Para citación de este artículo: Pérez Tort , S. (2024). 40 000 años de Bioarte. Lo viviente en las prácticas del arte. del prudente Saber y el máximo posible de Sabor, (19) e0031. DOI:10.33255/26184141/1766e0031
ARTÍCULO
40 000
años de Bioarte. Lo viviente en las prácticas del arte
40 000 years of Bioart. The living condition
in art practices
Susana Pérez Tort | Doctora en Humanidades y Artes, con mención en Bellas Artes Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina.
callerelatores@intercom.com.ar
DOI:
10.33255/26184141/1766e0031
orcid: 0000-0002-2240-8803
Recepción:
4/10/2023 Aceptación: 13/5/2024 Publicación:
...6/2024
Este trabajo presenta al Bioarte como un movimiento que permite la
redefinición del estatuto de la vida, como práctica artística posible en la
interdisciplinariedad de arte-biología-tecnología y como un modo de ser del
arte, integrado a la ontología poshumanista. Además, en este artículo se
relaciona al Bioarte con el animismo prehistórico, proponiendo al arte de la
prehistoria como su primer antecedente, estableciendo también relaciones
ontológicas entre el Bioarte y otros movimientos históricos. A su vez, se
desarrollan las problemáticas ontológicas de la inclusión de organismos
semivivos o vivientes al arte, concluyendo que no es otro estilo de las
vanguardias contemporáneas, sino una forma de ser del arte que proyecta y actúa
sobre la redefinición de la vida.
Palabras
clave:
bioarte, poshumanismo, ontología
Abstract
This work proposes Bioart as a movement that has allowed the
redefinition of the status of life and as a practice that is possible in the
interdisciplinary of art, biology, and technology, integrated into posthuman
ontology. It proposes Prehistoric Art as a precedent of Bioart, also relating
ontological issues between Bioart and other art movements. It develops
ontological issues concerning moist-media Bioart, with the inclusion of
semi-living or living beings. It concludes that Bioart is not a stile among
others in contemporary art, but a way of being of art that projects and acts on
the redefinition of life.
Keywords: Bioart, Posthumanism, Ontology
Introducción
El presente trabajo tiene como objeto al Bioarte como manifestación del
arte contemporáneo, situado en la confluencia entre arte, biología y
tecnología, expresando en su interdisciplinariedad una ontología que considera
el quiebre de lindes, la agencia naturaleza-cultura y de humanos y no humanos.
Se intentará considerar relaciones ontológicas, éticas y estéticas entre
materialidades del arte de Occidente, así como nexos posibles entre el Bioarte
y otros movimientos del arte occidental, con el objetivo de visualizar y
sustantivar la condición «viviente» del primero retrotrayendo al pasado prehistórico
del arte. Al considerar estas relaciones, pensamos en aportar a la redimensión
del Bioarte, en su condición de ser un movimiento que presenta y actúa sobre la
redefinición del estatuto de la vida.
Este movimiento considera las siguientes problemáticas: el arte de
sociedades animistas de la prehistoria; el modelo representacional del arte del
occidente clásico y los modos de representación, presentación y «datificación»1 del arte; la
condición de interdisciplinariedad ciencia-arte-tecnología; trata casos del
arte biomedial y formula relaciones con materialidades clásicas del arte
ortodoxo y con el Arte de los Nuevos Medios.
El marco teórico, que considera la agencia naturaleza-cultura, se construye
a partir del pensamiento relacional de Latour (2008,
2012) y sus criterios acerca de la socioconstrucción de ciencia y
tecnología; y en la perspectiva crítica del humanismo formulada por el Posthumanismo
de Rosi Braidotti (2015, 2018,
2019), en conjunto con la antropología de Philippe
Descola (2005) en su visión crítica del dualismo ontológico humanista.
Para el estudio de sociedades animistas prehistóricas se consideró el
corpus teórico desarrollado por los antropólogos victorianos Edmund
Tylor y Edward Fraser; los estudios de Vincent Levy-Bruhl y el análisis
del caso en el yacimiento de la
Patagonia argentina.
En la selección de casos del arte de Occidente, se trata a la naturaleza
muerta del siglo xvii en
Países Bajos, considerando a Baruch Spinoza (2012) y su concepción de la
naturaleza: «naturaleza naturante, naturaleza naturata».
La problemática del Bioarte tiene como marco referencial al corpus
creado por Daniel López del Rincón (2014) en su tesis doctoral Bioarte,
Contextualización histórica-artística de las relaciones entre arte, biología y
tecnologíay en distintas publicaciones derivadas de ella; el
corpus teórico que sintetiza el material de imagen y el texto archivado y
publicado por el Ars Electrónica Festival; el material teórico que integra el
pensamiento de Peter Weibel (2005), Jens Hauser (2003), Joe Davis (2000) y
Eduardo Kac (1998, 2003) . En relación con los formulados acerca de la
condición ontológica y ética del Bioarte, se nutre de las consideraciones
expuestas en textos de Oron Catts y Ionat Zurr (2002, 2003, 2006) para Tissue Culture and Arts Project y los
aportes a la ontología y ética del Bioarte de Lucía Stubrin (2014, 2021),
Antonia González Valerio (2014) y Annick Boureaud (2002).
Para el Arte de los Nuevos Medios se considera el corpus que se desarrolló en nuestra tesis doctoral titulada
Imagen digital y obra de arte. Subjetividad
e imaginarios en la sociedad informacional latinoamericana 2 (Universidad Nacional de Rosario, noviembre 2021).
Se organizó la argumentación en cuatro partes y en un mapa en el cual se
pueden observar las relaciones ontológicas, formales, conceptuales o temáticas
de las materialidades de distintos movimientos del arte propuestos en el
corpus.
La parte i propone
un primer acercamiento al Bioarte que permitirá presentar, a lo largo de la
argumentación, las relaciones con otros movimientos y materialidades del arte
de Occidente; se formulan criterios acerca de las sociedades animistas
(prehistóricas y premodernas) y aspectos de la ontología animista proyectados
en el arte; se soslayan aspectos formales, datación o desarrollo de estas
materialidades, se considera solamente la condición «viviente» que el animismo
proyecta a las imágenes; y se desarrollan criterios de continuidad
naturaleza-cultura, según la perspectiva poshumanista formulada por Rosi
Braidotti (2015) y los estudios de sociedades animistas premodernas realizados
por Philippe Descola (2005), presentes en el arte animista prehistórico y
premoderno. Básicamente, la idea es
vincular el arte animista y el Bioarte como un asunto que se desarrolla
específicamente en la tercera parte de esta argumentación.
La parte ii trata
aspectos del humanismo y el arte antropocéntrico de la ontología dualista y su
proyección como modelo de representación realista antropocentrista con valor
universal y normativo; desarrolla la emergencia de la naturaleza muerta como
asunto pictórico en los Países Bajos y la naturaleza como objeto de
representación del impresionismo. Es decir, se propone relacionar al
impresionismo con el Bioarte.
La parte iii
desarrolla aspectos del Bioarte biomedial como modalidad que incluye total o
parcialmente la presencia de organismos vivos, entendiendo al Bioarte en
general y al «húmedo» en particular, como sustantivación de la condición
«viviente»; establece relaciones entre materialidades del Bioarte; trata
asuntos ontológicos, éticos y estéticos; y selecciona, en particular, obras que
propone como casos en los que se hace presente una redefinición del estatuto de
lo viviente.
La parte iv suma
a este panorama, en la forma de un mapa, un recorrido por casos en los que se
vinculan medios, modos, soportes, objetivos de una selección de materialidades
del Bioarte, del arte de Occidente «ortodoxo» 3 y
del Arte de los Nuevos Medios; se relacionan materialidades con distintos
modelos de «representación», «presentación» física (en instalaciones o
performances) y presentación de lo viviente a modo de dato, como
«datificación», que describen, presentan o aluden a la condición viviente.
Parte i
1. Bioarte. Manifestación de lo «viviente»
El Bioarte se posiciona en la confluencia de
arte-biología-biotecnología. Como manifestación del arte visibiliza y pone en
valor el carácter biológico y tecnológico de la vida, la acción de la biotecnología
sobre esta y la redefinición del propio estatuto de la vida (López del Rincón, 2014, 2015). Stubrin
(2021) considera al Bioarte como al
… arte
de la vida que trasciende los límites de la piel, como movimiento que permite
actualizar el concepto de vida, mediante la introducción de técnicas que
intervienen en su creación y desarrollo, interpelando a la sociedad respecto a
su pasado reciente, su presente y futuro. (p.135)
Desde la dimensión del Bioarte que se desprende de las palabras de estos
referentes, proponemos relacionar algunas materialidades de este movimiento biomedial
entre sí y con otras formas de arte.
Entendemos por arte
húmedo al que contiene material viviente integrando total o
parcialmente nucleótidos, microorganismos u organismos complejos como humanos,
animales o plantas, considerando que no es exclusivo del Bioarte, encontrándose
también en otros modelos del arte de vanguardia, asunto que será desarrollado
más adelante en estas argumentaciones.
Con criterio cronológico abordamos las posibles relaciones de casos del
Bioarte con el de otras materialidades, formulando que la primera asociación
posible es con el arte animista de la prehistoria.
