Para citación: Billorou, M. J. y Cornelis, S. M.
(2024). Apuntes sobre una escuela profesional de mujeres
en el interior del país (1945-1955). del prudente Saber y el máximo posible de Sabor, (20), 1-p. DOI: 10.33255/26184141/2028e0045
Apuntes
sobre una escuela profesional de mujeres en el interior del país (1945-1955)
Notes on a Women's Professional School in the Interior of the
Country (1945-1955)
María José Billorou | Instituto de estudios Sociohistóricos, Universidad Nacional de la Pampa, Argentina
orcid: 0000-0002-6970-3826
Stella M. Cornelis | Instituto de estudios Sociohistóricos, Universidad Nacional de la Pampa, Argentina
orcid: 0000-0003-1625-7794
doi: 10.33255/26184141/2028
Resumen
Este artículo realiza una primera
aproximación a los lineamientos de la política educativa del peronismo en torno
a las escuelas profesionales de mujeres. En este sentido, analizaremos la
normativa aprobada y sus cambios, la creación de instituciones y la designación
de personal en las mismas. Asimismo, estudiaremos el funcionamiento
institucional de esos establecimientos educativos, enfocándonos en un caso, la
escuela creada en Santa Rosa, La Pampa, para complejizar la relación entre
ciudadanía, género y trabajo durante los primeros gobiernos peronistas.
Palabras clave: género, historia de la educación,
peronismo
Abstract
This article
makes a first approach to the guidelines of the educational policy of Peronism
in connection to professional schools for women. In this sense, we will analyze the approved regulations and their changes,
the creation of institutions and the appointment of personnel in the latter. We
will also study the institutional functioning of these educational
establishments, focusing on one case, the school created in Santa Rosa, La
Pampa, Argentina, to add complexity to the relationship between citizenship,
gender and work during the first Peronist governments.
Keywords: gender, history of education,
Peronism
A modo de introducción
Diversos trabajos han
estudiado la educación durante el peronismo; aquí nos interesa referir a
aquellos que se enfocaron en la educación técnica. Los clásicos trabajos de Wiñar
(1970) y Tedesco (1980) abrieron el camino que luego continuaron las
producciones de Pineau (1991), Dussel y Pineau (1995) y Spregelburd (1997).
Este tipo de circuito educativo respondió a las demandas, cada vez mayores, en
torno al déficit en la formación práctica que preparara a la población para el
trabajo en la industria y talleres. Lamentablemente, ha estado vinculado a la
formación de varones y su historia invisibilizó a las mujeres o bien las colocó
bajo el dominio masculino (Seoane, 2017). Sin embargo, en las últimas décadas
la enseñanza profesional femenina llamó la atención de algunas investigadoras,
que abordaron tópicos y perspectivas diversas en relación a esa área de
estudios.
Dentro de este grupo
identificamos el aporte de Ariza (2013) que, interrogándose por la presencia de
mujeres en el mundo del arte, compara la formación en la Academia Nacional de
Bellas Artes con la instrucción impartida en las escuelas profesionales.
Identifica las afinidades y diferencias entre ambas ofertas y argumenta que las
destrezas aprendidas les permitieron a muchas mujeres efectuar labores manuales
dentro del hogar, sin descuidar a los hijos y la familia, y en paralelo obtener
un ingreso. Sánchez Román (2007) recupera algunas propuestas de formación
femenina en el marco de su estudio sobre la trayectoria desde la creación de
las escuelas de artes y oficios hasta la fundación de la universidad obrero
nacional y el rol que tuvo en ese proceso, entre 1914 y 1955, el Estado y las
elites argentinas.
Un análisis de las
conceptualizaciones relacionadas con la educación técnica de la mujer,
publicadas en el Monitor de la Educación Común entre 1910 y 1915, fueron examinadas
por Lescano (2016); reflexiona así, a partir de la normativa, sobre las
tensiones entre la participación en el ámbito laboral y su relación con su
«destino natural», es decir, la maternidad. Es posible ver una línea de
continuidad entre esos argumentos y los del primer gobierno peronista. En este
sentido, Seoane (2017) estudia, en el marco de la educación técnica, la
elaboración de propuestas de escolarización diferente para mujeres y
varones. Señala una segregación del sexo femenino a través de las
instituciones creadas para formarlas en esos atributos «naturales». Plantea
que, si bien el peronismo reconoce
el papel económico de las mujeres y fija un plan de estudio para las Escuelas
Profesionales destinadas a su formación, la normativa refuerza esas
representaciones, otorgándole un rol vinculado al cuidado de la familia. Para
un período diferente D’Ascanio (2022 y 2024) examina los discursos y las
reformas en la educación técnica durante la «revolución Argentina» (1966-1973),
las políticas educativas implementadas en Santa Fe y los discursos de
funcionarios respecto de la educación profesional y técnica femenina entre
1966-1983, con el propósito de identificar cambios y continuidades en contextos
políticos diferentes.
Otros trabajos
recuperaron la propuesta de Cecilia Grierson respecto de la educación técnica
de la mujer (Rodríguez, 2024) y su recepción en Uruguay, donde sus argumentos
fueron tomados por las autoridades gubernamentales para impulsar la enseñanza
de la economía doméstica (Clavero White, 2022). Rodríguez (2024) profundiza en
la creación de las primeras escuelas profesionales de mujeres y la Escuela
Técnica del Hogar, instituciones que estuvieron pensadas para quienes provenían
de sectores pobres, con el propósito de brindarles conocimientos para su
inserción laboral sin salir del entorno hogareño.
También se ha examinado
la enseñanza de la economía doméstica en las escuelas durante las últimas
décadas del siglo xix
y las primeras del xx
(Rodríguez, 2021; Caldo, 2012) y, en particular, aquellos saberes vinculados
con la cocina (Caldo, 2009). Se buscó así introducir a las mujeres en el conocimiento
de tareas que eran propias del hogar, como las labores que comprendían tejer,
coser, bordar, entre otras manualidades (Pellegrini, Mosso y Caldo, 2018).
Asimismo, los saberes culinarios fueron centrales para el «ama de casa», desde
un punto de vista que los vinculó con la alimentación, el ahorro y el cuidado
de la salud (Caldo, 2009).
