Gestionar una biblioteca escolar: desafíos para el profesional de la información. del prudente Saber y el máximo posible de Sabor N.° 22, julio-diciembre 2025 | DOI:10.33255/26184141/2337e0057  e-ISSN: 2618-4141

Para citación de este artículo: Cabral, R. G. (2025). Gestionar una biblioteca escolar: desafíos para el profesional de la información. del prudente Saber y el máximo posible de Sabor, (22), 1-. DOI: 10.33255/26184141/2329e0056

 

Gestionar una biblioteca escolar: desafíos para el profesional de la información

 

Managing a School Library: Challenges for the Information Professional

 

Rubén Gonzalo Cabral |Universidad Católica Argentina. Argentina

gonzalorubencabral@gmail.com

ORCID: 0000-0001-9394-0293

DOI: 10.33255/26184141/2337e0057

 

Recepción: 27/5/2025. Aceptación: 19/8/2025. Publicación: //2025.

 

 

Resumen:

El presente artículo aborda los desafíos que enfrentan los bibliotecarios escolares en Argentina en relación con la gestión de sus espacios de trabajo. A partir de una investigación descriptiva de enfoque cualitativo, cuyo diseño metodológico es no experimental, se analizaron las percepciones y experiencias de trece profesionales encargados de bibliotecas escolares de nivel primario mediante una encuesta estructurada.

Los resultados evidencian la persistencia de estereotipos, la falta de integración con los proyectos pedagógicos institucionales y la necesidad de visibilizar el rol del bibliotecario como agente activo en la formación de los estudiantes. Se propone revalorizar la gestión bibliotecaria como un proceso técnico, pedagógico y estratégico, indispensable para el cumplimiento de los fines educativos de la escuela.

Palabras clave: gestión bibliotecaria, biblioteca escolar, profesional de la información, proyecto institucional, rol pedagógico

Abstract:

This article addresses the challenges faced by school librarians in Argentina regarding the management of their workspaces. Based on a descriptive research, with a qualitative approach, the perceptions and experiences of thirteen professionals in charge of school libraries were analyzed through a structured survey.

The results reveal the persistence of stereotypes, the lack of integration with institutional and pedagogical projects, and the need to make the librarian’s role more visible as an active agent in the development of students. It is proposed to revalue library management as a technical, pedagogical and strategic process, essential for fulfilling the educational goals of school.

Keywords: library management, school library, information professional, institutional project, pedagogical role

Introducción:

La gestión de la biblioteca escolar, nunca es tarea sencilla si se tiene en cuenta los estereotipos e impresiones que existen sobre el profesional que se desempeña en estos espacios, sobre todo cuando se trata de pensar en la  importancia de la contribución de estas unidades de información para el funcionamiento y logro de los fines que persigue la institución escolar.

Además, las mismas escuelas atraviesan diferentes desafíos que las obligan a darle un lugar secundario a algunos de sus propios órganos, como es el caso de la biblioteca. Es tarea del profesional entonces, demostrar de qué manera su rol es importante en la vida de la organización a través de tareas de gestión que visibilicen el lugar y rol educativo que cumple la biblioteca.

El presente texto es el resultado de una investigación descriptiva, cualitativa cuyo diseño metodológico es no experimental enfocado en el accionar de los gestores de las bibliotecas escolares. Para ello, se realizó una encuesta a 13 bibliotecarios encargados de llevar adelante la gestión de una biblioteca escolar con la intención de apreciar sus formas de ver la gestión en sus trabajos como profesionales a cargo de una biblioteca, cuáles son las dificultades para desarrollar esta tarea y analizar de qué manera la unidad de información acompaña los objetivos propuestos por las instituciones educativas donde se insertan.

La gestión de la biblioteca escolar no puede entenderse como un conjunto de tareas aisladas o rutinarias, sino como un proceso estratégico que integra lo técnico con lo pedagógico. Los resultados de la investigación evidencian que aún persisten obstáculos tanto estructurales como simbólicos que limitan la labor del bibliotecario en las escuelas. Sin embargo, también revelan una fuerte vocación por resignificar el rol profesional desde una perspectiva integradora.

