Maestros de la educación Normal rural en Chiapas: Everardo Velasco Delgado (1933-2012). Un estudio biográfico
Teachers of rural Normal education in Chiapas: Everardo Velasco Delgado (1933-2012). A biographical study.
Maestros de la educación Normal rural en Chiapas: Everardo Velasco Delgado (1933-2012). Un estudio biográfico
del Prudente Saber y el Máximo Posible de Sabor, núm. 22, pp. 1-13, 2025
Universidad Nacional de Entre Ríos
Recepción: 30 Julio 2025
Aprobación: 16 Septiembre 2025
Publicación: 01 Diciembre 2025
Resumen:
En este trabajo presentamos el estudio biográfico de Everardo Velasco Delgado, un profesor que con su contribución afianzó el modelo de educación de la escuela Normal rural (ENR) en México, institución heredera de postulados pedagógicos que surgieron al amparo del movimiento educativo de la escuela rural mexicana. Metodológicamente, el trabajo se ubica en la tradición de la investigación biográfica-narrativa, dando una particular importancia a lo desarrollado por los profesores (Huchim y Reyes, 2013). Es un intento por narrar la historia de una persona, recurriendo a varias fuentes para encontrar sentido a hechos y acontecimientos que marcaron una etapa de la institución escolar. Para lograr el propósito, tuvimos la oportunidad de entrevistar personmente al profesor Everardo Velasco Delgado1, pero, además, se consultaron otras fuentes para ampliar y dar sentido al relato; se obtuvieron testimonios orales de exalumnos y exprofesores que estudiaron o trabajaron en la ENRM entre 1960 y 1980, se consultaron periódicos de la época, los archivos privados de algunos exprofesores y también los archivos de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (AHUNICACH) y los de la SEP (AHSEP).
Consideramos que la trascendencia de nuestro trabajo radica en el hecho de no sólo rescatar las aportaciones de un personaje, sino de, a través de él y su obra, mostrar las particularidades de una institución. Con los hallazgos obtenidos nos proponemos reconocer la labor del profesor Everardo Velasco Delgado, visibilizando al sujeto y su obra, y entendiendo a la ENRM como fruto de la labor de personajes con nombre y apellido.
Palabras clave: Historia de maestros, biografía, escuela Normal rural, Chiapas.
Abstract:
In this work we present the biographical study of Everardo Velasco Delgado, a professor whose contributions strengthened the educational model of the rural teacher training school (ENR) in Mexico, an institution that inherited pedagogical postulates that emerged under the auspices of the Mexican rural school educational movement.
Methodologically, the work is located in the tradition of biographical-narrative research, giving particular importance to what was developed by the professors (Huchim and Reyes, 2013). It is an attempt to tell the story of a person, drawing on various sources to make sense of the facts and events that marked a stage of the school institution. To achieve this goal, we had the opportunity to personally interview Professor Everardo Velasco Delgado[i], but other sources were also consulted to expand and give meaning to the story; oral testimonies were obtained from former students and former professors who studied or worked at the ENRM between 1960 and 1980, newspapers from the time were consulted, as well as the private archives of some former professors, and also the archives of the University of Sciences and Arts of Chiapas (AHUNICACH) and those of the SEP (AHSEP).
We believe the significance of our work lies in not only highlighting the contributions of a figure, but also, through him and his work, showcasing the unique characteristics of an institution. With the findings obtained, we aim to recognize the work of Professor Everardo Velasco Delgado, highlighting the subject and his work, and understanding the ENRM as the fruit of the labor of individuals with names and surnames.
Keywords: Teacher story, biography, rural Normal school, Chiapas.
La Normal rural en México: características de un modelo de escuela y formación.
La ENR es resultado del movimiento educativo posrevolucionario. Formó parte de los proyectos y acciones gubernamentales que pretendían modernizar la nación mexicana; fue un proyecto novedoso pero marcado por la improvisación y con muchas carencias (Civera, 2013, pp. 35-39). Las Normales rurales contaron entre sus profesores y directivos con figuras emblemáticas que aseguraron su funcionamiento y sentaron las bases para definir la formación de un tipo de profesor de educación primaria: los profesores rurales.
