que se mencionaron en el desarrollo.
Para
ir terminando, retornando a las lógicas, a pesar de que, como se dijo, el nosotros solo se
marca una vez, es fácil asumir las ligazones que realizan con la política de la
actualidad. Dentro del nosotros
están los tantas veces mencionados «argentinos de bien»
(Retamozo, 2025): el pueblo
que representa Milei.
En
este orden de ideas, entiendo que se puede afirmar que a partir de estas
(re)significaciones, y en miras de lo sucedido durante estos primeros dos años
de gobierno libertario, se está intentando reforzar un relato que podríamos
llamar «lógica fantasmática de la violencia de peronista/kirchnerista», que
permite afianzar la carga de sentidos en torno a estos «argentinos de bien». ¿A
qué me refiero con esto?
Esta
lógica, que podríamos considerar hegemónica y constitutiva de la política
argentina, máxime luego del trabajo discursivo que realizó la alianza Cambiemos
durante su presidencia, es fundamental en la política argentina. Se entiende
que el kirchnerismo es golpista, corta calles, no permite a la centro-derecha
gobernar –recordemos la mística en torno al macrismo terminando su gobierno10– y es violento en las calles, entre otras cosas.
Inicialmente se usó para justificar la violencia policial cuando se reprimían
movilizaciones. Luego le articularon la idea de terrorismo, principalmente con
los conflictos mapuches en el Sur del país –Santiago Maldonado y Rafael
Nahuel–, o violentos/sucios –principalmente por el movimiento feminista–.
En
este orden de ideas, entiendo que el gobierno está intentando reforzar esa
lógica, incluso sumándole algunos nuevos condimentos: básicamente, (re)articulando
nuevas demandas en el discurso y corriendo la frontera. La insistencia en 1- el
rol del peronismo durante los 70, y 2- el inicio previo a la dictadura son
clave. Si los violentos de los 70 triunfaron y se hicieron con el poder estatal
–el libertarianismo entiende que tomaron las instituciones, como la educación–,
¿Siguen allí? ¿Es el peronismo-kirchnerismo la nueva cara?
Si
«terroristas guerrilleros» = «montoneros» = «kirchneristas» = «violencia», ¿qué
impide considerar a los terceros como enemigos a erradicar? Incluso no es
ingenua la insistencia en que la violencia inició previo a la dictadura. El
caos social en democracia –que, en la actualidad, sería el que sigue generando
en las calles el kirchnerismo– llevó a la violencia, y no al revés. Nuevamente,
el paralelismo es peligrosísimo. Esta lógica fantasmática de la violencia
kirchnerista es la que permite que un discurso contrahegemónico como el de la
«verdad histórica» tenga agarre/grip11: si el
peronismo-kirchnerismo es violento en la actualidad, ¿por qué no considerar que
lo fue antes? Si no deja gobernar ahora, ¿por qué pensar que sí dejaba gobernar
hace 40 años? Si son los que quieren «voltear a todos los gobiernos que no son
de su agrado», ¿por qué no pueden haber sido ellos los que generaron el caos
social que «obligó» a los militares a intervenir?
Son
los «argentinos de bien» vs. los «violentos kirchneristas», la «casta»;
construcción que interactúa con las lógicas fantasmáticas que estructuran el
goce de una determinada sociedad, en un determinado momento histórico. Además,
con este objetivo, el libertarianismo está usando casi las mismas lógicas de
despotricamiento de la otredad
que la dictadura. El pedido de sangre en las redes sociales,
donde su tropilla digital ataca opositores, es constante. Durante las
discusiones por el presupuesto universitario incluso llegaron a reivindicar las
noche de los bastones largos.
Incluso,
esta lógica fantasmática de la «violencia kirchnerista» es la que termina
justificando detenciones a opositores12, violencia
policial en las movilizaciones13 y aumentos desproporcionados de los
presupuestos de los servicios de inteligencia14. Todo esto no sería posible si no estuviésemos viviendo un
nuevo periodo de deshumanización del adversario político, rompiendo otro de los
consensos que se había constituido postdictadura. El discurso libertario, que
continúa el iniciado por Macri y Bullrich en la década pasada, deja casi al
límite del antagonismo la política agonista de nuestro país, que tanto años,
sangre y vidas costó conseguir.