Para lograr una gestión eficaz, es imprescindible que los bibliotecarios cuenten con condiciones institucionales adecuadas, formación continua y espacios de diálogo con el resto del equipo escolar. Asimismo, es fundamental que la biblioteca sea considerada parte del proyecto institucional y no un espacio marginal o accesorio.
Finalmente, el artículo propone fortalecer la identidad profesional del bibliotecario escolar mediante prácticas que pongan en valor su función pedagógica, su capacidad para fomentar la lectura y su rol como mediador cultural en contextos educativos diversos.

 

¿Qué es la escuela? ¿Para quién es y qué lugar ocupa la biblioteca?

La escuela es una institución que tiene una vasta historia. Etimológicamente proviene del scholé, que significa tiempo libre y traducido al latín como otium, ocio. «El término latino schola designa el lugar o establecimiento público destinado a la enseñanza. Podríamos decir que la palabra escuela remite, fundamentalmente, al tiempo (libre) y al espacio (público) dedicado al estudio» (Rechia et al., 2018, p.12).

Desde el punto de vista histórico nace como una institución de la modernidad con una promesa de progreso y en el caso argentino aparece ligada a la fundación del Estado nacional (Giménez, 2012). Esta organización tiene dentro de sus finalidades contribuir al bien común (Dussel; Southwell, 2006), otorgar conocimientos y valores (Aguerrondo, 1999), preparar a las personas para la vida en sociedad (Tarabini, 2010) entre otras funciones. Lo cierto es, que la escuela puede pensarse como una institución especializada que se encarga de transmitir conocimientos, habilidades, destrezas, actitudes, identidades, etc. (Tarabini, 2009).

Tan importante es su presencia en la sociedad que muchas veces debe cumplir con responsabilidades propias de las familias e incluso del Estado mismo (Aguerrondo, 1999). Esto se puede observar en los desplazamientos de obligaciones, como educar en: hábitos alimenticios saludables, prevención del consumo de drogas, educación sexual integral, educación vial, cuidado del medio ambiente, actitudes no discriminatorias (Mejía-Botero y Urrutia de la Torre, 2013). En algunos casos, frente a las carencias socioeconómicas, disponen de comedores escolares, reparto de útiles, asistencia médica, etc.; como también la creación de instrumentos para hacer frente a los problemas de aprendizaje, como los gabinetes psicopedagógicos, las maestras niveladoras y los grados recuperadores (Aguerrondo, 1999, p. 13).

El problema de estas «transferencias de responsabilidad» es que muchas escuelas no están preparadas, en términos de sostenibilidad y de infraestructura, personal, diversidad de recursos para hacerse cargo y eso impacta de forma negativa en la imagen y rol que cumple esta entidad (Mejía-Botero y Urrutia de la Torre, 2013).

Una vez visto el contexto de la escuela es necesario preguntarse: ¿Qué hace la biblioteca como parte de una institución democrática cuyos fines principales están vinculados con temas sociales y culturales? ¿Cómo puede participar como agente activo en la formación de niños que provienen de distintos sectores sociales? ¿Cómo afecta el entorno institucional, político, económico, cultural y social el trabajo de la biblioteca? ¿Cuál es el verdadero rol que se debe cumplir?

Una primera respuesta es la que brindan Conforti et al:

 

Toda biblioteca escolar que pretenda ser un servicio de calidad, además de disponer de una colección de documentos bien seleccionados y catalogados, debe generar una serie de productos y servicios propios de carácter formativo y participativo, orientados directamente a los distintos usuarios, que deben dar pie a la colaboración, tanto en su creación como en su diseño […] Es en ese contexto donde el rol del bibliotecario escolar como mediador en el desarrollo de aprendizaje se enmarca, por su misión pedagógica, en el fortalecimiento del conocimiento adquirido y su función transversal en la institución educativa. (Conforti et al., 2020, pp. 1-2)

 

Además de esto, el bibliotecario al tomar decisiones a diario se debe convertir en un gestor que primero visibilice su trabajo en la escuela y, en segundo lugar, trabajar en aquellas acciones que colaboren con los fines de la institución educativa misma, es decir, desarrollar acciones pedagógicas para la formación de las personas y brindar información cuando se requiera.