1.2. Prehistoria.
Ontología animista
Hace aproximadamente 40 000 años, en la región franco-cantábrica
—15 000 años en la Patagonia argentina— sociedades animistas plasmaron
imágenes de animales o manos humanas sobre la superficie rocosa de algunas
cuevas como parte del naturalismo prehistórico de las pinturas más antiguas de
la humanidad. Se trató de grandes proyectos,
realizados por grupos humanos carecientes de toda defensa frente al ambiente que les era hostil. La vida asumía
la organización tribal nutrida de unas pocas herramientas, algún cacharro crudo
o primariamente cocido al sol, mientras la recolección y la caza actuaban como
escaso patrimonio cultural de pequeñas tribus en las que cazar significaba el
linde entre la vida y la muerte. O el cazador —hoy sabemos que había también
mujeres cazadoras— embestía a la bestia y proveía a la tribu de alimento,
vestido y materia para utensilios o significaba la muerte del cazador y el
hambre (Hauser, 1978).
El concepto de
animismo que rige a las sociedades que realizaron esas primeras pinturas de la
historia, fue fundado por el antropólogo británico clásico Edmund Tylor4 (1832-1917) y continuado por James Fraser (1854-1941),
quienes identificaron al animismo como ontología monista, según la cual es
posible la continuidad entre lo humano y las ánimas. En la axiología de los
antropólogos victorianos, la cultura tenía una jerarquía que no era atributo de
la naturaleza, entendiendo a la cultura como «el mayor diamante tallado» por el
hombre (Fraser, 1890).
En la visión de la
antropología contemporánea formulada por Philippe Descola5,
se considera también la agencia naturaleza-cultura y la continuidad de una en
otra, sin arrogar en la cultura superioridad frente a la naturaleza.
… En numerosas
sociedades y posiblemente en la mayoría de las pre-modernas no existe una
separación marcada entre el mundo social y el de los fenómenos naturales, así
las plantas y los animales están dotados de propiedades antropocéntricas,
tienen un estatuto de personas y poseen atributos sociales con reglas morales y
normas de conducta y tienen capacidad de intelección e intencionalidad.
(Descola, 1997, como se cita en Sepúlveda 1997)6
Por su parte, y también desde la perspectiva poshumanista, el
antropólogo González Dubox (2021) propone:
Existe una
relación de continuidad entre personas, cosas y mundo. Una relación mutuamente
constructiva, donde cada parte tiene la capacidad de intervenir en el todo.
Históricamente la capacidad de intervenir en la vida humana que tienen las
«cosas» o los «lugares», fue asociada a creencias y prácticas animistas,
consideradas formas fantasiosas de explicar la realidad. Si bien originalmente
fue definido como una creencia generalizada en un espíritu o alma «animadora» (Tylor, 1871), los debates actuales resignifican la noción, superando
concepciones estrechas y dicotómicas propias de la modernidad y reconociendo
agencia en la materia (Latour, 2012; Bodei, 2013). Precisamente, el resurgimiento del interés en el animismo
ha incluido su reformulación como un tipo de ontología relacional
(Ingold, 2000), manifestando un interés en comprender la lógica de la
agencia de los objetos en otras culturas. (pp. 2-3)
Los estudios sobre la
prehistoria se desarrollaron en las primeras décadas del siglo xx, retroalimentados
por los hallazgos de yacimientos arqueológicos con pinturas parietales que
habían permanecido ocultas. Las cuevas del arte parietal europeo contienen el
primer arte de Occidente, presente también en yacimientos arqueológicos
americanos.
Según las
conclusiones de dichos estudios, la finalidad del arte prehistórico no era
estética. Como dijimos en párrafos anteriores, su origen se vincula con el
ejercicio mágico, aun a pesar de la dimensión estética que hoy les atribuimos.
Como casos del
continuo naturaleza-cultura y de la acción mágica de la pintura prehistórica,
situamos al yacimiento de La
María, en la provincia de Santa Cruz en la Patagonia argentina,
en la que González Dubox (2021) estudia
pinturas con figuras mixtas humano-felino que, según pudo concluir, actuaban
como aparejo mágico de curación y como
sincretismo totémico humano-animal.
Las pinturas eran a la vez la representación y lo representado, eran el
deseo de conjurar un mal o un bien y su satisfacción. Una flecha atravesando el
cuerpo de un animal pintado operaría el daño sobre el animal viviente, del
mismo modo que una mano humana con textura de piel felina pintada asociaba las
potencialidades de ambos en el mundo físico. Por su parte, el tótem reunía en el clan
a «parientes» ante la ignorancia de la paternidad fisiológica substituida por espíritus y fuerzas naturales. Las
leyes de la herencia son, como el parentesco, intransferibles e irrenunciables.
Pocos elementos materiales había en la prehistoria europea o patagónica,
emergía sin embargo el «arte», como dijimos, sin el fin estético que consagra
al arte el humanismo. ¿Qué sentido tenía el complejísimo proyecto reiterado por
generaciones de pintar enormes animales en techos y paredes de una cueva no
habitada? ¿Qué sentido tenía pintar o calcar manos con ensambles humano-animal?
Fuera de los postulados de la antropología, Walter Benjamin habilita una
respuesta:
Las
obras de arte más antiguas surgieron, como sabemos, al servicio de un ritual
que primero fue mágico y después religioso. [Diría también] … El
búfalo que el hombre de la Edad de Piedra dibuja sobre las paredes de su cueva
es un instrumento mágico que solo casualmente se exhibe a la vista de los
otros. Lo importante es, a lo mucho, que lo vean los espíritus. (2003, pp. 49 y
53)
Exponemos otra
respuesta: «Sé que este hombre ha metido muchos de nuestros
bisontes en su libro. Yo estaba presente cuando lo hizo, y desde entonces no
hemos tenido bisontes» (Hauser, 1978, p. 42), dijo el indio sioux a Lévy-Bruhl
que observaba el comportamiento de la tribu y dibujaba en un papel a los
bisontes. Para el sioux, ese acto tenía el poder mágico de apoderarse de los
animales, de modo que el animal pintado vivía en
el cuaderno de notas, había bastado su representación para conjurar el poder de
apropiación y posterior desaparición.
En suma, el «arte» del animismo, en la continuidad naturaleza-cultura,
actúa como técnica
de apropiación del mundo ambiente y de lo desconocido. Se trata de actos
mágicos como principio de dependencia mutua entre dos entidades similares y la
posibilidad de actuar sobre una para lograr efectos sobre la otra, quizás un
algoritmo primitivo. Se trata de objetos «vivos» aunque se los concebía,
respetaba y se actuaba con y frente a ellos como si así lo fuera.
Según lo expuesto, en
el arte animista en general y en el totemismo en particular, reconocemos: la
presencia tácita de lo viviente en la condición mágica del arte con capacidad
de agencia; continuidad e hibridación de especies asociadas a las capacidades
de cada una; leyes de parentesco y pertenencia y coalescencia de humanos y no
humanos.
Estas condiciones,
expresadas en el animismo de forma tácita, están presentes en el Bioarte, pero
posibles al margen de magia y creencia, en lo fáctico, de hibridaciones de carácter
biológico. Lo «esbozado» en el arte prehistórico como expresión de la ontología
animista resulta constitutivo e identitario del Bioarte.
Proponemos entonces
una relación entre estas dos temporalidades del arte, pasada y presente,
considerando que puede formularse al arte prehistórico como un primer caso de
Bioarte.
En la tercera parte
de esta argumentación desarrollaremos casos de materialidades del Bioarte
relacionadas con el animismo y la hibridación humanos-no humanos, expresados
también en el mapa graficado en la cuarta parte de este trabajo. Asociaremos,
además, el totemismo a materialidades del Bioarte.
Parte ii
2. Humanismo.
Representación de lo viviente
En
oposición al monismo animista, la ontología moderna introduce la concepción
dualista cartesiana reconociendo una división entre la materia física y el
espíritu, proponiendo la existencia de una res cogitans inmaterial
y una res
extensa de naturaleza física. Dualismo ontológico que se
materializa en el arte por la representación realista del mundo físico, aun en
la representación de deidades —Apolo, Venus o acaso Jesucristo— se representan
en el mundo, física y discursivamente, como humanos. No se trató de mostrar a
los dioses con la fragilidad del hombre, sino vestir al humano como la perfección
y la infalibilidad del dios.
El antropocentrismo
otorga al humano (hombre) la centralidad de todo lo creado y la responsabilidad
sobre su vida. Un humanista del siglo xv, Pico de la Mirandola, dice a un
supuesto Adán:
Te he puesto en el centro del mundo para que más cómodamente
observes cuanto en él existe. No te he hecho ni celeste ni terreno, ni mortal
ni inmortal, con el fin de que tú, como árbitro y soberano artífice de ti
mismo, te informases y plasmases en la obra que prefirieses. (2010, p.148 )
El poshumanismo describe esa misma taxonomía de esta manera:
Al principio de todo está Él: ideal clásico de
Hombre, identificado con Protágoras como «la medida de todas las cosas» luego
elevado por el Renacimiento italiano a nivel de modelo universal, representado
por Leonardo da Vinci en el Hombre vitruvian. Un ideal de
perfeccionamiento corporal que, en línea con el dicho clásico mens sana en
corpore sano, evoluciona hacia una serie de valores
intelectuales, discursivos, espirituales. (Braidotti, 2015, p. 25)
El humanismo se propuso instrumentar en su arte la representación de sí
mismo en su entorno físico, simbolizando a lo humano en su conjunto, tanto su
apariencia física como los logros atribuidos a lo humano, centralidad del
hombre que actuó también sobre la construcción de la realidad. Generó ad hoc un
sistema de imagen realista y figurativo —normativo para Occidente— que fomentó
la perspectiva euclidiana y el claroscuro para lograr la descripción
(fidedigna) de la realidad sensible, materializada sobre el soporte plano y
móvil del cuadro con independencia del muro. El arte del humanismo es la
representación de la vida, cuerpos y rostros (retrato), la cotidianeidad
(pintura de género), gestas y epopeyas (pintura histórica, Neoclasicismo), pasiones
(Romanticismo), la realidad del trabajo, el esfuerzo físico, las
contradicciones sociales (Realismo).
