Para citación de este artículo: Ceruti, M. C. (2024). Snowdon, Great Orme, Cader Idris, Pen-y-Fan: montes Sagrados en Gales. del prudente Saber y el máximo posible de Sabor, (19) e0026. DOI: 10.33255/26184141/1704e0026

 

 

ARTÍCULO

 

Snowdon, Great Orme, Cader Idris, Pen-y-Fan: montes Sagrados en Gales

 

 

Snowdon, Great Orme, Cader Idris, Pen-y-Fan: Sacred Mountains in Wales

 

 

MARÍA CONSTANZA CERUTI | Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Universidad Católica de Salta. Argentina

constanza_ceruti@yahoo.com

orcid: 0000-0001-8877-5086

 

doi: 10.33255/26184141/1704e0026

 

Recepción: 8/8/2023. Aceptación: 5/4/2024. Publicación:

 

Resumen

 

El presente trabajo ofrece una mirada antropológica al paisaje cultural de montañas y promontorios sagrados de Gales, basado en ascensos realizados por la autora a los montes Snowdon, Cader Idris, Great Orme y Pen-y-Fan, además de visitas a los promontorios costeros de San David y Saint Catherine. Se abordan la apropiación física y la  construcción simbólica del paisaje a través de la mitología, la religiosidad popular, el senderismo y el turismo, completándose el panorama de estudios previamente realizados en montañas sagradas y emblemáticas de Inglaterra, Escocia e Irlanda. La dimensión simbólica de estas montañas se refleja tanto en la mitología y el folclore como en las iglesias, castillos y capillas dispersas en la enigmática geografía galesa, con inesperada proyección en prácticas culturales y educativas que los colonos galeses y sus descendientes introdujeron en la Patagonia argentina.

 

Palabras clave: montañas sagradas, Gales, antropología histórica

 

Abstract

 

This paper offers an anthropological look at the cultural landscape of mountains and sacred promontories in Wales, based on ascents made by the author to Mounts Snowdon, Cader Idris, Great Orme and Pen-y-Fan, as well as visits to the coastal shrines of Saint David and Saint Catherine.

The physical appropriation and symbolic construction of the landscape through mythology, popular religion, hiking, mountaineering and tourism are addressed, completing the previously carried out panorama of studies on sacred and emblematic mountains in England, Scotland and Ireland.

The symbolic dimension of these mountains is reflected as much in mythology and folklore as in the churches, castles and chapels scattered throughout Wales, with unexpected links to certain cultural practices introduced in Argentinian Patagonia by Welsh colonists and their descendants.

 

 

Keywords: acred mountains, Wales, historic anthropology

 

Introducción

 

Los antiguos celtas consideraban espacios de poder a diversas colinas, lagos, pozos de agua, árboles, piedras sagradas y naturalmente a las montañas. En Escocia, Irlanda e Inglaterra, el folclore

 rural ha conservado claras referencias a las llamadas «colinas de hadas». La veneración a montes sagrados en Gales también precede por siglos al arribo de los monjes cristianos, hundiendo sus raíces en el sustrato de creencias de los pueblos celtas.

Durante la cristianización de las islas británicas, muchos de estos «lugares de hadas» (fairy places) pasaron a convertirse en monasterios, ermitas u oratorios. Su carácter sagrado llegó a conservarse en Irlanda, donde las más emblemáticas montañas devinieron en centros de peregrinaje católicos, como en el caso del monte Brandon y Croagh Patrick (Ceruti, 2016a). Los ecos de la sacralidad de las montañas celtas llegan hasta nuestros días en mitos como el del Santo Grial, que aparece asociado a la colina de Glastonbury en Inglaterra y al monte Cebreiro en Galicia, atravesado por el principal ramal del Camino de Santiago (Ceruti, 2016b).

En el extremo sur de Gales se yerguen los montes Brecon Beacon, punteados por la emblemática colina de Pen-y-Fan. La accidentada costa de Pembroke da lugar a la península de Saint David, importante lugar de peregrinaje religioso desde el medioevo. Cerca del centro geográfico de Gales se levanta una montaña sagrada cubierta de leyendas, que recibe el nombre de Cader Idris. Sin embargo, las máximas alturas de Gales se encuentran más al norte, en la región de Snowdonia, coronadas por el majestuoso Snowdon, que domina una geografía highlands o tierras altas, con montes prominentes, bosques y lagos (Figura 1).

 

Figura 1

Campiña de Gales (© María Constanza Ceruti)

 

 

En cuanto a los antecedentes de investigación, se advierte que existen diversos trabajos dedicados a la geología de las montañas de Gales, pero escasean los aportes antropológicos que las enfoquen como objeto de estudio específico. Hace casi un siglo, el monte Cader Idrid aparecía brevemente mencionado en un libro que analizaba la distribución de dialectos en Gran Bretaña (Peate, 1925), siendo referido también en ulteriores volúmenes dedicados a la historia y geografía de Gales (Bowen, 1960) y su lingüística (Coupland, 2010). Thrubshaw (2018) incluye a Cader Idris en sus estudios sobre incubación de sueños en la antigüedad; en tanto que desde la Universidad de Duquesne, Robbins (2015) escribió un ensayo titulado Locura y Liberación: un Viaje a Cader Idris. Por su parte, el monte Snowdon es mencionado en trabajos de Aitchison (2003) y Greenwood (2020), donde las autoras hacen referencia a sus respectivas experiencias de ascensión. En lo relativo a investigaciones arqueológicas, la minería prehistórica del cobre viene siendo estudiada en Great Orme desde los años noventa del siglo xx (James, D., 1990), con aportes más recientes publicados por James, S. (2016) y Williams y Veslud (2019); en tanto que la colina de Pen-y-Fan también comenzó a ser investigada arqueológicamente en los años noventa por Gibson (1993), con ulteriores aportes a estudios paleo-ambientales (Gibson et al., 1997).