Y, si se tiene en cuenta, el contexto de la mayoría de las escuelas, esto es, los contextos desfavorables y los sectores vulnerabilizados que acuden a ella, el bibliotecario puede ser un agente promotor de la cultura: escuchando; acompañando; proponiendo actividades que ayuden a los alumnos, docentes y autoridades del organismo a incluir las heterogeneidades que suelen hacerse presente en las aulas; informando y formando a sus usuarios para que sean más independientes en el uso de la información y capaces de utilizarla para alcanzar una sociedad más libre y justa; colaborando con instancias de aprendizaje mediante promociones de la lectura que acerquen a los chicos a los libros, porque este espacio, suele ser muchas veces el primer y único lugar donde estos entran en contacto con la materialidad de los textos y la magia e imaginación que propone la literatura infantil como espacio de recreación.

El desafío para estas acciones es que la propia escuela entienda que el bibliotecario es un profesional cuya formación le permite colaborar con los objetivos de la entidad, de modo que, gestionar la biblioteca de la escuela es un aspecto teórico-práctico que debe desarrollarse diariamente. Probablemente debamos afrontar algunas prácticas institucionalizadas por personas que ocuparon el cargo con anterioridad (otros bibliotecarios, maestros, etc.) cuyas tareas se volvieron consuetudinarias y establecieron roles que muchas veces no se corresponden con las obligaciones de nuestra disciplina. En este sentido:

 

la biblioteca escolar ha de convertirse en una herramienta clave para el desarrollo del proyecto educativo del centro. La claridad conceptual en cuanto a las funciones de biblioteca escolar y su papel en el desarrollo de ese proyecto contribuirán a que los esfuerzos de transformación sean efectivos. (García Guerrero, 2010, p. 22).

 

El mismo autor sostiene que en la actualidad:

 

el papel que puede asumir la biblioteca escolar es de acompañar y facilitar el tránsito hacia una educación más abierta, más activa, de un mayor trabajo con recursos y de efectiva contribución al desarrollo de las competencias básicas (competencias en comunicación lingüística, competencia en el conocimiento y la interacción con el mundo físico, tratamiento de la información y competencia digital, competencia y actitudes para seguir aprendiendo a lo largo de toda la vida, autonomía e iniciativa personal). (García Guerrero, 2010, p. 22)

 

¿Qué significa gestionar?

El concepto gestión, proviene del campo de la administración de empresas y tiene su aplicación en el gobierno, conducción, guía y en la acción, arte o práctica de dirigir las empresas (Ropa-Carrión y  Alama-Flores, 2022).

Etimológicamente, proviene del vocablo en latín gestus que significa actitud, gesto, movimiento, posición o acción del cuerpo, de modo que, siguiendo su sentido etimológico significa:

 

hacer o realizar diligencias, o conducir, guiar o encaminar a un grupo de personas hacia el logro de las metas de las organizaciones o empresas, vale decir, ejecutar un conjunto de acciones estratégicas, previamente definidas con la participación de la comunidad de colaboradores, para lograr la visión de las organizaciones (Ropa-Carrión, Alama Flores, 2022, p. 85).

 

Su utilización ha crecido debido a la interdisciplina en la actualidad, y es aprovechado en beneficio de todo tipo de organización, incluidas las bibliotecas.

La gestión es un proceso que puede definirse como aquellas acciones que se relacionan con: «dirigir una institución, ordenar, disponer, coordinar bienes y servicios, graduar o dosificar el uso de un recurso para obtener mayor rendimiento» (Monfasani y Murray, 2020, p. 45).

O podemos entenderla como:

 

un conjunto de funciones, tareas y técnicas integradas que hacen que una organización, en este caso una biblioteca, alcance la eficacia y la eficiencia en el logro de sus fines. Al hablar de gestionar una biblioteca, nos referimos a la planificación, dirección, organización y evaluación o control de las actividades que se realizan en ella (Verde et al., 2007, p. 119).

 

Estas definiciones permiten interpretar que la gestión presenta una idea asociada al direccionamiento y resultados (Blejmar, 2005). La gestión es un proceso que consiste en tomar decisiones, y esas acciones especificarán el curso de las tareas que se desarrollarán de forma institucional, de modo que, dentro de las funciones de gestión en una biblioteca escolar, hay operaciones que incluyen coordinar, organizar y prestar servicios que permitan a los lectores acceder y usar de manera solidaria los recursos bibliográficos y en otros soportes de la institución. Se trata sobre todo de procedimientos de registro y control del material para que su acceso y uso sea lo más equitativo y oportuno posible entre todos (Venegas Fonseca, 2015).  Esto significa que:

 

La biblioteca escolar no se debe dejar en manos de personas con escasa formación y, a veces, en contra de su voluntad, puesto que eso iría en detrimento de su correcta gestión y funcionamiento tanto en el espacio físico como en el virtual. (Cremades García y Jiménez Fernández, 2015, p. 160)

 

La biblioteca, entonces, no trabaja de forma aislada,  sino que necesita de otros sectores y agentes al formar parte de una institución mayor. Dentro de todos los servicios que podemos caracterizar como propios, es probable que haya tres que se destaquen como funciones importantes:

·       La promoción de la lectura, en el que sería deseable contar con un bibliotecario lector.

