Memorias vibrátiles de un pasar: una especulación
Vibrating memories of a passage: a speculation
MARCELA CECILIA MARÍN | Centro de Producción e Investigación en Artes, Facultad
de Artes, Universidad Nacional de Córdoba. Argentina
marcecimarin@gmail.com
orcid: 0000-0003-3144-9129
Pablo Paniagua | Centro de Producción e Investigación en Artes, Facultad
de Artes, Universidad Nacional de Córdoba. Argentina
orcid: 0009-0007-5726-8197
Álvaro Julián Gutierrez
Paredes | Centro de Producción e Investigación en Artes, Facultad
de Artes, Universidad Nacional de Córdoba. Argentina
juliangutierrezparedes@gmail.com
orcid: 0009-0001-4724-6863
mariana laura vargas | Centro de Producción e Investigación en Artes, Facultad
de Artes, Universidad Nacional de Córdoba. Argentina
orcid: 0009-0008-9939-4906
doi: 10.33255/26184141/1883e0033
Recepción: 2/1/2024. Aceptación: 21/5/2024. Publicación: 6/2024
Resumen
Este artículo parte de
nuestro proyecto de investigación radicado en el Centro de Producción e
Investigación en Artes (cepia) de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Córdoba,
llamado Geoafectos: grafías entrelazadas, traducciones humanas. Postulamos un trabajo cosmológico, con trazas para pensar
marcas y memorias de daños y resistencias (humanas y no humanas) ante las
pérdidas de refugios que acontecen con las desapariciones forzadas de montañas, como efecto del avance
de la megaminería de canteras. Ensayamos una especulación vibrátil compostando
imágenes y sonidos que recolectamos en Casa Bamba y en la Reserva Bamba, durante 2023.
Palabras claves: megaminería, resistencia, vibrátil
Abstract
This article is part of our research project
based at the Centro de Producción e Investigación en Artes (cepia) of the Facultad de
Artes of the Universidad Nacional de Córdoba, called Geoafectos: grafías entrelazadas, traducciones humanas.We postulate a
cosmological work with traces to think marks and memories of damages and resistances
(human and non-human) before the loss of refuges that happen with the forced
disappearance of mountains, due to the advance of the quarrying mega-mining. We
rehearse a vibratile speculation by composing images and sounds that we
collected in Casa Bamba and in the Reserva Bamba, during 2023.
Keywords: Megamining, Resistance, Vibratile
1. Introducción
En el contexto actual de crisis ecológica a escala
planetaria, se establecen debates en torno a ciertas narrativas especulativas
de finales y resurgimientos posibles. El nombre Antropoceno (Svampa, Viale,
2020) y una constelación abierta de otros nombres y posibilidades críticas a
este concepto tales como Capitaloceno, Plantacionoceno, Chthuluceno (Haraway,
2019), Faloceno, Antropobsceno (Parika, 2021), Tecnoceno (Costa, 2021)
Terricidio (Millán, 20201), entre otros, forman parte de estas narrativas e
imaginaciones. Retomando a Tsing, Haraway postula como punto de inflexión y
pasaje entre el Holoceno y el Antropoceno, la perdida de refugios (Haraway,
2019). Nuestro trabajo sostiene que la dinamitación de las montañas puede
ingresar como parte de los refugios que se vienen perdiendo. Situamos nuestro
planteo en la problemática eco-socio-ambiental provocada por el extractivismo
minero en Córdoba,«megaminería de canteras1» (Deón, 2021, 186), pese
a que la provincia cuenta, desde 2008, con una ley prohibitiva (Ley 9526) de la
megaminería aurífera y uranífera.
El extractivismo ha sido caracterizado (Véase Svampa,
Antonelli, 2009; Gudynas, 2009; Machado Aráoz, 2014), como un modelo de
«acumulación por desposesión» (Harvey, 2004). Se trata, en primer lugar, de un
patrón de acumulación basado en la sobreexplotación de bienes comunes, en gran
medida no renovables, y en el avance de fronteras extractivas hacia territorios
considerados improductivos. En segundo lugar, se caracteriza por la exportación
de bienes primarios a gran escala, entre ellos, metales y minerales (cobre,
oro, plata, estaño, bauxita, zinc, litio, etc.). En tercer lugar, cabe
mencionar la escala de los emprendimientos y la magnitud de las inversiones
transnacionales (Estado, empresas, Think Tanks). En cuarto lugar, se
caracteriza por la afectación del territorio que combina dinámicas de enclave
con dinámicas de desplazamiento de otras
formas de producción y expulsión de pueblos/comunidades (no solo humanas)
(Svampa 2015, 21-22) Según Svampa, el extractivismo se inserta en un contexto
de cambio de época dado por el pasaje (rupturas y continuidades) «del Consenso
de Washington [cw] al Consenso de los Commodities [cc]» (Svampa, 2017, pp. 55-60) Este pasaje puede
pensarse en términos de«una profundización en la dinámica de desposesión o
despojo de tierras, recursos y territorios» (Svampa 2015, p. 22).
Singularmente, el extractivismo megaminero se sostiene a
partir de la disponibilidad de cuerpos, humanos y no humanos, materialidad
in-orgánica, geológica (subterránea, terrestre, aérea, espacial) devenida
exceso y resto: formaciones arqui-tectónicas que transportan narrativas. La
dureza y duración mineral atraviesan intereses económicos, políticos,
académicos. Dado que nuestro estado-nación (moderno-colonial) conserva en su nombre
trazas de memorias minerales, geológicas (argentum),
lo geológico no puede escindirse de la política territorial. Si consideramos, a
su vez, que la estética no puede pensarse por fuera de su vínculo con la
política, entonces lo geopolítico debe entramarse con indagaciones geosóficas
(Parikka, 2021).
A modo de preguntas que interpelan cierto«horizonte de
expectativas» (Koselleck, 1993) compartimos algunos interrogantes que
atraviesan y movilizan este trayecto: ¿Qué alternativas podemos imaginar frente
a políticas antropocentradas, patriarcales y capitalistas que, como parte de un
modelo de explotación y despojo ecocida, afectan a las montañas? ¿Desde qué
saberes y producciones científico-estéticas podemos establecer formas situadas
de resistencia entre agencias humanas y no humanas en el contexto de este
extractivismo minero? Desde
una perspectiva transdisciplinaria pretendemos rastrear, a través de diferentes
prácticas de trabajo situadas, colaborativas e indisciplinadas historias que podemos contar con las montañas
afectadas, a partir de caminatas en territorio, registros sonoros y ensayos de
una fábula especulativa situada, imaginando formas
de resistencias humanas y no humanas.
Frente a cierto reparto de lo sensible que piensa,
organiza, distribuye el mundo entre«materia sorda» y «vida vibrante», entre lo
orgánico y lo inorgánico, este trabajo considera las nociones de «cuerpo
vibrátil» según la cual un cuerpo considerado como un todo tiene «poder de vibración
de las fuerzas del mundo» (Rolnik, s/d, 4) y de vitalidad material, como
apuesta teórico-metodológica se aparta de postulados antropocéntricos y
biocéntricos (Bennett, 2022, p. 144). En este sentido, proponemos ensayar
fabulaciones como un écart estético-afectivo de y entre actantes/agencias heterogénexs
(Bennett, 2022) (Bardet, 2012) a partir de un trabajo en territorio con trazas
(Vinciguerra, 2021). Trazabilidad entendida en tanto potencia de afectar y ser
afectado de un cuerpo, humano, no humano; orgánico, inorgánico: geoafectos.