Los modos de
representación, soportes, asuntos, técnicas consolidan, además, una lógica para
el arte europeo: «Europa no es solo una locación
geopolítica, sino un atributo universal de la mente humana que puede prestar su
calidad a cualquier objeto adecuado» (Braidotti, 2019, p.16).
Dicho de otra manera,
hasta la emergencia de las primeras vanguardias y la abstracción, el asunto
representado y narrado por el arte es la vida del sujeto viviente. No se trata ya de imágenes habitadas por entes vivos como en el arte
animista prehistórico o de sociedades premodernas; la vida está presente,
representada, narrada, fingida, cristalizada materialmente.
Braidotti
(2019) citaba como emblemático del arte del humanismo al Hombre de Vitruvio
leonardesco. Dijimos que la representación de lo humano no se limitaba a la
representación del hombre y su mundo físico, sino también a su subjetividad,
sus logros y conquistas. Proponemos entonces, considerar como caso elocuente de
representación laica cientificista de lo humano al dispositivo (caja con juego
de espejos) Perspective box with view of the interior
(1632-1660) de Samuel von Hoogstraten de la National Gallery de Londres, como
un dispositivo pictórico-óptico tridimensional de planos, perspectivas y
espejos, que en un juego de racional ilusionismo visual (trompe l’oeil),
representa la intimidad burguesa.
En los Países Bajos
el protestantismo iconoclasta permite la emergencia de la naturaleza como
asunto del arte. No es casual que sea el país de Baruch Spinoza (2012) quien,
en su Ética, propone una concepción
distinta de la naturaleza en su Deus sive natura,
formulando una suerte de panteísmo por entender a Dios como una entidad no
abstracta, sino presente, inherente a la naturaleza. Indica una «natura
naturante» (el acto de creación) y «natura naturata» (lo creado), donde la
presencia divina no se limita a la acción de la creación, sino a su estar en
la naturaleza (Spinoza, 2012, p. 36)7. La
identificación de la naturaleza con el reino habitado por lo divino sitúa al filósofo con cierta distancia del dualismo cartesiano.
Paisaje y
naturaleza muerta —muerta porque se cristaliza al ser representada— son géneros
en los que la naturaleza toma el lugar del asunto principal.
Con
verismo de espejo se representan minuciosamente flores, insectos, piezas de
caza, extraídos de su contexto y observados por el ojo humano mediante el uso
de lentes de aproximación.
El
microscopio se estrenaba en la Holanda del siglo xvii , siendo el primer salto de escala
que permitió observar lo vivo amplificado con la mediación de una tecnología.
El segundo salto de escala con mediación tecnológica es habilitado por la
biotecnología contemporánea que inaugurará nuevos modelos de observación y
pensamiento.
En
Naturaleza muerta con flores rodeada de insectos y un caracol
(c.1610) de Clara Peeters de la National Gallery de Washington, la artista
observa y retrata la naturaleza viviente con precisión microscópica como lo
hace el flamenco Christoffel van der Berghe, quien propone «superar» la
naturaleza en su Naturaleza muerta con flores en un vaso
(1617) del Museo de Arte de Filadelfia, por argüir con alarde conceptual que
las especies representadas florecen en distintos tiempos y solo «viven» en su
pintura.
Dijimos
que en estas pinturas, las flores, los insectos y los animales se cristalizan
en la imagen. El Bioarte hará posible la presencia in vivo de la naturaleza
como una forma de hacer arte que sustantiva lo viviente por sobre su
representación.
Hay un
lazo posible entre las mariposas que vuelan alrededor de las flores pintadas
por los artistas holandeses del siglo xvii y las mariposas de Marta de
Menezes, bioartista que actúa mediante intervenciones
genéticas en la naturaleza, modificando el
patrón de las alas de sus mariposas. Lo cristalizado en las pinturas asume un
grado de perennidad, ausente en la fragilidad de lo viviente que lleva
implícita su muerte.
Formas
de «lo vivo» representado en el arte de Occidente,
que culminan con el impresionismo y su pretensión de aprehender la
fugacidad de lo vivo mediante la captura pictórica de la luz, entendiendo a la
vida con condición de flujo, que necesariamente se cristalizaba en la pintura.
Señalamos a la serie
de Claude Monet —en particular la serie de Nympheas
(1920-1929)— como testimonio de un cambio en el modo de «ver» lo viviente,
que ahora se representa en-el-tiempo. Consideramos en este gesto el tránsito de
una ontología clásica, verista, a otra en la que el artista no describe la
flor, sino su apariencia en el fluir temporal, la duración.
La duración será una condición de las obras «húmedas» o moist art
del Bioarte.
Monet no podía
concebir más que la cristalización de sus flores en la apariencia pictórica. La
obra de dos artistas precursores del Bioarte —Edward Steichen y George Gessert—
permitió el salto de escala, de la representación a la presentación, integrando
al cultivo de flores como materia del arte.
Parte iii
3. Bioarte.
Redefinición del estatuto de la vida
El Bioarte hace su
emergencia en 1980, según la periodización formulada por López del Rincón (2014)8,
quien considera también tres tendencias: biotemática, bioactivista y biomedial.
La biotemática alude a temáticas biológicas y biotecnológicas y la bioactivista
reúne casos en los que la biología asume una dimensión política. Acotamos este
corpus a la tendencia biomedial.
Como se dijo al
presentar las problemáticas de este corpus, entendemos al Bioarte como una
integración arte-ciencia y como poetización de las leyes de la vida, posible en
el contexto de sociedades atravesadas por la reconversión tecnológica
algorítmica y por el desarrollo de la Biotecnología, que habilitaron nuevas
aproximaciones a los cuerpos y sus procesos vitales.
El Bioarte está
atravesado por la vida que, en algunas materialidades, se presentan in vivo
como materia biológica con la humedad que le es propia. En la
interdisciplinariedad arte-ciencia, siguiendo a López del Rincón (2014),
entendemos que los objetivos del Bioarte difieren del propósito y la lógica
científica que tiene un fin instrumental, es en todo caso una apropiación
crítica legítima de la Biotecnología.
3.1 La vida
artificial
Lo viviente está
igualmente presente en otros modos de hacer arte, como el Arte de los Nuevos
Medios, que puede recrear la vida mediante la artificialidad de lo virtual y la
lógica algorítmica. Citamos algunos casos de materialidades situadas en las que
la presencia de un ser viviente es necesario para el cumplimiento del programa.
Rafael Lozano-Hemmer
—entre otros artistas de modalidad interactiva— realiza obras de interacción
biométrica que requieren necesariamente de la presencia de organismos vivos —en
este caso espectadores— que aporten los datos biométricos habilitantes del
despliegue de las acciones programadas. Casos como la serie Pulsaciones (2019, 2008, 2007), requiere
para su funcionamiento del ritmo cardíaco del espectador, cuyo pulso habilita
el encendido de las luces de un tendido de lámparas. En Vicious Circular
Breathing (2019 y 2013) es necesaria la respiración de un
participante para activar un dispositivo en el que «respiran» bolsas de papel
que se abren y cierran al ritmo del aliento del espectador. Zoom Pavillion (2015) requiere de la presencia
física de espectadores en una sala en la que se captura su imagen, movimientos
y desplazamientos que son, a su vez, proyectados sobres las distintas
superficies. Son casos que ejemplifican —entre otros de la profusa
producción del artista mexicano— cómo la obra interactiva situada
requiere de la participación del organismo viviente de un espectador
presente en el espacio expositivo.
En el mismo sentido y
corpus del arte latinoamericano de mediación tecnológica con interfaces
biométricas, citamos el caso de Voz. Resonancias de la Prisión
(2006) de Clemencia Echeverri, montaje interactivo site specific
situado en la Galería Nacional de Colombia, Bogotá, donde voces previamente
grabadas y editadas de presos colombianos se activan ante la presencia,
movimiento y desplazamiento del espectador en la sala. Es el cuerpo del
espectador lo que da lugar a la sinfonía de voces programada.
Otra forma de lo
artificial, que propone en este caso una naturaleza artificial, es Virtual Creation (2006), obra de Lin Pey Chwen que consiste
en un sistema interactivo donde, por medio de una interfaz que simula la acción
de pintar recreando el sistema analógico, el espectador «pinta» las alas de
mariposas que vuelan en un bosque visualizado en una gran pantalla, como
simulación virtual de la vida y la naturaleza.
Recorte de casos de
tecnología algorítmica en los que la presencia del espectador viviente habilita
total o parcialmente el desarrollo y posibilidades de la obra.
3.2. Bioarte húmedo
No es el Bioarte el primero en proponer la presencia de material
biológico vivo en un espacio de arte, tampoco la sola presencia de lo viviente
es condición para la pertenencia al Bioarte.
López del Rincón
sitúa a Marcel Duchamp como el primero en usar materia orgánica en una obra de
arte, se trató de una muestra de su semen en una de sus «cajas»9 (1946). También Joan Miró usó «mierda» para colorear
una pintura: «…yo estaba aquí y tenía ganas de cagar», dijo a Georges Raillard
en una entrevista10(1978, p. 47). Piero Manzoni
(1961) presenta su excremento en latas seriadas y Andy Warhol (1977-1978)
planta rastros de orín en sus pinturas. Ninguna de estas obras se incluye en el
Bioarte. La presencia de este tipo de material biológico es, en tal caso, un
acto de interpelación a la ortodoxia del arte.