·       El trabajo en pareja pedagógica, lo cual significa que el bibliotecario debe acompañar las propuestas de los docentes (no dando clases), pero si educando a través del uso de distintos recursos.

·       El proceso técnico-organizativo, para saber dónde y cómo buscar información de forma rápida y eficiente.

Puede ocurrir que muchas veces no se considere al bibliotecario como importante por creencias del tipo:

·        Un maestro puede por su cuenta enseñarles a leer, lo cual no implica que los estudiantes adquieran el gusto por dicha práctica, sobre todo si hay lecturas que se imponen como obligatorias.  Es ahí donde cobra relevancia el papel del bibliotecario si entiende que una de las formas genuinas de adquirir el placer por leer es transmitir los propios gustos por esta práctica y recurre a estrategias creativas para que los niños también indaguen por su propia cuenta los textos que se encuentran disponibles.

Aquí, es necesario señalar que la biblioteca suele ser el primer lugar en el que los chicos entran en contacto con los libros y en ocasiones, suele ser el único, de modo que es imperioso aprovechar esta oportunidad para motivar su curiosidad,  imaginación, sus ganas de aprender y de conocer nuevos mundos a través de la lectura.

·        En el aspecto pedagógico:

 

los docentes señalan que no existe una coordinación dirigida a alcanzar los fines pedagógicos de la escuela, siendo el motivo más mencionado que las propuestas pedagógicas generalmente se dan entre docentes y no con el bibliotecario, otros señalan que no lo necesitan para las actividades del programa e incluso que los recursos de la biblioteca son escasos y los que existen no aportan nada. (Ministerio de Educación/OEI, 2010, p. 89)

 

·        La organización del conocimiento es necesaria porque facilita la búsqueda y recuperación de información. Sin embargo, su utilidad, muchas veces no está bien argumentada por los bibliotecarios y se mal interpreta que hay otras funciones que tienen más relevancia que esta tarea dentro de la actividad escolar. Eso provoca que este tipo de acciones suela ser la más relegada por existir otras que «tienen más prioridad» como cuidar a alumnos cuando falta un docente, leerles un cuento «para entretenerlos» e incluso «adornar» los espacios de la escuela.

Estas prácticas institucionalizan una visión del bibliotecario como alguien que tiene como función principal «ser un parche» en la escuela y eso es un indicador de mala gestión. Este síntoma hace que la biblioteca se vuelva invisible y que los profesionales que trabajan en ella sean considerados personas incapaces de pensar actividades que permitan construir aprendizajes y que le otorguen una identidad adecuada.

 

¿Cómo gestionar una biblioteca escolar? ¿Qué problemáticas suelen aparecer?

Lo primero es entender que:

 

la biblioteca es un asunto de todos en la escuela y de esta convicción se derivan los modos de gestión pedagógica que cada institución, con su sello particular, se propone y crea. Cuando esto no ocurre, se distorsiona o confunde el lugar que ocupa la biblioteca en la vida escolar. (Bajour, 2007, p. 2)

 

Si pensamos que con catalogar libros, clasificarlos o realizar inventarios estamos gestionando, otra vez caemos en un error que termina siendo grave para la imagen de los bibliotecarios.

Esto promueve una biblioteca marginal, es decir, aquella que se encuentra:

 

 Excluida de la vida escolar por falta de la visión de la conducción de su lugar esencial en la vida escolar. Armarios bajo llave, localización de la biblioteca en lugares de difícil acceso o inadecuados, acerbo desactualizado, horarios limitados, ausencia de un responsable especializado como maestro y como bibliotecario, son algunas de las expresiones de esta exclusión. (Bajour, 2007, p. 3)

 

A veces: 

 

Es necesario volver a recordar, no sin profunda preocupación que la mayoría de las bibliotecas escolares suelen estar desatendidas y mal administradas. Son lugares infrautilizados porque [...] no existe una política ni una normativa que regule este y otros aspectos de la biblioteca en sus horas libres o durante el recreo. (García Guerrero, 2010, p.162)

 

Esta mala imagen del bibliotecario escolar, es producto muchas veces del desconocimiento de cuáles son las tareas que se realizan en pos del proyecto educativo institucional, de modo que es nuestra obligación tomar las riendas y justificar con planes de trabajo, proyectos y planificaciones las intervenciones que se desarrollarán año a año.