Tal ensamblaje geoafectivo implica no considerar la
piedra como un dispositivo auxiliar en una narración sino establecer alianzas
de colaboración con agencias líticas, enredos lítico-humanos que arrojan apenas
figuras precarias, en permanente metamorfosis, que vienen transportando materias
y metáforas. La piedra acumula, contiene, transmite. Es un dispositivo de
transporte que es, a la vez, lingüístico, cósico y agencial. Lo lítico puede
pensarse como relativo a una entidad específica, de un tiempo determinado,
distribuido en determinadas unidades cronoestratigráficas y, a la vez -y sin
embargo-, como materialidad de un tiempo fuera de la memoria que empuja la
historia hacia extensiones que exceden el marco humano (Cohen, 2015).
Postulamos un trabajo cosmológico con trazas
(Vinciguerra, 2021), vestigios, señales (Nancy, 2008, 2020), rastros (Despret
en Morizot, 2020) para pensar marcas (Despret, 2022) y memorias de daños y
resistencias (humanas y no humanas) ante las pérdidas de refugios que acontecen
con las desapariciones forzadas de montañas. Agentes humanos y no humanos
pueden coreografiar ensamblajes situados. Entidades cosmológicas desarreglan
repartos perceptivos antropocentrados para dar lugar a otras escalas de sentido
y sensibilidad cósmicas. Postulamos la fabulación como una performatividad
ecológica situada, desplegada en diferentes signos, soportes, registros, que
vuelve presentes una red enmarañada de materias, cuerpos, afectos humanos y no
humanos, orgánicos e inorgánicos. Como apertura estético-afectiva, esta
experiencia (nos) expone (cual testigxs modestxs) a escalas, duraciones,
latencias no solo humanas. ¿Podemos pensar la práctica de fabulación desde la
performatividad de lenguajes no solo humanos?
Desde una imaginación colectiva más allá de la humana, proponemos,
como política escrituraria cosmográfica2 (Vinciguerra,
2021), ensayar una especulación vibrátil a partir de un compostaje de imágenes y sonidos -de los pies en el suelo,
de las máquinas trabajando, de las detonaciones, de las piedras, del río Suquía
a la altura de Casa Bamba, del color de algunas flores al comenzar la primavera
en el Boque Chaqueño Serrano- que montamos con la vibrancia de los restos de un
pasaje.
Como parte de nuestro work in progress, compartimos
registros en diferentes soportes de la experiencia de trabajo en territorio
vinculado a la problemática en torno a la construcción de nuevas canteras
(Deón, 2021). Puesto que parte de nuestro trabajo de investigación artística
consiste en caminar con integrantes de asambleas y referentes de luchas
socioterritoriales en estas sierras y montañas afectadas, como manera singular
de sentir y pensar/pesar esos suelos expuestos a diferentes problemáticas
socioambientales, registramos, en cada caminata, con palabras, imágenes y sonidos
(registrados también con cámaras fotográficas, celulares, grabadores y
micrófonos piezoeléctricos), ciertas marcas ecológicas de la actividad humana y
no humana. Por ello,compartimos fragmentos de un archivo visual y sonoro
disponible a partir de tal experiencia sensible de escucha y registro
colaborativo en territorio realizado en Casa Bamba (junio 2023) y en la Reserva
Natural y Recreativa Bamba (septiembre 2023), zonas próximas a La Calera.
2. Contextualización
de la problemática
La Calera es una ciudad ubicada en el departamento de
Colón (provincia de Córdoba) que lleva en su nombre esta memoria mineral ya que
su principal actividad ha sido la extracción de cal y rocas para construcción.
Inclusive, las historias de la capital cordobesa y esta ciudad aledaña se entrelazan
líticamente de manera que La Cañada y gran parte de las calles de Córdoba han
sido construidas con estas mismas piedras.
Pero, si siempre ha sido una ciudad de cal, ¿por qué
avanza la resistencia contra las mineras? Sin pretensión de exhaustividad,
mencionamos, entre las múltiples causas que podrían explicar el sostenimiento y
profundización de esta resistencia desde fines del siglo xix
(Deón, 2021), dos razones, de diferente temporalidad. De una parte, el cambio
de escala en esta minería que acontece desde, aproximadamente, la década de
1980, con «el boom extractivista de las sierras pampeanas» (Deón, Díaz, 2020,
43) expresado en el crecimiento exponencial de exploración y explotación de
minería no metalífera también en las Sierras Chicas, el acaparamiento de
tierras por parte de empresas nacionales y transnacionales, la introducción de
otras maquinarias y tecnologías, la articulación con la especulación
inmobiliaria, el turismo minero, escombreras convertidas en viñedos y
vinculaciones con el agronegocio (producción de harinas minerales para la
fertilización de suelos). La creciente explotación llevada a cabo por empresas tales como Canteras Dumesnil, Cantera
Terra, Grupo Serrano, Cantesur, Canteras Diquecito y Mogote Cortado se hizo visible, también, en el aumento de montañas perforadas (Deón,
Díaz, 2020).
Imagen 1.
Canteras

Nota. Elaboración
colectiva, 2023
En efecto, el aumento de la cantidad de montañas
cortadas, ahuecadas, generó mayor descontento entre lxs habitantes a la vez que
también ratificó la performatividad material del extractivismo de canteras en
cada fragmento de sierra ausentada. Las montañas que fueron afectadas por esta
actividad conservan en sus formas trazas de tal afectación. Sumada a la lucha y
resistencia ancestral y comunitaria que mantienen comunidades que pueblan estas
zonas y las resistencias contra la megaminería aurífera y uranífera;
recientemente, habitantes de estos barrios cerrados, que han sido construidos
sobre el o con vistas al cráter, han decidido acompañar protestas ya que perciben
cómo esta actividad también afecta su calidad de vida.
Según el Informe
preliminar interdisciplinario Casa Bamba (2022) el
aire, el agua, los suelos, vestigios arqueológicos han resultado enormemente afectados por la actividad minera. En los barrios
más cercanos a las canteras se puede observar polvillo en el aire. Los ríos
están profundamente contaminados, han cambiado su coloración y se encuentran
secos. Durante los días de lluvia inclusive se tornan negros por el hollín arrastrado
producto de los incendios. A su vez, el paisaje de la ciudad se ha tornado en
un mogote quemado, se ha reducido la flora y varias especies de animales e
insectos han migrado.
Imagen 2.
Polvillo de canteras. Reserva Bamba

Nota. Registro colectivo,
2023.
Un recorrido a través de Villa el Diquecito nos muestra
cómo, por un lado, existe una gran abundancia de flora que inclusive se ha ido
incrementando por las migraciones de aves que traen consigo especies exóticas
(por ejemplo, el siempre verde). Pero, por otro lado, se pueden observar
paredones de piedra expuesta a causa de la dinamitación ocurrida hace más de
100 años. Recientemente, entre sus grietas, han comenzado a aparecer pequeñas
plantas aisladas y, según nos cuentan Marilina y Gustavo, faltarían
cuatrocientos años más, siempre y cuando no se intervenga otra vez, para que
alguna de estas montañas vuelva a recomponerse, al menos parcialmente. (Sonido
textura de roca expuesta recolectado con micrófono piezoeléctrico: https://drive.google.com/file/d/1nKm3Y8t1bJ653_mk23roz_aA9RGehHSx/view?usp=sharing)
Imagen 3.
Paredón de roca expuesta

Nota. Registro
colectivo, Reserva Bamba, septiembre 2023.