 

El presente trabajo analiza, desde una perspectiva antropológica, los principales montañas y promontorios sagrados de Gales, abordando su dimensión simbólica y su papel en la sacralización del territorio y construcción del paisaje cultural regional. La investigación se basa en ascensos realizados a cinco montes -Snowdon, Cader Idris, Great Orme y Pen-y-Fan- además de visitas a dos importantes promontorios costeros —San David y Saint Catherine— y seis castillos medievales —Caernarfon, Conwy, Criccieth, Harlech, Pembroke y Cardiff—. Tomando en cuenta que la cristianización de los montes galeses se refleja en la mitología y el folclore asociados a lugares de peregrinaje, santuarios y castillos, se aborda la apropiación física y la construcción simbólica del paisaje a través de la religiosidad popular, el senderismo y el turismo, completándose el panorama a partir de estudios previamente realizados por la autora en montañas sagradas y emblemáticas de otros rincones de la geografía celta, incluyendo Inglaterra, Irlanda (Ceruti, 2016a), Escocia (Ceruti, 2017b) y el norte de la península ibérica, en particular País Vasco (Ceruti, 2014), Galicia (Ceruti, 2015) y los Pirineos (Ceruti, 2018a).

 

En lo que respecta al enfoque teórico-metodológico, la investigación queda enmarcada en propuestas de estudios de montañas sagradas desarrolladas por Edwin Bernbaum (1990, 2006 y 2022) y Adrian Cooper (1997); apoyándose también en la experiencia de más de tres décadas recogida por la autora en estudios de distintas cadenas orográficas del planeta (Ceruti, 2022c). Se opta por una aproximación holística en la que se combinan aportes de la etnología, la etnografía y la historia. Los datos reunidos incluyen testimonios etnográficos espontáneos y aspectos simbólicos y cúlticos relevados durante las experiencias de campo. El análisis se estructura teniendo en cuenta la delimitación de espacios sagrados y profanos (Turner, 1973), las creencias tradicionales (Eliade, 1998) y los ritos en torno a la actividad del peregrinaje (Crapo, 2003; Hicks, 2002). Asimismo, el presente trabajo es concebido como parte de los estudios que se desarrollan actualmente sobre peregrinaje y las llamadas «movilidades sagradas» (Flores y Puglisi, 2022), y como un aporte, desde las ciencias humanas, para la disciplina emergente conocida como montología1, en la que la montaña es abordada como objeto central de estudio, a través de distintos enfoques y líneas de investigación complementarias (Sarmiento, 2022).

 

 

El monte Snowdon

 

Montaña más alta de Gales y pico más elevado de Inglaterra, Snowdon se yergue 1085 metros sobre el nivel del mar (Figura 2). Su nombre en gaélico es “Yr Wyddfa” o «Gran Pulgar». El origen del topónimo se asocial probablemente a la apariencia que adquiere el monte al ser divisado desde la villa montañesa de Llanberis, en cuyas inmediaciones se yergue también el castillo de Dolbadarn.

Figura 2

Monte Snowdon en el norte de Snowdonia (© María Constanza Ceruti)

 

La ascensión a Snowdon demanda aproximadamente tres horas y transcurre por un sendero empedrado de unos ocho kilómetros de extensión. El descenso requiere invertir otras tres horas, en razón de la distancia entre la base y la cima. Alrededor de 350 000 personas visitan las alturas del monte Snowdon cada año; la mayoría de los turistas toman un pequeño tren que conduce hasta una estación situada justo debajo de la cima. Sin embargo, la práctica de senderismo se hace cada vez más popular y durante los fines de semana no es infrecuente contabilizar a unos ochocientos caminantes que ascienden a la cumbre utilizando algunas de las sendas que a ella conducen.

Las condiciones climáticas suelen ser extremas, aún en los meses estivales. Personalmente en mi ascenso al monte Snowdon, en pleno verano boreal, tuve que enfrentar aguaceros persistentes y esporádicas granizadas que se agravaban con una espesa neblina que creaba condiciones de visibilidad casi nulas. Afortunadamente, durante el descenso comenzaron a soplar fuertes vientos que dispersaron progresivamente las nubes, permitiendo una vista de los imponentes precipicios que rodean a la cima principal del macizo y de los azules lagos de origen glaciar alojados en las faldas del antiguo volcán.

Una pequeña cabaña sobre las faldas altas del monte es utilizada por los caminantes para guarecerse, descansar y beber una taza de té. En las paredes se exhiben recortes de diarios que describen los peligros de la climatología del monte Snowdon y retratan historias de inexpertos turistas que se expusieron al riesgo de morir de hipotermia encarando la ascensión sin llevar abrigo suficiente.

            La cumbre principal de Snowdon es un pico abrupto y prominente, cuya morfología natural ha sido modificada mediante aplanamiento de la reducida superficie de la cima y la construcción de dos escalinatas de acceso en piedra (Figura 3). El punto más alto queda señalado por un hito topográfico, en el que se informa, a través de un tablero circular de orientación, acerca de la dirección y distancia de las montañas en el horizonte (a 360° a la redonda). Aunque la cima es muy reducida en superficie y apenas cabe un puñado de personas en torno al hito, el lugar es elegido por visitantes y escaladores para tomarse las consabidas fotos y selfies. A fin de agilizar la circulación de personas por la cumbre, los visitantes ascienden por la escalinata de la derecha y descienden por la de la izquierda, en un incesante desfile.

Figura 3

En la cima del monte Snowdon (© María Constanza Ceruti)

 

La estación de tren debajo de la cima cumple las veces de negocio de souvenirs y cafetería, pero funciona ante todo como un lugar de refugio en caso de mal tiempo. Inexplicablemente, se encontraba cerrada, situación que tomó por sorpresa a los senderistas que subimos a pie aquel día. Con temperaturas negativas, las precipitaciones seguían cayendo convertidas en aguanieve, que era dispersada en todas direcciones por los fuertes vientos. Numerosos caminantes se encontraban en evidente estado de hipotermia: con muy poco abrigo y empapados, procuraban agolparse junto a los muros, buscando protección contra las ráfagas.

            Un angosto filo que desciende del monte Snowdon forma una cumbre secundaria a la que se conoce como la cima Copa. Desde esta cumbre menor se obtiene una vista magnífica de la cumbre principal del macizo, los precipicios que descienden de ella hasta los lagos de origen glaciar formados en las faldas de la montaña. El emplazamiento está ornado con tres grandes apilamientos de piedra o cairns, de apariencia antigua (Figura 4). Un menhir prehistórico ha sido erigido a poca distancia, en el punto donde convergen los senderos que conducen a las dos cimas.