Esto requiere sentarse a hablar con las autoridades, en un marco de formalidad, en el que es preciso estar atentos a aquellas actitudes que atenten contra las funciones que se cumplen en una escuela. Esto significa que, en estos procesos de negociación, pueden surgir comentarios que intenten que «demos un paso en falso» y terminemos aceptando como válidas tareas que no corresponden con nuestro quehacer tales como: dar clases sobre contenidos curriculares que no entendemos, no sabemos y no forman parte de nuestras funciones; cubrir aulas vacías, cuando algún docente falte o establecer restricciones sobre oportunidades de aprendizaje que surjan como propuesta de la biblioteca y que busquen articularse con el trabajo docente.

A veces, aunque existan intencionalidades que busquen darle identidad al profesional de la biblioteca, puede no haber interés por parte de los mismos maestros, de modo que, en ocasiones y hasta que cambie la visión sobre la biblioteca escolar, deberemos trabajar selectivamente con aquellos agentes que sí tienen vocación por su trabajo y deseen desde su apertura aprovechar la oportunidad de trabajar en pareja pedagógica.

A medida que las actividades den frutos, el resto del colectivo institucional confiará en nuestra labor y eso debería motivar a más docentes a trabajar en equipo. Es probable que los niños, nuestros usuarios, sean buenos aliados si buscamos este fin. En la medida que hagamos ver a la biblioteca como un espacio sociable, amigable, lúdico y para aprender, la cantidad de usuarios y la calidad de los vínculos aumentará, pero es preciso entender que este proceso es lento.

Cada institución, tiene sus metodologías o normativas que regulan la forma en que la escuela debe alcanzar su finalidad. En esto el bibliotecario debe actualizarse y proponer lineamientos que acompañen esos objetivos buscados. Si lo que se requiere es una planificación anual, es probable que los objetivos se desarrollen pensando en este plazo,  así que las actividades deberán estar bien pensadas para que la institución sienta que estamos comprometidos. Si la planificación es a corto plazo y se prefiere la presentación de proyectos, este elemento deberá considerar otra manera de abordar nuestro trabajo y requerirá de esfuerzos que en el corto plazo le den identidad y fuerza al accionar bibliotecario. Lo ideal es ver junto con ellos de qué manera la biblioteca y el maestro bibliotecario les es funcional para gestionar pedagógicamente y acompañar a los maestros en sus iniciativas y planificaciones, además de seguir las trayectorias lectoras de los alumnos de la escuela (Bajour, 2007).

Para García Guerrero su razón de ser:

 

está supeditada al proyecto educativo de la escuela y su utilización por profesores y alumnos obedece a una actividad y una necesidad que emana del proceso de enseñanza y aprendizaje. Los servicios y programas propios de una biblioteca escolar están vinculados al plan de trabajo del centro educativo del que depende y han de dar respuesta a toda la población escolar con su compleja diversidad. (García Guerrero, 2010, p. 22)

 

Metodología y análisis de datos

El estudio se inscribe en un diseño metodológico descriptivo y cualitativo, con enfoque no experimental. Se utilizó como técnica de recolección de datos una encuesta estructurada compuesta por preguntas abiertas, dirigida a 13 bibliotecarios escolares en ejercicio. La muestra fue de tipo intencional, difundida a través de redes sociales y correo electrónico.

El análisis de la información se realizó mediante la identificación de categorías emergentes a partir de las respuestas, lo cual permitió observar tendencias, tensiones y percepciones comunes en torno a la gestión bibliotecaria. Dado que no se aplicaron instrumentos estadísticos ni escalas de medición, los resultados no se expresan en términos numéricos, sino en función del contenido expresado por los participantes.

Algunas de las preguntas que conformaron el instrumento de recolección de datos fueron:

1- ¿Qué entiende por gestionar? ¿Cómo aplica este concepto al desarrollo de sus tareas en la biblioteca escolar en la que se encuentra trabajando?