3. Pasajes que
huellan la tierra que tocan: caminares en Casa Bamba y la Reserva Bamba
Agradecemos estos caminares a Sonia, Milton, Marilina, Gustavo y Camila
Como
parte de una especulación vibrátil que proponemos, nuestra propuesta considera
cierto ensamblaje afectivo que se despliega entre el suelo y el pie (Horne,
2022), a partir nuestros caminares situados a la escucha de conflictos socioambientales.
Esta escritura recoge dos experiencias, dos caminares entre varixs que viene
tejiendo «un continuum heterogéneo» (Bardet, 2012, p. 81). Un caminar en Casa
Bamba (Córdoba, junio de 2023), al margen del río, bord(e)ando la empresa
minera Mogote Cortado, en el gesto de horadar desde dentro el límite que la
empresa marcó cuando decidió prohibir el camino vecinal que permite el ingreso
a Casa Bamba. Otro caminar en la Reserva Natural y Recreativa Bamba (Córdoba,
septiembre de 2023), atravesando el bosque Chaqueño Serrano, en el gesto de
sentir la afectación que percibe el monte con la explotaciones mineras.
El
contacto entre la planta de los pies y la Tierra despliega una atención
sensible a la gravedad, abierta, expansiva, que se amplifica en el intervalo de
cada paso (Bardet, 2012). Caminar viene siendo nuestro modo singular de trazar
un gesto3 (modo de relación) sensible con el
suelo. Una «ecología de los gestos» nos
permite escapar por una hendidura «del foco extractivista que considera
conjuntamente al cuerpo como un objeto de propiedad y a la tierra como objeto
de recursos» (Bardet, 2019, p. 97) y abrir la trama que se cultiva desde, entre, con gestos
no solo humanos, sino«de la biosfera toda» (Bardet, 2019, p. 108). Recorrer a
pie la reserva Bamba en septiembre fue entrar al tiempo del aroma de los
garabatos en flor, del canto de algunas aves e insectos de la zona, del sonido
de la brisa atravesando los primeros brotes de los árboles y arbustos nativos.
Caminar «trama la tierra con la duración» (Bardet, 2012, p. 82). Tocar y
escuchar con los pies la Reserva Bamba significó estar inmersos en un espacio
acústico y, por momentos, formar parte de esta composición vibrante y
envolvente que percibía y atravesaba nuestros cuerpos. Caminar «es una escucha
al mismo tiempo que un gesto, del suelo y de la tierra. Caminar para escuchar
los relieves, los conflictos y las direcciones que se actualizan» (Bardet,
2012, p. 81). Caminamos des-plegando una escucha sensible, creando«modos de
atención» desde los pies (Despret, 2022). El «pe(n)sar de la caminata» (Rivera
Cusicaqui, 2018, p. 121) (Bardet, 2012) que introduce Rivera Cusicanqui parte
de otro modo de pensar que viene desde la cosmovisión aymara:
El amuyt´aña [es] un
modo de pensar que no reside en la cabeza, sino en el chuyma,
que se suele traducir como «corazón», aunque no es tampoco eso, sino las
entrañas superiores, que incluyen al corazón, pero también a los pulmones y al
hígado, es decir a las funciones de absorción y purificación que ejerce nuestro
cuerpo en intercambio con el cosmos. Podría decirse entonces que la respiración
y el latido constituyen el ritmo de esta forma del pensar. (Rivera Cusicanqui,
2018, p. 121)
Caminar,
entonces, convoca respirar, escuchar, latir, pe(n)sar con cada una de las
agencias que componen estos territorios, con el viento, con las piedras, con la
flora, con la fauna, con la funga del lugar. Las vibraciones, dolores y movimientos
de los pies en el suelo resuenan, también, en el cuerpo través del tejido
conectivo flexible y sensorial de la fascia plantar, que forma parte del
sistema fascial (sf). Similar a una membrana, este
entramado de tejido recubre, envuelve, sostiene, suspende, protege, conecta y
divide componentes musculares, esqueléticos y viscerales de cuerpo (Véase
Pinzón Ríos, 2018). Como la fascia que se teje debajo de la piel, el micelio
forma una red de hifas por debajo o a nivel del suelo por el que pasamos que
permite, entre otras cosas, la descomposición de materia orgánica, la absorción
y reciclaje de nutrientes, la regeneración de suelos expuestos a la
contaminación e incendios, asociaciones simbióticas con las plantas (micelio
micorrízico):«La mayoría de los hongos forman intrincadas redes miceliales, engranajes
de tubos de alimentación rellenos de citoplasmas. Solos, coordinados con algas
en forma de líquenes, o con plantas en forma de micorrizas, conquistaron la
tierra y se multiplicaron» (Margulis, 2002, p. 132).
Imagen 4.
Esporocarpo
encontrado en Reserva Bamba

Nota. Registro colectivo, 2023.
Nuestra
especulación, en este punto, considera que, desde los tejidos conectivos del
pie (fascia) y los tejidos conectivos ecológicos (micelio), se entraman
ensamblajes afectivos que aperturan memorias vibrátiles.
La Sonosfera es
la envoltura sonora o sónica de la Tierra. El estrato biosférico de la Sonosfera
está irrevocablemente entretejido con el estrato tecnosférico de la Sonosfera.
Los humanos
perciben la Sonosfera según el ancho de banda y las frecuencias resonantes y
mecánicas del oído, la piel, los huesos, los meridianos, los fluidos y otros
órganos y tejidos del cuerpo, tal y como están conectados con la Tierra y sus
estratos desde el núcleo hasta los campos magnéticos, y según son transmitidos
y percibidos por la corteza auditiva y el sistema nervioso. (Todo ello con gran
variación de curso). Todas las células de la Tierra y el cuerpo vibran.
(Oliveros, 2011, p. 15)
Una escucha «ecosomática4»
(Bardet, 2019, p. 87) desde los pies como superficie táctil vibra, resuena y
abre el sentido (sensible e inteligible) a una pluralidad de sentidos (Nancy,
2015). Caminar por alguna parte del bosque chaqueño serrano nos envuelve en una
experiencia sonora inmersiva, envolvente, en la que poco de lo que hemos
sentido hemos podido entender. Desde una escucha indicial de los pies en el
suelo sentimos el desplazamiento de piedras pequeñas que cedían ante el peso de
cada cuerpo, la comodidad de pasar por enormes rocas que nos servían de soporte,
el crujir de ramas, raíces y hojas que sonaban en cada pasaje. Cada cuerpo
resultaba tocado, afectado por las vibraciones del entorno, por sonidos de
pájaros, insectos, viento, voces y relatos de quienes nos acompañaban, bicicletas
que pasaban, motores y máquinas de las empresas mineras activas, otras voces y
ladridos que estaban a mayor distancia. Sin embargo, como sostiene Pauline
Oliveros:
Los animales
escuchan profundamente. Cuando ingresas en un ambiente donde hay pájaros,
insectos u otra especie de animales, estos te escuchan de forma total. Te reciben.
Tu presencia puede significar la vida o la muerte para las criaturas de ese
ambiente. ¡La escucha es supervivencia! (Oliveros, 2019, p. 44)
Así como estos sonidos se transportaban por el aire
también lo hicieron las partículas de rocas pulverizadas que se encontraban en
suspensión debido a la actividad minera de la zona. Parte de esas partículas
ingresaron por las cavidades respiratorias y han quedado alojadas en nuestros
cuerpos. Llevamos, transportamos, restos, vestigios, trazas de ese pa(i)saje
vibrante con nosotrxs. (Registro sonoro de maquinas trabajando:
https://drive.google.com/file/d/1lVc9dKZQrYqGVuSnRJat9Yk0CpMSEcFw/view?usp=drive_link)
Imagen 5.
