Natalia Aruguete: «Una de las manifestaciones de la fragmentación social es que estamos viendo mundos muy distintos»
Franco David Hessling
Herrera | Consejo Nacional de Investigaciones
Científicas y Técnicas, Instituto de Investigaciones en Energía No Convencional,
Universidad de San Andrés. Argentina
hesslingherrerafranco@hum.unsa.edu.ar
orcid: 0000-0002-9921-7482
doi: 10.33255/26184141/1851
Fecha de recepción: 5/12/23. Fecha de aceptación: 21/12/23. Fecha de publicación:
El año 2023 concluyó para Argentina con un cambio en las
autoridades de gobierno de la Casa Rosada. Con el mismo
raudo recorrido que coronó a Jair Bolsonaro en Brasil, quien seis meses
antes de los comicios de 2018 no superaba el 20 % de intención de votos, Javier
Gerardo Milei empezó el año como un elemento disruptivo pero poco gravitante de
la política nacional y lo terminó sentado en el sillón de Rivadavia tras una
contundente victoria electoral con un holgado margen de más de diez puntos.
¿Cuánto tiene que ver, en la irrupción de esa clase de
fenómenos políticos, el nuevo escenario convergente y multimediático, analógico
y digital, de producción, circulación y atribución de valores y sentidos
sociales? ¿La sociedad actual crea consensos y estrategias de participación
colectivas allende las redes sociales y los entornos inmediatamente
próximos?
Natalia Aruguete está entre las principales referencias
teóricas nacionales sobre estudios de comunicación política. Junto a Ernesto
Calvo ha publicado en 2020 el título Fakenews, trolls y
otros encantos. Cómo funcionan (para bien y para
mal) las redes sociales, y recientemente, junto a Ernesto Calvo, ha
lanzado el libro Nosotros contra ellos. Cómo trabajan las
redes para confirmar nuestras creencias y rechazar las de los otros.
Tras el resultado electoral del balotaje argentino y en
medio de un sinfín de replanteos que la propia autora reconoció estar
experimentando, se atrevió a caracterizar el momento actual con definiciones
tan precisas como «hasta ahora hubo un gran concepto que nos amparaba pero que
se fue vaciando de contenido, que es la noción de democracia. En este momento,
por ejemplo, la idea de democracia interpela a muy pocos». Asimismo, se refirió
al actual «ecosistema mediático-digital», a las estrategias de co-construcción
de sentidos colectivos como resistencia a la tendencia imperante de
segmentación y fragmentación.
—Trabajaste
sobre la construcción de agendas múltiples, las teorías sobre el periodismo de
la literatura norteamericana, las teorías del frame
y también analizaste, junto a Ernesto Calvo, las dinámicas de polarización,
activación en cascada y atención selectiva en las redes sociales, ¿qué ámbitos
opinás que son determinantes en la construcción de agendas de la sociedad
argentina actual?
—Pienso que el ámbito es convergente y pienso en la
definición del ecosistema mediático-digital como un ámbito donde todas estas
plataformas y escenarios contribuyen de manera complementaria y mancomunada no
solamente a construir una agenda o a co-construir una agenda de preocupaciones
sino también a crear una subjetividad. Porque la definición de agenda es eso,
cuáles son las principales preocupaciones a las que se les presta atención.
Cuando lo estudiábamos en ámbitos distinguidos nos preguntábamos, por ejemplo,
cuáles son las principales preocupaciones para tales medios o para tales
sectores de la sociedad, o para tales gobiernos. Son disecciones que se van
haciendo para hacer distinciones que son solo analíticas, porque lo cierto es
que en realidad una agenda debe ser pensada de una manera más integral y
comprensiva, porque a veces se acopla y a veces se desacopla con ciertos
ámbitos.