 

Figura 4

Cairns o apilamientos de piedras en las alturas de Snowdon (© María Constanza Ceruti)

 

Una leyenda galesa cuenta la historia de un gigante llamado Rita Gawr que fue asesinado por el rey Arturo y enterrado en la cima del monte Snowdon. Los gigantes juegan un rol prominente en el folclore galés relativo a las montañas. Más adelante abordaremos el caso del monte Cader Idris, conocido como el «asiento de Idris» y que aparece adornado de leyendas que lo vinculan a un gigante. Antiguas rutas de peregrinos pasaban a los pies de Cader Idris, en dirección a la isla Bardsey, famoso lugar de descanso eterno de los llamados «veinte mil santos». Se decía también que las legiones del inframundo volaban en torno a su pico y quienquiera que se atreviese a enfrentarlas, pasando una noche en la cima, se despertaría enloquecido o devenido en poeta.

 

El castillo de Caernarfon

 

            Situado a la vista del monte Snowdon, el castillo de Caernarfon es considerado uno de los monumentos medievales más importantes de la Edad Media en Gran Bretaña. Fue construido por el rey Eduardo i entre los años 1272 y 1307 d. C., habiendo sido erigido sobre un montículo de tierra o motte, que constituye un rasgo típico de las fortificaciones normandas. Por las razones ideológicas referidas al comienzo, el castillo de Caernarfon fue diseñado con atributos arquitectónicos de murallas poligonales y mampostería con franjas alternas, semejantes a las de la arquitectura tardo-romana (Figura 5).

 

Figura 5

Castillo de Caernarfon (© María Constanza Ceruti)

 

Las torres y murallas se encuentran completamente preservadas, al igual que los dos patios interiores, el inferior y el superior. Se distinguen las torres granero, cisterna, negra, del Chamberlain, entre otras. La torre noreste ofrece una exhibición sobre el príncipe de Gales; en tanto que la llamada «torre de la reina» alberga el Museo del Regimiento. La «torre del águila» resulta la más vistosa y cuenta con sótanos, tres plantas y tres altas torretas. Además de la capilla y las cocinas, algunas cámaras estaban munidas de chimenea y letrina.

Entre 1400 y 1500 d. C., Caernarfon funcionó como fortaleza y capital del norte de Gales. Su arquitectura sufrió considerable deterioro durante la guerra civil ocurrida entre 1642 y 1648. El actual rey Carlos iii tuvo allí su investidura como Príncipe de Gales en 1969. Cuidadosamente restaurado en 1986, el castillo fue declarado Patrimonio Mundial por la Unesco.

 

 

El promontorio de Great Orme

 

La aldea medieval de Conwy está situada sobre la costa septentrional de Snowdonia, camino a la base del monte Snowdon. Se mantienen en excelente estado las murallas medievales que encierran a la ciudadela, al igual que el castillo contemporáneo que comparte su nombre. El folclore galés conserva llamativa vitalidad y por las noches, los numerosos pubs de Conwy se convierten en escenarios para performances de grupos de música celta y bailes populares.

 

A escasos kilómetros de distancia se extiende Llandudno, un tradicional resort costero del norte de Gales que sobresale por su arquitectura de época victoriana, en la que destacan grandes hoteles históricos. Alojado en una importante mansión histórica se encuentra el Museo de Llandudno, que alberga vestigios materiales de fines de la Edad del Hielo, incluyendo mandíbulas de hueso labradas con motivos de animales de caza.  La villa se ubica estratégicamente en el istmo que une a la tierra firme con la rocosa península de Great Orme y su reserva natural, a la que cabe considerar como una montaña sagrada rodeada por el mar. Desde tiempos antiguos, la mitología galesa vincula a la península con un monstruo marino, del cual se dice que Great Orme es la cabeza (Figura 6).

 

Figura 6

Pen Dinas en Great Orme (© María Constanza Ceruti)

 

Las alturas del promontorio peninsular de Great Orme se convirtieron tempranamente en lugar de enterratorio, tal como lo prueba un dolmen megalítico situado en las inmediaciones de las minas. Asimismo, la importancia de Great Orme se intensificó cuatro mil años atrás, cuando en plena Edad del Bronce comenzaron a ser explotadas sus famosas minas prehistóricas de cobre. En las últimas décadas, las galerías subterráneas y socavones han sido excavados y acondicionados para visitas turísticas. El pequeño tamaño de algunos corredores pone de manifiesto que una buena parte de la actividad extractiva de minerales era realizada antiguamente por niños.

 

Pen Dinas y la capilla de San Tudno

 

Una de las cumbres secundarias del macizo aloja las ruinas de un fuerte de la Edad del Hierro denominado Pen Dinas, cuyo nombre remite a Pen, la deidad celta de las montañas. Además de los recintos habitacionales y muros perimetrales, el sitio se distingue por la existencia de una piedra que se balancea, la cual era utilizada para impartir justicia. Se cuenta, que si la piedra no se balanceaba bajo el peso de un acusado, este era considerado culpable y castigado con la muerte por despeñamiento. 

 

Great Orme jugó un papel importante en la cristianización de las tribus celtas de Gales. En el siglo vi de la Era, un monje cristiano de nombre Tudno se internó en las alturas de la montaña para predicar el mensaje evangélico y realizar prácticas ascéticas. La imaginería galesa representa a San Tudno como un anciano que sostiene una piedra de afilar y la leyenda popular afirma que dicha piedra servía para afilar las espadas de los guerreros valientes y para desafilar las armas de quienes resultaran cobardes.

 

Una pequeña iglesia de estilo celta fue construida hacia el 1200 d. C. sobre una ladera de Great Orme, en un emplazamiento que ofrece una vista espectacular hacia la costa y el mar de Gales (Figura 7). Ampliada en el siglo xv y consagrada a San Tudno, ha funcionado como centro de peregrinaje desde el alto Medioevo hasta nuestros días. Un abarrotado cementerio adyacente da testimonio de su importancia como lugar de entierro para los pobladores galeses de la región. El arte lapidario medieval ha dejado su impronta en grabados de la época, que representan a un dragón alado con una segunda cabeza en el extremo de la cola.

 

Figura 7

Capilla de San Tudno en Great Orme (© María Constanza Ceruti).

 

 

El monte Cader Idris

 

Cader Idris es una montaña galesa de origen volcánico que alcanza los 893 metros (2928 pies) de altitud. Se encuentra ubicada en el extremo sur de la región de Snowdonia, a unos doce kilómetros de la aldea de Dolgellau. Se trata de un volcán inactivo que cuenta con una abrupta cresta cumbrera y extensas faldas, comunicadas por empinados filos y onduladas laderas. El antiguo cráter aloja un vistoso lago de origen glaciar (Figura 8). 