Las Normales rurales se fundaron como internados con el propósito de formar no sólo para enseñar las letras sino también para promover el desarrollo comunitario; en ellas estudiaban fundamentalmente hijos/as de campesinos, eran coeducativas y se ubicaban en exhaciendas. Los primeros maestros de las ENR fueron personajes con conocimiento de la educación en comunidades y pueblos que habían sido participes del movimiento revolucionario de 1910 y pugnaban por ofrecer una educación que sacará a sus hermanos de clase de la ignorancia y la pobreza. Destacan dentro de las primeras generaciones de profesores que trabajaron en las Normales rurales nombres como los de Isidro Castillo, Rafael Ramírez, Raúl Isidro Burgos, José Santos Valdez, Diego Hernández Topete, Manuel López Oñate, entre otros.
La primera Normal rural federal se fundó en 1921, en Tacámbaro, Michoacán. En la década de 1920 se crearon varias más a lo largo y ancho del país (Miñano, 1945, pp. 22-23); en Chiapas, entre 1931 y 1935, funcionó la ENR de Cerro Hueco, siendo posteriormente sustituida por la Escuela Regional Campesina, misma que fue cerrada en 1941, debido a los permanentes conflictos que se suscitaban en su interior y por la carencia de todo tipo de recursos para su funcionamiento (Pinto y Burgos, 2025, pp. 95-102).
Es hasta el año de 1956 cuando el gobierno del estado de Chiapas promueve nuevamente la apertura de una Normal rural en la entidad, específicamente en Tuxtla Gutiérrez. Las autoridades estatales prestaron una finca para que iniciara sus actividades y la Secretaría de Educación Pública (SEP) envió a un experimentado profesor de normales rurales como director fundador: Manuel López Oñate. Este profesor puso manos a la obra y acondicionó la finca como escuela, contrató a maestros y buscó alumnos para inscribirlos.
Los años que van de 1956 a 1958 fueron de una labor incansable de profesores que llegaron a la institución para lograr su pleno funcionamiento; muchos procedían de otras normales rurales y fueron contratados para aplicar su experiencia y conocimiento en la consolidación de la Escuela Normal Rural de Mactumactzá (ENRM). Estos profesores habían fraguado sus vivencias en las normales rurales, algunos habían sido alumnos y otros compañeros de las figuras más representativas del periodo fundacional de las ENR.
Breve historia y contexto de una intervención educativa
La ENRM se fundó para formar a profesores para la educación rural en Chiapas; había déficit de profesores para atender a este sector de la población. Inicialmente la ENRM se creó con muchas carencias: no había donde alojar a los jóvenes (muchos de ellos niños) y las clases se daban bajo los árboles. El personal que fue contratado no se quedaba en las instalaciones de la Normal rural como era costumbre, la cercanía de la escuela con la capital Tuxtla Gutiérrez les permitió no sólo alojarse en la ciudad sino también buscar otro trabajo aparte del que tenían en Mactumactzá (Pinto y Burgos, 2015).
Al principio, la ENRM no contaba con las condiciones para ofrecer el servicio de internado por lo mismo, las autoridades educativas tomaron la decisión de otorgar a los estudiantes el dinero de la beca y enviarlos a casas particulares. Los profesores, que conocían de la importancia del internado, empezaron a cuestionar la forma de vivir y ver la realidad que construían los estudiantes fuera de la institución. Fernando Mayorga2 los consideraba unos «catrincitos» que disfrutaban de los placeres que les ofrecía la ciudad, alejándolos de sus orígenes y de la intención de regresar a sus pueblos para poner en práctica la formación que recibían en la Normal rural.
A finales de 1958 algunos alumnos y profesores promovieron la instauración del internado para recuperar lo que caracterizaba a una Norma rural: el que los alumnos y profesores convivieran y tuvieran actividades permanentes en la institución. Los alumnos se instalaron en la Normal, los profesores no. Aunque las clases se mantuvieron con rigor, y los alumnos se encontraban en la institución, esta funcionaba sólo en el turno matutino, en virtud de que la mayoría de los profesores tenían otros trabajos por la tarde.