Pienso que en este momento para pensar y construir esta
agenda hay que modificar la distinción que hacíamos de esos ámbitos, porque ya
no es ahora que todos los medios se analizan juntos o que toda la opinión
pública se analiza junta. Primero, porque tenés muchísima segmentación en
términos de las preocupaciones que hay en una sociedad, por ejemplo, vos ves
los resultados electorales y los que componen una decisión de voto son grupos
muy heterogéneos que además tienen agendas muy distintas.
Entonces, me parece que hay que hacer dos cosas al mismo
tiempo: pensar y analizar todo esto como un todo segmentado. Uno no puede
decir:« Me parece que la agenda de los medios va por acá y la agenda de las
redes va por allá». Todos esos ámbitos contribuyen a la construcción, pero de
manera segmentada porque quienes habitan las redes y eventualmente llegan a los
medios a través de las redes son solo un sector de la sociedad que tiene una
forma de consumo de contenido determinada, con esa forma de contenidos
determinada, que incluye algún tipo de información mediática o no. Pero hay
otros sectores que tienen otra forma de consumo de contenidos acorde con otras
preocupaciones. Entonces, ese consumo de contenido, o esa interacción con los
contenidos, o la forma en la que los contenidos nos interpelan también tiene
otras estéticas. Por eso, cuándo la gente se pregunta cómo se hace una campaña
comunicacional en este ecosistema, bueno, lo primero que tengo que hacer es
segmentar y pensar una determinada forma de interpelación para cada plataforma
y cada medio, tradicional o digital. Todo eso, insisto, de manera integral pero
segmentado.
—Tomando
esto que decís de la segmentación y la integración, la teoría clásica de la
agenda setting
se complementó y actualizó con nociones como la agenda cutting
y la agenda surfing
y, más cerca en el tiempo, la agenda building.
Esta última como respuesta a las dinámicas actuales de los ciber-usuarios que
consumen y al mismo tiempo producen y reproducen sentidos en el universo de
relaciones de las redes sociales. ¿Hace falta una nueva noción para explicar en
particular las comunidades virtuales?
—Es difícil pensar en una única línea teórica que explique
todo eso. Si pensamos en la definición más local de agenda building
es «construcción de agenda», eso es lo que significa «agenda building». Es un término adecuado, pero también es un
término que puede incluir muchas cosas. La idea de agenda building
fue tomada por muchos investigadores y cada uno de esos investigadores fue,
fuimos, agregándole a esa idea distintas conceptualizaciones.
Algo que a mí me parece adecuado de la idea de agenda building es que la agenda no se impone, a diferencia de hablar
de agenda setting, si no que la agenda se
co-construye. No es que los medios construyen la agenda, y entonces eso se
impone en una etapa posterior a la opinión pública (que ya no es generalizada
si no que está super segmentada), en realidad en la actualidad el tipo de
vínculo que se establece entre las instancias productivas de la información y
los interlocutores de esa información es más interactiva. Entre otras cosas
porque hoy los medios (esas instancias productivas de la información) dependen
mucho del consumo mediático.
—Las
lógicas de interacción en redes que describen junto a Ernesto Calvo dan lugar a
pensar en que la algoritmización fragmenta valores humanos, como el afán por la
verdad, que se explica con la emergencia de categorías como fakenews o
post-verdad, ¿cuánto afecta esa fragmentación de valores humanos tan clásicos y
enraizados en la puja por la construcción de agendas y en los debates políticos
de la sociedad? (#tarifazo, #aborto, etc.)
—Te lo voy a responder de una manera bastante difícil, pero
tiene que ver con que en estos momentos estoy en una situación de mucho
relativismo sobre todas esas preguntas. Creo que lo que está pasando es que se
trata de un momento de mucha segmentación y fragmentación, que son dos cosas
distintas, son complementarias pero distintas. Porque hay una segmentación de
preocupaciones y una profunda fragmentación social, y no solamente en
Argentina. Esa fragmentación social en algún punto lo que está haciendo es que
se haga imposible construir una agenda común, construir subjetividades de
maneras más colectivas, y me parece que una de las manifestaciones de eso es
que estamos viendo mundos muy distintos.