 

Figura 8

Vista desde las alturas de Cader Idris (© María Constanza Ceruti)

 

Existen al menos tres rutas de ascenso a las alturas de Cader Idris, siendo la más popular un sendero empedrado con tramos de escalinatas que se extiende aproximadamente siete kilómetros, tras recorrer una cresta con precipicios hasta el hito topográfico que señala el punto de máxima altura. También se puede escalar el volcán por un abrupto filo que asciende directamente desde el lago hasta la cima.

 

Apenas debajo de la cumbre, en un emplazamiento que ofrece una espectacular vista al lago, se ha construido un refugio techado con paredes de piedra (Figura 9). Pese a ser poco acogedor y alcanzar niveles inimaginables de humedad condensada en su interior, el refugio provee de un espacio a cubierto de los fuertes vientos e intensas lloviznas que frecuentemente azotan las cumbres de las montañas galesas. Durante mi experiencia de campo compartí las instalaciones del refugio en la cima de Cader Idris con una pareja de visitantes ingleses, una familia galesa y dos aguerridos hill-walkers, practicantes de senderismo en altura.

 

Etimológicamente, el topónimo describe al monte como el «asiento de Idris». Según cartelería consultada en la base del volcán, el nombre de Idris corresponde a un sabio poeta de la antigüedad a quien las leyendas recuerdan ascendiendo a las alturas de la montaña para reflexionar, buscando quizás inspiración para alguna de sus rimas. El folclore galés ha engrandecido la figura de Idris hasta la estatura de un gigante, de quien aún se dice que tiene su asiento en la montaña. Como se ha visto anteriormente la tradición oral, sostiene que quien desafía las inclemencias de la cumbre y pasa la noche en la «cama del gigante», despierta inspirado por la poesía o acosado por la locura.

 

Figura 9

Refugio en la cima de Cader Idris (© María Constanza Ceruti)

 

 

La tormenta que me azotó inmisericordemente durante el ascenso amainó al iniciar el descenso de Cader Idris. Bajo la dorada luz de un bellísimo atardecer, recorrí la totalidad de la cresta cumbrera y alcancé una cima secundaria en el otro extremo del cráter. Allí  identifiqué un recinto de planta ovoide (Figura 10), que me recordó a los clochans que había documentado anteriormente en las cimas de diversas montañas sagradas de Irlanda (Ceruti, 2016a). En el medioevo, los clochans eran utilizados por monjes celtas cristianos en sus retiros y prácticas ascéticas; de manera semejante a los morabitos en promontorios sagrados del mundo islámico, que brindaban refugio a derviches y «hombres santos» musulmanes (Ceruti, 2022a y 2022b). Es posible que la presencia de antiguos recintos de refugio en las cumbres de Cader Idris haya contribuido a la legendaria caracterización de la montaña como lugar de retiro y fuente de inspiración poética — aspecto que también aparece condensado eficazmente en la toponimia—. La posibilidad de que haya sido efectivamente utilizado como lugar de retiro religioso por parte de algún personaje influyente de nombre Idris no puede ser descartada, siendo que otros autores también han señalado que el nombre del monte galés se vincula, por ejemplo, a linajes de sheiks Bereberes (Morgan Watkin, 1994). 

 

Figura 10

La autora documenta estructura en las cimas de Cader Idris (© María Constanza Ceruti)

 

A los pies de Cader Idris se extiende la pequeña aldea galesa de Dolgellau, cuyos habitantes muestran gran familiaridad con la legendaria montaña que los vigila. La mayoría de sus pobladores han ascendido sus cimas al menos una vez en sus vidas; en tanto que unos cuantos se preocupan por escalarlo al menos una vez al año.  Habituados a visitar periódicamente la montaña,  no llamaba mayormente la atención de mis anfitriones el hecho de que yo fuese la única visitante albergada en el pub Torrent Walkers fuera de temporada y que planeara ascender sola al monte, pese a las temperaturas negativas y la lluvia persistente.

 

A unos diez kilómetros en dirección a la costa se encuentra el estuario del río Mawddoch y el poblado de Barmouth, al que llegan numerosos caminantes que recorren decenas de kilómetros por el sendero costero de Gales. Barmouth se promociona como un destino turístico que combina «montañas, arena y mar». En mis frecuentes traslados entre la aldea de Dolgellau y Barmouth no faltaban ancianos lugareños que, advirtiendo mi interés por el folclore de la región, aprovechaban la oportunidad para señalar los rasgos más distintivos del paisaje y referirme leyendas típicas asociadas a ellos. En ese contexto, al revelar mi nacionalidad argentina, hubo interlocutores que manifestaron haber escuchado acerca de las colonias galesas que se instalaron en el siglo xix en la Patagonia, en las que, según era de su conocimiento, «aún hoy día se habla perfectamente gaélico, pero en una versión antigua».

 

 

 

Los castillos de Criccieth y Harlech

 

            El paisaje del sur de Snowdonia se caracteriza por una geografía costera en la que predominan extensas playas arenosas y marismas. Una serie de atmosféricos castillos medievales construidos por el monarca Eduardo I se encuentran situados sobre promontorios abruptos, junto a estuarios formados por ríos que bajan de las montañas.

 

Las ruinas del castillo de Criccieth están encaramadas a un prominente domo junto al mar, en las inmediaciones de un poblado que fue convertido en resort playero en época victoriana. Las leyendas galesas vinculan a dicho castillo medieval con la figura de una princesa llamada Gwynedd.

 

Por su parte, el castillo de Harlech se encuentra en excelente estado de conservación, pese a que se construyó entre 1283 y 1289 d. C. Fue residencia de Owain Glyndwr entre 1404 y 1409 a. C y sufrió un asedio durante la Guerra de las Rosas. Del conflictivo pasado bélico del castillo son testigos los caminos de ronda y torreones, que ofrecen vistas soberbias sobre la costa (Figura 11). Asimismo, se observan apilamientos de bolas de piedra junto a los muros internos, acumuladas para ser utilizadas como municiones. Se identifican también, encima de la entrada principal, los llamados «agujeros asesinos» que eran empleados para arrojar objetos contundentes y líquidos nauseabundos a los visitantes indeseados.