Este trabajo espera
contribuir al conocimiento de estas propuestas educativas para mujeres,
especialmente en el interior del país donde las ofertas educativas no eran tan
variadas. En la primera parte del capítulo repasamos los orígenes, la normativa
y las pautas de funcionamiento institucional de las escuelas profesionales;
luego nos referimos a las políticas implementadas por el peronismo en esa
materia y, finalmente, abordamos el caso de la Escuela Profesional de Mujeres
de Santa Rosa (La Pampa).
Nuevos
espacios de formación: las escuelas profesionales de mujeres
La preocupación por la
ausencia de trabajadores con preparación técnica, y como consecuencia de ello
la necesidad de desarrollar un sistema de formación profesional, fue una de las
inquietudes del sector industrial durante la primera mitad del siglo xx. Así, surgieron algunas iniciativas
orientadas a la formación profesional, como la Sociedad de Educación Industrial
o la Escuela Técnica del Hogar vinculada al Consejo Nacional de Mujeres
(Rodríguez, 2024). También la Liga Patriótica de Señoritas creó escuelas para
la educación de mujeres en fábricas y talleres y desde el Estado nacional se
implementaron acciones para la formación técnica (Sánchez Román, 2007). En
paralelo a estas propuestas, en la ciudad de Buenos Aires se dictaron, al
interior de las sociedades barriales y las bibliotecas populares, conferencias
y cursos. Entre estos últimos, los de encuadernación y de corte y confección
fueron destinados a las jóvenes para que ocuparan su tiempo libre y adquirieran
habilidades que les permitieran desempeñarse en el mercado laboral y generar
ingresos en situaciones compatibles con las tareas domésticas; de esta manera,
el trabajo domiciliario se erigió como alternativa al empleo en las fábricas.
Las
Escuelas Profesionales de Artes y Oficios de Mujeres fueron creadas por la Ley
de Presupuesto de 1901; sin embargo, un año antes, en 1900, el presidente Julio
A. Roca y su ministro Osvaldo Magnasco instituyeron, mediante un decreto, la
primera Escuela Profesional pública de mujeres, denominada en ocasiones
«Profesional de Artes y Oficios» (Rodríguez, 2024).
Según el plan de estudios vigente a partir de 1912,1
ofrecían una formación técnica destinada a niñas mayores de 12 años con el
objetivo de proporcionar a las alumnas aptitudes manuales en diversas ramas del
trabajo con el dictado de talleres —de entre
dos y cinco años de duración— (Lescano,
2016), relacionados con diferentes tareas.2 La
capacitación se centró en actividades consideradas una prolongación de las
labores hogareñas, con lo cual se reforzaban los saberes de la economía
doméstica, y al mismo tiempo les permitían desarrollar un trabajo remunerado
sin abandonar el hogar (Queirolo, 2016 y 2017; Caldo y Pellegrini, 2017).
Las
escuelas profesionales de mujeres surgieron en el marco de la denominada
enseñanza especial, con el propósito de preparar a los jóvenes mediante
conocimientos técnicos, teóricos-prácticos y al propio tiempo formar su
carácter, sus sentimientos morales y cívicos. Funcionaron desde principios del
siglo xx y
paulatinamente se establecieron en diversos lugares del territorio nacional,
junto con las primeras Escuelas de Artes y Oficios creadas en 1911, solo para
varones,3 constituyéndose en una oferta para los
sectores trabajadores (Ruiz, et al.
2008). Sin embargo, las autoridades educativas decidieron privilegiar la
fundación de estos establecimientos por sobre los femeninos: hacia 1930 se contabilizaban
en todo el país treinta y cinco Escuelas de Artes y Oficios para varones y solo
diecinueve Profesionales de mujeres, tendencia que se profundizó en la década
siguiente (Rodríguez, 2024). En
los establecimientos femeninos, los cursos tuvieron una duración que oscilaba
entre los dos, tres o cuatro años:
el plan de estudios se integraba con un 56 % de práctica profesional y un 44 % de formación general para aquellas estudiantes que no habían culminado la escuela primaria (educación cívica, estética, doméstica y física). Por ende, es posible sostener que esta formación estuvo orientada tanto a capacitar a la mujer para desempeñar actividades manuales y a la vez le proporcionaba una formación integral, complementaria de la educación primaria. (Ruiz, et al., 2008, p. 260)
Durante la década del 30 la Dirección de
Enseñanza Técnica tenía bajo su dependencia la Escuela de Capacitación Docente
Femenina, que contaba con filiales en todo el país, donde las mujeres podían
obtener un título de enseñanza práctica, que las habilitaba para desempeñarse
en las escuelas profesionales de mujeres. A estos ámbitos de educación formal
debemos sumar espacios de instrucción informal como por ejemplo las academias Pitman
—que impartían cursos de capacitación para desempeñar trabajos administrativos
como tenedores de libros o taquígrafas-dactilógrafas4—.
La creación de estas
escuelas se intensificó durante toda la década del ’40, en el curso escolar de
1 940 las alumnas que concurrieron a las veinticuatro escuelas profesionales
ascendieron a 8 371, a las que se sumaron 2 229 de las instituciones
incorporadas en todo el país (Estadística Oficial, Boletín del Ministerio de
Justicia e Instrucción Pública —bmjeip—, 14/11/1940, pp. 2108-2122). La
inscripción para el año escolar siguiente, 1941, aumentó, 8891 estudiantes en
las instituciones oficiales y 2549 en las incorporadas (Estadística Oficial, bmjeip, 02/1942, pp. 239-252). El siguiente
cuadro especifica las escuelas profesionales de mujeres que funcionaban, junto
a sus institutos incorporados, en 1 941 y revela la existencia de una
importante red institucional que respondía los requerimientos educativos de
mujeres para su inserción en el mundo del trabajo y para optimizar el trabajo
doméstico.