2- ¿Qué herramientas utiliza para la gestión de la biblioteca escolar?

3- ¿Cuáles son las principales dificultades que encuentra para gestionar su biblioteca escolar?

4- ¿Cómo acompaña la biblioteca a los desafíos que se propone la escuela en el Siglo XXI?

5- ¿Siente que las acciones de la biblioteca están integradas al Proyecto Educativo Institucional de la escuela? Argumente su respuesta.

6-¿Cómo siente que perciben los directivos de la escuela su trabajo como bibliotecario escolar? Argumente su respuesta.

 

Resultados

Los datos obtenidos a partir de la encuesta aplicada a 13 bibliotecarios escolares permiten identificar tres dimensiones principales en la manera en que se concibe y ejerce la gestión bibliotecaria en las escuelas: (1) la concepción de gestión; (2) los obstáculos institucionales; y (3) las experiencias de articulación pedagógica.

En cuanto a la concepción de gestión, las respuestas evidencian una diversidad de enfoques. Algunos participantes la restringen a funciones técnicas, como el inventario o la catalogación, mientras que otros destacan una visión más integral que incluye actividades de promoción de la lectura, planificación conjunta con docentes y vinculación con el proyecto institucional. Esta variabilidad indica que la gestión bibliotecaria aún no está unificada como una práctica profesional con identidad propia y reconocida dentro del sistema escolar.

Respecto de los obstáculos institucionales, la mayoría de los encuestados mencionó la falta de reconocimiento del rol profesional que, en muchos casos, se traduce en la asignación de tareas ajenas a su formación, como la vigilancia de alumnos o la cobertura de docentes ausentes. También se destacan la escasez de recursos materiales y tecnológicos, la carencia de espacios formales de planificación con docentes y una baja participación en la toma de decisiones escolares. Estas condiciones afectan la posibilidad de ejercer una gestión estratégica y limitan el impacto pedagógico del servicio de biblioteca.

Sin embargo, un grupo reducido de encuestados manifestó experiencias positivas en las que lograron desarrollar proyectos compartidos con docentes, especialmente en el área de la promoción de la lectura y la articulación con asignaturas. Estas experiencias, si bien aisladas, muestran que es posible revalorizar el rol del bibliotecario escolar mediante el trabajo colaborativo y la apropiación institucional de la biblioteca como espacio pedagógico.

Es importante señalar que el tamaño reducido de la muestra y el método de recolección (difusión virtual mediante redes y correo) limitan el alcance de los resultados. No obstante, los hallazgos permiten visualizar tendencias relevantes que, aunque no generalizables, resultan significativas como punto de partida para futuras investigaciones y debates institucionales sobre la gestión bibliotecaria escolar.

 

Conclusiones:

La investigación realizada permite reconocer que la gestión de la biblioteca escolar continúa siendo una práctica atravesada por tensiones estructurales, simbólicas y profesionales. Si bien el concepto de gestión es interpretado de manera diversa por los profesionales encuestados, se constata que aún persisten representaciones que limitan su alcance a lo técnico-administrativo, sin considerar su dimensión pedagógica y estratégica.

Los resultados muestran que los bibliotecarios enfrentan condiciones institucionales desfavorables, como la falta de reconocimiento profesional, escasos recursos y nula participación en los espacios de toma de decisiones escolares. Estas condiciones afectan directamente la posibilidad de generar una gestión articulada con los objetivos educativos de las escuelas.

A pesar de estas dificultades, también emergen experiencias alentadoras que dan cuenta de una vocación por resignificar el rol del bibliotecario escolar como agente pedagógico y cultural, capaz de promover la lectura, acompañar trayectorias educativas y generar propuestas integradoras.

Se concluye que una gestión eficaz requiere no solo de competencias profesionales adecuadas, sino también de condiciones institucionales propicias que reconozcan y valoren la función estratégica de la biblioteca escolar. Asimismo, resulta clave el fortalecimiento de la identidad profesional del bibliotecario y la consolidación de políticas educativas que aseguren su participación activa en los proyectos institucionales.

Futuros estudios podrían ampliar la muestra, incluir entrevistas en profundidad y analizar comparativamente experiencias de distintas regiones para enriquecer la comprensión del fenómeno.

 

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