Para el año de 1961 en la escuela se presentaron diversos problemas: los alumnos controlaban el servicio asistencial, tenían organizados y controlados los dormitorios. Los profesores daban su clase y se retiraban a Tuxtla Gutiérrez a sus otros trabajos o descansar en sus casas. El director fue acusado por los estudiantes de malos manejos administrativos y financieros y solicitaron su destitución. La SEP, para zanjar el conflicto, envío como nuevo director al profesor Everardo Velasco Delgado.
Biografía de un normalista rural. Formación, mística y ejemplo
a). Un viaje por la formación en la docencia
Everardo Velasco Delgado nació en Zacatecas el 15 de febrero de 1933, como muchos jóvenes vio en la Normal rural la única oportunidad para estudiar «y ser alguien en la vida», es por eso que se matriculó en la ENR de San Marcos, en su estado natal. En esta Normal rural estudió los tres años de secundaria y tres de profesor de educación primaria entre los años 1947 al 1953. Como estudiante estuvo internado en la escuela, recuperó de sus profesores los preceptos y la mística definida como apostolado de servicio educativo y social. Entrega y dedicación eran los elementos sobre los que descansaba la futura tarea docente, la cual partía de concebir que a la enseñanza de contenidos en la educación primaria se debía acompañarla con deporte, talleres, actividades agropecuarias y culturales.
En la ENR de San Marcos fue alumno del icónico profesor José Santos Valdés3, de quien consideraba que obtuvo los conocimientos más sensibles del actuar de un normalista rural.
Everardo Velasco Delgado se tituló como profesor de educación primaria el 19 de septiembre de 1953, a los 20 años de edad. Por aquella época a los egresados de escuelas normales rurales automáticamente se les otorgaban una plaza federal para ir a trabajar a escuelas primarias rurales, Velasco Delgado lo hizo en comunidades de Zacatecas. Después de un año de trabajar como profesor de primaria se inscribió en los cursos de verano de la Escuela Normal Superior de México4; la Normal Superior habilitaba para hacer el salto a las escuelas secundarias u otros niveles educativos (Arnaut, 1998, p. 106).
Durante sus estudios en la Normal Superior de México se encontró nuevamente con quien había sido su «entrañable» profesor en la ENR de San Marcos, José Santos Valdés, quien lo invita a incorporarse como profesor en la ENR de El Mexe, en Hidalgo, en la que en ese momento Santos Valdés se desempeñaba como director, era el año 1955.
Acepté la invitación y me presenté con el profesor Guadalupe Nájera, en ese entonces director de la Dirección General de Educación Normal (DGEN). En principio no me querían contratar porque era demasiado joven, pero con la intervención de Santos Valdés se logró que la DGEN autorizara mí contratación y así llegué como profesor a la ENR del Mexe.
Su paso por la ENR de El Mexe proporcionó a Velasco Delgado una gran experiencia; le tocó vivir una escuela con muchos conflictos, lo que le representó la oportunidad para entender la complejidad de relaciones e intereses que en ella subyacían. En El Mexe se dio cuenta de que:
en realidad los profesores eran muy conflictivos. El primer mes de trabajo fue terrible, pero independientemente de los problemas me abrí un lugar para el trabajo y, sobre todo, aprendí y comprendí la labor de un profesor de Normal rural y lo complejo que es trabajar en este tipo de institución si uno no tiene claro esas relaciones e intereses que la determinan.
Tomando en cuenta los consejos de Santos Valdés, con los deseos de contribuir en la formación de los normalistas rurales y a pesar de los conflictos que rodeaban su trabajo en El Mexe, logró trabajar e identificarse con los alumnos. El eje central para lograr un trabajo armonioso con estudiantes y profesores, tenía que ver con el compromiso y la dedicación ante la tarea encomendada y, sobre todo, predicar con «el ejemplo».
El profesor Everardo Velasco había comprendido, en el complejo ambiente de El Mexe, que «el ejemplo» se convertía en un recurso de formación, que la enseñanza y el aprendizaje implicaban diálogo, comprensión y la suma de esfuerzos para emprender y desarrollar una tarea. En este proceso, el maestro convertía el ejercicio de la docencia en una vivencia apasionante y enaltecedora del ejercicio de enseñar y colaborar en las comunidades rurales. Mediante «el ejemplo» el maestro mostraba a los futuros profesores de educación primaria las virtudes que un profesional de la docencia rural debía poseer: honradez, profesionalismo, espíritu de sacrificio, generosidad, respeto y pertenencia de clase.