Referimos ahora a
otros casos de la participación de lo viviente (humano, animal, planta) en una
materialidad de arte: Las «Antropometrías» de
Ives Klein (1957-1962), que procesan la huella de cuerpos de mujeres sobre un
lienzo; La Familia Obrera (1968) de Oscar Bony,
«expuesta» en el Instituto Torcuato Di Tella —caso pionero de presencia física
de actores vivientes como objeto de arte permaneciendo estáticos sobre una
tarima—; El Coyote (1974) de Joseph Beuys como
performance de interacción entre humano y animal viviente; las performances de
Santiago Serra, con actores presentes en la sala y constituyendo en sí mismos
la obra de arte; las fotografías de Spencer Tunick (desde 2002), posibles por
el material visual que proveen los cuerpos fotografiados como elemento
texturante. Este recorte reúne materialidades que no integran el Bioarte. Lo
biológico está presente, aunque no es necesariamente constitutivo de su
ontología, son obras que usan cuerpos o material biológico de los cuerpos, pero
sin que sea la función biológica lo que las define.
Por el contrario, integramos al Bioarte la obra Grass Grows (1969)11 del alemán Hans Haacke, en la que se exhibe en el
interior del museo un túmulo de tierra en el que crece el pasto; el ecosistema
montado por el artista chileno Juan Downey, Life Cycle (1970),
que propone la instalación en una sala museológica de un sistema con
vegetación, flores y panales donde las abejas producen miel. En el mismo
sentido, con condición de proceso y duración,
situamos como precursoras del Bioarte argentino a la serie de Analogías de Víctor Grippo (1970) y al Biotrón (1970) o el Fitotrón
(1972) de Luis Benedit.
3.3. Cuestiones
ontológicas
En su texto Green Light.Toward an Art of Evolution (2010),
George Gessert define al Bioarte como «apelación colectiva para trabajos de
arte que incluyen el completo o parcial uso de organismos vivos»12, condición que hace evidente el salto de escala
ontológico del Bioarte.
Citamos dos casos que
permiten advertir la distancia ontológica entre dos materialidades de arte con
un animal viviente (caballo): por un lado, los Doce Caballos (1969) de Jannis Kounellis instalados en
la Galería L’Attico de Roma; y el caballo del proyecto de Marion Laval-Jeantet,
Que Le
Cheval Vive en Moi (2004-2011).
Al preguntarnos por
la distancia ontológica entre la presencia de un animal viviente y otro,
encontramos que Kounellis enfatiza su provocación a la ortodoxia con la
presencia del animal en un espacio de arte, como un caso de interpelación a la
ortodoxia museística que apela a la significación de los contextos. Entendemos
que en el proyecto de Laval-Jeantet la problemática ontológica es la
redefinición de lo humano como gesto de ruptura antropocéntrica. También en
este caso se lleva al animal a un espacio de arte, pero el animal actúa como
medio necesario de la obra, no es el fin del proyecto el lugar ocupado por el
caballo, sino situar en el espacio de arte a los protagonistas de un hecho
biológico procesado en un espacio científico.
En Que Le Cheval Vive en Moi, la integración
interespecies se realizó mediante un proceso que se inicia en 2004 en la
muestra Art Biotech. El plasma del caballo fue tratado en laboratorio para
evitar un shock anafiláctico al ser inyectado en el sistema sanguíneo de la
artista. El 22 de febrero de 2011, el plasma se incorpora al cuerpo de
Laval-Jeantet en la Kapelica Gallery de Liubliana, Eslovenia. Su sangre
compartiría así material genético del caballo13.
No hay solamente una
diferencia de «estilos» artísticos entre una materialidad y otra, sino que
asistimos a una configuración distinta de la condición de lo viviente y una
ontología artística diferente, con capacidad de actuar sobre
la realidad.
Entendemos que el
Bioarte da lugar a nuevas consideraciones situadas en el linde entre estética y
ética. En su estudio de estas cuestiones, Antonia González Valerio propone al
Bioarte:
… como
un tipo de manifestación artística emergente que encuentra su lugar en el mundo
tecnológico, a éste pertenece y por ende, allí hemos de buscar las claves de su
acontecer. El mundo tecnológico es un fenómeno reciente, una nueva fase en la
historia de la humanidad que tiene características propias y que configura el
mapa de lo real de manera distinta, pues la relación entre nosotras y la
naturaleza está a tal punto alterada que la división típica del ente entre
natural y artificial parece ya no sostenerse; o en todo caso parece quererse
disolver en una especie de punto medio que significaría un nuevo modo de ser
del ente que sería en parte natural y en parte artificial. De ahí que sea
inviable mantener lo artificial puro o lo natural puro como los extremos del
mapa de lo real. (2014, p.1)14
En este continuo
poshumanista naturaleza-cultura, humanos-no humanos, advertimos nuevamente la
relación entre el arte de sociedades animistas —prehistóricas o premodernas— y
la ontología del Bioarte, expresada en estas materialidades.
3.4. A propósito de
flores, insectos y conejos
Edward Steichen es un
pionero del Bioarte que integró la naturaleza viviente al ámbito museológico y
propuso al cultivo de flores como obra de arte. Expuso en el Museo de Arte
Moderno de Nueva York (1936) los Delphinium que cultivaba, exhibidos en
floreros, como objeto de arte museológico. El curador de la muestra debió
aclarar que no eran pinturas, ni fotografías de los especímenes, se trataba de
flores que procesaba mediante las leyes de genética mendeliana, con el auxilio
del fármaco colchicina para las variaciones de color (López del Rincón, 2014,
p. 95). Materia viviente en el espacio de arte que sumaba a las condiciones
estéticas de cualquier obra de museo, la condición de duración
y consecuente requerimiento de cuidados, por tratarse de la exhibición de
material biológico expuesto a la degradación e inevitable muerte.
Llegaba al sistema
del arte la posibilidad de la muerte de las obras —no su pérdida o deterioro
físico— como nueva ontología del arte, no solamente un «estilo». Esta
emblemática muestra inaugura otra relación situada en el mismo museo que exhibe
también la serie de Water Lilies (1914-1926) de Monet.
Mientras Monet necesitó cristalizar las flores en sus lienzos, los Delphinium
de Steichen estaban in
vivo en la sala del museo.
George Gessert
propone también el cultivo y exhibición de flores desde 2005, especialidad que
define como the
slowest art, la más lenta de las artes (López Rincón, 2014,
p.125). El autor manifiesta:
… Dos
rojos idénticos al ojo, excepto porque uno es producido por pigmentos naturales
en una rosa, y el otro por cadmio sobre una hoja de papel, no tendrán
asociaciones, significados o peso emocional idénticos. Además, los rojos
vivientes de tonalidad idéntica pueden provenir de seres tan diferentes como
loros, manzanas o amapolas. Se podría alegar que esta declaración es poco
científica. No existe evidencia alguna de que una forma de vida sea más
gloriosa que otra, o que la vida sea objetivamente superior a las entidades no
vivas o incluso al vacío. La vida, como los cristales o las llamaradas solares,
solamente es «bella» o «maravillosa» desde la perspectiva de un observador
sensible. (2014, p. 12)15(la traducción es
nuestra).
Nos extendimos al
citar este párrafo por entender que el autor hace visible un giro en el
imaginario del artista biomedial, que se sitúa frente a problemáticas de una
nueva manera de ser, ver y entender el arte, que interroga la materia
viviente, en su caso la efímera materia de la flor. Por otro lado, entrevistado
por Arjen Mulder, formula criterios que convergen con el poshumanismo, por el
lugar que otorga a los humanos en relación con otros vivientes:
Muchas
formas de vida tienen más gracia que nosotros, más kinésicamente inteligentes,
por lejos más pacientes e inmensurablemente menos destructivos. Incluso algunas
formas «inferiores» de vida parecen superiores a nosotros. Los pulpos, las
hepaticophyta, las nydibranchias, los volvox, son completamente admirables.
Pero no podemos realmente ver el mundo desde su punto de vista, no los
conocemos realmente. Permanecemos aislados en nuestro particular modo de
conciencia… es tranquilizador saber que hay organismos que han resuelto el
problema de la inmortalidad. Nosotros no. El prospecto de muerte es parte de lo
que gobierna nuestra conciencia y nos hace ser lo que finalmente somos (2012)16. (La traducción es nuestra).
Otra
flor, la petunia transgénica de Eduardo Kac, no se atiene a los procesos
naturales de selección genética según las leyes mendelianas y propone en su
lugar la creación de una flor transgénica. La coalescencia humano-flor,
«Edunia» (por Eduardo y Petunia), a la que llamó Natural
History of the Enigma (2009), es una «planta-animal» que
combina genes de la planta y del artista.
Finalmente,
Kac lograba con su flor exhibir una obra transgénica, luego del frustrado
episodio de «Alba», la coneja fluorescente gfp Bunny (2000)17que se supone no salió jamás del laboratorio donde
nació, dando lugar a controversias ante la veracidad de su logro y autoría sin
que fuera expuesta físicamente en el ámbito del arte.