Cuadro 1
Escuelas Profesionales de Mujeres en Argentina, año 1942. Elaboración de las autoras a partir de Digesto de Segunda Enseñanza. Talleres gráficos de la Penitenciaría Nacional de Buenos Aires, pp. 221-236
|
Escuela |
Creación |
Directora |
Incorporados |
|
|
Ciudad de Buenos Aires |
Profesional de Mujeres N.° 1 “Osvaldo Magnasco” |
1900 |
Sra. María Eugenia de Elías de Rodríguez |
Cristo Rey |
|
Nuestra Señora de la Misericordia |
||||
|
María Auxiliadora |
||||
|
Santa Filomena |
||||
|
Santa Rita |
||||
|
Santa Felicita |
||||
|
Santísima Virgen Niña. |
||||
|
María Auxiliadora de Bahía Blanca |
||||
|
Sagrada Familia de Tandil |
||||
|
San José- General Rodríguez |
||||
|
Damas Patricias de Santa Rosa. |
||||
|
Profesional de Mujeres N.° 2 |
1902 |
Srta. Carmen Vidal |
Argentino Excelsior |
|
|
María Auxiliadora |
||||
|
Nuestra Señora del Sagrado Corazón |
||||
|
Obra de la Conservación de la Fe |
||||
|
San Francisco de Asís |
||||
|
Profesional de Mujeres N.° 3 |
1906 |
Srta. Mercedes Lanús |
Del Carmen |
|
|
La Anunciata |
||||
|
María Auxiliadora |
||||
|
Nuestra Señora del Milagro |
||||
|
Artes y Oficios de la Sagrada familia de Lanús |
||||
|
Nuestra Señora de Luján de Lanús |
||||
|
Santo Domingo de Ramos Mejía |
||||
|
María Auxiliadora de Avellaneda |
||||
|
Profesional de Mujeres N.° 4 María de los Remedios de Escalada de San Martín |
1909 |
Srta. Ofelia Galarza Méndez |
Hogar Damasa Zelaya de Saavedra |
|
|
Jesús María |
||||
|
San José |
||||
|
Ana María Janer |
||||
|
Profesional de Mujeres N.° 5 Fernando Fader |
1910 |
Sr. Héctor Rocha |
Nuestra Señora de la Misericordia |
|
|
Cristo Rey |
||||
|
Inmaculada Concepción. Lomas de Zamora |
||||
|
Profesional de Mujeres N.° 6 Dolores Lavalle de Lavalle |
1912 |
Srta. Beatriz Acevedo Rodríguez |
Rosa Anchorena de Ibáñez |
|
|
Santa Felisa |
||||
|
Inmaculada Concepción de Lanús |
||||
|
Profesional de Mujeres de Mercedes |
||||
|
Profesional de Mujeres N.° 7 Paula Albarracín de Sarmiento |
1924 |
Sra. Ernestina C. de Lavecchia |
Asilo San Vicente de Paúl |
|
|
Hogar Mercedes Dorrego |
||||
|
La Providencia |
||||
|
Superior de Economía Doméstica |
||||
|
Profesional de Mujeres N.° 8 |
1941 |
Srta. Cora González Carman |
Inmaculada Concepción |
|
|
Provincia de Buenos Aires |
Profesional de Mujeres Laura R. Mitre de la Mendoça de La Plata |
1910 |
Srta. Lía Somonte King |
San José de Quilmes |
|
Euskal Echea |
||||
|
Nuestra Señora del Sagrado Corazón |
||||
|
Nuestra Señora del Rosario |
||||
|
Trenque Lauquen |
||||
|
María Auxiliadora de Bernal |
||||
|
Profesional de Mujeres de Bolívar |
1930 |
Sra. Sara F. de Porcel de Peralta |
--- |
|
|
Profesional de Mujeres de San Fernando |
1924 |
Srta. Josefina Molina Campos |
Niño Jesús de Praga de Olivos |
|
|
María Auxiliadora de San Isidro |
||||
|
Provincia de Santa Fe |
Profesional de Mujeres de Rosario |
1913 |
Srta. Delmira Flores Luna |
Santa Teresita del Niño Jesús |
|
Provincia de Entre Ríos |
Escuela Profesional de Mujeres Ana Urquiza de Victorica de Concepción del Uruguay |
1911 |
Sra. Ángela C. de Nano. |
Sagrado Corazón de Jesús de Crespo |
|
Provincia de Corrientes |
Escuela Profesional de Mujeres Juana Manso de Noronha |
1924 |
Sra. Corina Matoso de Durán |
Nuestra Señora de Itatí de Resistencia |
|
Santa María de Posadas |
||||
|
Provincia de Córdoba |
Profesional de Mujeres de Córdoba |
1907 |
Sra. Julia Funes de Bonet |
Jesús María |
|
Provincia de Santiago del Estero |
Profesional de Mujeres de Santiago del Estero |
1915 |
Srta. María Teresa Figueroa |
--- |
|
Provincia de Tucumán |
Profesional de Mujeres de Tucumán |
1909 |
Srta. María Aráoz Mariño |
María Auxiliadora de Tucumán |
|
Cristo Rey de Tucumán |
||||
|
Cristo Rey de Villa Aguilares |
||||
|
Provincia de Salta |
Profesional de Mujeres de Salta |
1910 |
Sra. María J. L. de Negretti |
María Auxiliadora |
|
Provincia de Catamarca |
Profesional de Mujeres de Catamarca |
1914 |
Srta. Magdalena Doutreleau |
--- |
|
Profesional de Mujeres de Tejidos y telares de Belén |
1934 |
Sra. Isolina Z. de Varaona |
--- |
|
|
Provincia de La Rioja |
Profesional de Mujeres de La Rioja |
1914 |
Sra. Berta L. de Schnek |
--- |
|
Provincia de San Luis |
Profesional de Mujeres Mauricio P. Daract de San Luis |
1938 |
Srta. Josefa Dolores Puebla |
--- |
|
TOTAL |
22 Escuelas Profesionales de Mujeres |
57 Institutos Incorporados |
||
Nota. Elaboración propia.
Si efectuamos una
comparación con los establecimientos que se crearon para la formación de
varones vamos a encontrar algunas diferencias. En el mismo Digesto (1942, pp.
181-218), que nos permitió relevar la información del cuadro N.º 1, advertimos
que el número de Escuelas Industriales y de Artes y Oficios ascendía a 70, con
12 institutos incorporados. Entre ellas identificamos solo una destinada a las
niñas: la Escuela de Artes y Oficios y de Estudios Rurales, Comerciales y del
Hogar para niñas de Reconquista (Santa Fe). Las restantes eran para varones y
dirigidas también por varones. De este modo, puede observarse como en la
primera mitad del siglo xx
predominaron las instituciones orientadas a la formación femenina pero luego,
en las décadas siguientes, comenzaron a priorizarse las destinadas al sexo
masculino. Otro dato llamativo es que las profesionales de mujeres tenían una
gran cantidad de institutos incorporados, a diferencia de las de varones.