Polvillo de cantera

Nota. Registro
colectivo, reserva Bamba, septiembre de 2023
Caminar ha sido una
manera de entrar en contacto con estos suelos, una apertura estético afectiva,
considerada desde la vibrancia y el vestigio de un pasar. Desde el vestigio,
que considera el pie y su marca, podemos extraer dos características no
icónicas. En primer lugar, la planta del pie como lugar de paso: desde la suela
o la planta del pie como fuerza, faz, superficie -no oculta y no directamente
visible- de inscripción afectiva; extensión horizontal de tejidos que despliega
la fascia plantar. En segundo lugar, el pasaje: el paso mismo consiste en su
propio vestigio y el vestigio es el resto -lo que queda- de un paso, un pasaje,
un pasado, un paso de tiempos: «el vestigio da testimonio de un paso, una
marcha, una danza o un salto, una sucesión, un impulso, una recaída, un ir o
venir, un transire. No es una ruina, que es el resto
arrugado de una presencia, sino apenas un toque en el mismo suelo» (Nancy,
2008, p. 130).
Lo vestigial
presenta lo ido de toda venida a la presencia. De allí que «el paso ritma lo
visible con lo invisible o a la inversa». El vestigio es sensible y lo sensible
viene transportando un borramiento, una retirada del sentido que deja su marca
o su huella no como forma sino como pasaje de una desaparición. Lo sensible,
como vestigio, actúa como índice de algo que resulta inasignable. De allí que,
desde la perspectiva de Jean Luc Nancy, se trate de «no dejar que el sentido se
pose más que el pie de un transeúnte» (Nancy, 2008, p. 129).
Este movimiento que huella la tierra que toca
no solo consiste en un desplazamiento espacial sino en la variación de formas
de sensibilidad: «lo sensible moviliza las diferencias. ¿Qué es un color? ¿Y un
sonido? Instantáneamente, se trata de cien coloraciones, de cien o mil
sonoridades» (Nancy, 2020, p. 59) Lo sensible, en otros términos, especula en y
con un juego de diferencias. En este
juego, nuestra especulación remonta cierta memoria vibrátil de nuestro caminar
a partir del registro sonoro que realizamos. Con micrófonos piezoeléctricos y
amplificadores, registramos la textura del pie en el suelo en algunos momentos,
mientras pasábamos.
(Enlace a registro sonoro en Casa Bamba:
https://drive.google.com/file/d/1vcDkTHiapmSNg0xgn5kSGzRTjYErhok/view?usp=drive_link)
Si un lugar puede
considerarse el vestigio de un paso (Nancy, 2008, p. 131), paso que en su pasaje
hace figura, pasaje que no demanda sentido sino espaciamiento, un tener lugar
del sentido (Nancy, 2008, p. 129),
encontramos en este deseo de pasar, acompañadxs por Marilina y Gustavo, un
gesto para que algo pase, poner en palabras algo de lo visto, escuchado,
experienciado, registrado mientras caminábamos en medio de un espacio amenazado
como es el Bosque Chaqueño Serrano. Este bosque de signos se ha vuelto refugio
y testigo del desplazamiento forzado de plantas y árboles (Despret, 2022, p.
88), especies migrantes«exóticas» venidas de otra parte, comunidades
espectrales de otras geografías occidentales (si las pensamos como extranjeras,
reprimimos nuestra condición de primates migrantes de que también venimos de
otra parte). Desde una ética y una estética de la cohabitación (Butler, 2017)
en el monte cohabitan pueblos en plural. El bosque puede funcionar como refugio
de refugiados y como espacio de detención forzada de humanos y no humanos. Como
sostiene Didi Huberman, un espectro es un ser ancestral (2018, p. 32) «¿De
dónde vuelven? ¿De qué memoria? ¿De qué historicidad?» (2018, p. 33)
3.1 Como un canto
rodado
Como sostiene Didi Huberman, el término pasar conlleva
una doble acepción. De una parte, el gesto de un pasar, de superar un límite,
una obstáculo o una frontera. De la otra, la temporalidad de un pasaje que,
bajo la forma de espectros, regresa desde algún pasado. «Es una paradoja muy
bella, ya que el gesto de pasar o de superar indica un movimiento hacia el
futuro, mientras que su naturaleza de regreso señala, al mismo tiempo, una
memoria y un ayer» (2018, 46)
Casa Bamba forma parte de la Reserva Hídrica Natural y
Recreativa Bamba, ubicada en las Sierras Chicas cordobesas. Este paraje se
ubica 6 km al oeste del centro de la localidad de La Calera, a la vera del río
Suquía, situada 4 km abajo del paredón de embalse del Dique San Roque.
En febrero de 2019, la empresa minera Mogote Cortado -que
espera autorización provincial para construir una cantera a orillas del río
Suquía- cerró el único acceso seguro a Casa Bamba, al colocar un portón con
guardias de seguridad (que exigen la presentación de documentación para
permitir el ingreso) y cámaras de vigilancia en el camino vecinal histórico
ubicado sobre la ruta E-55. Desde ese momento, las 22 familias que habitan este
paraje desde hace más de 100 años deben recorrer a diario dos km bordeando las
vías del Tren de las Sierras para llegar a sus domicilios y han debido crear
artilugios para proveerse de suministros5 (Lacombe
et.al, 2022) y asegurar su supervivencia ante incendios forestales y crecidas
del rio efecto de la apertura de las compuertas del dique6.
Gracias a Sonia, pudimos ingresar a Casa Bamba (Córdoba,
junio de 2023), conversar con ella respecto de esta problemática y luego de
cruzar el puente, caminar por el margen del
río, bord(e)ando la empresa minera Mogote Cortado, en el gesto de horadar desde
dentro el límite que la empresa marcó cuando decidió prohibir el camino vecinal
que permite el ingreso a Casa Bamba. Antes de iniciar esta caminata a la vera
de ese tramo del rio, Sonia nos contó que, efecto de la
dinamitación de una montaña, se desprendió una roca de grandes proporciones que
rodando llegó al cauce del Suquía. Este movimiento ha afectado el caudal de la
corriente de agua y ha cobrado una presencia singular en el paraje. La
población humana que habita la zona ha tomado medidas para aceptar su
intervención y demandó la construcción de un puente para afrontar posibles
desbordes. Actualmente, la presencia de esta roca en el río es señal de
referencia y huella de la presencia de las mineras. El desplazamiento forzado
de esta roca afecta las historias que cuenta el lugar. Así como visitantes,
mientras cruzan el puente o siguiendo el curso del río, escuchan que alguien toma
la voz y narra lo ocurrido; el río que aloja esta piedra viene imaginando y ensayando
bifurcaciones en su curso. Pasar de los pies, otra vez, que huellan la
resistencia ante el portón instalado en el ingreso de Casa Bamba. Pasar del
agua, otra vez, que escribe el tiempo en la erosión de la piedra. Danza que se
trama entre la fuerza de la piedra y la corriente del agua. Contar una historia
con piedras abre una deriva retumbante de posibilidades.
Sin embargo, la piedra no es algo sobre lo que tengamos
certezas. No transporta pasivamente una historia, no es una superficie
manejable de inscripción. Lo lítico se enreda en la narración como agencia que
produce y obstaculiza, en gestos de provocación y complicidad, en narraciones escritas
sobre, con y por la piedra (Cohen, 2015). Con micrófonos piezoeléctricos,
registramos la vibrancia del agua en la piedra, la textura de algas y líquenes
que habitan la piedra, de plantas y árboles que crecen al costado del río y del
camino cerrado por la empresa.