En un contexto donde el trabajo era con jóvenes en un internado, para el profesor Everardo Velasco fue importante plantarse con una «actitud inflexible» en las disposiciones, pero con capacidad para vincularse y dialogar. La inflexibilidad significaba disciplina y orden para alcanzar los objetivos de cualquier tarea emprendida.
En 1956, ante una situación de conflicto que se presentó en El Mexe y en solidaridad con el director, Everardo Velasco decidió retirarse de la escuela. La DGEN lo reubicó en la ENR de Tenería, en el Estado de México, aquí continuó ganando experiencia y poniendo en práctica lo ya aprendido. El elemento central de su práctica fue la convivencia y la confianza generada con los estudiantes, además de que mantuvo el compromiso por mantenerse en la escuela para estar pendiente de las necesidades y requerimientos formativos de los alumnos.
En el ánimo de conocer las realidades de otras normales rurales decidió trasladarse, en 1957, a la ENR de Tiripetio, Michoacán. El cambio fue trascendental, pues en esta escuela estudiaban sólo mujeres; la forma de relacionarse, tratar y convivir tenía otros tintes, además en esta escuela es en donde, por primera vez, aparte de la docencia, Velasco tiene una función en el área administrativa.
Al poco tiempo, un amigo de sus travesías por normales rurales, el profesor Teodoro Aguilar Bermea5 es nombrado director de la ENR de Cañada Honda, Aguascalientes, quien lo invita a trabajar con él. Sin pensarlo mucho aceptó irse a Cañada Honda, donde asumió el rol de funcionario escolar y lo nombran subdirector. En Cañada Honda colaboró como profesor y directivo hasta mayo de 1961.
Como resultado de su tránsito y recuperación de experiencias por las normales rurales, el profesor Velasco Delgado rememoró que:
Forjé la idea de que estas instituciones tenían como tarea central la formación de hábitos, de compromiso social y de una fuerte orientación democrática. Identifiqué que un elemento central para preservar la mística y orientación de la Normal rural es que los profesores que en ella convivían y trabajaban fueran egresados también de normales rurales; sólo así era posible entender sus procesos, la historia y la práctica que ésta implicaba. Las escuelas que integraron su planta docente con egresados de normales rurales tuvieron éxito.
Otro elemento importante a considerar es el relativo al internado:
Estoy convencido que es un espacio de obligaciones y actividades, pero ante todo un lugar para la integración de la comunidad escolar. En el internado se construía una relación de formación y compromiso por hacer del ser humano consciente de los valores y ética que deben definir el actuar en todos los órdenes de la vida cotidiana.
b). Director de Mactumactzá
De su llegada a Mactumactzá, el profesor Velasco nos comentó:
Con esta experiencia y conocimiento llegué a la ENR Mactumactzá en abril de 1961, a la edad de 26 años. Llegué joven, con cierta preocupación por la responsabilidad que asumía, pero con elementos que me permitían vislumbrar lo que era el quehacer de un formador de Normal rural.
Tuve el honor de ser director de Mactumactzá en un periodo difícil de la escuela, llegué para atender y resolver problemas muy complejos por los que atravesaba, y para aplicar mi experiencia y compromiso. Trabajar y dirigir una Normal rural no es cualquier cosa, las características de estos planteles las hacen especiales y, por lo tanto, requieren una presencia y participación particular de quien se desempeña como profesor o director.
Fui nombrado director de la institución por la DGEN con la misión de sofocar los problemas que la aquejaban, la escuela estaba ardiendo, había muchos problemas. En primera instancia, los estudiantes estaban corriendo al director que me antecedió; pero además existía un abandono a tareas que definían la labor de formación de cualquier Normal rural, hablo de talleres y el sector agropecuario, con todo esto me nombran y llegó a hacerme cargo de la institución.