Como ya expresamos,
nuevos establecimientos buscaron resolver la creciente exigencia de formación
femenina; así, en 1942 se organizó la N.° 9 en la ciudad de Buenos Aires. En
Neuquén la Escuela Técnica contaba entre sus secciones con oficios, comercial y
profesional de mujeres. En 1943 surgió una nueva institución en Gualeguaychú,
Entre Ríos, (bmjeip,
4/5/1943, p. 450) y además se anexaron nuevos institutos a las ya existentes.
Asimismo, las autoridades educativas establecieron normas para mejorar su
funcionamiento y determinar con claridad su perfil. En primer lugar,
reafirmaron los 13 años como la edad mínima requerida para el ingreso como
estudiante (Circular N.° l07, BMJEIP,
16/12/1942, p. 2385). Asimismo, ratificaron su perfil profesional en tanto los
certificados emitidos, una vez finalizados los estudios, eran de competencia en
la «respectiva especialidad, y no otro título cuyos alcances puedan
considerarse como habilitantes para el ejercicio de la docencia» (Resolución BMJEIP, 2/12/1939, p. 1437).
El Reglamento General
para los establecimientos del Ministerio de Justicia e Instrucción Pública,
aprobado en 1943, perfeccionó a partir de la normativa de 1912, en el Título viii, variados aspectos de su
funcionamiento. La función educativa de las escuelas profesionales se orientaba
a «proporcionar a las alumnas aptitudes manuales en determinadas ramas del
trabajo que las habiliten para desempeñarse en el hogar y, si fuera necesario,
para subvenir a sus necesidades en la vida». De esta manera, se reafirmaba el
rol tradicional de esposa y madre, custodia del hogar; al mismo tiempo que se
aceptaba el trabajo en condiciones de extrema urgencia. Nuevamente, se ratificó
la enseñanza «eminentemente práctica» y la emisión de certificaciones de
«competencia en la respectiva especialidad».
El personal estaba
integrado por el directivo, directora, vice y regente, y el cuerpo docente,
profesora, maestra, maestra de taller y ayudante de taller. Dentro de ellas,
las figuras de la regente y la maestra de taller adquirieron rasgos específicos
en tanto responsables de llevar adelante no solamente la marcha de la enseñanza
práctica en el taller, sino las órdenes de trabajo y de determinar su precio,
tanto de los «trabajos encomendados por el Ministerio» como de las «labores
encargadas por particulares». Por lo tanto, su perfil fue diferente del resto
de las docentes: para acceder a desempeñarse como maestra de taller, al título
normal se le sumaba la certificación de su egreso en una institución similar, o
en caso de no poseerla, una prueba de competencia. La regente debía acreditar
una antigüedad de por lo menos dos años como maestra de taller. Solo el cargo
de ayudante era un destino para las egresadas, muestra clara del alcance de la
certificación: el trabajo manual (Decreto 150073, bmjeip, 17/5/1943, pp. 590-595). La
demanda para ingresar a trabajar a estas instituciones era tal, que en 1945 las
autoridades del Ministerio decidieron tomar un examen a las postulantes, en
aquellas escuelas en que la cantidad de vacantes fuera menor al número de
inscriptas para cubrir los cargos (bmjeip, 27/9/1945, p. 1378).
El valor de la
actividad realizada durante las clases para la educación femenina se plasmó en
una serie de requerimientos concretos, que en gran medida procedían de la
actividad artística; la exposición de los «trabajos escolares» dentro de los
«quince días» después de finalizadas las clases, con una duración máxima de
tres. Exhibición que servía como vidriera en dos dimensiones complementarias y
contradictorias de las capacidades femeninas, en tanto ornamento y belleza,
pero también como demostración de la capacidad de trabajo y del valor de los
objetos producidos. Similar tensión se revelaba en las exigencias académicas;
así, «las alumnas que cursen especialidades cuya duración sea de cuatro años
deberán ejecutar, además del muestrario una serie de trabajos mínimos» de
acuerdo a una escala designada. Para primer año, ocho trabajos, para segundo
12, para tercero 16 más el catálogo de corte y confección, y para cuarto año
20. Las alumnas que no cumplieran con «las series mínimas de trabajos» no
podrían ser «promovidas al curso inmediato superior». Asimismo, el aplazo del
trabajo práctico de taller implicaba la repitencia del curso, situación que
diferenciaba estas asignaturas con «las materias complementarias» posibles de
ser acreditadas mediante exámenes complementarios (Reglamento General, 1943,
pp. 144-152).
Esta orientación al
quehacer, que puede materializarse en objetos tangibles, se constituyó en una
marca de identidad institucional. Cada estudiante reflejaba su trayectoria en
su libreta de trabajo, registro exhaustivo que incluía los realizados para la
venta junto con su valor, elevada a dirección al finalizar el año escolar por
la maestra de taller (Decreto 150073, bmjeip, 17/5/1943, pp. 594-595).
La directora
de la Escuela Profesional de Mujeres N.º 1, María
Eugenia de Elías de Rodríguez de la Torre, reafirmaba en un artículo publicado
en el diario La Nación el 7 de enero de 1944, las
características distintivas de la educación brindada en estos establecimientos.
Abarcaban desde los amplios y tradicionales «deberes del ama de casa»: manejo
del tiempo, organización del trabajo, distribución del dinero, aseo y limpieza,
trato con los semejantes, culto a dios y la patria. Junto con «las tareas
maternales», el «cuidar y curar de los enfermos», el manejo de «la aguja para
zurcir, coser, bordar, remendar, filigranar el encaje, tramar el tejido», y por
supuesto «aprender a cocinar». De esta manera, «las escuelas profesionales
argentinas reemplazan a las madres en la mitad de las horas del día». Al mismo
tiempo, brindaban «la técnica en el arte u oficio reglamentado», «la práctica
de esa ley bendita que es el trabajo», «una disciplina razonada». Estos últimos
conocimientos eran imprescindibles para «el pequeño taller que el público abre
a la egresada» que le permitía llevar «lejos sus aspiraciones» y solucionar,
finalmente, «la estabilidad económica de su familia a base de la confianza en
sí misma». El rol doméstico y la preparación para el trabajo, convivían y se
combinaban en una síntesis novedosa y compleja, que implicaba una nueva
educación, acorde a los tiempos, merecedora de «toda la atención pública y el
amparo del Estado».