 

Figura 11

Castillo de Harlech (© María Constanza Ceruti)

 

 

Los promontorios de Saint David y Saint Catherine en Pembroke

             

            Gran parte de la geografía del condado galés de Pembroke es recorrida por más de 180 millas de sendero costero, que atraviesa escénicos acantilados, medio centenar de playas con diversas características, además de castillos, cruces celtas, tumbas y fortalezas en colinas. Entre las joyas que sobresalen en el paisaje cultural de la región se cuentan el castillo de Pembroke y la villa pesquera de Tenby, coronada por el promontorio de Saint Catherine. La península de Saint David, con su magnífica catedral, es destino de peregrinaje desde el medioevo.

 

La catedral de Saint David y la ermita de Non

            Saint David se enorgullece de ser el poblado más pequeño de Gales. Su nombre honra la memoria de un santo cuya importancia para los galeses es equiparable a la de San Patricio para los irlandeses.

            La catedral de Saint David es un magnífico edificio de estilo gótico construido en el siglo xii d. C., en un emplazamiento natural que ha sido un centro de peregrinaje para la cristiandad galesa por más de un milenio (Figura 12). En el espacio sagrado del santuario, los peregrinos son invitados a encender velas, una práctica muy arraigada en el mundo celta. El tesoro de la catedral custodia crucifijos, anillos, manuscritos iluminados, textiles y platería de uso sacro, entre otras reliquias que incluyen una campana de hierro atribuida al santo. Las reliquias asociadas al santo patrono galés también se asemejan a las del patrono de Irlanda, puesto que en ambos casos, las figuras religiosas aparecen vinculadas a campanas de hierro (Ceruti, 2016a). Además, el folclore local agrega que David era «sobrino del rey Arturo» y que su nacimiento fue predicho por San Patricio en Irlanda.

 

 

 

 

 

Figura 12

Catedral dedicada a San David patrono de Gales (© María Constanza Ceruti)

 

             Un artículo de internet en inglés titulado St David – Patron Saint of Wales [San David – patrono de Gales], (Jhonson, 2023), informa que David era hijo de un noble —Sandde, el príncipe de Powys— y que su madre, Non, era hija del jefe de Minevia. En su niñez se educó en el monasterio de Hen bajo la tutela de San Paulino, y llegó a realizar el milagro de devolver la vista a su maestro. Además, indicó a soldados combatientes galeses que llevaran puerros en sus cabezas en el campo de batalla, para poder distinguirse de los enemigos Sajones —de allí que los puerros se hayan convertido en un emblema de Gales—. Se dice que David comía solamente pan y vegetales y bebía solamente agua, por lo que se lo llamaba «Aquaticus» en latín y Dewi Ddyfwr o «Bebedor de Agua», en gaélico. Su vínculo con el líquido elemento se extendía al mundo sobrenatural, ya que ciertos momentos importantes de su vida aparecen acompañados por el surgimiento de manantiales. Por otra parte, tenía el hábito de recitar las escrituras sumergido hasta el cuello en los gélidos lagos montañosos. Peregrinó a Jerusalén, donde fue consagrado obispo, regresó a su tierra para fundar doce monasterios, incluyendo Glastonbury en Inglaterra y Saint David en Minevia, al que convirtió en su sede apostólica. Después de su muerte, ocurrida en 589 d. C., su fama se extendió por Gales, Cornwales y Gran Bretaña. Canonizado en 1120, es patrono de Gales y le han sido dedicadas más de cincuenta iglesias y capillas. La celebración de la festividad de San David se realiza tradicionalmente el 1 de marzo e involucra a mujeres jóvenes vestidas con trajes típicos galeses y adornadas con flores y puerros que simbolizan a esta región. Además del canto de himno tradicionales, es costumbre el consumo de té con pan frutado y tortas galesas.

 

A corta distancia de la catedral asoman las ruinas del Palacio del Obispo, erigido por el obispo Henry de Gower entre los años 1328 y 1347 d. C. El complejo incluye recintos habitacionales, un gran hall para banquetes con ventanal redondo y espacios de cocina y un almacén donde se procesaban y guardaban cantidades considerables de alimentos, vino y cerveza.

            A una o dos horas de marcha de Saint David existe una pequeña capilla construida sobre atmosféricos acantilados azotados por las olas del mar celta (Figura 13). En sus inmediaciones, junto al lugar donde brota un manantial de agua fresca, se levantan las ruinas de un antiguo oratorio, que datan del siglo vi d. C. El manantial funciona como un «pozo sacro» en el que los peregrinos arrojan monedas en carácter de ofrenda. El folclore celta vincula a este sitio sobre el acantilado con el lugar donde Non, la madre de Saint David le habría dado a luz durante una épica tormenta.

 

Figura 13

Capilla dedicada a Non, madre de San David (© María Constanza Ceruti)

 

 

El promontorio de Saint Catherine y la aldea de Tenby 

 

            A lo largo de su historia, la belleza del poblado de Tenby ha capturado la atención de escritores, poetas y pintores de la talla de Turner. La colorida aldea pesquera se extiende por una geografía costera variada, donde se combinan una bahía protegida que sirve como puerto, extensas playas de arena, acantilados y un promontorio rocoso al que solamente se accede en barca durante las mareas. A mayor distancia, frente a las costas de Tenby emerge la isla de Caldey, hogar de una comunidad monástica fundada en el siglo vi d. C. La pequeña isla resulta de muy difícil acceso, particularmente en invierno, debido al mar embravecido.

 

Hacia el año 1500 d. C. Tenby era uno de los puertos más activos de Gales. De la época se conserva una vivienda medieval, la «casa del mercader Tudor», espacio musealizado, amoblado en base a réplicas en el que todos los materiales pueden ser tocados libremente por los visitantes. Por su parte, el museo y la galería de arte de Tenby narra la historia de este asentamiento desde sus más remotos orígenes, teniendo en cuenta las evidencias romanas recuperadas en un fuerte de la Edad del Hierro que corona una colina cercana. Ofrece una reconstrucción de un estudio victoriano y una celda pirata, además de salas dedicadas a la historia marítima de Gales, con muestras permanentes de artistas contemporáneos, biblioteca especializada y cartelería bilingüe.

 

            El vecino promontorio de St. Catherine es un islote rocoso muy cercano a la costa de Tenby, que puede ser accedido a pie durante la marea baja (Figura 14). Antiguamente funcionó como centro de peregrinaje religioso; en la Edad Moderna fue convertido en un fuerte napoleónico, reutilizado con fines bélicos durante la Segunda Guerra Mundial. Durante el siglo xix, el fuerte llegó a ser acondicionado como espacio para banquetes de la oligarquía galesa.