Por
otro lado, en el laboratorio del biólogo Paul Brakefield de la Universidad de
Leiden, Marta de Menezes trata genéticamente (interviene sobre el fenotipo) las
alas de mariposas que exhiben colores y formas diferentes a su especie, sin que
cada singularidad pudiera heredarse. Alas de mariposas que no son pintadas,
sino intervenidas genéticamente para lograr su pigmentación. La modernidad
dejaba como legado de su arte a la pétrea perennidad de los mármoles del
Renacimiento. Marta de Menezes trabaja con y en la fragilidad de las alas de
mariposas destinadas a nacer y morir en un mismo día, acaso un gesto
poshumanista.
Nuevas lógicas de lo
viviente, posibles en la intersección del arte con biología y tecnología en un
Bioarte que es:
…no solo
como una expresión artística sino también como una forma de vivenciar las
distintas manifestaciones del ser, en el sentido de entrar en comunicación con
lo mínimo, de dejarse afectar y experimentar con las cosas que nos rodean
aunque estén fuera de nuestro alcance visual. (Stubrin, 2021, p. 138)
3.5. Herencia,
totemismo e identidad
El hallazgo de Watson
y Crick (1953) de la cadena genética y del «texto bioquímico» inscripto en el adn permitieron
identificar al gen y descifrar científicamente las leyes de la herencia, ajenas
a la creencia animista de las integraciones totémicas en la asociación de humanos
y no humanos, que permitían establecer leyes de pertenencia familiar. Retomamos
ahora aspectos de la ontología animista. El tótem es otra forma de integración
interespecies según las condiciones físicas o morales de «existentes» reunidos como una nueva entidad que se atribuye a un grupo social. Levy-Strauss
(1969, p. 20)18manifiesta que el nombre deriva de
la lengua algonquina y significa «es de mi parentela» y define al tótem como la
fusión —la coalescencia— entre las propiedades de tres elementos: el social,
animal y vegetal.
Proponemos ahora
relacionar la lógica totémica a materialidades del Bioarte. Recortamos dos
casos que vinculamos con problemáticas de identidad: la serie Stranger Visions (desde 2005) de Heather Dewey-Hagborg,
serie de retratos de biohacking
realizados en un proceso que comienza con la recolección de despojos en la vía
pública —colillas de cigarrillos, chicles— y el posterior procesamiento de la
información genética contenida, para reconstruir el adn, para la identificación de rasgos
fenotípicos de su portador con los que reconstruye posibles retratos
escultóricos que expone impresos en 3D.
También es posible
relacionar con la condición identitaria la obra de Marta de Menezes, Retrato Proteico (2002-2007), realizado en un laboratorio
con la colaboración de biólogos de la Universidad de Oxford, con quienes
produce una proteína formada por una secuencia de cuarenta y cinco aminoácidos
con los que escribe a modo de autorretrato su nombre completo, Marta Isabel, a
los que integra el apellido de madre y padre y el de su esposo, como una
identidad de familia nuclear que aquí relacionamos con la reunión de
identidades totémica.
Consideramos
ahora oponer dos materialidades en las que sus autores usan como significante a
la sangre humana. Por un lado situamos al autorretrato Self (1991)
de Marc Quinn, una pieza escultórica clásica con la singularidad de que está
vaciado con la propia sangre del autor, debiendo exhibirse con un dispositivo
de refrigeración. Entendemos que en esta obra la sangre actúa como un fluido
que sustantiva la singularidad de la identidad biológica, como afirmación de sí
mismo.
Por otro
lado, tomamos el caso de la performance-instalación de Teresa Margolles, ¿De qué otra cosa
podemos hablar? (2009), instalada en el Palazzo Rota Ivancich
en la 53 Bienal de Venecia. Margolles instala en las paredes del palacio paños
empapados con la sangre de víctimas del narcotráfico —traídas desde México— que
cuelga a la manera de tapices, al mismo tiempo que los pisos son ensangrentados
y limpiados como parte de la performance. Entendemos que la sangre, en este
caso, actúa como emisario del crimen por la sangre derramada de las víctimas,
con el marco referencial de una problemática en la que lo biológico
presentifica a la víctima en un palacio y en el contexto de una Bienal
Internacional. Sin pretensiones hermenéuticas, señalamos que un caso refiere a
identidad, el otro a crimen. Como dijimos, la presencia de un mismo material
biológico no determina necesariamente la pertenencia al Bioarte.
3.6. Condición
viviente, duración, vida e inexorable muerte
Oron Catts e Ionat Zurr, creadores de Tissue Culture and Arts Project,
cultivan para sus obras tejido «semivivo» que exhiben en el interior de
biorreactores que les permiten mantener la condición viviente, a la que ellos
como bioartistas destinan una cantidad de cuidados. Se trata de tejidos a los
que deben «matar» al cabo de su presentación. La serie Semi-Living Worry Dolls (2000)
es un conjunto de pequeñas muñecas de tejido semivivo que recrean a los también
pequeños amuletos guatemaltecos tejidos para ahuyentar mágicamente los miedos
(otra vez presente el pensamiento mágico animista). Son el primer tejido
semivivo expuesto en un espacio de arte, en el Ars Electronica Festival de
Linz, y fueron muertas al cabo de su exhibición.
Otro caso de muerte de una obra, en este caso durante la duración de la
muestra, fue la pieza Victimless Leather (2004),
una pequeña chaqueta tejida sin costuras con tejido semivivo que creció de
células madre dentro de un «cuerpo tecno-científico» alimentado por nutrientes. Durante su exhibición en 2008 en el Museo de Arte Moderno
de Nueva York, ya habían regresado los autores a Australia cuando, luego de
crecer más de lo previsto, la curadora de la muestra, Paola Antonelli, decidió
darle muerte (The Art Newspaper, 2008)19. Casos de
cruces entre ética y estética habilitados por el Bioarte.
Las obras
citadas visibilizan el traspaso de un umbral entre la vida y la muerte, se
trata de un arte no cristalizado, viviente y, en consecuencia, muriente.
Ya no se
trata de la tácita vida contenida en las pinturas prehistóricas, ni la vida
representada en el arte ortodoxo, asistimos ahora a la propia vida creada por
el artista que subsiste por medios artificiales y que debe cuidarse, en algunos
casos eternamente —como las obras «inmortales» de Paul Perry o Joaquín Fargas—
o asumir su muerte. Natura
naturante, natura naturata, las dos dimensiones en la creación de
materia viviente en piezas de artistas que crean —dan vida— en términos
biológicos, a materia orgánica, a la vez como acto de creación de lo viviente y
de la materialidad creada.
Decía Jens
Hauser (2003) a propósito del Bioarte:
Ahora la realidad es otra, los artistas están
en los laboratorios. Están intencionalmente transgrediendo procedimientos de
representación y metáforas, yendo más allá con la manipulación de la propia
vida. La Biotecnología no es más solamente un tema, sino un instrumento,
generando animales verdes fluorescentes, alas para cerdos y esculturas mantenidas
en biorreactores o bajo el microscopio, usando el mismo adn como medio artístico. (Como se citó
en Catts y Zurr, 2003. La traducción es nuestra)20
A su
producción de obra, Catts y Zurr suman un corpus teórico que trata los reclamos
éticos que demanda el Bioarte. En relación con la interdisciplina arte-ciencia,
sostienen:
… el nuevo
fenómeno de los artistas biológicos es muy diferente de la relación tradicional
de artistas con la ciencia porque, el material biológico natural/vivo y las
herramientas y protocolos científicos han sido parte integral del proceso
artístico, tanto como del trabajo de arte en sí mismo. Ciertamente este
fenómeno considerado transgresivo con respecto tanto a la ciencia como al arte,
porque como técnicas científicas, materiales y metodologías se usan, subvierten
y elaboran en función de la producción de conocimiento artístico, su discurso y
objetivos. (2003, p. 1)
Con
respecto a la aproximación poshumana, los autores expresan que:
…el asunto subyacente alrededor de la
manipulación de la vida se fundamenta en percepciones acerca del ser humano
como un ser singular y como una forma de vida privilegiada, como concepción de
la cultura occidental judeocristiana y clásica. Este antropocentrismo
distorsiona las habilidades de la sociedad para enfrentarse con la expansión
del crecimiento científico de la vida. Mas allá de esta barrera cultural, en el
continuum de vida entre los humanos y los otros sistemas vivientes, prejuzga
decisiones acerca de la manipulación de los vivientes. (Catts y Zurr, 2014. p.
2). (En las dos citas la traducción es nuestra)
Como se ha dicho, el
Bioarte no es un nuevo «estilo» o forma de hacer de
las artes de Occidente, es una manera de ser del
arte en la que se substancia la condición de lo viviente y se redefine el estatuto de la vida.
El material biológico, sujeto a procesos metabólicos y desarrollo
autónomo, como las flores, mariposas o conejos que integran la historia del
Bioarte, dependen de la irrevocable condición de duración, degradación y muerte
(Boureaud, 2002). Como oposición a la naturaleza
viviente de las materialidades del Bioarte, proponemos a la taxidermia de museo
de artistas como Damien Hirst y sus cadáveres emblemáticos como el tiburón en
formol que llama La imposibilidad de la Muerte en la Mente de
Alguien Viviente (1991).
Referimos también a la posibilidad de «datificación» en el Bioarte,
suerte de categoría «abstracta», mediante la presentación de datos de una
secuencia genética, como los «mapas» de Paul Vanouse en Ocular
Revision
(2016). Situamos también como caso a otro «retrato» del citado Marc Quin,
destinado a exhibirse entre los clásicos retratos pictóricos de la National
Portrait Gallery de Londres. En este caso, para el Genomic
Portrait of Sir John Sulston (2001) —Premio Nobel por su trabajo
en la secuenciación del genoma humano— el artista propone realizar un «cuadro»
con formato ortodoxo para ser colgado en la sala de retratos históricos donde,
en lugar de la apariencia del retratado, aparecen sobre un soporte de agar
rodeado de un clásico marco, la imagen de colonias de bacterias y partes
aleatorias de adn de
Sulston.