Sin lugar a dudas, las
políticas educativas del peronismo impulsaron la formación técnica, por lo
tanto, se establecieron nuevas escuelas profesionales de mujeres, sumándose a
las ya existentes. En 1947 se originaron la escuela de Ceres, Provincia de
Santa Fe (bmjeip,
7/6/1947, p. 1598), la de Posadas, Misiones, en Presidencia Roque Sáenz Peña,
Chaco, y la de Santa Rosa, La Pampa, (Decreto N.º 16.823, bmjeip, 14/6/1947, pp. 1606-1614). Debemos
aclarar que esta era una posibilidad más para la formación femenina, con una
oferta educativa escasa en el entonces Territorio Nacional de La Pampa. Según
la memoria del gobernador Juan L. Páez (1948, p. 30) funcionaban «una Escuela
Normal fundada en 1909, un Colegio Nacional creado en 1917 y dos Escuelas
Técnicas de Artes y Oficios». A estos establecimientos se sumaban algunos
institutos pertenecientes a la congregación salesiana, como el Colegio María
Auxiliadora de Santa Rosa incorporado a la Escuela Normal, por ejemplo.5
La formación femenina: políticas y
discursos durante el peronismo
Las primeras experiencias de educación técnica
profesional se desarrollaron a fines del siglo xix, como un trayecto formativo en el
marco del incipiente crecimiento industrial argentino; hacia las primeras
décadas del siglo xx
se conformaron en su seno cuatro tipos de instituciones educativas públicas:
las escuelas industriales de la Nación, las escuelas de artes y oficios, las
escuelas técnicas de oficios y las escuelas profesionales de mujeres. A estas
instituciones educativas se deben sumar otras fuera del sistema estatal, entre
ellas se destacaron los talleres para obreras dependientes de la Sociedad de
Beneficencia y la red de escuelas técnicas de autogestión obrera sostenida por
La Fraternidad (Dussel y Pineau, 1995; Ruiz y otros, 2009).
La «revolución» de 1943 inició un proceso de
transformación de la educación técnica que el peronismo consolidó; al mismo
tiempo que el sistema existente se extendía, se crearon nuevas alternativas. La
Dirección General de Enseñanza Técnica, organizada en 1944, fue el organismo
responsable de dirigir, administrar, supervisar y elaborar los planes de
enseñanza para los establecimientos de instrucción técnica, anteriormente
subordinados de la Inspección General de Enseñanza. Bajo su jurisdicción,
también se establecieron cuatro nuevas instituciones de educación industrial:
las Escuelas Industriales, las Escuelas Industriales Regionales, los cursos de
perfeccionamiento y las Misiones Monotécnicas. Estas últimas fueron
establecidas con el objetivo de evitar el desarraigo de los pobladores de las
localidades pequeñas, su ubicación fue transitoria. La duración de los estudios
era de dos años y se diferenciaban por género: mientras los varones aprendían
electricidad, albañilería, mecánica de automotores y carpintería, las niñas se
instruían en confección de vestidos, bordado, telar y cocina. Igualmente, en
1944, se constituyó la Comisión Nacional de Aprendizaje y Orientación
Profesional (c.n.a.o.p.),
bajo la órbita de la Secretaría de Trabajo y Previsión, con la intención de
reglamentar el aprendizaje industrial y el trabajo de menores; de ellas
dependieron las nuevas alternativas organizativas: las Escuelas-Fábricas y la
Universidad Obrera Nacional (uon).
Por el tipo de formación y la concentración de la matrícula la cnaop estableció un sistema de
educación para operarios mientras que las escuelas industriales formaban
técnicos.
Así, la enseñanza técnica se convirtió en una
cuestión gubernamental y desde el Estado se buscó un mayor control (Sánchez
Román, 2007). Este proceso ha sido estudiado como una respuesta frente a las
demandas, cada vez mayores, en torno al déficit en la formación técnica que
preparara a la población para el trabajo en la industria y talleres. Las
numerosas expectativas auspiciaban la ampliación de oportunidades educativas
para sectores socioeconómicos desfavorecidos; de esta manera, se solicitaba el
aumento de las posibilidades de inserción en el trabajo a partir de existencia
de egresados con mayores capacidades de gestión laboral y productiva (Viñar,
1970; Tedesco, 1980).
Se generó a partir de 1943, en respuesta a la
aparición de nuevos actores sociales, un nuevo circuito de educación que poseía
elementos tanto discriminatorios como de promoción. En tanto, en ciertos
momentos se apartaba de determinados circuitos a los sectores que supuestamente
no debían acceder. En algunas circunstancias favoreció la promoción social por
las distintas políticas generadas desde el gobierno, entre otras el otorgamiento
de becas y la facilidad para el pasaje de orientaciones.
De
esta manera se desarrollaron nuevas políticas educativas nacionales que
priorizaron la formación técnica y la preparación en oficios y tuvieron una
mayor incidencia en el interior del país. En el territorio pampeano las
Escuelas de Artes y Oficios para varones recibieron una atención especial
durante el período. Se construyó un edificio para la existente en la ciudad de
General Pico desde 1937 y se creó una similar en Santa Rosa. En 1945 se decretó
la creación de un ciclo básico cuyos egresados recibían el título de Experto
Calificado en Mecánica; años más tarde se anexó el ciclo superior que
posibilitó la titulación de técnicos mecánicos luego de seis años de estudio.
También funcionaron en
varias localidades del interior de forma alternada las misiones
monotécnicas, que a partir
de 1948 se llamaron de Cultura Rural y Doméstica.
Como ya expresamos la
creación de las escuelas profesionales de mujeres se intensificó durante toda
la década del ’40 y también aumentó la matrícula. En 1948 se crearon nuevas
orientaciones en algunas escuelas, como cursos de peletería, de juguetería, de
tapicería, de cestería. Estos funcionaban en el turno vespertino y entre los
requisitos para el ingreso había que poseer una edad mínima de 14 años,
certificado de cuarto grado de enseñanza primaria o demostrar una preparación
equivalente, mediante un examen que el establecimiento se encargaría de tomar,
y demás certificados exigidos para los cursos diurnos de las escuelas
profesionales de mujeres. Al egresar, los estudiantes recibían un certificado
de capacitación en la especialidad (Decreto N.º 11.055, 16/04/1948). Con el
tiempo se sumaron otras propuestas como marroquinería, tejeduría industrial,
práctica comercial (tres años) e industrias de la alimentación (tres años). A
la par de los cambios que se producían en actividades como la
radio-electricidad y las industrias alimenticias, en las que la presencia
femenina aumentaba considerablemente, se buscó introducir conocimientos y
formar a las mujeres. Paulatinamente, se sumaron esos rubros a la oferta que
poseían en consonancia con su importancia económica en la actividad.