 

Figura 14

Saint Catherine es accesible a pie con marea baja (© María Constanza Ceruti)

 

Por su parte, el castillo de Pembroke se encuentra emplazado sobre una gran cueva, presumiblemente utilizada con fines rituales durante la Edad de Piedra. De origen medieval, vio nacer al monarca Enrique vii en 1457 d. C. y es actualmente sede de cursos de caballería y prácticas de cetrería. Presenta torreones, habitaciones, calabozos y corredores cuidadosamente reconstruidos, en los que se ofrecen al visitante representaciones de banquetes medievales. Cuenta además con una de las torres circulares más grandes que existe en el Reino Unido (Figura 15).

Figura 15

Castillo de Pembroke (© María Constanza Ceruti)

 

Pen-y-Fan y los montes Brecon Beacons

Cardiff, la capital de Gales, combina el exquisito patrimonio arquitectónico medieval —que incluye a su famoso castillo— con un moderno despliegue de arquitectura pública en el área del puerto, junto a la bahía. Cual telón de fondo se extienden los montes Brecon Beacons y el valle de Wye, donde se localiza la famosa abadía de Tintern.

Considerado uno de los mejores museos a cielo abierto en el mundo, el Museo Histórico Nacional de St. Fagans alberga más de cuarenta edificios antiguos que han sido reconstruidos dentro de las instalaciones de la institución. Se trata de un museo eminentemente etnográfico, dedicado a retratar los modos de vida tradicionales en Gales (Figura 16). Las exhibiciones apuntan a mostrar cómo los habitantes del extremo occidental de Gran Bretaña «han vivido, trabajado, jugado y adorado a través de las edades». Entre sus construcciones sobresale una iglesia medieval con muros pintados, una escuela de época victoriana y numerosas granjas históricas. En los talleres se practica herrería, tejido a telar, molienda de harina en molino de agua y cocción del pan en horno de leña. 

Figura 16

Arquitectura galesa tradicional en Saint Fagan (© María Constanza Ceruti)

 

Pen-y-Fan

            La montaña más elevada del sur de Gran Bretaña se denomina Pen-y-Fan; forma parte de los montes Brecon Beacons y alcanza 848 metros sobre el nivel del mar (Figura 17). A sus dos cumbres es posible ascender recorriendo senderos empedrados que demandan marchas de aproximadamente dos horas y media. Las cimas están coronadas por grandes túmulos funerarios o cairns, de planta circular y piedras apiladas, que datan de la Edad del Bronce (Figura 18).

           

Figura 17

Sendero a las alturas de los montes Breacon Beacons (© María Constanza Ceruti)

 

Figura 18

Montículo en la cima de Pen-y-Fan (© María Constanza Ceruti)

 

Ascendí por el sendero más abrupto hasta la cima secundaria de Pen-y-Fan en condiciones atmosféricas inestables, con neblina, lluvia y fuertes vientos propios del mes de octubre. El violento vendaval y una visibilidad casi nula me siguieron durante el corto tramo que conduce a la cima principal de la montaña, y también me acompañaron durante gran parte del descenso.

Tras regresar a la base de la montaña, una familia procedente de Brecon me dio un aventón hasta el poblado más cercano, donde tiritando de frío visité la Catedral, destacado centro de peregrinaje durante el Medioevo. El folclore galés sigue reconociendo el carácter sagrado de los montes Brecon Beacons, y las canciones tradicionales incluyen estrofas en las que se reconoce, a viva voz, que “de las colinas viene la salvación”.

 

Discusión

Pen-y-Fan, la montaña más alta del sur de Gales, aparece coronada con túmulos funerarios de la Edad del Bronce que evidencian su temprano carácter sacro (Figura 19). En el mundo europeo antiguo, ciertos picos puntiagudos eran considerados sagrados y vinculados al culto de Pen, una deidad celta de las montañas y los bosques. Tal es también el caso de la colina Pen-y-Ghent en el condado de York, Inglaterra.

Figura 19

En la cima de Pen-y-Fan  (© María Constanza Ceruti)

 

Cabe mencionar al respecto el caso del Paso del Gran San Bernardo, en los Alpes Occidentales franco-italianos, que se extiende junto a un puntiagudo cerro al que los lugareños refieren como Pan (Pen) de Azúcar. A sus pies se construyó un templo romano dedicado a Giove «Penino», ya que durante la romanización de los Alpes, la advocación del dios Júpiter como «Giove Penino» permitía cooptar la devoción a Pen y a las montañas más sagradas de la tradición celta, subsumiéndolas al culto imperial clásico (Ceruti, 2019). Inclusive apunta en el mismo sentido el ejemplo de la llamada Punta Penia, en el macizo de la Marmolada que corona las Dolomitas italianas (Ceruti, 2017a).

Los castillos medievales cumplen la función de hitos emblemáticos y soporte de leyendas en el paisaje antropizado de colinas y promontorios de todo el Reino Unido. En este trabajo hemos hecho particular referencia a la cadena de castillos que jalonan las costas galesas, abordando específicamente a los castillos de Caernarfon, Conwy, Criccieth, Harlech, Pembroke y Cardiff, que funcionaban simbólicamente como manifestaciones de leyendas plasmadas en piedra, contribuyendo a legitimar la autoridad de monarcas advenedizos y foráneos. Eduardo i aprovechaba sus conquistas militares sobre Gales para presentarse como heredero del pasado imperial romano; es por ello por lo que el renombrado castillo de Caernarfon hubo de ser diseñado con atributos arquitectónicos tales como las murallas poligonales y la mampostería con franjas de colores alternas, que eran típicos de la arquitectura tardo-romana y aparecían, por ejemplo, en las murallas de Constantinopla.

Asimismo, la construcción de castillos galeses hacía referencia al romance de Macsen Wledig, relato que aparece incluido en una colección de fábulas conocida como el Mabinogion. Según la leyenda (referida in situ en la cartelería de diversos castillos), un mítico emperador romano llamado Macsen tuvo un sueño en el que vio un castillo con una doncella, de la cual se enamoró perdidamente. La buscó por cielo y tierra y la encontró en el poblado vecino a la romana Segontium. Además de desposarla, le construyó un castillo acorde con la belleza que había visto en sus sueños. La leyenda galesa se basa en la figura histórica del general romano de origen español llamado Magnus Maximus, que fuera proclamado emperador por las legiones en Gran Bretaña en el año 383 d. C. Ochocientos años después, mediante la construcción de vistosos castillos como el de Caernarfon, el monarca Eduardo i lograba apropiarse simbólicamente del prestigio del antiguo «emperador» romano.