Yo tengo casi 50 años y creo que el mundo que yo me armo
respecto de lo que deseo, respecto de lo que temo, respecto de aquello por lo
que lucharía, o de aquello que le quiero reclamar a un gobierno como el
problema más importante para el país, es muy distinto a lo que se te puede
aparecer a vos como deseo, temor, lucha o reclamo al gobierno. Y creo que hay
otros jóvenes, bastante alejados de un ámbito que a nosotros dos nos une, que
es la preocupación académica y teórica, que tiene mundos absolutamente
distintos a los nuestros. Está habiendo una profunda reacción frente a esa
distinción, frente a eso distinto que nos ocurre, que nos interpela y que
deseamos.
Entonces, pensar en construir una agenda, en este momento de
tanta fragmentación y tanta descomposición, tal vez sea un concepto
insuficiente. ¿Qué subjetividad social y colectiva queremos? Creo que construir una agenda de
preocupaciones contribuye a esa agenda de subjetividad, porque no es solamente
construir una agenda sino también qué cúmulos de valores nos van interpelar. Me
parece que hasta ahora hubo un gran concepto que nos amparaba pero que se fue
vaciando de contenido, que es la noción de democracia. En este momento, por
ejemplo, la idea de «democracia» interpela a muy pocos.
—Esa
distinción de mundos diferentes que se ven desde la construcción de la
subjetividad, en un ecosistema de segmentación y fragmentación, ¿se presenta
como una exacerbación de estas lógicas que analizan con Calvo, que se
manifestaba con violencia en las redes (reverdecimiento de la noción de «discursos
de odio», emergencia de la figura de los «haters»,
etc.)? ¿Y qué rol juegan los influencers cuando son haters en esa exacerbación?
Estoy pensando en cierto vínculo con la teoría de los two steps.
—Sí, hay una exacerbación, hay mucha violencia. Igualmente,
creo que ahora la estamos viendo más, no es que solamente esté ahora. Simplemente
ahora la vemos un poco más. Pero me cuesta un poco responder esto porque estoy
en un proceso de re-pregunta, porque me parece que ahora hay que barajar y dar
de nuevo, ¿no?
La idea de las fakenews, del trolls y demás ya no está quedando chica para pensar la
violencia actual, que tiene que ver con que hay un sector que está
absolutamente entusiasmado con el resultado de las elecciones que es muy
numeroso y que, además, está como muy desembozado en la legitimación de sus
valores. Y son valores que en otro momento sus adherentes eran más cautos para
expresarlos, ahora, en cambio, presentarse como de centro-derecha o de derecha
está bien. En todo caso quien empieza a ocultar más su posición son quienes se
identifican con valores más progresistas o de izquierda. Lo que está pasando es
que esos valores no están interpelando.
Si pensamos en cuáles son los valores que nos están
interpelando en este momento en nuestra sociedad, muy fragmentada, donde lo
ocurrido con las elecciones es una manifestación más de eso, no su causa o el
inicio. Es un momento de llegada de algo que se venía dando y que uno no estaba
viendo, esos nuevos procesos de construcción de subjetividad.
—Además
no es un fenómeno exclusivamente argentino, que también se ha visto en Brasil,
en Estados Unidos y en otros lugares donde las extremas no ganaron elecciones
pero se consolidaron con partidos políticos institucionales...
—Por supuesto, en muchos países de Europa también.
—La
empresa periodística ha tendido cada vez más hacia la producción de contenidos
generales y la activación de estrategias multimediales con lenguajes
convergentes, ¿cómo observás que se configura el rol actual de los grandes
medios de comunicación empresariales?
Creo que todos los medios están en procesos de
reconfiguración. Primero, en términos de que los medios ya hace mucho tiempo
que no están solo en el ámbito periodístico en cuanto a su producción de
contenidos. El negocio de los grandes medios está pasando por otro lado, y la
producción periodística es más un diálogo con el poder político y con el poder
corporativo que un diálogo con el público.