En 1950 ante la
diversidad de planes de estudio vigentes para la formación profesional
femenina, se resolvió realizar modificaciones e incorporar nuevos lineamientos
con el fin de regular la educación impartida. En los considerandos se remarcó
que este tipo de enseñanza no debía quedar reservada solamente a las técnicas
propias de los oficios; también tenía que contribuir a una instrucción
espiritual y cultural, que aleccionara adecuadamente a la mujer argentina.
Además, se subrayó que era primordial una formación que propendiera el
desenvolvimiento integral, e incluyera «el cultivo de conocimientos y habilidades
que sirvan para perfeccionar la vida del hogar, que es donde la mujer debe
cumplir las dignas y cristianas prerrogativas que el confieren sus condiciones
de hija, esposa y madre» (Decreto N.º 4631, 1/03/1950, p. 115).
La revisión de los
planes de estudio fue acompañada de cursos de capacitación para el personal
especializado de estas escuelas, que buscaron fortalecer la instrucción técnica
y pedagógica. Los cursos tenían una duración de dos años y, además de
asignaturas como Pedagogía y Didáctica General, Castellano y Literatura,
Historia del Arte y de la Moda, Dibujo, problemas educativos de la
adolescencia, capacitación específica según la especialidad, contenían materias
como Organización Política Argentina y Soberanía Política, Estudios Económicos
y Sociales Argentinos, La independencia Económica y la Justicia Social. Se
preveía que las egresadas recibieran un certificado de capacitación docente,
que las habilitara para ejercer la enseñanza de la especialidad que habían
cursado (Boletín de Comunicaciones del Ministerio de Educación, 30/4/1954, pp.
246-247).
De la
Escuela de Damas Patricias a la Profesional de Mujeres de Santa Rosa
El
Territorio Nacional de La Pampa no fue ajeno a estos procesos que describimos
con anterioridad y, al igual que en otras partes del país (Caldo y Pellegrini,
2017), también surgieron escuelas para instruir a las mujeres en tareas
vinculadas con el espacio doméstico.6 Así, en la
ciudad capital las hermanas Corchón crearon en 1937 la Escuela de Damas
Patricias, que fue incorporada a la Escuela Profesional de Mujeres N.º 1
«Osvaldo Magnasco» de la ciudad de Buenos Aires. En esta institución de
carácter privado se impartían cursos, con una duración de cuatro años, de corte
y confección, dibujo, economía doméstica, puericultura y cocina para señoritas
mayores de catorce años, con quinto grado de escuelas comunes aprobado
(Billorou y Sánchez, 2008). El propósito de sus fundadoras fue ofrecer a las
niñas, egresadas de la escuela primaria o de la secundaria, la posibilidad de
acceder a un instituto de enseñanza práctica que, además de proporcionarles
«conocimientos específicos para el buen desenvolvimiento en el hogar», les
brindara un «arte u oficio que les permitiera hacer de ello su medio de vida»
(Álbum, s/f).
Son
escasos los documentos que se han conservado de esta institución, en particular
contamos con un Álbum que fue donado al Archivo Histórico Provincial «Profesor
Fernando Aráoz», algunas referencias en la prensa local, en las Memorias del
Ministerio de Justicia e Instrucción Pública y en los Boletines de ese
organismo, devenido luego en Secretaría y Ministerio de Educación durante el
peronismo. El hallazgo de ese libro de fotografías nos llevó a interrogarnos
por la formación profesional de mujeres. Este documento inicia con una memoria
que da cuenta de la fundación de la escuela, en 1937, el lugar dónde funcionó
–la calle Irigoyen al 383– y el propósito de su fundación. También se remarcaba
la loable labor que habían desempeñado estas jóvenes al colaborar con las autoridades
del entonces Territorio Nacional de La Pampa, ya que en el taller de costura de
la escuela de Damas patricias se confeccionó el manto que cubrió el monumento,
dedicado al «Padre de la Patria General Don José de San Martín», el día de su
inauguración en la plaza que lleva su nombre (Álbum, s/f). Además, en su taller
se había bordado el sol de una bandera argentina. Así, estas mujeres mediante
la costura y el bordado, labores que eran eminentemente femeninas,
contribuyeron de alguna forma con los poderes políticos locales, al igual que
otras lo habían hecho en el pasado elaborando banderas como actos altamente
patrióticos.
El
álbum nos ofrece algunos retazos de momentos que quedaron capturados por la
cámara. En sus fotografías se plasmaron instantes relacionados con las
exposiciones efectuadas al finalizar el ciclo lectivo. En ellas se mostraban
los logros alcanzados y así es posible observar el producto terminado de varios
de los cursos que se dictaron: tortas y platillos, todo tipo de prendas confeccionadas
de forma impecable –vestidos para jóvenes y niñas, faldas, camisas, camisones–,
manteles bordados, almohadones, carpetas tejidas. Entre todas esas piezas, sin
lugar a dudas hay una que destaca, por su majestuosidad y porque fue colocada
en el centro de la escena: el traje de novia (como puede verse en las imágenes
1 y 2). Tal como ocurrió en los gremios medievales es posible considerarla como
la obra maestra, cúlmine de un trayecto formativo y que demostraba las
habilidades y conocimientos adquiridos a lo largo de esos años de formación.
Imagen 1
Docentes y estudiantes de la escuela de Damas Patricias

Fuente. Álbum de la Escuela de Damas
Patricias (s/f).
Imagen 2
Exposición de fin del ciclo lectivo, 13 de noviembre de 1943

Fuente.
Álbum de la Escuela de Damas Patricias (s/f).
La
confección de ajuares de novia, el bordado de sábanas, delantales de cocina o
repasadores, formaron parte de los rituales de muchas mujeres antes del
casamiento. Así, en este tipo de institución se enseñaron y perfeccionaron esos
saberes que requerían las futuras amas de casa (Caldo y Pellegrini, 2017);
eventualmente estos conocimientos también podían ser de utilidad para el
trabajo fuera de ese ámbito doméstico.