En Mactumactzá, Everardo Velasco encontró particularidades que no había visto en otras normales rurales, por ejemplo, los profesores eran ya grandes de edad; lo que para él no fue un asunto de fondo que determinara la formación, al contrario, los veía como profesores experimentados y muy bien formados. Estando Mactumactzá en la capital del estado y con la trayectoria que tenían los maestros les había sido fácil contratarse en otras instituciones educativas, esto no lo había visto ni mucho menos vivido en ninguna Normal rural.
Por supuesto que sí impactaba en el trabajo con los estudiantes, pues los profesores eran de un turno, fundamentalmente el matutino; en todas las demás escuelas que conocí los profesores estaban mañana y tarde, eran exclusivos de la Normal rural y estaban pendientes de todo lo que sucedía día y noche en la escuela.
De la situación de la ENRM, muy rápido se dio cuenta que:
Los problemas de Mactumactzá no sólo eran con los muchachos, el problema fundamental era con el personal, tanto por sus intereses como porque no atendían las necesidades de formación integral de los estudiantes.
En Mactumactzá me encontré, a diferencia de otras normales rurales, que no había casas para los trabajadores, de hecho, todos los profesores vivían fuera de la institución; ante tal circunstancia decidí quedarme a vivir en el área administrativa del plantel, tenía que dar «el ejemplo». Considero que el director del plantel tenía que estar permanentemente en la institución, pendiente segundo a segundo del acontecer en las aulas, pero sobre todo en el internado. Había que cuidar a los jóvenes, eran como unos hijos prestados, a los que nos habían concedido momentáneamente para orientarlos como ciudadanos y formarlos como buenos profesores; profesores entregados en su escuela y comunidad. Al poco tiempo me di a la tarea de gestionar recursos para mandar a construir algunas casas para los trabajadores en un espacio de la escuela.
Para el profesor Everardo Velasco el trabajo a desarrollar en Mactumactzá tenía que fundarse en «el ejemplo» como vía para comprometer, en primera instancia, a los profesores para que desarrollaran una labor de formación que no se circunscribiera solo en el aula, sino que traspasara las paredes y se inmiscuyera a otros sectores, como el del servicio asistencial y las actividades extraescolares de la Normal rural. «El ejemplo» era un vehículo de relación estrecha entre los profesores y los alumnos, en donde los primeros mostraban compromiso en el desarrollo de las actividades de formación y cuidado de la escuela y el internado, y los segundos encontraban comprensión y solidaridad más allá de la figura de autoridad que representa un maestro. Otro elemento que destaca, y que constituye uno de los pilares de la Normal rural, es el sentido de familia en la comunidad escolar: el director es la figura del papá; los maestros, los hermanos mayores; y los estudiantes los hermanos menores; la madre sería la esposa del director, pero en este caso el director aun no estaba casado.
Civera (2006, p. 59) sintetiza el proceso de configuración de este proceso organizacional de las normales rurales en los siguientes términos:
La figura del director como un padre representaba un enlace entre las viejas y las nuevas teorías pedagógicas. La convivencia con los alumnos permitiría que los estudiantes aprendieran día a día, siguiendo el ejemplo.
Para el joven Isidro Castillo —el único director soltero— esa actitud fue la que levantó el ánimo de los estudiantes cuando él se hizo cargo de la dirección de la escuela de Cuernavaca, Morelos, pues al principio se habían dado casos de insubordinación por negativa de los estudiantes a asistir a los trabajos de campo, pero los combatieron cuando los maestros comenzaron a participar en las prácticas. Señalaba que él comía y dormía en las mismas condiciones que los estudiantes y que convivía con ellos en el comedor, en sus faenas y ratos de ocio.
Para el profesor Everardo Velasco el centro de la mística de intervención en la Normal rural se tenía que sintetizar en el compromiso por atender a los jóvenes de forma integral y que confluyera en la preparación de un profesor que definiera la labor profesional como un apostolado. Aunque los tiempos y la realidad cambiaran lo que no debía cambiar era el compromiso y la dedicación en la labor del profesor formador de una Normal rural.
Otro de los referentes de los postulados que dieron origen a las normales rurales, es el relativo al trabajo como elemento formativo. Indudablemente que, en las normales rurales, la base de la formación integral de los estudiantes es el trabajo.