Registro de río:
https://drive.google.com/file/d/1kv62EqP6kFNZDPNnLg_JeweICakALwSc/view?usp=sharing
Registro de musgo:
https://drive.google.com/file/d/1H4mnfFqnYfcKw9z30y99_6-WeKc9CIfL/view?usp=sharing
Imagen 6.
Piedra en el río

Nota. Río Bamba,
registro colectivo, junio de 2023.
Efectos de otros derrumbamientos, algunas rocas sueltas
que caen se van meteorizando, erosionando y pueden incorporarse en cauces de
ríos abajo. En escalas de tiempos geológicos, la roca se va puliendo y
redondeando a medida que el agua la transporta, transformándose en cantos rodados.
Estos cantos, que se mueven con el agua, cuentan en alianzas y desarreglos de
cálculos.
Dentro de las consecuencias que la «megaminería de
canteras» (Deón, 2021) genera en los cursos de agua, mencionamos la
«intervención en el régimen de aguas superficiales mediante la captación y
canalización de corrientes de agua (estas obras tienen la finalidad de proteger
a la cantera contra flujos de agua superficiales y subterráneas) [y el] aumento
de la carga de sedimentos y modificación de la composición química del agua,
pudiendo deteriorar la calidad del cauce receptor» (Laocombe et.al, 2022, 23)
de acuerdo con lo expuesto en el Informe Interdisciplinario de Casa Bamba (2022). Como sostienen J. Deón
y G. Díaz «cuencas hídricas enteras están viviendo los embates de la
explotación megaminera metalífera, productora de commodities;
o de la megaminería de canteras, sostén material del extractivismo
agroexportador y aporte del extractivismo petrolero por fracking en la
Patagonia argentina» (2021, 37).
Imagen 7.
Cantera frente al dique Mal Paso

Nota. Registro
colectivo, 2023
Las aguas que llegan al rio Suquía parten del Dique San Roque. Este dique
tiene graves problemas de contaminación que afectan la calidad de sus aguas
abajo. Presenta una
combinación de virus entéricos, afloramientos de cianobacterias y algas
verdeazuladas producto de vertidos cloacales sin tratar o con escaso
tratamiento, cenizas de incendios forestales que caen en la cuenca,
sobrepastoreo, aportes de suelo con plaguicidas y fertilizantes todo lo cual
incide en la mortandad de peces y toxicidad del agua (Véase Colauti, Agüero,
2010; Agüero, 20197) Resulta importante retomar aquí la pregunta de Bennett «¿Como
cambiarían los patrones de consumo, por ejemplo, si lo que tuviéramos al frente
no fueran desperdicios, desechos, basura y reciclado sino una acumulación cada
vez mayor de materia vibrante y potencialmente peligrosa?» (Bennett, 2022, p.
10)
Sin embargo, algo cambió de escala mientras caminábamos
por la Reserva Bamba, cuando, conversando con Gustavo, nos mencionó el problema
de la colmatación del dique.
Los diques tienen un problema que se llama colmatación.
Los sedimentos se hacen barros de metros de profundidad, ves el dique con
metros de altura, pero el fondo está cada vez más alto. Es costosísimo sacar el
barro del fondo y que vuelva a tener la misma capacidad que antes. Hubo una
empresa que se propuso a hacerlo para llevárselo como fertilizante y ahí saltó este asunto de los cuerpos. (testimonio
de Gustavo, septiembre de 2023)
Este problema que afecta al San Roque ocurre cuando grandes cantidades de sedimentos se
transforman en barro acumulado en el fondo del dique. Se genera así la ilusión
de que el dique está alto pero en realidad es el piso que se ha elevado. La
solución para que pueda recuperar su capacidad es realizar un drenaje pero el
gobierno cordobés, históricamente, se ha negado bajo argumentos económicos8. Lxs habitantes de esta zona sostienen que la decisión
de no dragarlo se anuda a cierta memoria histórica antes que a una problemática
económica ya que en el fondo del dique se encontraron restos de vehículos
utilizados por las fuerzas armadas en el periodo dictatorial9 y según testimonios, algunas personas que permanecieron
detenidas en la Casa de la Dirección General de
Hidráulica de Dique San Roque (señalizada como sitio de la memoria) fueron
arrojadas al dique y aún continúan desaparecidas10.
Según testimonios obrantes en causas judiciales
con sentencia, en el Archivo Nacional de la Memoria y el Archivo Provincial de
la Memoria, aquí permanecieron detenidos hombres y mujeres perseguidos por su militancia
política, social y sindical. En algunos casos, las personas secuestradas fueron
derivadas a centros ilegales de detención pertenecientes al circuito represivo
provincial, en otros casos, fueron asesinadas y sus cuerpos llevados en autos a
un destino desconocido o arrojados al lago San Roque. Muchas de ellas permanecen
desaparecidas (Argentina.gob.ar, 2023)
Las voces de
Gustavo y Marilina compostaron la caminata con otras capas de memoria. Memorias
que vuelven a tejer historias de conflictos socioambientales con marcas de la
última dictadura cívico-militar y eclesiástica argentina que, esta vez, habitan
entre los sedimentos del agua que sostiene la vida. En lo lítico habitan secretos que se conservan en la tierra y el agua.
3.2
Montar pilas de
restos: dos intervenciones
Luego de viajar en el Tren de las Sierras
llegamos, en junio de 2023, a la estación Casa bamba. Allí nos recibió Sonia,
una madre de familia, vendedora de alimentos en la estación de tren y referente
de la asamblea que se organiza contra la constante amenaza del avance
minero e inmobiliario en el paraje Casa Bamba.
En su relato, cuenta que la empresa Mogote
Cortado -que toma su nombre de la forma del cerro homónimo (Lacombe et al.,
2022, nota 3, p. 8)- instaló una molienda de minerales que expide un
polvillo perjudicial para la salud respiratoria de la comunidad y de los trabajadores.
La empresa pretende iniciar voladuras en estas montañas –que, según sus
pobladores conservan uranio en sus entrañas- con la intención de extraer rocas
para el negocio de la construcción. Como parte de un plan de imposición, o como
dice Sonia, de«hacer presencia», es que la empresa colocó el portón que impide
el ingreso desde la autovía al pueblo. Una de las estrategias de estas empresas
consiste en negar la existencia del pueblo, argumentando que lxs lugareñxs son
usurpadorxs a pesar de que llevan más de cien años habitando el lugar.
También intentaron cambiarle el nombre al pueblo, denominándolo con el nombre
de la empresa: Mogote Cortado, sinécdoque peligrosa que intenta sustituir un
todo por una parte.
Nos cuenta Sonia que para defender la
pertenencia a Casa Bamba tuvieron que pedir que se les reconozca como barrio (y
no ya como comuna) al gobierno nacional ya que el provincial y el municipal no
ofrecían respuesta. Recientemente, el paraje ha sido considerado por
autoridades nacionales como barrio popular, con lo cual sus habitantes podrán
acceder a derechos que nunca tuvieron. Sonia declara:«no querían que
existiéramos, no lograron sacarnos ni nos van a sacar».
Ella teje la existencia de Casa Bamba remontando
relatos que cuentan la historia y leyenda del Indio Bamba11,
quien habitó estos cerros como refugio, resistencia y trinchera.
Luego de caminar por la vera del Suquía,
mientras nos acercábamos hacia el portón desde adentro de Casa Bamba, llegamos
a un cúmulo gigantesco de restos triturados de sanitarios apilados que se
presentaba como una montaña blanca entre las montañas verdes del paisaje.