El
instituto cerró sus puertas en el año 1951 debido a la creación, en 1947, de
una Escuela Profesional de Mujeres. Esta nueva institución funcionó en el turno
tarde de la Escuela Normal «Julio Argentino Roca», ubicada en la ciudad de
Santa Rosa. La mayor parte del personal de ese establecimiento estaba constituido
por las mujeres que se habían desempeñado en el Instituto de Damas Patricias;
las autoridades del Ministerio de Justicia e Instrucción Pública nombraron a
Ursicina Corchón, quien poseía título de maestra Normal Nacional, directora de
la Escuela Profesional de Mujeres de Santa Rosa (Decreto N.º 37661,
29/11/1947). En un periódico local se publicó la noticia, argumentando que tal
designación reconocía «la capacidad de una profesional dedicada por espacio de
más de 10 años a las actividades de la enseñanza especializada al frente del
Instituto Incorporado de Damas Patricias que ha logrado destacado prestigio en
el territorio» (Diario La Capital, 14/01/1948).
También fueron designadas María Dolores y Porfiria Corchón y Antonia Teso de
Antonio.
En la capital del
territorio existió otro instituto, denominado «Mercedes Lasala de Riglos»,
dedicado a la formación profesional de mujeres. El mismo fue incorporado en
1946 a la Escuela Profesional de Mujeres N.º 2 de la Capital (Resolución del 25
de septiembre de 1945). Ambas instituciones funcionaban como institutos
incorporados a establecimientos educativos de órbita estatal ubicados en la
ciudad de Buenos Aires, por la ausencia de similares en el Territorio; por lo
tanto, los diplomas, los programas y las disposiciones dictadas recibían
reconocimiento oficial. Las autoridades educativas ejercían el control y la
inspección del desarrollo de las actividades en diferentes momentos; en este
punto, debemos destacar la presencia de mujeres en esa tarea.7 Asimismo, para la selección de los libros de texto se
formaban comisiones especiales integradas por mujeres.8
El plan de estudios de
la primera Profesional de Mujeres que se originó en la capital de La Pampa,
contaba con un ciclo de capacitación que ofrecía tres tipos de cursos: de
costura en general, de bordado a máquina y de taquigrafía y dactilografía. Las
materias comunes que cursaban quienes asistían a los diferentes cursos eran
Educación Cívica, Economía doméstica, Cocina, Costura, Lavado y planchado,
Religión y Moral. A su vez cada curso tenía capacitaciones específicas, que
poseían la mayor carga horaria semanal, como Taller de costura en general,
Taller de bordado, Redacción y Ortografía y Práctica de Taqui-Dactilografía.
La mayor parte del
personal de la nueva institución lo constituyeron las mujeres que se habían
desempeñado en el Instituto de Damas Patricias; la directora fue, como ya hemos
señalado, Ursicina Corchón. Sus hermanas María Dolores y Porfiria Corchón
dictaron clases de Corte y Confección. Otras docentes que identificamos como
parte del staff de la escuela fueron Antonia Teso de
Antonio —profesora de Costura en
General—, Mercedes E. Piriz de Doyenard —maestra de taller de Lavado y
planchado—, Elena González Navarro de Fernández —Ayudante de Taller—, Nélida
Irene Ligaluppi de Pastor —Ayudante Mayor—, Emma Pereyra —nombrada primero como
maestra especial y luego Ayudante de Taller—. En el año 1953 se designó como
Regente a la señora Amalia Altolaguirre, la maestra Normal Nacional con
certificado de Corte y Confección.
Imagen 3
Estudiantes y docentes de la Escuela Profesional de Mujeres, en la puerta de la escuela Normal de Santa Rosa, La Pampa (1949)

Fuente. Gentileza
Archivo Histórico Municipal Hilda Paris.
Girbal-Blacha (1997)
argumenta que es posible plantear que las industrias hogareñas, como la costura
y el tejido, adquirieron un valor doméstico y social. Mediante ese tipo de
trabajo cada hogar podía cubrir determinadas necesidades y también se
desarrollaban hábitos laborales. A su vez esa «industria hogareña» contribuía a
la tradición nacional en aquellos lugares donde se vendían esos productos
artesanales. En el marco del plan de austeridad, implementado en 1952, la mujer
fue interpelada, en tanto madre y esposa, para auxiliar a la economía
doméstica. La costura en el ámbito privado era vista como una forma de
conciliar el trabajo femenino con las funciones de las mujeres en el seno de la
familia. En ese contexto desde el Banco industrial se otorgaron créditos a
empresas, entre 1952 y 1955, que fabricaban máquinas de coser y también a las
costureras, tejedoras, modistas y confeccionistas dedicadas al trabajo
doméstico (Girbal-Blacha, 1997, p. 222).9 Se buscó
así que las mujeres no salieran fuera del domicilio y a la vez que cuidaban la
educación de sus hijos, administraban la economía familiar.
Hacia el año 1955 los
Boletines de Comunicación del Ministerio de Educación refieren a una escuela
profesional de mujeres en la ciudad de General Pico, cuya directora provisional
fue Virginia Bernardo de Alvarado. Suponemos que la demanda de ese tipo de
instituciones para la formación femenina llevó a las autoridades
gubernamentales a fundar una escuela en esa localidad, ubicada al norte de la
denominada Provincia Eva Perón.
Distintas autoras han
manifestado la ambigüedad del discurso peronista respecto del rol de la mujer
ya que, si bien se otorgaron los derechos políticos, en paralelo se apeló a su
condición de madre (Bianchi, 1993; Lobato, 2007 y Di
Liscia, 2013). Varias alocuciones del propio Perón, de Eva u otros funcionarios
gubernamentales, resaltaron rol de la mujer como vigorizadora de la familia y
la nación, y remarcando que su misión está en el hogar, como esposa y madre. No
obstante, las novedades educativas para las mujeres, gestadas en el marco de la
enseñanza técnica, develaban las tensiones que generaba el trabajo femenino en
la sociedad argentina. La capacitación, cuyo objetivo era brindar oportunidades
laborales concretas a las hijas de las familias obreras, sostén político del
peronismo, sin transformar la organización de las pautas de funcionamiento del
ámbito doméstico. Sin embargo, en la práctica estas actividades generaron
posibilidades de inserción en la arena política, que ponían en jaque al sistema
social, como Gregoria Corchón, quien fue electa convencional constituyente.10
A modo de cierre
Como han planteado
Biernat y Queirolo (2018, p. 2)
las capacidades de las mujeres eran asociadas a la maternidad y el mundo
doméstico, por lo tanto muchas de ellas obtuvieron posibilidades de formación
en espacios que prolongaran esas cualidades: el magisterio, las visitadoras de
salud, la enfermería. Así, «la
condición de experta se desjerarquizó por el vínculo que se les asignó a dichas
profesiones con la naturaleza femenina». La formación integral femenina en las
escuelas profesionales de mujeres las preparaba «para la vida en familia» y las
capacitaba para «subvenir a sus necesidades en el caso de que tal situación
hubiera de llegarle, habilitándola por otra parte para constituirse en un elemento
útil al cuerpo social» (Devoto Moreno, 1946, p. 13). Según el discurso
del General Perón, la mujer argentina tenía una misión que cumplir y «una
enorme responsabilidad que afrontar, porque el mañana no nos pertenece:
pertenece a las generaciones que han de seguirnos, y esas generaciones serán
tan sabias y tan virtuosas como las mujeres argentinas sepan forjar hombres
sabios y virtuosos» (Ministerio de Educación de la Nación, 1951, p. 3). Así, su
alegato planteó como prioritario dignificar moral y materialmente a la mujer,
ya que ello equivalía a «vigorizar la familia. Vigorizar la familia es
fortalecer la Nación, puesto que ella es su propia célula» (Ministerio de
Educación de la Nación, 1951, p. 9).