3.7. Inmortalidad
Proponemos relacionar ahora tres materialidades del Bioarte: Microvenus (1980) de Joe Davis; Good and
Evil on the Long Voyage (1997,
exhibida desde 2000) de Paul Perry e Inmortalidad
(2016) de Joaquín Fargas. Entendemos que son casos significativos que permiten
visibilizar la ontología del Bioarte en su integración arte- ciencia y el
abordaje filosófico-artístico de obras que proponen la inmortalidad.
Antes de abordar el desarrollo de estas obras, traemos a estas
argumentaciones nuevamente a Annick Bureaud, quien en su ensayo sobre ética y
estética del Bioarte formula características que pueden aplicarse a las obras
de la tríada de Davis, Perry y Fargas.
Como sostiene Bureaud, la mayoría de los trabajos pertenecen al arte de
lo invisible, pero no de lo
espiritual, religioso o conceptual. Es un arte de lo
no-directamente-perceptible y sin embargo es material; un arte que requiere una
explicación, un texto complementario para poder ser completamente inteligible.
[Por otro lado, la autora sostiene que] Es un arte de la creencia. La
única forma de «verificar» lo que el artista dice, es usar el mismo método
científico, en idénticos laboratorios y con el mismo conocimiento científico.
Como esto es imposible, tenemos que «creer» que es lo que se dice que es, o en
algunos casos tener «dudas» según lo que creemos que es «posible». (Bureaud,
2002, la traducción es nuestra).
Consideramos entonces otra oposición, entre lo claro y distinto21 de la pintura y la escultura del humanismo moderno en
su efectividad representacional que espeja la apariencia de la realidad con lo
cerrado, difícilmente inteligible, de algunas materialidades del Bioarte que
requieren, por parte del espectador, apelar a la creencia. El espectador asiste
a la presentación del material de laboratorio, biorreactores con dispositivos
que contienen material biológico en montajes difícilmente asociados al ámbito
del arte y/o comprensibles en su función a simple vista de un espectador. El
arte parece tomar distancia de la condición de visualidad que históricamente lo
inscribió en las Artes Visuales. En casos de arte genético interviene la
escritura.
No sabemos a ciencia cierta si la coneja «Alba» era efectivamente tan
verde como se ve en las fotografías de su autor. Tampoco si es legítimamente su
autor o por qué no salió del ámbito científico en el que nació, del mismo modo
que «creemos» que Marion Laval-Jeantet tiene en su sangre células de
un caballo (Meiller, 2020).
Dijimos que el arte del humanismo se mostraba claro y distinto; también
que la fragilidad de la vida de las mariposas intervenidas por Marta de Menezes
se oponía a la perdurabilidad de los mármoles renacentistas. Planteamos ahora
que la apelación a la dificultad de recepción inteligible de esta disciplina es
otra oposición posible entre el realismo humanista y la gran mayoría de las
materialidades del Bioarte.
3.7.1. Joe Davis
El Ars Electrónica Festival que se realiza en Linz desde 1979, es el
espacio en el que en 1980 surge el Bioarte, desde entonces es un lugar y un
archivo de referencia. En la edición del año 2000, Joe Davis presenta en el
simposio del festival su manifiesto Romance,
Supercodes, and the Milky Way DNA, An Artistic Principle of Transanimation, donde
formula en estrictos términos científicos la posibilidad de inscripción de
archivos digitales en secuencias de adn.
Este
trabajo explicará con algún detalle, cómo las imágenes de alta resolución
pueden ser precisamente codificadas en moléculas sintéticas de adn. Algunos
elementos de biología molecular, matemáticas e información científica son
relevantes para este asunto, sin embargo, este importante aspecto técnico y
científico rodean un fuerte sentido poético. (2000, p. 217)
Esta presentación
permite destacar la ausencia de la palabra «arte». Al mismo tiempo entendemos
que la relación de Davis con el arte se enraíza en la condición poética que
atribuye a la ciencia. Entrevistado por Gerfried Stocker en 202122, comisario del
festival, Joe Davis —ingeniero-artista-inventor— se definió como «minero de
paradojas». Es el creador de la primera obra «genética» Microvenus,
situada —nos permitimos adjetivar, exactamente— en el linde entre ciencia,
tecnología y arte. Ciencia porque su programa y resolución son científicos,
tecnología porque fue escrita en código binario y algoritmos, arte por su
condición de creación, también poética.
Relacionado con el grupo de científicos que enviaron al espacio un disco
con un registro de datos humanos, Joe Davis se propuso hallar un material de
soporte y escritura que pudiera permanecer inalterado en el tiempo, aun en
viaje hacia el espacio. En su laboratorio de la Escuela de
Medicina de Harvard y la Universidad de Berkeley, California, y en colaboración
con Dana Boyd y Jon Beckwith, realizó entre 1981 y
1989 su obra Microvenus, para la que fue necesario
crear el medio que permitiera inscribir datos en el texto genético de una
bacteria. Si el adn es
una escritura, esta puede ser reescrita.
Microvenus no muestra más que
un signo germánico antiguo que simula un pubis femenino acompañado de
secuencias de números y las letras del código genético. Se trata de un arte de
códigos y datos binarios y genéticos (los números 0 y 1 y las letras atcg). La obra
transforma imagen por escritura. Si tiene una dimensión
estética es en cuanto a creación pura, como natura naturante, como obra que
subvierte —como otras posteriores obras del Bioarte— la lógica visual del arte
ortodoxo.
En esta obra genética, Davis procura un tipo de escritura capaz de
permanecer eternamente. Escribe en la bacteria los tres elementos: signo
gráfico, serie binaria y secuencia de adn23, que
quedaron inscriptos en el genoma de varias cepas de Escherichia Coli con un
algoritmo creado por él mismo. Esta obra pionera es arte y al mismo tiempo un
logro científico-tecnológico mediante el cual pudo desarrollarse años después,
el uso comercial de la posibilidad de archivar información en secuencias de adn. Microvenus fue la primera bacteria que contenía
información. Recién en 2013 —veintitrés años después de la creación de Davis—
los biólogos británicos Nick Goldman y Edward Birney desarrollaron el método crisps que permitió
codificar cinco archivos en una molécula de adn mediante cápsulas que podían ser
extraídas para su lectura (embl, European
Bioinformatics Institute, 2013).
Aunque Microvenus
no propusiera en sí misma la inmortalidad, como las obras de Perry y de Fargas
que desarrollamos en este apartado, consideramos a Joe Davis como pionero del
Bioarte transgénico, en la creación de una obra con la dimensión poética de la
ciencia y la lógica de la tecnología digital en función de un acto de creación.
Dijimos que ciencia y arte tienen propósitos distintos, la ciencia tiene
una dimensión pragmática de la que el arte puede liberarse. Entendemos que en
este caso la ciencia habilitó la teoría, el método y la praxis que pusieron en
acto a la obra de arte.
3.7.2. Paul Perry
Con la colaboración de biólogos del Departamento de Biología Molecular
del Departamento de Biología Celular y Genética de la Universidad del
Maastricht 24de los Países Bajos,
un artista, Paul Perry, desarrolla una nueva célula a la que llama
Hybridoma creada mediante la hibridación de linfocitos del propio Perry
con mielomas (células cancerosas) de un ratón. Se trató de un fortuito cruce
interespecies posible al cabo de diez millones de intentos fallidos. La
reproducción infinita es propia de la naturaleza de la célula cancerígena, por
lo cual es «inmortal» en tanto se mantengan las condiciones necesarias para su
reproducción.
Sobre esa base
científica, Perry crea una obra para la que realiza un dispositivo de
exhibición que permite al espectador ver, mediante un espejo y luces, el
recipiente que contiene la bacteria situado en el interior de una canoa
metálica suspendida. Creada en 1997 y expuesta en el 2000, permanece viva en la
sala del Bonnefantenmuseum de la ciudad
de Maastritch en los Países Bajos. Situada también en el linde entre arte y
ciencia, entre lo natural y lo artificial, lo humano y no humano, como una
pieza de Bioarte y como práctica artística poshumanista. Aunque esta obra no
fue exhibida en festivales o muestras de museos emblemáticos del arte, da
testimonio de otro caso del encuentro ciencia-arte en un innegable caso de
inmortalidad biológica y del arte actuando en la construcción de realidad.
3.7.3. Joaquín Fargas
El otro caso que
procura la inmortalidad es la obra Inmortalidad (2016)
del artista argentino Joaquín Fargas, realizado en laboratorios de la Universidad
Maimónides de Buenos Aires. Según su autor, «la obra es un organismo que durará
para siempre, un híbrido compuesto de células de corazón asistidas por un
sistema robótico», lo formula como una obra en proceso. Se hizo en dos etapas:
la primera consistió en hallar las células que pudieran vivir eternamente; la
segunda etapa, realizada en 2010, consistió en hacer latir las células. Aun
así, hay una tercera etapa que está en
proceso y es lograr que el híbrido pueda ser interactivo, percibiendo y reaccionando
a la presencia del público. En palabras de Fargas:
Un
conjunto de células del corazón cultivadas in Vitro, que laten sincrónicamente
y conforman un organismo semi-vivo el cual, asistido adecuadamente, podría
persistir para siempre. [Y agrega]: Todas las cosas, tantos organismos
vivientes, planetas, estrellas y hasta el propio universo, tienen un origen y
todos parecen tener un fin. (Fargas, 2020)
Se trata de un arte
de matriz biológica que propone la vida eterna de un organismo vivo capaz de
ser sensible al medio. Otro caso de resignificación de la vida.