Decidimos hacer una intervención allí: Alva escaló estos restos, en el gesto de
hacernos cargo de esta materialidad que, según nos
contaron, sería pulverizada para volverse ingrediente en la elaboración de
comprimidos para la industria farmacéutica. Instalamos en su cuerpo un
micrófono piezoeléctrico para registrar contactos entre la piel y los restos
cerámicos (registro: https://drive.google.com/file/d/1ZLqZWtLT8Xi649AwZdpspDIRM6RPIeqR/view); un celular con cámara en la espalda
para proponer otra perspectiva y una tela larga muy liviana que, expuesta a la
danza con el viento, envolvía su rostro. Moverse, hacer pie y perder pie, rolar en medio de esta
pila de restos abrió la escucha a otras formas de des-composición mineral.
Imagen 8.
Pilas de restos cerámicos

Nota. Casa Bamba, junio de 2023. Registro colectivo.
En septiembre de 2023, caminamos la Reserva
Bamba y zonas mineras en Villa El Diquecito, acompañadxs por Marilina y
Gustavo. Durante estos caminares encontramos territorios ya explotados,
montañas ahuecadas abandonadas; otras, en medio del proceso de extracción. Nos
contaron que las vibraciones de las detonaciones son tan fuertes que agrietan
paredes de concreto y hacen vibrar construcciones cercanas a las zonas de
detonaciones. La caminata, otra vez, vuelve a enlazar desapariciones. Muchas de
las zonas, consideradas como parte de una reserva, resultan expuestas a
incendios forestales intencionales que buscan arrasar el bosque nativo para
favorecer, de manera legal o no, el cambio de uso de suelo, incluso de manera
regresiva, para que dejen de formar parte de una reserva y se habilite en ellos
el desarrollo de proyectos de minería y/o proyectos inmobiliarios. La Reserva
Bamba y la Reserva de la Defensa son testigos y archivos de violencias
cometidas en la última dictadura cívico-militar. En los hornos de cal próximos
a la estancia La Ochoa (propiedad de Benjamín Menéndez) en el predio de la
Reserva de La Defensa fueron encontrados restos de cuatro cuerpos desaparecidos
en al parque Sarmiento (Córdoba) en 197512.
De a momentos, mientras caminábamos, nos sentíamos vigiladxs, sentíamos miedo de estar circulando por lugares donde el poder era fáctico y perteneciente a las altas esferas de dominio político y empresarial: ¿Cómo caminar en medio de tales actividades necroexpansivas propias de una tanatopolítica extractiva moderna y colonial? Afectadxs por cierta«voluntad de desierto13» (Negruzzi, 2020a, s/n) caminábamos entre restos que el capital volvió rédito tales como una montaña volada convertida en superficie para practicar escalada o cráteres de mina convertidos en lagunas que forman parte del paisaje visual de countries (como la Laguna Azul en la Calera)14 (Deón, 2021)
Imagen 9.
Montar agregados pétreos

Nota. Reserva Bamba, 2023. Registro colectivo
El paisaje de restos y ausencias líticas expresaba una rostridad (Deleuze y Guattari, 2002, p. 178) perfilada por las tecnologías de producción y administración de la muerte: maquinarias, explosivos, cercos eléctricos, seguridad privada. Caminábamos una huella que formaba parte de esa rostrificación habitando la pregunta«¿cómo significar la perversa borradura del referente?» (Diéguez, 2021, p. 25). Cuando llegamos a la Minera Cantesur en Villa El Diquecito, decidimos hacer otra intervención clandestina. Esta vez, Alva montó pilas de agregados pétreos provenientes de rocas metamórficas trituradas (Registro sonoro de la intervención: https://drive.google.com/file/d/1OzPH6KsGGX4bllI5gQtFPtoXrhduZF6L/view?usp=sharing)
No hay una imagen propiamente de la desaparición. Hay un antes y un después. La desaparición es una imagen en falta. Necesitamos pensar la dimensión de la ausencia y el devenir performativo que esta falta genera. Pensar cómo la ausencia convoca a la búsqueda y a la imaginación para otorgar sentido a la vida. La perfomatividad de la falta genera irremediablemente la performatividad de la búsqueda (Diéguez, 2021, p. 30).
Si retomamos la pregunta que Lepecki (2016) recupera de Arendt «¿cómo movernos políticamente?» en el gesto de hender un patrón precoreografiado de circulación, caminar -como trama vibrátil de un montaje disensual- puede formar parte de una coreopolítica no solo humana de alianzas afectivo-materiales con la performatividad de restos líticos. Como un entramado de conexiones, cada montaña enreda y anima piedras y restos. Si nos atrevemos a «pensar como una montaña» (Cohen, 2015) hacemos y perdemos pie en una formación geológica que no permanece quieta. Pensar como una montaña exige un salto desde las estabilidades efímeras y acotadas de los relatos humanos hacia el vértigo geológico, por ejemplo, de los movimientos tectónicos (Cohen, 2015).
Imagen 10.
Zona de cantera.

Nota. Registro colectivo, Villa El Diquecito,
septiembre de 2023
3.3 En el límite, una flor
Mientras caminábamos con Gustavo y Marilina, escuchando
atentamente cómo el bosque nativo se organiza en estratos y la importancia de
cuidar el sotobosque, tomábamos imágenes. La vibrancia e insistencia de un
color viene cobrando presencia entre esas imágenes que recolectamos mientras
caminábamos, el amarillo de algunas flores; tal vez, por el momento de cierta
estación del año en que hicimos esta caminata (mediados de septiembre de 2023).
Amarillas resultaron, por ejemplo, entre otras flores amarillas que pueblan esta zona, las flores del espinillo (Vachellia Caven) y del guaran amarillo (Tecoma
Stans).
El espinillo blanco [«el que perfuma el monte»] es un
arbusto o árbol de 2 a 6 metros de altura, de copa rala y redondeada. Sus hojas
son caducas, alternas, amargas y musilaginosas. En las ramas, podemos encontrar
formas tortuosas presentando espinas rectas, grises o blancas que miden de
medio a 3 centímetros de largo y se disponen de a pares en los nudos. En la
corteza, que es de color castaño oscuro, observamos profundos surcos
longitudinales y oblicuos de color más rojizo. El espinillo blanco muestra sus
flores que son perfectas y completas y muy pequeñas. Ellas miden de 6 a 8
milímetros y se van agrupando en inflorescencias esféricas parecidas a pompones
de color amarillo muy perfumadas. El fruto del espinillo blanco es una vaina o
chaucha leñosa de color castaño oscuro, gruesa y de forma redondeada. En su
interior, posee un tejido esponjoso donde se alojan las semillas. La distribución
de este árbol es amplia. Se lo encuentra en El Chaco, monte espinal y
paranaense. La presencia de muchos ejemplares juntos es indicadora de
alteraciones ambientales como ser, sobrepastoreo o fuego. Tolera bien los
suelos anegadizos y el ganado dispersa eficazmente sus semillas» (Fragmento
de Los árboles de
Córdoba [video], min. 5.20-7.32,
Tantaluz Capilla del Monte, 2016)
Imagen 11.
Espinillo

Nota. Reserva Bamba, 2023. Registro colectivo
Este arbusto es polinizado por insectos
nativos tales como abejas, moscas y avispas, pero su polinizador
más frecuente es la abeja exótica apis mellifera. Se
reproduce por semillas que son dispersadas por animales tales como cabras,
vacas, guanacos (Márquez, 2017) En ecosistemas serranos, tales como el bosque
chaqueño serrano, forma bosques de sustitución en zonas afectadas por el fuego
o el sobrepastoreo. Su presencia es indicadora de alteraciones ambientales y
cuenta con potencial restauración ecológica.