Los públicos están teniendo un alto nivel de hostilidad, que
tiene que ver con no sentirse representados por las agendas mediáticas, que se
han vuelto cada vez más oficiales en sus temas, y además se han vuelto muy
simbióticas con los intereses de sectores del poder empresarial y del poder
corporativo. Eso genera en la ciudadanía una sensación de que los medios no
están de su lado, de que los medios están jugando para el enemigo.
Entonces, en este punto, algo que puede ayudar a pensar el
escenario actual de los medios es la necesidad de una reconfiguración de su
vínculo con los públicos, porque, además, tienen una dependencia muy grande del
clic y del consumo. Están muy necesitados del consumo porque es la forma que
tienen de monetizar. Por eso los medios tienen que estar pensando en agendas
paralelas permanentemente, porque la agenda de su home (portada digital del
medio) no es la agenda con la que monetiza un medio. La agenda de la home, en todo caso, es la representación más institucional
del medio, pero luego hay estrategias diversificadas que tienen bastante poco
que ver con el contenido periodístico duro.
—¿De qué modo se consigue que la
ética periodística refuerce la distinción del vínculo entre el periodismo y la
información veraz y, por lo tanto, se posicione como antídoto ante las fakenews y el desdén por la verdad? ¿Se volvió
imposible hacer periodismo cotidiano, de agenda, y todo periodismo que se
precie de tal será periodismo de investigación? ¿Qué lugar tiene el periodismo
dentro de la nueva empresa mediática que caracterizás como menos interesada en
las noticias y más en la producción de otro tipo de contenidos?
—Me parece que hay una crisis y replanteo del rol
periodístico, por lo menos del rol periodístico en los términos convencionales,
que se nos venía imponiendo pensarlo desde la deontología más tradicional del
periodismo profesional. Algo que me parece interesante en ese marco es que en
distintas situaciones de crisis lo que fue surgiendo fue una suerte de rol de
comunicadores sociales que intentaron disputar la agenda oficial.
El paro en Colombia, el estallido en Chile, por ejemplo,
fueron conflictos en los que se observó una enorme emergencia de periodistas o
comunicadores populares que trataban de promover una agenda que se distinguiera
de la agenda oficial. En ese escenario puede haber un resquicio para algo
nuevo, lo que ocurre es que eso nuevo tiene que disputar contra sectores muy
poderosos de producción de contenidos, y en algunos casos de contenido espurio,
violento o de desinformación que tiene mucho financiamiento. Esto lo digo
porque esos comunicadores populares, por ejemplo, en el marco del estallido, o
en el marco del impulso de la nueva constitución, o en el paro en Colombia, no
solo tenían que disputar una agenda con los medios tradicionales, ni siquiera solo
con los grandes medios. Tenían que disputar agenda con una acumulación de
cuentas de redes sociales administradas y dispuestas para estrategias de desinformación
y tergiversación de la mirada de la realidad con la que se volvía muy difícil
batallar.
Es un gran desafío repensar el rol del comunicador hoy, no
solamente del periodista, cuando lo que se pretende es contar una realidad
distinta a la oficial.
—Esto
que decís sobre que la disputa de agenda tiene que ver también con batallar
contra sectores muy poderosos, con grandes recursos financieros, me recuerda al
trabajo de Natalia Zuazo sobre las big tech y
los dueños de la infraestructura del entorno virtual. Si las redes sociales se
volvieron parte central de la conversación pública, del espacio público,
¿resulta un tanto ingenuo analizar las lógicas de las redes sociales desde los
usuarios y algoritmos sin una debida contextualización anclada en una mirada de
economía política? Si no la libertad de expresión en el espacio público virtual
se analiza como democratización, pero en realidad la administran de hecho 5
empresas en el mundo.