Referimos en la parte
ii de este texto a
las flores cristalizadas en lienzo de Clara Peeters y su afán de mantenerlas en
la pintura con apariencia de vivientes, como Monet en su intento por retratar
el «tiempo» y la apariencia de lo viviente. El artista aprehendía la duración.
Posiblemente en los
tres artistas que seleccionamos como casos del Bioarte que trataron la
problemática de la perennidad de lo vivo, hay también un deseo de burlar la
temporalidad, ya no en las olvidables flores flotando frágiles, efímeras, en
las aguas de un estanque, tampoco en la delicada belleza de las flores de
Steichen o Gessert, sino en el material viviente que no vemos (más que dentro
de biorreactores que permiten su ¿eterna? subsistencia).
En estos casos se
propone hacer arte con la prepotencia que confiere la voluntad de eludir lo
rectilíneo (no la circularidad) de lo viviente, que necesariamente al nacer se
encamina hacia su muerte (Arendt, 2009). Dice Jorge Luis Borges en El Inmortal:
«Ser inmortal es baladí; menos el hombre, todas las criaturas lo son, pues
ignoran la muerte; lo divino, lo terrible, lo incomprensible, es saberse
inmortal»(1997).
4. Mapas
4.1. Modelos de la
representación y presentación. Ontologías. Modos de lo viviente. Naturaleza
Muerta/ Naturaleza viviente/Artificialidad
Tabla 1
|
Anónimo |
Sin título |
Representación pictórica parietal |
Prehistoria |
Pintura con imagen integrada humano-animal |
Identificación (tácita) de humano-animal, sumadas sus cualidades |
Arte animista |
|
Anónimo |
Sin título |
Calco de mano humana texturada |
Prehistoria |
Huella de mano superpuesta a textura de piel felina |
Identificación (tácita) de humano-animal, sumadas sus cualidades |
Arte
animista Sudamericano |
|
Clara Peeters |
Naturaleza muerta… |
Representación pictórica sobre lienzo |
c. 1610 |
Duplicación
mimética de realidad sensible |
Cristalización
de la imagen de lo
viviente en la representación |
Humanismo |
|
Claude Monet |
Nympheas |
Representación pictórica sobre lienzo |
c. 1920 |
Representación de flores con reflejos de agua bajo la luz cambiante |
Captura de la dimensión temporal de la naturaleza |
Entre dos tiempos |
|
Edward Steichen |
Delphinium |
Presentación
de material viviente |
1936 |
Naturaleza «in
vivo». Proceso
genético-químico. Genética mendeliana |
La flor
como objeto de arte de museo. Interpelación del
canon museístico. |
Vanguardia |
|
Jannis Kounellis |
12 caballos |
Presentación
de animal viviente en espacio interior |
1969 |
Performance
protagonizada por 12 caballos en encierro. |
Interpelación del
canon museístico. Trasposición del contexto rural al sistema del arte |
Vanguardia |
|
Haas Haake |
Grass Grows |
Túmulo de tierra con semillas de césped |
1969 |
Proceso de
crecimiento de césped durante los días de exhibición |
Exhibición de un
proceso biológico. Interpelación del canon museístico |
Pionero Bioarte |
|
Ives Klein |
Antropometrías |
Pintura sobre lienzo |
1969-1970 |
Proceso de pintura —huella— sobre cuerpo de mujer impreso en lienzo |
Utilización del cuerpo vivo como medio útil para la realización de una imagen |
Vanguardia |
|
Víctor Grippo |
Analogía |
Presentación
de material
viviente y dispositivo mecánico de mensura |
1970 |
Mensura de energía de material viviente |
Exhibición de un
proceso biológico, constatación de la vitalidad de material inerte. Interpelación del canon museístico |
Pionero Bioarte |
|
Juan Downey |
Life Cycle |
Presentación
de material viviente y dispositivos para apicultura |
1970 |
Sistema ecológico de polinización y fabricación de miel |
Exhibición de un proceso biológico y agencia sistémica vegetal-animal en espacio museístico |
Pionero Bioarte |
|
Luis Benedit |
Biotron |
Presentación
de material viviente dispositivos para apicultura y en estructura metálica |
1970 |
Exhibición de proceso biológico y sistema artificial de polinización en dispositivo |
Integración
arte-biología. Exhibición de un
proceso biológico en dispositivo artificial. Interpelación del canon museístico |
Pionero Bioarte |
|
Luis Benedit |
Fitotron |
Presentación
de material viviente dispositivos para cultivo hipotónico |
1972 |
Exhibición de
sistema ecológico mediante un dispositivo de cultivo |
Integración
arte-biología. Exhibición de un
proceso biológico en dispositivo artificial. Interpelación del canon museístico |
Pionero Bioarte |
|
George Gessert |
Streptocarpus |
Presentación
de materia viviente. Química/
genética mendeliana |
Desde 1980 |
Exhibición de
naturaleza viviente con intervención genética |
Cultivo de flores
como objeto de arte. Interpelación del canon museístico |
Pionero Bioarte |
|
Joe Davis |
Microvenus |
Codificación bio-informática |
1980-1986 |
Inscripción de información en el código genético de un organismo viviente: bacteria |
Bioinformática como medio de creación de arte en intersección con ciencia |
Bioarte |
|
Marc Quinn |
Self |
Escultura |
1991 |
Representación escultórica de autorretrato del artista vaciado con sangre de su autor |
La sangre como patrón identitario de sí mismo. |
Bioarte |
|
Paul Perry |
Good and Evil on the Long Voyage |
Presentación de proceso vital inmortal |
1997-2000 |
Experimentación de laboratorio y logro de hibridación interespecie humano-animal e Instalación en museo |
Propone la creación
y exhibición como objeto de arte de procedimiento de biología molecular con
estatus de inmortalidad. El viaje como metáfora de vida, alusión ética/religiosa |
Bioarte |
|
Eduardo Kac |
GFP Bunny |
Presentación de registro fotográfico de animal viviente |
2000 |
Procedimiento transgénico de laboratorio en conejo hibridado con células de medusa fluorescente |
Lo viviente
transgénico como objeto de arte. Biología molecular
transgénica como posibilidad artística. Interpelación al
canon de propiedad intelectual y autoría |
Bioarte |
|
Oron Catts y Ionat Zurr |
Semi living Worry Dolls |
Tejido semivivo exhibido en biorreactor |
2000 |
Procedimiento de creación de tejido viviente fuera del cuerpo |
Alusión a cultura
latinoamericana animista. Metafórica formulación ética sobre los miedos humanos |
Bioarte |
|
Marc Quinn |
Genomic Portrait of Sir John Sulston |
Retrato sobre placa de agar |
2001 |
Datificación. Colonia de bacterias y secuenciación de ADN |
La identidad definida por la condición biológica, no por la apariencia |
Bioarte |
|
Marta de Menezes |
Retrato Proteico |
Instalación
de elementos de laboratorio, objetos, fotografías y escultura |
2002-2007 |
Procedimiento de integración arte-biología molecular mediante creación de una proteína |
Intersección
arte-biología-identidad mediante proteína creada con nombres (propio, de su
esposo y familia). |
Bioarte |
|
Heather Dewey-Hagborg |
Stranger Visions |
Serie de retratos escultóricos impresos en 3D |
2005-2007 |
Apropiación de material genético de restos en entorno urbano. Secuenciación y traducción de datos fenotípicos a tercera dimensión. |
Identificación arte
y activismo (Bioactivismo). Problemática identitaria y estatus policíaco |
Bioarte |
|
Clemencia Echeverri |
Voz. Resonacias de la Prisión |
Montaje interactivo de voces |
2006 |
Montaje sonoro en sala museológica, que se habilita mediante la presencia y movimiento del espectador |
Interacción obra-público como protagonista de sus posibilidades de desarrollo |
Arte de los Nuevos Medios |
|
Lin Pey Cwen |
Virtual Creation |
Montaje interactivo mediante interfaces |
2006 |
Montaje que habilita al espectador a «pintar» mariposas en un bosque de imágenes digitales (artificialidad) |
Interacción que finge la creación de imágenes analógicas en un sistema de software e interfaces |
Arte de los Nuevos Medios |
|
Joaquín Fargas |
Inmortalidad |
Exhibición de células semivivas contenidas en biorreactor |
2008 |
Organismo viviente
inmortal |
Autopoiesis. Tiempo. Problemática
ontológica y filosófica sobre la inmortalidad. Propuesta de
interacción con el medio. |
Bioarte |
|
Teresa Margolles |
De qué otra cosa podemos hablar |
Instalación y performance |
2009 |
Instalación de paños empapados en sangre humana en muros y pisos de espacio museológico |
La sangre como
material viviente asociado a criminalidad y narcotráfico. Estatus político
identificado con problemática latinoamericana |
Vanguardia |
|
Rafael Lozano-Hemmer |
Pulsaciones |
Instalación interactiva |
2009 |
Instalación con dispositivo de luces que son encendidas por la interacción con el ritmo cardíaco del espectador |
Interacción obra-público como protagonista de sus posibilidades de desarrollo |
Arte de los Nuevos Medios |
|
Marion Laval-Jeantet |
Que le cheval vive en moi |
Performance con caballo y artista |
2010-2011 |
Proceso de hibridación interespecie mediante inyección de células de caballo en humano |
Transhumanismo Posibilidad de integración biológica interespecies |
Bioarte |
Nota: Los casos de esta tabla fueron citados en el cuerpo del texto con sus respectivos títulos. Para una mejor visualización gráfica puede cambiar la dimensión de la fuente. Procura la visualización cronológica de materialidades, su autoría, año de realización, presentación ante el espectador, técnicas y propósitos. La última columna sitúa el marco teórico-epocal en el que se inscriben.