Al igual que muchas Leguminosas leñosas, es capaz de
fijar nitrógeno atmosférico a partir de la asociación simbiótica con bacterias
que se desarrollan en nódulos radicales. Por lo tanto, A. caven podría realizar
un importante aporte al ciclado de nutrientes y ser un elemento clave en la
restauración de ecosistemas incendiados. (Márquez, 2017)
La última de nuestras caminatas quedó truncada. Cuando
llegamos al ingreso de la Laguna Azul un portón con una amplia cartelería y el
testimonio de otrxs visitantes nos advirtieron que no podríamos ingresar. Una
imagen, tomada al pasar, vestigio de ese paso, cobró importancia al momento de
componer con registros. Flores amarillas que se atreven a habitar el alambrado,
el limite que organiza cierta propiedad territorial. Una planta exótica de color
amarilla –guaran amarillo- puebla esta zona liminal, este espacio que, como
límite, establece otro reparto entre quienes pueden y no pasar. Nos preguntamos, entonces ¿qué es un territorio? El
color amarillo como cualidad expresiva puede permitir otros agenciamientos,
otras formas de apropiación, otros sentidos territoriales que desbordan la idea
de propiedad (Despret, 2022) de estas zonas donde pasar, cuesta.
Tecoma
Stans, guaran amarillo, ancianx amarillx, flor de trompeta amarilla, tronadora
son algunos de los nombres para este árbol o arbusto que puede alcanzar los 10
mts de altura (Gilman y Watson, 2011) Viene de Estados unidos y México. Se
extiende por la cordillera hasta el norte argentino. Es una planta exótica
dentro del bosque chaqueño serrano de Córdoba, introducida con fines
ornamentales.
Imagen 12.
Guaran amarillo

Nota. Registro colectivo, 2023.
Más
allá del uso ornamental que les humanes hacen de este árbol, la forma
tubular-campanulada de sus flores ofrece refugio y alimento para hongos,
moluscos e insectos y, además, espacio de anidación y descanso para diferentes
insectos y aves tales como arañas, hormigas, abejas, avispas, abejorros y
colibríes, de acuerdo con la bibliografía proveniente en otras geografías donde
ha sido estudiado (Zea-Rosario, H; Cano Santana, Z. 2023). Dentro de las abejas que
recogen néctar de esta flor también ha podido encontrarse la presencia de apis mellifera (Silva et al., 2007, 335). El color de sus
flores se vincula con habilidades adaptativas y afecta la cantidad de
polinizadores que pueden visitar esta flor (Narváez, 2009) ya que el color
amarillo es un color muy demandado por insectos y aves polinizadoras (Gavini y Farji- Brener; 2015). Sus semillas, como los sonidos, polvos y
gases de las detonaciones, viajan, se dispersan, con el viento.
La
fragancia de sus flores, el color amarillo vibrante y la forma de esta flor
producen señales de atracción y atención que invita a la visita de animales.
¿Cómo afectan esta línea de árboles «ornamentales» este espacio restringido?
¿Qué puede contar(nos) esta marca amarilla que habita y se cuela entremedio del
alambrado, desarreglando la distribución lineal asignada? Allí donde el
alambrado aparta, la flor es un «atractor cósmico» que hace venir el mundo
hacia ella. «Gracias a las flores, la vida
vegetal se vuelve el lugar de una explosión inédita de colores». La forma de la
flor es un laboratorio, un «espacio de mixtura de lo desigual» (Coccia, 2017,
p. 100).
La
presencia y la importancia biológica y ecológica de las flores vuelven
imposible todo discurso que limite la función cósmica de las plantas a una
simple cuestión de producción de energía o de transformación de energía en
masa. La elección evolutiva de la vía floral es la elección por el primado de
las formas y sus variaciones sobre todo el resto. La cosmología es siempre una
cosmética y ella no puede constituirse más que a través de una pluralidad de
formas: el equilibrio y los flujos de energía no son suficientes para
constituir un cosmos. La mixtura –de la que el sexo es quizá la forma más
universal para el viviente- es siempre una fuerza de multiplicación y de
variación de formas y no un mecanismo para su reducción. (Coccia, 2017, p.
101).
Allí,
donde el cartel dice «prohibido pasar», este arbusto con sus flores amarillas
atrae la atención de otros seres, pasa, va y viene, por el espacio que se abre
entre los palos y alambres que cercan la propiedad. Si el color es materia de expresión e
impresión, si puede hacer cuerpo con el espacio, ¿cómo afecta la
territorialización de esta flor amarilla este espacio cercado? ¿Qué otras
maneras de habitar fabrica esta señal visible, temporal, afectiva?
Siguiendo a Despret (2022), un territorio compone una
partitura, tomado las dos acepciones del término, como composición polifónica
escrita (trazada, dibujada) y como
reparto y/o división del espacio. Esta doble dimensión del habitar es, a la vez
e indisociablemente, expresiva y geopolítica (según Morizot, geopolítica es la
figura que resulta de la ecología de las comunidades vivientes).
Podemos pensar el territorio como escrituras
geo-po-líticas que exponen, en su hacerse, formas expresivas de composición y
división, que des-hacen múltiples agenciamientos y ponen en práctica otras re y
desterritorializaciones.
Imagen
13.
Guaran
amarillo en el portón

Nota. Registro colectivo, 2023.
Imagen
14.
Guaran
amarillo en el portón

Nota. Registro colectivo, 2023.
Si
bien amarillas resultaron estas flores que habitan alambrado o las flores del
espinillo que habitan los espacios expuestos
al fuego, no percibimos el mismo amarillo en todas ellas, como tampoco lo hace
la visión cromática de las abejas, que acostumbran visitar estas flores en
busca de néctar y polen. En esta búsqueda, las abejas despliegan el lenguaje de
la danza que, como medio de expresión y comunicación vibrátil con las otras
abejas15, permite conseguir alimento.
Esta
danza, en su expresión, cuenta. En su diseño, cuenta la distancia de la colmena
respecto de la fuente de alimento. Si la distancia es menor a 100 mts. la abeja
pecorera despliega movimientos circulares que se corresponden con la danza
circular. Si es mayor, la abeja despliega movimientos en semicírculos y
recorridos más o menos rectos en una danza en forma de 8, llamada danza del
coleteo16. Se trata, entonces, de «dos expresiones
distintas en el lenguaje de las abejas, que sirven para designar un lugar de
botín cercano y otro lejano, en el sentido que los habitantes de la colmena
pueden dar a estos conceptos» (Von Frisch, 1984, p. 169). En la danza, la velocidad
cuenta. A mayor distancia del alimento, se reduce la velocidad de la danza. La
intensidad y duración de los movimientos cuentan la abundancia relativa del
alimento. La danza cuenta también a través de la producción de sonidos que
realiza la abeja danzante cuando hace vibrar sus alas en el plano
dorso-ventral. Las vibraciones viajan por el aire y son percibidas por las
antenas (gracias al órgano de Johnston) de sus compañeras situadas a muy corta
distancia de la abeja danzante (Padilla Álvarez et al., 2007, 20) En su danza y
viaje, las abejas transportan, impregnado en su cuerpo el olor de la flor,
alojado en su estómago el néctar aromático y acarreando el polen recolectado
para el viaje en sus cestos de polen. Es una danza cósmica ya que, como lo explica
Von Frisch, para compartir la ubicación del botín se valen de la posición del
sol y de la fuerza de gravedad (1984, 174-175). Nos preguntamos, entonces,
¿cómo se afectan las vibraciones de detonaciones y voladuras y las vibraciones
de una danza, humana y no humana? (Véase Kohn, 2021)
4. Ensayando una especulación vibrátil
En estas páginas hemos propuesto un posible ensayo,
precario, vital, de intentar en cada caminar con otrxs en el gesto de «narrar
el rastreo» (Despret en Morizot, 2020) de huellas, trazas, vestigios como
signos que nos interpelan a pensar e imaginar también en enredos líticos. El
rastreo, como práctica geo-po-lítica, como «arte de ver lo invisible» nos exige
tocar con la escritura aquello que desborda la escritura.