 

            Diversas figuras de monjes y/o ermitaños aparecen asociadas a montes y promontorios sagrados de Gales. Desde San Tudno en Great Orme, o San David en los acantilados de Pembroke, hasta el mítico poeta Idris, en la montaña que constituye su «asiento».  Las austeridades que se atribuyen a dichos personajes son semejantes a las de otros santos de Gran Bretaña. La permanencia en la cima de Cader Idris —que el folclore galés atribuye al poeta homónimo— se asemeja al «ayuno» realizado por San Patricio en la cima de Croagh Patrick, el monte santo de Irlanda. Las inmersiones en los frígidos lagos, acompañadas de meditaciones y recitaciones, son atribuidas en Gales al patrono San David; aunque también eran prácticas típicas de San Kevin, un monje irlandés que habitaba en la espesura de la foresta de Glendalough (Ceruti, 2016a).

El promontorio de Great Orme emerge de las aguas costeras del norte de Gales a semejanza de una gigantesca serpiente marina. La presencia de dólmenes (Figura 20) evidencia una sacralidad que se insinúa desde la prehistoria y llega hasta nuestros días, entrelazada con los peregrinajes, las prácticas religiosas y los ritos funerarios asociados a la capilla de San Tudno y otros espacios. Además, junto al fuerte de Pen Dimas se conserva una piedra que se balancea, la cual se dice era utilizada en tiempos antiguos para impartir justicia. En Galicia se conocen análogos ejemplos de «piedras caballeras» o «piedras que se abalan», cuyo inusual movimiento se atribuye aún hoy día a la «pureza del corazón» de quienes se balancean sobre ellas (Ceruti, 2015). Sin embargo, el mito del Santo Grial, que caracteriza a la colina de Glastonbury en Inglaterra y al monte Cebreiro gallego (Ceruti, 2016b), no aparece asociado en forma tan directa con las elevaciones sagradas de Gales; aunque indirectamente se vincule a San David con el ciclo arturiano, presentando al patrono de Gales como «sobrino del rey Arturo».

 

Figura 20

Dolmen en las alturas de Great Orme (© María Constanza Ceruti)

 

 

            Mareas, tempestades y otros fenómenos meteorológicos aparecen asociados a promontorios relacionados con legendarias figuras femeninas, tal como sucede en el caso de Saint Catherine, lugar de peregrinaje medieval adyacente al pueblo pesquero de Tenby y accesible a pie solamente durante las mareas bajas. En el acantilado de Non, en la costa de Pembroke, la leyenda refiere que la madre de San David dio a luz en medio de una fuerte tormenta.

La presencia habitual de nieve en las altas cumbres británicas tiene su correlato lingüístico en la toponimia del monte Snowdon, máxima altura de Gales (que también da nombre de Snowdonia a la región septentrional). En otras partes del Reino Unido la toponimia subraya igualmente el vínculo de las más altas montañas con la nieve: tal es el caso, por ejemplo, de Ben Nevis, el monte más elevado de Escocia (Ceruti, 2017b). La nieve y los glaciares contribuyen directamente a subrayar la dimensión sagrada en la geografía montañosa andina, tal como se desprende del caso de estudio de la festividad del Señor de la Estrella de la Nieve o Qoyllur Riti, en los Andes peruanos, ocasión en la que millares de peregrinos andinos ascienden a cotas altitudinales superiores a 4500 metros sobre el nivel del mar para la recolección de hielo al que se atribuyen propiedades fertilizadoras y curativas (Ceruti, 2016c).

En lo que respecta a la metaforización de la montaña como «asiento» o «trono», que se manifiesta claramente en la toponimia y mitología del monte Cader Idris, cabe advertir que nociones semejantes aparecen también en los Alpes italianos, entre grupos de habla ladina de las Dolomitas de Cadore, que se refieren al majestuoso monte Pelmo como el Cadergon del Padreterno; es decir, el «asiento» o «trono» de Dios Padre (Ceruti, 2018b).

El vínculo estrecho entre la poesía y el «asiento» —como en el caso del llamado «sillón del bardo»— permite comprender mejor las leyendas relativas a la sacralidad de Cader Idris, montaña capaz de convertir en poetas (o castigar volviendo mentalmente insanos) a quienes se atrevan a pernoctar en la cima (Figuras 21 y 22). Una parte de este vínculo, de índole simbólico, ha cruzado el Atlántico entretejido en el patrimonio intangible de inmigrantes galeses llegados a las costas patagónicas argentinas en el siglo xix. Desde hace más de un siglo, en la ciudad chubutense de Trelew y en el vecino poblado de Gaiman, los descendientes de los colonos galeses celebran periódicamente un festival tradicional de poesía y música coral conocido como Eisteddfod. El nombre de la celebración deriva del verbo eistedd (sentarse) y se traduce como «estar sentado».

Figura 21

Antigua estructura en las alturas de Cader Idris (© María Constanza Ceruti)

 

Un sitio web dedicado al «Eisteddfod del Chubut», que tiene lugar anualmente en Trelew, explica su nombre y propósito remitiéndose a la historia medieval galesa. Informa que en el año 1451, al ganador de un certamen de rimas en Gales se le otorgaron dos sillas de plata en miniatura, que usaba como colgantes. Posteriormente, en el Eisteddfod de Dolgellau en 1794, se premió al ganador con una silla de roble hecha por un maestro artesano. Desde entonces el más alto premio ha sido y sigue siendo una silla de madera conocida como el «Sillón del Bardo»  (Eisteddfod, un Festival a toda Tradición, patagonia.com.ar, s.f.).