—No lo habíamos pensado así tal cual. La idea que tengo de
libertad de expresión no es solo de expresión o de emisión, si no también de un
derecho a una comunicación diversa. Por supuesto que tenemos una mirada sobre
el rol de reguladores y gatekeepers que tienen en
este momento las compañías de plataforma, pero la idea de libertad de expresión
yo la pienso por el lado de las estrategias que tienen los productores de
contenidos que son muy poderosos, quienes se amparan en esa noción para decir
cualquier cosa, sin entender límites [como los discursos de odio, establecidos
en el artículo 13 del Pacto de San José de Costa Rica]. Pero, desde esa
posición, hay una concepción de la libertad de expresión solo desde el lugar de
la emisión.
La libertad de expresión tiene que ser complementada por un
concepto más comprensivo y más integral, que es el de derecho a la
comunicación. Es tan importante el derecho de quien emite la información u
opinión como el derecho de quien recibe. En ese punto, son muchos los actores
intervinientes en esa desinformación y en el aprovechamiento de ese concepto de
libertad de expresión para aumentar los niveles de poder y de grieta entre los
poderosos y los más vulnerables.
—¿Se
puede establecer cierto vínculo entre algunas de las categorías con las que
trabajan como «atención selectiva» o «activación en cascada» con nociones como
el «sesgo de confirmación» de la psicología social o la «cultura del aguante»
trabajada mucho en el campo de las ciencias de la comunicación de Argentina?
—La «atención selectiva» y el «sesgo de confirmación» son
dos cosas distintas, complementarias pero distintas. La primera [atención
selectiva] es que a partir de los valores y las necesidades y las agendas y los
encuadres que tienen ciertos sectores de la sociedad o ciertas comunidades, uno
atiende de manera selectiva aquellas cuestiones que le hacen sentido y
directamente no registra otras. La segunda, la idea de sesgo de confirmación o
de razonamiento motivado, que sí son más similares, lo que te dice es que
frente a una serie de evidencias que puedan explicar nuestras realidades
seleccionamos aquella que nos resuena y con esa nos explicamos los eventos.
En ese punto, el armado de comunidades con esas expresiones
que vos mencionás, que pueden ser esas u otras, es explicado por el acuerdo y
acumulación de valores, por eso yo te hablaba mucho de la segmentación, porque
esa segmentación lo que supone es que nosotros construimos esas comunidades de
valores que tienen distintas formas de resistencia o de expresión. El tema es
que en este momento, la expresión que primó con el resultado electoral y todo
lo que pasó este año, es una expresión más individual que organizada.
Entonces, me parece que a lo que hay que volver a tender es
a las expresiones de comunidades y de colectivos que seguramente van a ser
distintas a lo que veníamos teniendo hasta ahora, a las más convencionales.
—Para
cerrar, consulta general, ¿hacia dónde te parece que van los estudios de
comunicación política en el marco de este nuevo ecosistema mediático-digital
del que hablamos y también de la coyuntura global de emergencia de nuevas
derechas y fragmentación del lazo social?
—Es una pregunta muy difícil, la verdad es que no lo sé,
porque es una pregunta demasiado amplia. La comunicación política incluye una
multiplicidad de cosas que la vuelven muy abarcativa. No sabría responderte esa
pregunta. No sé hacia dónde va la comunicación política en este nuevo
escenario.
Creo que hay que repensar el escenario en su conjunto, y
ciertos sectores de la sociedad tienen que pensar qué tipo de subjetividades
tuvieron capacidad de ir construyendo. A partir de eso, tendremos que barajar y
dar de nuevo en los estudios de comunicación política. Pero no sé responderte a
la pregunta más conceptual de hacia dónde va la comunicación política, porque
eso no se sabe. Hay que empezar a entender esos nuevos procesos de subjetividad
y de subjetivación en los nuevos escenarios comunicacionales, eso es lo que se
me ocurre decir, pero es mucho más específico que plantearnos hacia dónde va la
comunicación política.