Si el crujir y rugir de la Tierra nos permite, como
propone Haraway, inscribir nuestro tiempo en el Fonoceno, postulamos este
caminar situado como una vibrancia polinizadora que; como danza especulativa
humana y no humana, orgánica e inorgánica, multiplique y aperture la
imaginación y la invención de otros territorios y otras formas de cohabitar; y,
como montaje disensual, desarregle marcos perceptuales-semióticos-cinéticos
antropocentrados y contribuya a la recomposición cosmológica parcial de
refugios.
Al momento de escritura de este trabajo nos encontramos
componiendo un espectrograma con las vibraciones registradas en estos
caminares.
Agradecimientos:
A Gilda collo, Joaquín Deón, Paula Vaamonde, Sonia, Milton, Marilina, Gustavo y Camila.
Notas
1. Se trata de una «nueva dimensión de la explotación,
que en muchos casos ya no es de baja escala (…). Sino que se realiza bajo
enormes manejos de explosivos, maquinarias, sistemas de transporte (trenes,
bitrenes, enormes flotas de camiones doble acoplado) uso de explosivos de alto
poder de voladura para la minería a cielo abierto metalífera y no metalífera .
Además es enorme el consumo de agua (mayor a los 100.000 litros diarios), dado
que es cada vez más riesgosa para la salud y vida las altísimas emisiones de
particulado mineral que contaminan áreas urbanas próximas y que llevan al uso
creciente de agua para el riego de todo el proceso productivo y de transporte.
Cada vez se operativizan más largas extensiones de cintas transportadoras, con
enormes consumos eléctricos en grandes terminales de molienda. A su vez es
creciente la organización empresarial para el acaparamiento de tierras, la
venta de acciones empresariales a transnacionales y la concreción de proyectos
comunes como el de remineralizar la región pampeana o el abastecer a yacimientos
petrolíferos (Vaca Muerta por ejemplo) (Deón 2021, 186).
2. «La trazabilidad constituye lo que podría llamarse una
escritura anterior. Con ello se quiere indicar una escritura cósmica liberada
de todo prejuicio de tipo teológico, una escritura totalmente natural,
inmanente al hacerse de las cosas, concebida sin comienzo ni final, sin autor
ni sujeto» (Vinciguerra, 2021, p. 73).
3. «Los gestos son relaciones entre materia, energía,
espiritualidad, técnica, instituciones, modos de pensar, relaciones sociales,
dinero, modos de organización políticas, sexualidades, y un largo etcétera»
(Bardet, 2019, p. 96)
4. «[Una] perspectiva ecosomática remite a una propuesta
de contramodelo de cuerpo que apunte a dar cuenta de los vínculos entre
medioambiente,«cuerpo» y«mente», modelizado tanto a partir del campo de la
ecología científica como de las necesidades medioambientales. Remite a la necesidad
de percibirse en reciprocidad dinámica y continua con el medio, visto a su vez
como ecosistema, es decir, como un
ámbito en el que se comparte un común cotidiano con otros seres vivientes. No
buscamos así construir una nueva doctrina, sino enunciar una situación
singular, desde la cual practicantes, artistas, investigadores, activistas y
estudiantes piensan, sienten y actúan. Hablar de ecosomática hoy es
interrogarse por los alcances políticos de las prácticas somáticas, por las
relaciones entre humanos y no-humanos que estas son capaces de inventar y por
las estrategias de resistencia a las hiperlógicas mercantiles y financieras
basadas en el extractivismo y la explotación de los recursos limitados del
planeta» (Marie Bardet, Joanne Clavel, Isabelle Ginot, en Bardet, 2019, p. 87).
5. Véase
informe«Aislados: no pueden llegar a sus viviendas en Casa bamba»
Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=9afFIS-a0vs
6. Véase: https://latinta.com.ar/2020/08/25/casa-bamba-fuego-minera-entrada/
7. Colautti, F; Agüero, F. (2010). No se sabe cuánta agua
tiene el San Roque. La
voz del interior.
Agüero, F. (2019). El estado del agua en el dique San
Roque es crítico. La voz del interior.
8. Véase: https://www.lavoz.com.ar/aguas-cordobesas/no-se-sabe-cuanta-agua-tiene-el-san-roque/
Nota editorial. (2014). Con cemento en los pies. Página 12.
https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/259445-70379-2014-11-09.html.
11. Para ampliar
el testimonio de Sonia véase Guido Negruzzi (2020b).
12. Véase: https://apm.gov.ar/lp/lila-luis-ricardo-y-alfredo-postales-de-memoria
13. Negruzzi la define como«un tipo de violencia instrumental, donde
el solo hecho de pretender un espacio como propiedad privada, habilita y
legitima la explotación y destrucción de la tierra, así como niega la humanidad
de los cuerpos que quedan dentro, haciendo uso y abuso de ellos como si fueran
parte de una conquista».
14. Un ejemplo es
el de la Laguna Azul, ubicada a 17 km de la Ciudad de Córdoba, que, actualmente,
es parte de las vistas que ofrece el country La Deseada. Lo que hoy es un es
una laguna antes fue una cantera, y es
parte de la vista del country La Deseada (véase: https://www.laizquierdadiario.com/Con-desmonte-incluido-autorizan-el-emprendimiento-La-Deseada-el-mayor-country-de-Cordoba) En otros casos, por ejemplo, las escombreras han sido convertidas en
terrazas de cultivo vitivinícola (véase: https://almaminera.com/un-proyecto/)
15. «Las abejas que atienden a la danza se comunican con la
abeja danzante mediante vibraciones que se transmiten por el cuadro en el que
se está desarrollando la danza. Estas vibraciones son recogidas por unas
estructuras sensibles localizadas en las patas. ¿Cómo se producen estas
vibraciones? De una forma muy simple, las abejas presionan su tórax contra el
cuadro a la vez que hacen vibrar los músculos del vuelo. Cuando la abeja danzante
percibe estas señales deja de«bailar» y reparte pequeñas dosis de comida a sus
compañeras» (Padilla Álvarez et al., 2007, 21)
16. «En ellas las abejas describen un semicírculo estrecho;
cambian bruscamente de dirección y marchan en línea recta al punto de origen;
describen otro semicírculo al lado opuesto del anterior, hasta cerrar el
círculo completo, para volver a marchar en línea recta, repitiendo esto durante
algunos minutos, sobre el mismo lugar; medio circulo a la derecha, marcha en
línea recta, medio circulo a la izquierda, marcha en línea recta, y así
sucesivamente. Pero lo que distingue por completo esta danza de la circular es
que, mientras se realiza, se acompaña de un rápido movimiento vibratorio de
abdomen, a uno y otro lado, durante el tiempo en que se efectúa la marcha en
línea recta, desde el fin de un semicírculo al punto inicial del siguiente»
(Von Frisch, p. 166)
Referencias bibliográficas
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la Casa de la Dirección General de Hidráulica de Dique San Roque como sitio de
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