Otra página dedicada al Eisteddfod de la Juventud que se desarrolla en Gaimán, explica acerca de los antiguos orígenes del certamen:

 

El Eisteddfod es una festividad de origen galés, que comenzó a celebrarse en el siglo xii, cuando el conde Rhys ap Gruffyddd de Deheubarth organizó esta festividad y competición de poesía y música, en Cardigan en 1176. Los poetas galeses se reunían cada año para relatar sus poesías y escritos, y así competir entre ellos para obtener un lugar en la mesa del príncipe que organizaba el certamen. Con la llegada de colonos galeses al valle inferior del río Chubut, al sur de la Argentina, llegaron también sus costumbres. El primer Eisteddfod del Chubut se realizó en Rawson a fines de 1865, aunque recién a partir de 1880 se llevan a cabo organizadamente. En los años 1930 se añadió el idioma español. A partir del Centenario de la Colonia, en 1965, se celebran anualmente, incorporando también otras manifestaciones artísticas. (Eisteddfod de la Juventud, 2023)

Figura 22

Sendero empedrado que desciende desde las alturas del monte Cader Idris (© María Constanza Ceruti)

 

 

Conclusiones

El presente trabajo ha procurado ofrecer una mirada antropológica al paisaje cultural de montes sagrados en Gales, basada en experiencias de campo etnográficas durante ascensos a los montes Snowdon, Cader Idris, Great Orme y Pen-y-Fan, y exploración de los promontorios costeros de San David y Saint Catherine. La investigación se ha centrado en la apropiación física y simbólica del paisaje montañoso a través de la mitología, la religiosidad popular y el senderismo.

En efecto, la dimensión religiosa de los montes en Gales se remonta a la prehistoria, con la presencia de túmulos funerarios de la Edad del Bronce en la cima de Pen-y-Fan, la montaña más alta del sur del país. En el otro extremo de la geografía galesa, el monte Snowdon —máxima altura de toda la región— también ostenta menhires prehistóricos cerca de su cumbre. El vecino promontorio de Great Orme -que se asemeja a una criatura serpentina que emerge del mar- fue objeto de intensa explotación minera en la Edad del Hierro, y albergó asentamientos fortificados como Pen Dinas, que recuerdan en su nombre a la deidad celta asociada con los montes puntiagudos y prominentes.

Durante la cristianización de Gales, los antiguos lugares de poder en colinas o  promontorios acantilados pasaron a convertirse en monasterios, ermitas u oratorios. La rocosa península de Great Orme fue asiento de San Tudno, un monje cristiano del siglo vi que realizaba prácticas ascéticas, a quien fue consagrada una iglesia construida en el 1200 d. C. y ampliada en el siglo xv. A otro monje del siglo vi —devenido en patrono de los Galeses y canonizado como San David— se dedicó una imponente catedral gótica construida en el corazón del poblado más pequeño del país, a escasos kilómetros del oratorio de Non, enclavado también junto a las tempestuosas costas acantiladas de Pembroke. Al igual que otros promontorios costeros sacralizados en el norte europeo, el centro de peregrinaje medieval de Saint Catherine —adyacente al pueblo pesquero de Tenby— puede ser accedido a pie solamente durante las mareas bajas.

Hitos emblemáticos y soporte de leyendas en el paisaje antropizado de colinas galesas, los castillos de Caernarfon, Conwy, Criccieth, Harlech, Pembroke y Cardiff funcionaron en el medioevo como «leyendas plasmadas en piedra», que contribuían a legitimar la autoridad monárquica a través de pretendidas asociaciones con el mundo imperial romano. En este sentido, futuros trabajos podrán establecer comparaciones analíticas más detalladas con ejemplos estudiados en otras partes del globo, desde las capacochas del mundo andino antiguo (Ceruti, 2017c) hasta las ceremonias sacrificiales en los volcanes sagrados de México (Broda et al., 2001), en las que la elaborada ritualidad de altura contribuyó, respectivamente, al sostenimiento y consolidación de la autoridad imperial de los monarcas Incas y Aztecas.

El folclore galés sigue vinculando a Snowdon y Cader Idris, con la figura de  «gigantes». Etimológicamente, la toponimia describe al segundo monte más emblemático como el «asiento de Idris», un sabio cuya memoria ha sido agigantada en el folclore local, de quien se dice que  en las alturas de esta montaña encontraba la inspiración para sus poemas. Por otra parte, un gigante llamado Rita Gawr habría sido asesinado por el rey Arturo y enterrado en la cima de Snowdon. La importancia simbólica de los montes en Gales aumentó en el medioevo, con la intensificación de prácticas de peregrinaje que involucraban ascensos a las principales cimas.

Hoy en día, los montes de Gales son reutilizados por excursionistas y senderistas, siendo particularmente codiciadas las alturas de Snowdon, Cadre Idris y Pen-y-Fan, cuyas cumbres han sido documentadas personalmente en el marco de la presente investigación. La experiencia de campo ha permitido analizar en clave de «peregrinaje» la multitudinaria afluencia de caminantes, que resulta equiparable a la de Croagh Patrick, uno de los principales montes santos en Irlanda, que también viene siendo objeto de ascensiones colectivas e individuales desde hace siglos.

En lo que respecta a las estructuras de piedras de planta ovoide fotografiadas en las alturas de Cader Idris y Snowdon, estas suelen ser asumidas como «vivacs» de montañistas. Sin embargo, la ubicación de estas construcciones en el expuesto emplazamiento de las cimas, así como su antigüedad indeterminada, obligan a admitir la posibilidad de un origen más antiguo y de una funcionalidad de tipo ritual. En trabajos de campo desarrollados previamente se han podido documentar estructuras semejantes en las cimas de montañas sagradas de Galicia, Irlanda y Escocia.

En conclusión, el presente artículo permite analizar en forma preliminar, que la importancia simbólica del paisaje cultural de los montes más emblemáticos de Gales se recrea en pleno siglo xxi, entre menhires prehistóricos, castillos medievales, capillas e iglesias cristianas, rutas de peregrinaje, modernas excursiones de senderismo y un elaborado corpus de leyendas folclóricas que la lengua gaélica ha sabido atesorar desde la antigüedad hasta nuestros días. Asimismo, la búsqueda de conocimiento sobre la importancia simbólica de los montes en Gales nos ha llevado a descubrir un inesperado puente entre la geografía del oeste de Gran Bretaña y ciertas prácticas culturales que los colonos galeses introdujeron a la Patagonia argentina en el siglo xix, las cuales conservan sustantiva vigencia en la actualidad. 

 

 

 

Notas

 

1.    El estudio de la montaña o montología, tradicionalmente conocido también como orología, es un campo de investigación humano-ambiental que se concentra regionalmente en la parte de la superficie terreste cubierta por paisajes elevados.  

 

 

 

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