En los planes de
estudio, si bien hay una formación para la inserción laboral de la mujer, se
reforzaron contenidos relacionados con su rol doméstico y se privilegió la
función de esta al interior de la familia, considerada la célula fundamental de
la sociedad. Estos espacios concebidos para la formación femenina, y habitados
exclusivamente por ellas, abrieron posibilidades de inserción laboral que no
cuestionaban el orden vigente. Al mismo tiempo, desde el hogar y por los
saberes obtenidos en torno al ámbito doméstico, adquirieron legitimidad que las
impulsó a la participación en la vida pública y política.
Tanto la escuela de Damas Patricias como la Profesional de Mujeres de Santa Rosa se encuadraron dentro de estas normativas y contribuyeron a la instrucción de las mujeres en el ámbito local. A partir de un álbum fotográfico identificamos a varias mujeres que formaron parte del plantel docente y del estudiantado en estas instituciones, otorgándoles visibilidad y recuperamos fragmentos de esas historias. De esta manera, la Escuela Profesional de Mujeres, trayecto formativo consolidado durante el peronismo, reveló una potencialidad para la participación femenina en el mundo del trabajo, más allá de su mandato fundacional de preparación de esposas y madres para el sostén y perfeccionamiento del hogar y la familia. Iniciativa enraizada en los mandatos y quehaceres, tradicionalmente concebidos como naturales para las mujeres. Sin embargo, debió aceptar las fuertes transformaciones que la sociedad argentina atravesaba. Sus docentes y estudiantes compartieron un espacio educativo que les otorgó herramientas, estrategias y posibilidades de extender sus acciones más allá de los ámbitos conocidos hacia la autonomía económica y la participación política.
Notas
1. En enero de 1908 la
Inspección de Enseñanza Secundaria y Normal aprobó el primer reglamento
específico, porque hasta ese momento se aplicaba el de las Escuelas Normales
(Rodríguez, 2024).
2. Por Decreto del 23/3/1912 en las
Escuelas Profesionales de Mujeres, dependientes del Ministerio de Justicia e
Instrucción Pública de la Nación, se autorizaron las siguientes especialidades:
Corte y Confección, Lencería, Corsés, Bordado en blanco, Bordado en fantasía y
estilo, Bordado en oro, Encajes, Sombreros, Flores y frutas artificiales,
Tejidos y telares, Pintura, dibujo y artes decorativas, Cartonado y
encuadernación, Joyería, Fotografía, Telegrafía (D’Ascanio, 2024).
3. Hacia 1934 se crearían en Capital
Federal y otros centros industriales las escuelas Técnicas de Oficios, con el propósito de
formar operarios calificados para la industria.
4.
Un análisis de la formación en estas últimas puede consultarse en Queirolo
(2014).
5.
La Pampa contaba, según el Censo General de Territorios Nacionales (1942), con
un total de 167352 habitantes; y cinco años después el IV Censo Nacional (1947) arrojó una
población de 169480 personas.
6.
Antes del surgimiento de estas escuelas hemos identificado que integrantes de
la Asociación Sarmiento dictaban clases de costura en la escuela N.º 2 de
niñas, con autorización de la Inspección Seccional (Diario Gobierno
Propio, 30/3/1933; 3/4/1933 y 12/4/1933). Los cursos de corte y
confección eran gratuitos.
7.
En el caso de la Escuela de Damas Patricias las inspectoras fueron Estanislada
P. de Saffores y Ana J. Darnet de Ferreyra (Resolución del 25 de abril y
Resolución del 20 de mayo).
8.
Las comisiones especiales dictaminaron sobre los libros de texto de Corte y
Confección. Así por ejemplo, durante el año 1941 se conformó la comisión
integrada por la Inspectora técnica de las Escuelas Profesionales Sra. Belén de
Tezanos de Oliver; la Directora de la Escuela Profesional de Mujeres N.º 1,
Sra. María Eugenia de E. de Rodríguez de la Torre y la Profesora de la Escuela
Normal de Maestras, Srta. Amalia Sánchez Cornejo. Ellas tenían la tarea de
dictaminar sobre los libros de corte y confección inscriptos en el Registro
pertinente para ser utilizados durante el mencionado año (Resolución del 11 de
agosto de 1941).
9.
Según Girbal-Blacha (1997, p. 223) la firma Godeco se instaló en Córdoba a fines
de 1945 y se convirtió en la primera fábrica de máquinas del país. Ese rubro
creció y nueve años después ya existían 10 fábricas. Muchas de esas empresas
recibieron préstamos bancarios, como ya se expresó. En el caso de las modistas,
costureras o confeccionistas particulares, también fueron ayudadas a comprar
las máquinas de coser con apoyo de créditos, ya que como plantea la autora el
precio era algo para el salario promedio de un obrero.
10. Se desempeñó como subdelegada censista en General Pico y fue convencional constituyente. Este organismo fue el primer ámbito en el que las mujeres del ex Territorio «hicieron escuchar sus voces y se mostraron a sus congéneres y a la ciudadanía general como integrantes de la nueva unidad política. Su presencia no fue irrelevante, sino que se ejerció en paridad, por lo menos en lo que puede rescatarse a través de una fuente escrita» (Di Liscia, 2013, p. 97). Además de Gregoria Corchón fueron electas otras tres mujeres: Josefa Miguel de Tubio, Susana Correché de Novich y Sara Dolores Fumagalli de Saez (Alonso, 2015).
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