Notas
1 En este punto, ambos candidatos,
aunque principalmente Villarruel, hacían hincapié en las indemnizaciones
otorgadas por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, en sintonía con
los 30000 desaparecidos, los juicios de lesa humanidad que continúan o los
subsidios a organizaciones –esto apuntaba a Sueños Compartidos–. De este modo,
estas temáticas se constituyeron como los primeros puntos abordados por los
discursos negacionistas de estas figuras, a partir de los cuales iniciaron un
proceso de (re)significación del Nunca Más.
2
Me refiero a Claudio Avruj, ex Secretario de Derechos Humanos y
Pluralismo Cultural de la Nación (2015-2019) y su intento de modificar las
currículas educativas entendiendo que estaban sobre-politizadas; y a
Daría Lopérfido, ex Ministro de Cultura de Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que
fue de los primeros en discutir el número de los 30000, en 2016.
4 Como afirman Glynos y Howarth, las
prácticas sociales pueden agruparse en sistemas de prácticas que llaman
regímenes (2007, p. 10).
5
En este punto es fundamental la retroducción como base a partir del cual pensar
las ciencias sociales y la investigación. Aunque no es el objetivo de este
trabajo profundizar en ella, sí es necesario destacar que este marco reconoce
la contingencia que atraviesa no solo al objeto de estudio, sino al
investigador mismo, que invoca lógicas políticas –subjetividades– implícita o
explícitamente al momento de definir el objeto, caracterizarlo o analizarlo
críticamente (Glynos y Howarth, 2007, p. 30).
6
Stavrakakis apunta al aspecto positivo de lo Real, en términos lacanianos, y destaca el rol del goce
(jouissance) en la vida política, «en especial como factor explicativo de la
longevidad y omnipresencia de determinadas identificaciones y de la dialéctica
del cambio político y social» (2007, p. 37). La clave es tener en cuenta las
emociones, los afectos y las pasiones si queremos entender «“lo que se
afianza”: tanto lo que nutre los procesos de identificación como lo que crea
fijeza discursiva» (Stavrakakis, 2007, p. 189).
7 Por ejemplo, si A es opuesto a Z, B es
opuesto a Z, B es opuesto a Y, y C es opuesto a Y, más chances de que se
constituya la cadena A = B = C /vs/ Z = Y.
8 Cabe destacar este «guiño» a la
juventud, ya que el video parece hablarle, exclusivamente, a aquellos que no
vivimos durante la dictadura. Este grupo etario es de los más fieles a Milei y
La Libertad Avanza, como han mostrado los distintos resultados de elecciones
desde el 2021 en adelante.
9 Esto es clave: la idea del «prohibido
prohibir» que mencioné previamente. No aceptan ningún tipo de censura en este
«vale todo» que se propone.
10
El gobierno de Macri fue el primer gobierno constitucional no-peronista
en finalizar mandato desde 1928.
11 Nos permite ver, como se mencionó antes, las
condiciones varias que hacen que esa práctica funcione o se alinee con las
miradas de una determinada sociedad en un determinado momento histórico.
12 Me refiero a Daniel Vera, jubilado detenido
hace seis meses por twittear en contra de Javier Milei. Ver en https://www.pagina12.com.ar/2026/01/04/seis-meses-detenido-por-un-tuit-contra-milei/
13 La justificación de la represión policial en
movilizaciones no es nueva, menos cuando Patricia Bullrich está involucrada.
Sin embargo, este año el gobierno buscó justificar el casi asesinato a Pablo
Grillo, fotógrafo que estaba cubriendo una de las tantas represiones a
jubilados. Ver en https://gruporadialcentro.com.ar/bullrich-sigue-justificando-el-accionar-del-gendarme-guerrero-contra-pablo-grillo-el-gas-fue-tirado-de-manera-correcta/
14 A finales de mayo de 2025 el gobierno había
aumentado, desde su llegada al poder, un 254 % el presupuesto de la SIDE
(Secretaría de Inteligencia del Estado). Ver en https://www.lanacion.com.ar/politica/la-side-libertaria-en-cinco-meses-los-gastos-reservados-de-inteligencia-aumentaron-un-254-nid27052025/. Los
aumentos continuarían a lo largo del año: https://www.tiempoar.com.ar/ta_article/el-gobierno-amplio-por-decreto-el-presupuesto-de-la-side-en-26-mil-millones-de-pesos/
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