Y exactamente recuperando esa tradición puse en marcha, desde el primer momento como director de Mactumactzá, el modelo del ejemplo en el trabajo. De igual forma lo hice en el aula: cuando un profesor no llegaba a clases lo sustituía; me inmiscuí en el deporte, agarre pico y pala o el machete para el trabajo en talleres o el sector agropecuario. El proceso de convencimiento fue lento; se tenía que actuar con intransigencia en la labor, es decir sin claudicar y esperando que la acción de trabajo por la mejora de la impactara a profesores y alumnos, hasta que se convirtiera en una práctica que caracterizara a la comunidad escolar.
Everardo Velasco planteó y puso en práctica actividades para impulsar que los profesores se involucraran en el cuidado y atención del internado. También instauró comisiones para observar el orden en el comedor, para organizar el aseo de la escuela y los círculos de estudio. Con los profesores trabajó para recuperar el reconocimiento de las bases filosóficas y organizativas de la Normal rural. Hacía notar que era muy importante la labor de entrega y disciplina que realizaban en el aula, pero como Normal rural no bastaba
Otro asunto que era objeto de mí atención al interior de la Normal rural fue el relativo a la cuestión política e ideológica, consideraba que era necesario distinguir, separar o diferenciar la formación pedagógica de los asuntos relativos a la organización estudiantil. No cuestionaba el trabajo político e ideológico de los estudiantes, aplaudía que estos identificaran y definieran su condición de clase, pero también advertía que hay quienes lo utilizan y orientan de forma malévola. Señale a más de un profesor que manejaba a los alumnos, no es que estuviera mal, sino que representaba un elemento de conflicto, en ocasiones esto desembocaba en que había profesores que se refugiaban en pequeños grupos de estudiantes para no cumplir su compromiso de trabajo. Tomaban como pretexto la relación con los alumnos para eso malévolo, eso perverso.
Por esta situación y otras mañas que acarreaban el que los profesores se involucraran en lo político e ideológico con los estudiantes, sugerí marcar distancia. Me ubicaba en la premisa de que cómo se puede preparar a un alumno cuando hay tentaciones muy ajenas a su origen y su formación.
No despreciaba la historia de lucha de las normales rurales, tampoco desdeñaba la potencia organizativa de los alumnos y consideraba que el papel del profesorado en esta realidad era ofrecer las herramientas intelectuales para construir la participación política. En esas herramientas intelectuales está formarse con ahínco, no olvidar el origen y entenderlo para regresar a él y reconstruirlo. Sostuve con ahínco que primero es el conocimiento, luego la formación ideológica.
Fueron siete años de trabajo intenso como director de la ENRM, durante los cuales el profesor Everardo Velasco mostró lo que él consideraba debía ser la actitud del profesor de Normal rural, centrada en la entrega, el compromiso día y noche por la formación de los estudiantes, una formación que contemplaba el trabajo en el aula y el desarrollo comunitario. Por otra parte, el profesor rural no sólo tenía que ser el que batía lodo o tenía marcadas las manos por los callos que dejaban las faenas del campo, sino un sujeto capaz de transformar la oprobiosa forma de vida de los habitantes del medio rural, marcada por la ignorancia y el atraso social.
Dejé Mactumactzá en septiembre de 1968. La dejé trabajando bajo la idea de colaboración e integración, haciendo que funcionara las áreas del sector agropecuario y talleres, también el ámbito cultural y deportivo. Logré, esa es mi convicción, que entre profesores y alumnos confluyeran voluntades y acciones para generar la formación integral del profesor de Normal rural, de alguna manera evocando el sentido de familia que debía caracterizar a una comunidad escolar de este tipo de institución, y de la cual hablaba Isidro Castillo, uno de los precursores de la Normal rural en México.
La DGEN determinó que el profesor Everardo Velasco Delgado dejara la dirección de la ENRM, eran momentos álgidos del movimiento estudiantil que cimbró México en 1968. Las normales rurales del país participaban codo a codo con los estudiantes universitarios; en el caso de Mactumactzá se requería un director autoritario, que impusiera códigos disciplinarios para el control de los estudiantes. El profesor Velasco Delgado no era de ese perfil. Su lugar como director de la ENRM fue ocupado por Silverio Díaz Cárdenas.