Conclusiones
Propusimos
en este corpus establecer relaciones entre el Bioarte y el arte animista prehistórico
y formular relaciones y oposiciones entre las mismas prácticas del Bioarte con
materialidades del arte de vanguardia y también entre distintas piezas de este
movimiento.
En la
realización de la investigación se pudo concluir específicamente lo que
presentamos a continuación:
1. Existe
una relación entre la ontología animista y el Bioarte. En ambos momentos
históricos, las materialidades del arte están atravesadas por la condición
vital mediante la magia en un caso y la presentación in vivo en el otro.
2. Hay
coincidencias entre la consideración de agencias humanos y no humanos en el
arte animista y los principios del poshumanismo, que descentraliza la jerarquía
humana y propone el continuum naturaleza-cultura.
2.1. Las
prácticas de hibridación interespecies que hizo posible el Bioarte están
presentes de forma figural en las representaciones pictóricas y escultóricas
del arte de sociedades animistas prehistóricas.
2.2. El
totemismo animista se relaciona, en cuanto a principio de identidad, con problemáticas
formuladas por el Bioarte, en su problematización de consideraciones biológicas
—análisis de adn o
creación de proteínas— relacionadas con la identidad.
2.3. Puede
considerarse al arte animista de la prehistoria como antecedente del Bioarte.
3. El modo
hiperrealista de simulación pictórica de lo viviente (presas, flores, insectos)
en naturalezas muertas del siglo xvii
, fingían que los vivientes «cobraban vida» en la representación pictórica.
Vida que de hecho es la condición que exhiben in vivo las flores de
Steichen y Gessert.
3.1. Puede
relacionarse la imagen mimética cristalizada de flores y mariposas de la
naturaleza muerta holandesa con la presencia in vivo de las mariposas
de Marta de Menezes.
4.
Relacionamos y opusimos modos de presentación de material biológico o vivientes
en materialidades del arte, considerando que su sola presencia no los incluye
en las lógicas del Bioarte.
5.
Referimos a la condición ética de las obras con material semivivo, por
introducir al arte la cuestión ontológica vida-muerte.
6.
Relacionamos casos de propuesta de inmortalidad en piezas de Bioarte.
7. El
bioarte es un modo de ser del arte que, en casos de materialidades genéticas,
cambia el orden visual por la escritura o reescritura de códigos.
Explicamos
que el Bioarte no es un estilo o modo de hacer
arte, ya sea como representación o presentación, como históricamente se sucede
un movimiento al otro. Entendemos al Bioarte como una forma de ser del
arte, no una forma de hacerlo.
Las
materialidades que estudiamos y desarrollamos en este corpus nos permiten
considerar que el Bioarte atraviesa cuestiones ontológicas acerca de la vida
situadas en el linde con la especulación filosófica —creación de tejido
artificial; coalescencia humanos y no humanos; inmortalidad de la materia viva—
objetos que, como en cada momento de la Historia del Arte, presentan y
constituyen la lógica de su tiempo. En el caso del Bioarte, la dimensión
aportada por la Biotecnología, la lógica algorítmica y los desarrollos
tecnológicos permitió nuevas problematizaciones de la vida en cuanto a unidad
biológica, habilitantes de un ser del arte que no solamente proyecta, también
actúa sobre la realidad.
Como decía
Vilem Flusser ante las primeras formas del Bioarte:
…la
antigua visión del quehacer artístico está resurgiendo, somos testigos de dos
revoluciones: la «telemática» y la «biotecnológica» y ambas convergen. La
primera promete que la vida será programable; la segunda que no solo será
programable nuestra vida, sino la vida como un todo. (Flusser, s/i)
Notas
1. Advertimos que al escribir esta palabra en procesador de textos se cambia a
«ratificación», alterando «d»por «r» y modificando consecuentemente el sentido
del texto.
2.Tesis doctoral, Susana
Perez Tort
3. Térmico acuñado por
Daniel López del Rincón en la Tesis
Doctoral citada en la que distingue entre el arte de soportes convencionales
analógicos y los del arte medial y el biomedial.
4. Edward Burger Tylor
(1832-1917) es autor de Primitive Cultures
(1913). Con su discípulo James Frazer son los pioneros en estudiar
sociedades animistas. Lévy Bruhl incorpora el trabajo de campo a estos
estudios. Según Bronislaw Malinovski, «Tylor confería al salvaje un estatus de
racionalidad y contemplación demasiado alto»,
p. 3.
5. Según Philippe Descola la
ontología naturalista dualista divide espíritu de materia en un universo sólo
de los humanos. En la continuidad naturaleza-cultura Philippe Descola (2005)
considera cuatro
modos de organizar el mundo: el animismo, sin distinción entre humanos y
no humanos; analogismo que puede operarse entre ambos de forma lejana y totemismo que los integra según propiedades
de fisicidad e interioridad, por lo que propone distintos tipos de «ecología de
relaciones» entre existentes humanos y no humanos.
6. En Philippe Descola en «Hacia una antropología de la naturaliza»de Manolo
Sepúlveda Garza, Antonio Arellano Hernández.
7. En su Ética, en
el Escolio de la Proposición xxix escribe: «Antes de seguir adelante quiero
explicar aquí – o más bien advertir – qué debe entenderse por Naturaleza
naturante y qué por naturaleza naturata. Pues creo que ya consta, por lo
anteriormente dicho, que por Naturaleza naturante debemos entender lo que es en
sí y se concibe por sí, o sea, los atributos de la substancia que expresan una
escencia eterna e infinita (…) Por naturaleza naturata, en cambio entiendo todo
aquello que se sigue de la necesidad de la naturaleza de Dios, o sea de cada
uno de los atributos de Dios, esto es, todos los modos de los atributos de
Dios, en cuanto considerados como cosas que son en Dios y que sin Dios no
pueden ni concebirse”.
8. En relación con la periodización del Bioarte, en su
tesis doctoral Daniel López Rincón reconoce tres etapas. La primera situada
entre 1920 y 1985 en la que ubica a Edward Steichen y a Salvador Dalí (en la
corriente Biotemática); una segunda etapa entre 1980 y 1992, como primera
generación de bioartistas y la actual
que sitúa entre 1992 y 2001. Considera una cuarta etapa desde el 2002 a la
fecha y en adelante. p. 91.
9. Refiere a la serie de
Marcel Duchamp Boîte-en-valise (o Valise)
realizadas entre 1936-1941.
10. Entrevista realizada para el libro Conversaciones
con Miró. George Raillard.
11. Grass Grows fue
expuesta en el Andrew Dickson White Museum of Art, Cornell University, Ithaca. Consistía
en un cúmulo de tierra con semillas de césped que crecieron durante el término
de la exhibición.
12.Para esta investigación se usó la reseña de Karel
Stibral. 2020. La traducción es nuestra.
13. La artista integra el proyecto Art Orienté Objet, juntamente con Benoit
Mangin.
14. González Valerio María Antonia ( 2014) «Bioarte y
Ontología Estética”, p. 1 publicado en Research Gate < https://www.researchgate.net/publication/236008884>
recuperado en febrero 2022.
15. El título «Al cielo pero no con ellos. To heaven but not with them» corresponde a un poema de Gessert. El texto
citado es del mismo autor, publicado
(sin fecha) en <newmediafix.net> recuperado
en febrero 2022.
16. George Gessert, en Their
silence as a gift”, entrevistado por Arjen Mulder, en
Vital Beauty: Reclaming Aesthetics in the Tangle of Technology and Nature. Arjen Mulder et. al (2012).
17. Alba es el nombre familiar de la obra gfp Bunny
(2000) de Eduardo Kac, que marca un hito en el arte transgénico. La coneja, que
fue objeto de la hibridación genética no salió del laboratorio donde se realizó
el proceso, suscitando controversias alrededor de su tiempo de vida, de su
apariencia verdosa que sólo debería aparecer en
ojos y orejas, como sucede con otros animales tratados con la misma
técnica. Controversias acerca de esta obra, que fueron publicadas en la revista
Wired en Agosto de 2002 en una nota firmada por Kristen Philipkoski.
18. Claude
Levy-Strauss (1965). El Totemismo en la actualidad.
p.20. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.
19. En “The
Art Newspaper” del 30 de abril de 2008, en nota firmada por Helen Stoilas.
20. La cita de Jean Hauser está publicada en el texto de Catts et al., pertenece a Gènes, génies, gênes, L’Art Bio-Tech (2003).
21.
Considerando siempre la apertura a la subjetiva lectura del espectador.
22.
Realizada el 22 de noviembre de 2021, está publicada en Ars Electrónica
Festival.
23. La traducción
de códigos binarios, códido ascii
o código genético es también la base con la que Eduardo Kac realiza su obra Génesis (1998-1999).
24.
Profesores Dr. Frans Ramaekers and Mr. Wiel Debie, según datos del sitio ncaa. -Terminality
Research Group 2020.
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