Comentarios finales
Al rescatar la biografía del profesor Everardo Velasco Delgado buscamos, parafraseando a Krause (2013), rescatar del olvido a los profesores que vivieron por algo, para algo y hacia algo y, en el caso concreto que nos ocupa, a un sujeto que vivió para preservar la mística de la formación en las escuelas normales rurales. Continuando con Krause, recrear la vida y obra de Velasco Delgado nos permitió darle y darnos vida, porque nos llevó a entender hechos y momentos del pasado, pero también el presente de la institución a la cual sirvió.
Al profesor Everardo Velasco Delgado lo conocimos, primero, a través de informes y documentos, después porque lo evocaban sus compañeros exprofesores y exalumnos. Al final, fueron estos últimos que, al conmemorar 39 años de haber egresado de la institución, lo invitaron a festejar y recordar sus vivencias de aquellos años como profesor en Mactumactzá. En esa ocasión nos concedió la oportunidad de entrevistarlo. Fue una entrevista que se prolongó por horas. Resultó apasionante escucharle hablar de sus vivencias y anécdotas con ex profesores y ex alumnos de Mactumactzá, de los momentos complejos, pero también de los momentos de felicidad, que vivó en la institución. Fue la recapitulación de una parte de la historia de la ENR en México, estábamos conversando con un personaje que había escrito páginas de gloria en la Escuela Normal Rural Mactumactzá. Por su vida, su obra y su historia personal, forma parte de las figuras más representativas que permitieron consolidar la educación Normal rural en Chiapas.
Como toda persona, el profesor Everardo Velasco Delgado, tuvo también aspectos negativos en su vida, por un lado su propensión a querer resolverlo todo mediante el consenso y la negociación sin tomar algunas decisiones que lo llevarán a quedar mal con los profesores o con los alumnos, y por otro su falta de carácter, según las autoridades educativas, para poner en orden a los estudiantes en un momento en que el gobierno enfrentaba la inconformidad estudiantil motivada por el movimiento de 1968.
Con tristeza supimos que, al poco tiempo de concedernos la entrevista, falleció; con él murió «la historia cultural de una persona, sus experiencias, estrategias reales utilizadas y sus maneras de enfrentar su trabajo educativo en situaciones concretas, con sus carencias y contextos…y, en todo caso, muere un testigo de su tiempo que no podrá más contar su historia» (Cervantes, 2021, p. 8).
Referencias bibliográficas
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Cervantes, E. (2021). Leopoldo Rodríguez Calderón: Una biografía al servicio de la educación en Ciudad Juárez, Chihuahua. En XVI Congreso Nacional de Investigación Educativa. COMIE.
Civera A. (2006). El internado como familia: las escuelas normales rurales en la década de 1920. Revista Latinoamericana de Estudios Educativos. 36(3-4), 53-73. https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=27036404
Civera, A. (2013). La escuela como opción de vida. La formación de maestros normalistas rurales en México, 1921-1945. El Colegio Mexiquense.
Huchim, D. y Reyes, R. (2013). La investigación biográfico-narrativa, una alternativa para el estudio de los docentes. Revista Electrónica «Actualidades Investigativas en Educación», 13(3), 1-27. https://www.scielo.sa.cr/scielo.php?pid=S1409-47032013000300017&script=sci_abstract&tlng=es
Krause. E. (2013). El Club de los biógrafos. En Bazant, M. (coord.). Biografía. Modelos, Métodos y Enfoques. (pp. 11-15). El Colegio Mexiquense, A. C.
Miñano, M. (1945). La educación rural en México. SEP.
Pinto, I. y Burgos, R. (2015). Los formadores de la escuela Normal rural Mactumactzá. La configuración histórica de un modelo de formación. UNACH/Historia Herencia Mexicana Editorial.
Pinto, I. y Burgos, R. (2025). Breve Historia de la Escuela Regional Campesina Mactumactzá, Chiapas (1936-1941). En Anuario Mexicano de Historia de la Educación 4(2), 95-102. DOI: https://doi.org/10.29351/amhe.v4i2.662
Santos, J. (2024). Obras Completas de José Santos Valdés. Tomo I. Biblioteca INEHRM.
Notas
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